Inicio Blog Página 4

«SIN LUCES EN LA CALLE»

2

Si digo que el post de hoy es de Manolo Medina, a algunos, no les sonará mucho. Pero si digo que es de Manolo «el de TWENTY», o «el de LA LOGGIA», la cosa cambia. Él es un empresario alicantino muy conocido y especializado en el mundo de la moda con grandes éxitos a la espalda. Visión emprendedora, trabajador inagotable, luchador nato y muchas cosas más son la clave de su secreto. Pero por encima de todo le honra su humanidad, su sensibilidad a flor de piel y ser gran amigo de sus amigos. Hoy pone letra a sus sentimientos y escribe para…los taberneros.


“SIN LUCES EN LA CALLE”


“¡Ayyyyy amigo! Qué triste es todo cuando los hosteleros ahora, y taberneros antes, ya no estáis. He recorrido lentamente la alicantina avenida del Historiador Vicente Ramos, de rotonda a rotonda y dos veces, para darme cuenta de lo importantes que sois en el ir y venir de nuestras vidas. De las vidas de TODOS.

Sin vosotros las calles están vacías, tristes. Cuando vas andando ves que el día, además, se acompaña con el grisáceo de la luz entre la lluvia. Detrás del atardecer no hay ni una luz. Está todo apagado. Y, sin luces en la calle, la gente deja de caminar porque para qué va a ir y venir si no tiene a donde ir ni con quien departir. Sólo queda…irte a casa.

Ya nos quitaron los abrazos, ahora nos quitan los encuentros y, poco a poco, nos van quitando todo. Sólo nos dejan la melancolía y el deseo de que esto pase pronto y podamos sentir la sensación de que estáis ahí siempre, como siempre está el hostelero dispuesto a ponerte desde la caña al café, con todo lo que se haya de poner por medio. Y espero que, por el bien de todos, pronto os dejen abrir todo el día y te dejen trabajar como a ti te gusta, porque si no, nos vemos cerrados con vosotros, TODOS.

Un abrazo y al menos con esto, descansa”.

Manolo

Fuente de la fotografía: Pinterest.

La diferencia

0

» La diferencia entre marzo de 2020 y enero de 2021 es que entonces apenas teníamos contagiados entre nuestro círculo más cercano. Ahora, no hay nadie que no tenga un amigo, compañero o familiar que no esté enfermo o haya fallecido. El próximo puedes ser tú. Enfermo o fallecido. Pensadlo.»

Jorge Fauró

Nunca había leído algo tan veraz y tan duro al mismo tiempo. A día de hoy todos hemos recibido la mala noticia. Alguien más o menos cercano ha perdido la vida por culpa y causa de este virus que lleva campando a sus anchas casi un año entre nosotros.

En verano nos quejábamos de las mascarillas, pero pudimos viajar, ver a los amigos, disfrutar de un verano atípico, pero al fin y al cabo disfrutar. Por otro lado las navidades llegaron llenas de restricciones en el último momento, gente que se quedaba sin viajar para ver a a la familia, cenas de 6 frente a las de 20 que solíamos, y brindis virtuales de año nuevo.

Aún así, aún habiendo muchos que lo han hecho todo bien, hay otros que no lo hemos hecho tan bien, y quien diga que ha cumplido todas las normas que vuelva a pensarlo bien que seguro que no se ha lavado las manos tanto como pensaba, por poner un ejemplo.

Las consecuencias las estamos viviendo ahora, malas noticias de contagios por todas partes, personal sanitario agotado de luchar conta lo imposible (y no hablo del virus), y estupidez humana por doquier.

A lo mejor llego tarde, pero hoy es el día de mi autoconfinamiento voluntario. Ni actividades extra ni visitas a familiares. A ver si entre todos conseguimos lograr algo. Por ti, por mi y por los que nos rodean, a este virus hay que pararlo!

Reyes

«EL TONTO DEL HABA»

0

¡Manda narices! Toda la vida comiendo roscón pero no ha sido hasta ahora que me he enterado de qué va la copla. ¡El «tonto del haba» es el tonto del roscón!
Resulta que esto viene de antiguo, de los tercios de Flandes. ¡Ahí es nada! Fue entonces cuando, por Navidad, metieron la dichosa haba en un bizcocho y al que le salía le nombraban “el tonto del haba” durante unas horas. En ese rato podía hacer y deshacer a su antojo y mandar en los demás. Un tontaina que ni fu, ni fa; de esos que disfrutan haciendo un teatrillo para que todos vean que está allí y no pasar desapercibido.

Hoy por hoy es uno de los insultos que más duele al personal porque cuando se dice que fulano es un tontolaba, no hace falta decir nada más. Lo tenemos ahí…tonteando.Y es que esa haba parece que a algunos les da una peligrosa doble ración de autoestima y se vienen arriba rápidamente, sólo confían en si mismos y en sus posibilidades y esa confianza les inmuniza, con una arrogancia fuera de lo común, frente al resto de la humanidad.

Os confieso que de entre todos los tipos de tontos, para mi el más insufrible es ese, el tontolaba que nada más verle piensas: “Ya está el listo que todo lo sabe”. Hablo del tonto esférico, simplón, patoso, cretino y sobre todo…marisabidillo. ¡Sí, todo eso junto en una sola persona! ¿Sabéis de quiénes hablo? Si no, estáis de suerte, porque yo me he cruzado con más de uno a lo largo de mi vida. ¿Y sabéis lo peor? Que con haba o sin ella seguirán siendo igual de tontos porque sus tonterías no les permiten aprender. Son tontos con la tontería elevada a la enésima potencia.

La próxima vez, fijaos bien: Si después de haber disfrutado de su haba el tiempo políticamente correcto siguen haciendo uso de su tontorrón poderío permitiéndose determinadas licencias sobre los demás porque creen que, sencillamente, se las merecen; si después de haberles tocado el haba siguen haciendo uso de una extrema estupidez hasta el punto de seguir sobrevalorando sus capacidades, ignorando sus debilidades (sencillamente porque cree que no las tienen) y -lo que es peor- no reconociendo el talento de otros, es que siguen siendo tontos. Entonces…¡huye!

Eso sí. Si os ha tocado el haba…enhorabuena a los premiados.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest

Majestades…

0

Día 6 de enero. Día de Reyes. Día de sorpresas, nervios, regalos… ¿Os suena? Si hay un día que sigue siendo pura magia es el 6 de enero. Y si hay alguien que realmente se lo pasa en grande todos los 6 de enero de cada año son…los niños. Son los auténticos protagonistas. Madrugan como nunca aunque muchos ya están en ese momento en el que piensan que los Reyes Magos son sólo una leyenda. Pero para mí, pase lo que pase, ellos siempre estarán. Como cuando era niña.

Sus Majestades, y toda la legión de pajes que les acompañan, tienen la última tecnología para repartir los regalos en una sola noche aunque, también hay que decirlo, existen “juguetes” que ni los mismísmos Reyes encuentran porque somos muchos y algunos con gustos bastante raritos. Por esa razón este año en mi carta a SS.MM. los Magos de Oriente simplemente hice una lista de todas las cosas que necesito…y creo merecer. Lejos de pedir imposibles, como este año al parecer nos hemos portado muy mal, les pedí poco: pequeñas buenas cosas que recordar que aunque no sean nada, al final, son todo. Muchas risas, poder viajar, encuentros interesantes, volver a la normalidad y alguien (o algo) que nos saque de este lío tan gordo en el que nos hemos metido. ¡Ah, y lo de siempre! Salud, dinero y, por supuesto, mucho amor. ¡Y aquí más vale pasarse que quedarse corto! También, si les queda algún hueco en sus carrozas o en las alforjas de los camellos, que vengan buenos libros y buenas películas. Al fin y al cabo, nos acabamos convirtiendo en la historia que nos contamos a nosotros mismos. La verdad es que este año con muy poco, seré muy feliz. Confío en ellos. Nunca me han fallado.

Día 6 de enero. Día de Reyes y día de pijama, chocolate y roscón. Y, sobre todo, día de buena compañía, juegos y alguna peli navideña (quizá la última de estas fiestas) con manta y en el sofá al calor de… ¿os suena también? Hablo de ese calor que sólo sientes cuando estás con los tuyos, aprovechando todo el tiempo del mundo con las personas a las que quieres porque al final del día tocará…quitar el árbol de la Navidad más rara de nuestras vidas.

Majestades: En la vida esperas cosas que no ocurren y ocurren cosas que no esperas. Así que este año, más que nunca, cuidaos…y cuidad.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

¡ÚLTIMA LLAMADA!

0

¡Last call! ¡Última llamada!

Toca decir adiós. Adiós al año más doloroso del que tenemos memoria. Y, como dice mi amiga Eva, nos vamos a despedir muchas veces de él para asegurarnos de que se va aunque se quedará en la memoria de todos hasta el último de nuestros días.

Dejamos atrás 365 días con más sombras que luces, días que nunca jamás pensaríamos vivir como lo hemos hecho, días en los que muchos han sufrido y días en los que también muchos se han ido para siempre. Ha sido un año intenso. Un año nada fácil. Nos ha puesto a prueba a toda la humanidad…¡que tampoco es moco de pavo! Un año cargado de sustos, decepciones, dramas, enfados…pero, pese a todo, también lleno de cosas molonas por las que merece la pena darle un (pequeño) aplauso. Es verdad que se ha portado bastante regulín pero también hemos sido un poco injustos con él. Nos ha enseñado muchas cosas. Disfrutar de las pequeñas cosas, por ejemplo. Esas que, sin el bicho deambulando por todo el planeta, no hubiéramos descubierto que las teníamos al alcance de la mano y que nos podían hacer disfrutar más de lo que pensábamos. Ahora bien, de todas las lecciones que nos deja, para mi la principal (y supermegaimportante) fue que nos creíamos poderosos pero no. y que todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, somos iguales.

Ahora…Cierra los ojos y pide un deseo. Yo voy pedirle simplemente saber mirar hacia a delante con el recuerdo de lo aprendido. Será un nuevo año con ningún propósito nuevo. Total ¿para qué? ¡todo no nos va a salir bien! (y no pasa nada). Además, y ahí está la gracia, de vez en cuando hay que ponerle grandes dosis de emoción a la rutina equivocándonos y fallando en nuestras predicciones. Es la única forma de aprender, de disfrutar y de darnos cuenta que eso es…la vida. Y de que ahí está la cura para casi todos nuestros problemas.

Hala pues: Pon el contador a 0 y a fluir…¡Que sea lo que tenga que ser! Al fin y al cabo, después de lo vivido en estos últimos meses creo que estamos preparados para lo que venga. Por lo menos, eso quiero creer.

Hola 2021: Vamos a llevarnos bien y a tratarnos mejor.

TicTacTicTac…¡Daleeeeeeeeeee!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

¡TOMA EL MANDO!

0

Sin cotillón ni cabalgata, sin comidas ni cenas de empresa, no queda otra que agarrarnos al turrón, a las uvas, a la zambomba, a las luces navideñas, a ese Papá Noél colgando del balcón (piensa por un momento en lo deprimente que serían las fiestas sin el decorado navideño del vecino hortera) y, cómo no, al caganer y al grinch. ¡Ahí es nada! Por cierto, dicen que el ‘caganer’ estrella este año es Fernando Simón y el papel de grinch se lo han adjudicado por unanimidad a la COVID-19. ¡APOYO LA MOCIÓN!

Echar unas risas en Navidad, y con la que está cayendo, siempre nos va a venir bien. Algunos emularán a esa familia muy british, de Bath, que se ha gastado 1.500 libras decorando su casa (¡dos meses antes!) con toda clase de motivos navideños para contagiar al vecindario, a la ciudad, al país…¡y al planeta! ¡Ojo al dato que 1500 libras en luces son muchas libras pese al brexit! Otros hasta echarán de menos ir a cenar a casa de la suegra. Y muchos desearán con todas sus ganas irse lejos, después un poco más lejos y luego lo más lejos posible. Cada uno tiene su propia terapia. El caso es que, llegados a este punto, en estos días lo que toca es bailar, cantar, llorar, reír, comer, engordar y brindar y ya que no nos dejan hacerlo como nos gustaría, toquemos la pandereta con todas nuestras ganas y brindemos (aunque sea por videollamada). Total, al fin y al cabo los villancicos sonarán por todas partes y si desafinas nadie se va a enterar.

Si eres del equipo de los ilusos que, a pesar del bicho, tenían el planazo del siglo para la última noche del año y se os ha venido abajo, no pasa absolutamente nada si por una vez te quedas en casa…¡Igual hasta le coges el gusto! Recuerda que la Nochevieja tiene el récord mundial de ser la noche más hortera del año (ahí lo dejo).


No desesperes. Este año 0 complicaciones. Disfrutar en estos días es posible aunque lo creas. Se trata de tomar el mando, poner tu temazo favorito, champán para todos ( o para ti solo, tú eliges) y hacer que la Navidad del coronavirus sea más Navidad…con espumillón incluido.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Que comience el atracón!

0

¡Que comience el atracón de pelis navideñas! ya pensabas que te iba a hablar de los polvorones? pues no son santos de mi devoción pero si se cruzan unos almendrados hechos por mi madre no voy a decir que no…

Ay! que me pierdo!! a lo que iba, que estamos en temporada de atracón de pelis horteras y ñoñas, de sagas varias y de dibujos animados. Empieza la temporada en la que nadie te va a juzgar si dices que has vuelto a ver «Love Actually», tooooodas las películas de Star Wars en su orden correcto, las tropecientas de Harry Potter o incluso «Qué bello es vivir».

Estos días de comer mucho, y anochecer pronto apetece sofá, manta y peli (aunque en Alicante estemos a 19ºC), y este año que nos quedamos en casa y vamos a ver a poca familia, pues con más razón. Se han acabado las carreras de casa en casa a felicitar a los tíos, a los tropecientos primos y a los cuñados sabelotodo. Si, algo bueno tenía que traer el virus, que se acabaron los compromisos. Este año, la causa es la excusa y no nos viene del todo mal.

Lo que si estaría bien es que nos hagamos entre nosotros recomendaciones de pelis. ¡Sin spoilers please! Venga, empiezo yo. Este finde he visto «Last Christmas» y cumple todos los requisitos para entrar en tu lista de pelis vistas durante estas fiestas. Seguro que consigue moverte el corazoncito, o en el peor de los casos que duermas una buena siesta, ¿lo ves? ¡son todo ventajas!

Empieza a hacer tu lista, y ya que este año no te vas a ir a ningún sitio de vacaciones ya tienes algo interesante que comentar con tus compañeros cuando volváis a encontraros.

Reyes

P.S.: Por cierto, no te olvides de «The Holiday»

Preocúpate por Santa

0

Llega la semana de Navidad y vivimos entre reglas, normas, cambios de opinión de última hora en horarios y convivientes. Al final conseguirán que seamos responsables o al menos lo aparentemos.

Entre tanta preocupación y después de tener una conversación apasionante con dos niños y dos niñas de 7 años ellos se preguntaban ¿Si Santa podrá hacer su recorrido habitual en Noche Buena? ¿Le van a exigir un PCR cuando entre en el espacio aéreo Español? ¿Tendrá que hacer cuarentena?

Déjense de gilipolleces y gobiernen también para los niños salgan y expliquen que va a pasar con el viaje de Santa Claus y sus Majestades los Reyes Magos ya que hay niños muy preocupados. Si salgan ante los medios y anuncien que Santa es un trabajador esencial y que no va a tener restricciones para sus movimientos. Y que no va a tener que hacer la cuarentena cuando entre a España y tiene libertad de movimientos para entrar en todas las casas.

Ya sé que hay veces que la gente necesita un ejemplo para aprender así que allá vamos:

Y recordar como dice en el video “los niños no deben permanecer levantados a la noche porque Santa Claus sí necesita mantener la distancia social, por lo que se deberán mantener al menos dos metros de distancia en cualquier circunstancia por su seguridad y la de los niños”.

Feliz Navidad.

Caye

¡DALE AL PLAY!

0

No soy de las que odia la Navidad ni mucho menos pero entre que las luces llevan semanas encendidas, que los turrones están en el súper desde octubre y que el villancico de Mariah Carey suena en bucle día sí y día también, os aseguro que mi espíritu navideño llega al día 6 arrastrándose por los suelos…¡y mira que le pongo ganas!

A eso añadir que este año lo de celebrar nos lo han puesto más difícil que nunca. La pandemia lo ha puesto todo patas arriba. Ha trastocado todos nuestros planes. Toca cambiar abrazos y besos por gel hidroalcohólico, mascarillas y…distancia. Lo peor, y en Navidad, la distancia. ¡Con lo necesarios que son los achuchones en estas fechas tan de “depresión blanca”!

En fin…La navidad a veces se convierte en una auténtica pesadilla y, con el virus campando a sus anchas, la cosa se pone aún más fea. Así que haz como mi grinch favorit@ (no desvelo nombre aunque sé que morís de ganas por saberlo) y no te obligues a ser feliz. Aprovecha para decir NO a diestro y siniestro, NO a esos planes que no te vienen nada bien y NO a esa gente que aparta y no aporta. Pero NO renuncies a celebrar que el 2020 se va y brinda por dejar atrás lo vivido en este annus horribilis, sin remordimientos ni arrepentimientos (arrepentirse es, sencillamente, no haber entendido nada) y…por la vacuna. Con el 2021 llega la esperanza en forma de vacuna. Y la tristeza con esperanza es…menos tristeza.

P.D.: Ya si eso, y si te vienes arriba, ponte el gorro rojo o las orejas de reno, pilla un matasuegras…¡y dale al play!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Orden y concierto

0

Eso necesito yo, orden y concierto, a ver si así encuentro el espíritu navideño, que de momento no ha dado la cara.

Orden en la emociones, en los pensamientos, en los planes, las intenciones y los objetivos.

Dicen que cuando una persona necesita un cambio de vida empieza por un cambio de imagen, y yo en vez de eso hago un cambio en la casa.

Sacar cosas que no sirven, sirve ¡y mucho! Quitarte pesos de encima, objetos que no te aportan, pensamientos que no suman, sentimientos que no sabemos gestionar… El alivio que sientes merece la pena el esfuerzo de quedarte todo el domingo sacando cosas de los armarios.

Todo el mundo a mi alrededor decorando la casa para Navidad, poniendo el árbol, los centros de mesa, los adornos… ¡armando el belén! y yo? Yo no tengo cuerpo de meter más cosas en mi casa. No puedo dejarme llevar por el barroquismo de vuestras decoraciones, yo antes necesito hacer hueco.

Igual que el adviento es la preparación para la llegada, yo necesito soltar lastre para poder recibir. Necesito quitar obstáculos para facilitar el camino. Esto es igual que cuando lloras para desahogarte. ¡Te quedas nuevo! Pues lo mismo pero con cosas.

Una limpieza a fondo, un expurgo de papeles, un vaciado de armarios, un cambio de sitio de cajas, puede equivaler (que no sustituir) a una sesión de conversaciones con vino o de visita al psicólogo, te da una paz que no se puede pagar ni con bizum ni con tarjeta.

Voy a ver si tengo suerte y sigo sacando cosas, que aún estoy a tiempo de sacar la decoración navideña y montarla antes de que me pille el toro, ¡perdón, el Niño!.

Reyes

JAQUE MATE

0

Todos hemos sentido el impulso de vengarnos. Ese deseo irrefrenable de devolver el daño. Y todos necesitamos que la rabia encuentre salida. Para algunos responder a las amenazas, y dejar que la ira campe a sus anchas, llega a ser el eje central de su vida. Los hay que invierten mucho tiempo y esfuerzos en vengarse, viviendo en un eterno drama, en un círculo vicioso en el que necesitan hacer daño como sea a la otra persona. Y, cuando lo consiguen, alcanzan un estado mental de calma absoluta parecido al éxtasis. Seguro que conocéis a más de un@.
Así vista parece ser muy dulce pero…no. La venganza no es sana. Y no es sana porque acaba por envenenarnos, sacando todas nuestras bajezas y haciéndonos muy difícil vivir en paz teniendo el odio metido en el cuerpo. Creemos que con la venganza nos sentiremos mejor y que el dolor del otro aliviará nuestras penas. Caemos rendidos ante las ganas de venganza pero, como en muchas otras cosas, te sientes bien una vez saldadas las cuentas pendientes. Luego, la gran mayoría de las veces, te sientes peor.
Yo, como todos, tengo mis propios”vengativos” y resulta curioso que una vez fuesen amigos míos. Y cuando he analizado por activa, o por pasiva, cómo hemos podido llegar a ese punto no encuentro respuesta porque, sencillamente, vengarse no resuelve ningún problema.
La venganza no cura. Nunca lo hará a pesar del daño que hayan causado. Solo ancla en el pasado y, en lugar de pasar página, se recrea en la mierda una y otra vez. Al principio la sed de venganza nos puede. Dar una lección a quien se ha atrevido a dañarnos. A mi la primera. Pero…piénsalo. Una cosa es defenderte y otra muy diferente vengarte y la venganza, por mucho placer que te genere, no te hace libre. Nunca lo ha hecho.Vengándote sólo consigues igualarte al enemigo, perdonando siempre serás superior a él.

No te confundas. Hay muchas razones para no vengarse. Deja pasar el tiempo. No todo es dar jaque mate.

A veces el no estar ahí…también es venganza.

P.D.: Los ajustes de cuentas solo triunfan en las películas. Y ahí…¡sí que molan!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Estamos faltos

0

Podría escribir una lista enorme diciendo todas las cosas que me faltan a día de hoy, pero me voy a limitar solo a escribir aquellas que perdimos hace unos meses y no quiero que se me olvide que queremos recuperar.

Estamos faltos de besos, de abrazos, de conversaciones con vino, de bailes, de conciertos, de perder la noción del tiempo… estamos faltos de los nuestros, y de conocer gente nueva, ¿Por qué no?

Estamos faltos de cariño, de tiempo, de pintarnos los labios, de ver sonrisas de hablar hasta las tantas, de juntarnos todos, muchos, sin hacer «listas de convocados».

Estamos faltos de calle, de barras de bares, de planes, de viajes, de paseos a ningún sitio, de vernos y de querernos.

Estamos faltos de muchísimas más cosas, pero sobre todo estamos faltos de PERSONAS. De las que se han ido y de las que tenemos cerca pero no podemos disfrutar como nos gustaría.

Estamos faltos de casi todo, pero recuperaremos todo lo que podamos, porque de lo que nunca estaremos faltos es de ESPERANZA.

Nos vemos en los bares, Bacalao.

Reyes

DATO IMPORTANTE

0

El otro día me recordaba Reyes un post que escribí hace tiempo. Se titulaba “Ahora que peino canas…”. En él hablaba de que nos transformamos a ser lo que no somos por miedo. Porque tenemos miedo a (casi) todo. También hablaba de la necesidad de ser original y de la de arriesgar dando rienda suelta a la imaginación
Hoy, cuatro años después, estoy más convencida que entonces de lo que decía. Me apetece más que nunca hacer lo que me da la gana a pesar de que siempre aparecerá alguien que cuestione la forma en que organizo y disfruto de mi vida. Y es poco lo que se habla de esa gente gris, con el morro torcido todo el día y cara agria, reprochando a diestro y siniestro lo que hacen y dejan de hacer. Sea lo que sea, siempre cuestionarán la vida de los demás. A veces me tocan tanto las narices que me dan ganas de espetarles que me dejen en paz y que se dediquen a disfrutar de la suya si es que saben lo que eso significa. Luego pienso en mis energías (que están para seguir disfrutando) y se me pasa.
A ver, almas de cántaro: tratad de probar un poco de aquí y otro poco de allá, atreveos a vagar de vez en cuando sin rumbo fijo (¡o que piloten otros!), a estar solos y que os guste vuestra soledad. Haced una lista con las cosas por las que preocuparos y por las que no y aquí debéis ser sinceros con vosotros mismos porque, a lo mejor, os toca reconocer que lo que os pasa es que no estáis viviendo la vida que os gustaría y eso os lleva por la calle de la amargura. Probad disfrutar del placer de vivir (que son dos o tres días ná más), de conocer gente nueva, de aprender de los demás (y entenderles), de quitar importancia a las cosas, de reír con todas las ganas y de equivocaros. A veces sales ganado. Comprobado.
Diré, por experiencia propia, que si intentas hacer esto desaparecerán muchos de tus males imaginarios.Y algunos dejaréis de dar lecciones morales a los demás. DATO IMPORTANTE.
No lo digo con resentimiento. Lo digo porque somos una legión los que no consentimos que nadie venga a decirnos lo que tenemos que hacer a no ser que pidamos consejo y nos aburren esos sermones que solo hacen que poner en evidencia al sermoneante. La sinceridad no pedida está, en mi opinión, sobrevalorada y en este mundo todos tenemos defectos y tú…también.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Si a todo

0

Lo acabo de hacer, acaban de proponerme un plan y sin pensarlo he dicho «si a todo». Es la segunda vez que lo hago hoy y aún no son las 7:30h de la mañana.

«Si a todo», se ha convertido para mi en un mantra. ¿Planes con niños? Si a todo, ¿Planes de pareja? Si a todo, ¿Planes de amigos? Si a todo, ¿Planes «De chicas»? Si a todo ¿Familia? ¡SI A TODO!

Será que me ha cambiado el chip, será que no quiero volver a perderme nada, será que siento que tengo que recuperar el tiempo… Será que echo de menos a las personas, a vernos, a relacionarnos, a hablar de las cosas que tenemos en común, que son muchas además del bicho. Será que estamos concienciados, que nos vemos de lejos, que no nos abrazamos, que solo nos vemos los ojos, pero Ay! cuánto dicen esos ojos! y cuántas ganas nos tenemos!

Voy a seguir diciendo «Si a todo» mientras la situación me lo permita, no voy a dejar pasar la oportunidad de compartir unas risas, un vino o una charla reconfortante porque llueva, porque haga frío o porque tenga que estudiar. Las obligaciones son las justas: trabajo y familia, lo demás lo elijo yo y yo decido cuándo cómo cuánto y con quién, en esto y en todo.

¿Quieres hacer la prueba? tú propón un plan interesante y verás como te digo «Si a todo».

Reyes

Hasta los huevos

0

Hasta los huevos de los cenizos, de los pesaos, de los del mal rollo, de los quejicas, de los amargados, de los chivatos, de los llorones, de los necios, de los populistas, de los pobrecitos, de los matones, de los abusones, de los gilipollas, de los imbéciles, de los que solo saben molestar, de los que no son empáticos, de los que van sin mascarilla, de los que fuman, de los que hablan como si estuvieran perdiendo el oído, de los altivos, de los aprovechados, de los que lo van dejando todo pasar, de los que esconden sus cadáveres debajo de la alfombra, de los que intentan disimular y se les ve venir a dos kilómetros, de los perdona vidas, de los mentirosos, de los del lenguaje inclusivo, de los que me dicen lo que tengo que hacer, de los perdonavidas, de los besugos, de los cafres, de los chupasangres, de los huevones, de los zarrapastrosos y de los magantos (como diría mi abuela).

Parecen muchos, o pocos, pero con todos estos me he cruzado esta semana y si me tienen hasta los huevos.

Porque cuando uno está hasta los huevos de algo pues coge y lo dice así sin más.

Por cierto también estoy hasta los huevos del Black Friday.

Caye

«DICEN POR AHÍ»

0

Hoy por hoy que un político mienta es algo a lo que nos estamos acostumbrando con demasiada frecuencia. Algunos (que deberían ser los mayores defensores de la verdad) sabedores de que mienten, utilizan toda la desvergüenza que les cabe en el cuerpo.Y no estoy hablando de un fenómenos raro ni sorprendente. Ha sobrevivido a lo largo de los años. Las naciones más poderosas del mundo han utilizado durante siglos este método para vencer al enemigo. Pero no es necesario retroceder mucho en el tiempo. Actualmente hablar de los demás, y con mentiras, parece dominar nuestra sociedad. ¿Todo vale? A veces casi caigo en la tentación de pensar que sí porque si no, no se explica la cantidad de barbaridades que se dicen sin pasar factura a sus ejecutores.

Mentir es muy feo, independientemente de como sea de grande la trola. Además, tarde o temprano te pillan. Sin embargo, hay una modalidad de mentira y calumnia que se usa bastante y hace casi el mismo daño. Hablo de sembrar la duda. Y de esto no escapa nadie. Calumniar sale gratis…casi siempre. La verdad, para muchos, es aburrida. Las noticias falsas suelen atraer más. Somos así. Es la venganza de los cobardes. Escupimos envidias sin complejos ni pestañeos, con chulería y desprecio, que no llevan a ninguna parte. ¿O sí?

A veces sólo son cotilleos perversos para desviar la atención y tapar sus propias miserias. Otras, dardos envenenados que sacan a relucir el lado más barriobajero del que lo suelta. O ese ¿inofensivo? “DICEN POR AHÍ” con efectos demoledores que hace que la bola vaya creciendo sin tener la posibilidad de defenderte. Sea lo que sea es una autentica táctica vergonzosa.

Todo esto cabrea y asusta al cincuenta por ciento. Una sociedad sana no puede consentir el rencor que destilan esos que tiran la piedra y esconden la mano contra aquellos que no opinan igual. Ni puede dejar que quede impune. Aquello que no es más que palabras dañinas y malintencionadas no puede tener ningún valor ni puede salir gratis aunque sea imposible evitarlo. No se pueden decir ni consentir cosas así. Porque no son simples habladurías; son habladurías de las que nadie vuelve a reponerse. Y porque…¿quién puede volver la página atrás después de eso? El daño, una vez puesta en marcha la maquinaria, ya está hecho quedando por delante un calvario difícil de reparar y un largo camino por recorrer para poder defendernos…¿contra qué?

P.D.: Este post quiere ser un mensaje de ánimo y apoyo a los que sufren o han sufrido una persecución así. Si tú eres un@ de ell@s, aunque buscar venganza sea un instinto primitivo, resiste la tentación. Nunca contestes en caliente. Deja que el tiempo y la justicia (o el karma) hagan su trabajo.

Y mientras tanto…Echenique, hay fronteras que es mejor no pasar. Disfruta de lo lo calumniado y de la multa que vas a pagar.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Necio

0

necio, cia Del lat. nescius. 1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.

Estaba yo el otro día buscando la palabra y no me venía a la mente… me venía la palabra francesa «Bête» que he aprendido hace poco, pero necesitaba yo ponerle un nombre en castellano que todos pudiéramos entender, y de repente apareció en mi cabeza: NECIO/A. La busqué en el diccionario y efectivamente coincide con lo que yo estaba pensando: Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. 

Y precisamente es eso, una persona que debería saber algo, pero como no lo sabe, en vez de preguntar para aprender, prefiere despreciar lo que no conoce y negar la mayor pensando que así se libra de parecer incompetente cuando es exactamente al revés.

Será porque yo siempre he sido muy inquieta (intelectualmente hablando) y porque estoy acostumbrada a leer de todo y a aprender todo lo que pueda acerca de tendencias, economía, empresa, marketing… y sobre todo comunicación, que no puedo entender como a día de hoy, 23 de noviembre de 2020, hay quien piensa que las Redes Sociales no son una buena herramienta de trabajo.

Precisamente en la era de la digitalización, en el momento en que lo menos importante es el lugar físico en el que se encuentra una persona (bendito teletrabajo), y lo más importante son los contactos y la interacción de las personas en la red, hay quien sigue pensando que Twitter y Facebook no tienen valor.

Si me dijeras que es porque has elegido otras redes como TikTok o LinkedIn porque coinciden mejor con tu público objetivo, te lo compro, pero si no es por eso, de verdad que no se qué pensar.

Siempre he creído que el que no está en ninguna Red Social es porque tiene algo que ocultar y tal vez en este caso sea por eso. Ocultar la incompetencia no es síntoma de sabiduría, pues la curiosidad es la característica clave de las personas inteligentes.

Recuerda que el dialogo de las redes sociales, enriquece cualquier proyecto personal o profesional, y si tú no estás, lo peor que te puede pasar no es que te lo pierdas, sino que alguien tome tu nombre y lo haga por ti.

Llegados a este punto te voy a pedir un favor, recapacita, piensa bien todas las opciones antes de tomar decisiones drásticas, si no sabes algo, PREGUNTA y por encima de todas las cosas, no seas Neci@.

Reyes

Y tú ¿Qué harías?

0

El bicho sigue alterando nuestras vidas pero parece que cada vez estamos más cerca de plantarle cara. ¿Esperanza? No sé. Es imposible saber y sólo el tiempo nos dará las respuestas pero la mía a ponerme la vacuna es SÍ.

Pienso mucho en el p…virus y tengo claro que si sale una que puede reducir a la mitad mis posibilidades de contagio, me la pondré tan pronto como sea posible. Como me pongo la de la gripe desde hace muchos años. Asumo el riesgo con los ojos cerrados. Me pondría todas (menos la de Putin).
Será que mi miedo al bicho lo puede todo y las ganas de acabar con la mascarilla también. O será ese espíritu optimista que me hace confiar en los que están al frente de los ensayos clínicos. O porque sigo con los pelos como escarpias sólo de pensar en más meses de confinamiento. O porque me enfadan, y mucho, esos energúmenos que siguen por la vida sin mascarilla con la que está cayendo. Muero de pena cada vez que oigo el número de fallecidos por culpa del bicho (y subiendo). Me aterra ver cómo se colapsan los hospitales y cómo el personal sanitario sigue arriesgando su vida por salvar las nuestras.
No será fácil poner fin a la pandemia, pero si echamos la vista atrás vemos cómo más de una ha sido vencida gracias a las vacunas, uno de los grandes descubrimientos de la humanidad. Han salvado millones de vidas. Y no son sólo cosa de niños. Gracias a ellas se han erradicado muchas y extinguido otras que tampoco eran moco de pavo. Sin embargo hay desconfianza. Y ésta, a menudo, viene de la desinformación de esos que aún no saben que si un virus se reproduce y la población está vacunada, no habrá transmisión masiva o su efecto no será tan letal.
Necesitamos parar el número de muertes y contagios. El precio está siendo demasiado alto y estoy más que convencida de que la vacuna es el empujón necesario para conseguirlo y para alcanzar esa inmunidad de rebaño de la que los expertos hablan. Esa inmunidad que protege también a los no vacunados. Ellos, los que saben del tema, están notando ya su eficacia y no ven efectos secundarios significativos. Y, por supuesto, que tiene efectos secundarios. Pero también los tienen el ibuprofeno o el paracetamol, de los que hacemos uso y ABUSO. Entonces… ¿Por qué no ponérmela?
En la medicina no hay nada seguro al 100% y la vacuna no es el único remedio para frenar esto pero sí creo que es el más importante hoy por hoy. Es nuestra mejor arma para enfrentar el ataque, para proteger a generaciones futuras y para poder volver a hacer una vida medio normal. No hablo de volver a la vieja normalidad…pero casi.


Ya nadie discute que el bicho ha venido para quedarse. Pues… ¡vamos a ponérselo difícil!

P.D.: Y tú ¿Qué harías?

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Fe

0

Del lat. fides.

1. f. Conjunto de creencias de una religión. 2. f. Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas. 3. f. Confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo. Tener fe en el médico.

DRAE.

«Tener Fe ciega, confiar plenamente en algo o en alguien, poner la mano en el fuego».. no, nadie puede estar plenamente seguro de algo que no depende de uno mismo, pero ser un desconfiado por naturaleza tampoco es el camino.

Está comprobado que las personas confiadas son mucho más felices. Si, pueden llevarse algún que otro chasco en su vida, pero no tienen constantemente el estado de tensión que se genera en los cuerpos de los desconfiados.

La desconfianza genera estrés, «mala sangre», ansiedad y comportamientos agresivos que debemos soportar los de alrededor si es que estamos dispuestos o es que nos nos queda más remedio.

Y esa desconfianza tuya ¿qué genera en los demás? Pues en la mayoría de los casos rechazo y miedo. Si, miedo, miedo a que las desconfianzas sean fundadas, aunque sepamos que no, miedo al error, miedo a las reacciones del desconfiado, miedo y desconfianza. Nadie se fía de un malfiao.

La confianza es una creencia de ida y vuelta, si tú confías en mi, yo confío en ti, y podremos ir juntos hasta donde nos propongamos. Pero si no te fías, no me busques, porque no voy contigo ni a la puerta de la calle.

Reyes

Todo el mundo miente

0

Venga ahora dime que tú eres una hermanita de la caridad de esas que va pregonando a los cuatro vientos lo buena gente que eres y lo transparente y cristalina que te muestras.

Admítelo cuanto antes las personas mienten, si y todos mentimos. Se las metemos dobladas a los demás y nos las meten, pero también nos mentimos a nosotros mismos. Como una vez escuche en una conversación de esas de horas extrañas con gente que echo en falta, entre muchas divagaciones salió una frase que a día de hoy me resuena en mi cabeza «El porcentaje y la distribución entre nuestras verdades y nuestras mentiras es el que nos define como personas más o menos normales de los sociópatas y psicópatas trastornados.»

Las personas sinceras no van pregonando que son sinceras, pero ten cuidado con las mentirosas esas necesitan de una vida paralela para mantener todo lo que mienten y al final te lían, te enredan y te cabrean.

Yo también miento, muchas veces me he sentido muuuy jodido y con tal de darte en la boca con mi mejor de mis sonrisas cuando me has preguntado te he dicho ¡Estoy superbién!

Ya sabemos que aquí todo el mundo miente menos tú pero deja de mentir y de mentirte y en el mientras tanto no te mientas tanto.

Caye

BILLETE DE IDA.

0

Poco, muy poco se manda a la mierda.


De todas las lecciones emocionales que gurús, enteraos y demás especies sabelotodo se encargan de dar, en la que no suelen acertar es en esta. En la de decir adiós. Quizá porque (romperé una lanza a su favor) se dice que es la más difícil.
Nos enseñan a tolerar lo malo, lo regular y lo peor pero no nos enseñan a decir “BASTA”. Decimos «SÍ» a demasiadas cosas sin pensar en cómo nos sentiremos después. Debe ser que no está de moda poner al otro en su sitio. ¿Nos quieren sumisos?
Nadie nos dijo que podemos enfadarnos (o no), mandar a la mierda y seguir con lo que de verdad importa porque no va a pasar nada. Nadie nos contó que nuestra incapacidad de rebelarnos ante aquello que realmente nos hace daño era fruto del miedo a liarla parda, por ejemplo. Sin embargo, tal y como están las cosas a día de hoy, hay psicólogos (conozco a más de uno) que recomiendan mandar más a la mierda y acudir menos a sus consultas.Y de verdad os digo que jamás os recetarán una medicina más buena y reparadora como mandar a la mierda sin que os tiemble el pulso ni pestañear. Nada de titubeos. Sonriendo de oreja a oreja. ¡Hay que ver qué requetebien te quedas! ¡Ni zen, ni yoga, ni retiro espiritual que valga! Porque (y sé bien de lo que hablo) no hay casi nada mejor para la autoestima. Y porque cuando has conseguido despedirte de verdad, te das cuenta que la vida sigue como siempre. E incluso la mejora.

Mandar a la mierda para nada es un insulto. Es un sencillo gesto que, por arte de magia, hace que cambies radicalmente la manera de ver las cosas y de paso alguien hace turismo. Y ya puestos, si te atreves, regálale un billete de “SÓLO IDA” ¡Qué alivio, oiga!
Se puede ser amable con los otros, y a la vez, mandar a la mierda sin rencores ni reproches. Diciendo adiós como se debe. Sabiendo que es lo mejor. Y sin poner la otra mejilla. Porque este gesto tan absolutamente liberador no es otra cosa que una cuestión de prioridades. A ver si vamos dejando las cosas claras. Tú no eres inferior…¡ni mucho menos!

Piénsalo. Hazlo y…¡a la mierda! Porque es entonces cuando aprenderás que no merece la pena seguir intentándolo, que la historia llega a su fin y que el punto final lo pones tú. Hazlo. Aunque dejes de ser políticamente correcto para algunos. Aunque la pandi te dé la espalda…Hazlo.

¡Basta ya de aguantar tonterías! ¡Que tenemos una edad!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Las cenicientas

4

Las cenicientas de hoy no calzan zapatos de cristal, ROMPEN techos de cristal! Igual que Kamala Harris dice que es la PRIMERA pero no la ÚLTIMA mujer en llegar tan alto, mis amigas llegan donde otros pretenden y se afianzan en sus cargos por su profesionalidad, sus capacidades y su arte para hacer malabarismos asistiendo a reuniones virtuales a la vez que recogen a sus hijos.

Las cenicientas de hoy NO necesitan PRÍNCIPE que las RESCATE de una malvada madrastra, pero en ocasiones si necesitan huir de aquel que pensaban su príncipe y les salió rana. Por desgracia no todas lo consiguen, pero nosotras, las que educamos a los que serán hombres mañana, tenemos la labor de hacer cambiar la tendencia. Educar en igualdad, derribar barreras, luchar contra los roles de género y por encima de todas las cosas predicar con el ejemplo. Corresponsabilidad lo llaman, y para eso sí que necesitamos un compañero, y no solo eso, toda una familia y un entorno que ayude, que no cuestione y que apoye el reparto equilibrado de tareas y responsabilidades.

Las cenicientas de hoy sí se parecen a la original en lo que TRABAJAN. Lo hacen de sol a sol, y cuando no están realizando un trabajo remunerado, piensan, organizan, concilian, cuidan, planifican, estudian, entrenan, leen, lavan, planchan, cocinan, compran… y también disfrutan! Las más suertudas son capaces de encontrar tiempo para todo y para todos.

Eso si, a día de hoy, en lo que más se parecen las cenicientas modernas a la original es en que todas tienen hora para llegar a casa.

SANTO Y SEÑA

2

Dicen que es la profesión del siglo XXI.
Según los que saben de esto, hay más de 20 millones de influencers repartidos por todo el mundo. Pero la realidad es que muchos de ellos lo que tienen es un porcentaje altísimo de falsos seguidores y su audiencia es de muy baja calidad. Sin embargo, a día de hoy, arrasan.
¿Qué nos pasa con esta gente?
Parece, según otros que también saben mucho, que estamos programados para querer siempre más de lo que hay. Ambición lo llaman, aunque algunos modernos lo llaman nuevo narcisismo. Y también parece (por lo que cuentan) que es algo que TODOS, sin excepción, tenemos. Ojo. Vaya por delante que hoy no vengo yo a poner en duda todo esto. Pienso que la ambición bien entendida está de p…madre. La búsqueda del éxito. Jugar para ganar. O el reconocimiento. Todo el mundo queremos vencer y destacar en algo aunque es una utopía que muy pocos consiguen.Todos nacemos con unos dones que nos pueden ayudar a tener éxito, pero somos nuestras elecciones y son nuestras decisiones las que harán el trabajo para ser quienes queremos ser. Y es aquí donde la gran mayoría pincha.
Si te fijas en la gente exitosa, casi nada de lo que hacen les asemeja a otras personas. Su forma de vestir, lo que dicen (y cómo lo dicen), sus aficiones o un carácter fuera de lo común que contagia…todo es distinto. Son una suma de formas -diferentes- de hacer las cosas que les catapultan al estrellato (entendiendo estrellato como el planeta entero, la oficina o su barrio).
Que quede bien claro que no se trata de ser Einstein sino de pasarlo bien. Da igual lo listo que seas. De lo que va esto es de ver el mundo con otros ojos y conseguir un disfrute máximo con lo que haces. Si lo analizas bien, el objetivo de todos y cada uno de ellos pasa por hacer de su vida un mundo más feliz a través de una colección de experiencias, estilo de vida, aficiones…caiga quien caiga y a pesar de los pesares porque a veces fallaran y a veces no, pero al menos lo han intentado y han aprendido. Y porque también saben que, de no hacerlo, se arrepentirán toda su vida y no serán felices. Y no. No son perfeccionistas.¡Les horroriza la perfección! ¡Son todo lo contrario! Saben que las imperfecciones son las que marcan la diferencia entre unos y otros. Y son esas cualidades “imperfectas” las que les hacen…únicos.

Dicho lo cual, aquí no influencia el que quiere. Influencia el que puede. Y el que se lleva la palma en este juego es ese que practica lo de ser uno mismo sin mirar lo que hace el de al lado. Se trata de ser TÚ y disfrutar de TUS pasiones, no de las de otros. Ese es su santo y seña. Y ese debería ser el santo y seña de cualquiera. Porque -y esto es de primer curso de infantil- lo que es bueno para ellos, no tiene que ser bueno para ti.

Así que, resumiendo, déjate de influencers y…¡sé capaz de llevar la contraria!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

…a la casilla de salida.

2

Ya sabéis que las tardes de los domingos no ayudan. Al contrario, todo se vuelve de un gris casi negro. Y lo primero que me vino a la cabeza esa tarde fueron los balcones, la levadura de estraperlo, la escasez del papel higiénico, retomar las series interminables de Netflix, hacer pilates vía zoom…Sólo de pensar en volver a la casilla de salida (o algo parecido) se me ponían los pelos como escarpias.
Creemos que todo esto que estamos viviendo es injusto ( ¡y claro que lo es!) pero, en realidad, somos muy olvidadizos para lo que queremos y no recordamos que cuando se hacen cosas…pasan cosas. El riesgo continúa y los brotes aumentan. Para nada hemos vencido al bicho. O, con la mano en el corazón y haciendo un esfuerzo en ser sinceros ¿realmente hemos hecho algo serio para combatirlo?
La vida es tan sabia que nos manda mensajes pero muchas veces no sabemos pillarlos. O no les damos importancia (que es peor) y el problema es que nos ha faltado paciencia, hemos querido correr más de la cuenta recuperando el tiempo perdido durante el confinamiento y hemos olvidado que la salud es lo primero. Y no. Resulta que así no funciona esto. La situación no mejorará por sí sola y eso lo sabemos muy bien aunque nos hayamos hecho los tontos.
Algunas cosas no cambian así como así, sino haciendo lo que tienes que hacer aunque no te apetezca hacerlo. Reescribiendo el guión, por ejemplo.O empezando de cero aprendiendo del pasado, pero de verdad, siendo de una puñetera vez responsables. Cualquiera de esas alternativas sirve porque no se trata de que cambiemos el mundo, sino de que cada uno de nosotros cambiemos nuestro metro cuadrado y escribamos la historia que queremos vivir. Porque en esta lucha sólo la suma del civismo de cada uno será la que nos haga salir de la pesadilla que nos ha tocado vivir. Esa es la clave…sumando.
No se trata de ir de héroes revolucionarios ni nada por el estilo. Es tan simple como ser sinceros con nosotros mismos y reconocer que nos gusta más criticar los defectos de otros que modificar lo que hemos hecho mal. Así que, antes de pasarte al lado oscuro y echar la culpa a los demás, piensa si has sido tu quien se ha equivocado.

No es momento de resignarnos, de rebelarnos contra el vecino ni de sensiblerías. Estamos en la hora de elegir qué hacer porque esto no ha hecho más que volver a empezar (o casi) y está todo por hacer.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Pereza

2

Pereza, eso es lo que me dan hoy los medios de comunicación, mucha pereza.

Pereza por las noticias, pereza por la forma de contarlas y pereza por las últimas medidas adoptadas.

Me da pereza que sean las autoridades las que tengan que poner medidas que restrinjan los movimientos de las personas. Me da pereza que los afectados sean siempre los mismos y me da pereza que entre los unos y los otros sean incapaces de ponerse de acuerdo.

No debería ser que cada uno se tome las normas como le parezca, no debería ser que unos lleven mascarilla y otros no, no debería ser que las personas que llevan mascarilla no lo hagan correctamente (la nariz dentro por favor!).

No debería ser que paguen justos por pecadores, que el comercio y la hostelería que tanto han sufrido y sufren para adaptarse a la nueva situación, que han hecho importantes desembolsos para que sus establecimientos sean seguros ahora sean los más damnificados por las restricciones horarias. No debería ser que se organicen cenas y fiestas/botellones en casas que duren hasta las 7:30h para cumplir con el toque de queda.

No debería ser que por culpa de los irresponsables y los asintomáticos sin diagnosticar los demás tengamos prohibido a visitar a nuestra familia en el pueblo de al lado porque es de otra comunidad autónoma.

Ojalá yo pudiera dar soluciones, pero no tengo el conocimiento ni la capacidad. Ojalá mi comportamiento fuera ejemplar, intento cumplir las normas, pero seguro que hay algo que se me escapa. Ojalá este virus no hubiera existido nunca, o ya hubiéramos encontrado la forma de acabar con él.

Ojalá los medios de comunicación surtieran efecto y TODOS fuéramos responsables. Ojalá las teorías de la conspiración no hubieran existido nunca. Ojalá nuestros políticos dejaran de pelearse.

Ojalá pase todo pronto, porque mientras tanto nos irá matando el virus, la ignorancia o la pereza.

Reyes

Encontrando mi tiempo

0

Si, llevo un poco desconectado por necesidad después de los excesos del verano y la vuelta a la realidad mi mente necesita un reseteo para empezar de nuevo.

Pero hay ciertas cosas que me impiden concentrarme últimamente.

La salud, todo el día que si la temperatura de los niños que si el puto virus este, que si ahora es todo esto y ya no hay otras enfermedades.

Las excusas, las mías y las de los demás, con las mías puedo convivir (que por algo son mías) pero con las de los demás, hay gente que ya  han pasado unas cuantas cuarentenas con tal de no dar la cara. ¡Ya te vale!

El no entender, el que se me rompan los esquemas de algo que ha estado muy cuadriculado en mi cabeza y que de momento ¡Puuuuuuuummmmm! A tomar por culo.

Los pesaos, esos que están pendientes de todas las choradas habidas y por haber pero cuando llega el momento de la verdad y te los sientas cara a cara todo les parece caro y ellos solo buscan una solución para salir del paso. Bye bye.

Que la gente que conoces muy bien de la noche a la mañana cambie, si, en plan somos supercolegas pero en mi vida hay una Yoko Ono que va a joder nuestra amistad. Fuck You Yoko Ono!

Ver a gente que conozco muy bien y muy cercanos pasarlo mal, nunca he sabido muy bien gestionar estas cosas. Casi todas las cosas se pueden arreglar en la vida y seguramente tenemos pendiente la mejor fiesta de nuestras vidas.

La gente que se monta películas en la vida real y las viven como tal, en los últimos tiempos hay mucho Juego de Tronos y toda la saga de El Padrino, aunque yo siempre he sido de La vida de Brian.

Bueno voy a ver si también consigo dormir más de mis 7 horas diarias de tirón que me han dicho que eso también ayuda mucho.

Caye

Un bicho raro.

0

¿Habéis visto la peli de Enola Holmes?
Una joven diferente, gracias a su madre, con nada (o casi nada) que ver con las señoritas de su edad en un mundo de hombres, época en la que le tocó nacer. En una de sus muchas partidas de ajedrez y lecciones de vida le dejó bien claro que era ella quien debía pintar su propio cuadro sin dejarse llevar por otras personas. Ella, obediente, sigue todos y cada uno de los consejos de su madre, lo que hace que sea vista como un bicho raro por todo bicho viviente que había a su alrededor. Porque sí. Os diré que los bichos raros eran ellos y no Enola. (Y de la peli hasta aquí puedo leer. Paso de spoilers. Quien quiera saber cómo termina, que coja una fuente de palomitas y se entretenga en verla)

Bastantes años después, en pleno siglo XXI, las cosas siguen (casi) igual y para todos. Sin distinción de sexos. Nos enseñan a decir “sí” cuando quieres decir “no” para no ofender al resto, nos enseñan a ser amables y ayudar a los demás, nos enseñan lo que viene siendo…”ser buena persona”. Nos han metido en la cabeza todo eso hasta el punto en el que agradar a los demás se ha convertido en un acto reflejo, puro instinto. Nos pasamos el día con falsas sonrisas, atentos a los juicios de los demás y pidiendo perdón por cómo somos. ¡Nada es tan agotador! Y si no gustas a los demás, te juegas la vida. ¡Un deporte de riesgo, oiga!
Y es que hay miedo, mucho miedo, a las críticas y a ser juzgado. Pero… ¿vale la pena? Rotundamente no. Ese miedo sólo hace ser más infeliz y más inseguro. Y os diré que las personas más infelices e inseguras que he conocido han sido esas que más se preocupan por lo que piensan los demás de ellas.
Entonces ¿por qué no nos enseñan a querernos más? ¿A no dar más de lo que podemos? ¿A no ser tan duros con nosotros mismos?
En la escuela no enseñan a quererte. Aprendes a base de años y algún que otro palo. En mi caso hace tiempo aprendí que practicar el YO está muy mal visto pero…me cansé de creerlo. ¿Me sirvió de algo? ¡De mucho! Me he dado cuenta que tengo que vivir conmigo hasta que la muerte nos separe y también me he dado cuenta que soy la única persona de este mundo que sabe cómo hacerse sentir bien. Os diré que desde entonces no me va del todo mal aunque es un trabajo del día a día y, a veces, la cosa cuesta lo suyo.

Niégate a criticarte y niégate a perder tu tiempo cayendo en esa trampa ( aunque te cueste). Siéntete cómoda con no saber lo que los demás piensan y haz lo que te pida el cuerpo. Toca ser muy tú e ir a lo tuyo. Total, la gente seguirá pensando lo que quiera pensar hagas lo que hagas y ¡te van a criticar igual!

Como Enola, aprende de lo malo. La crítica…nunca cambia nada.

Coco.

Ellas

0

19 DE OCTUBRE. DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

He titulado el post «Ellas» porque aunque el cáncer de mama no sea exclusivamente femenino, lo es en un índice muy alto.

Ellas, las que tienen o han tenido cáncer de mama son las mujeres a las que dedico hoy mi post.

Ellas, han vivido una experiencia que les ha cambiado la vida, a ellas y a todo su entorno. Ellas, en la mayoría de los casos han recibido el apoyo de los suyos como la mejor de las medicinas. Ellas han sufrido cambios en su cuerpo y en su mente que les acompañarán de por vida.

Ellas, a las que llamamos valientes, guerreras, luchadoras… también tienen sus momentos de bajón, como todo hijo de vecino, y no necesitan de tu pena, de tu «no te preocupes», ¿Cómo no se van a preocupar?! Todas tienen una vida de la que ocuparse, y en el momento del diagnóstico más.

Ellas necesitan tu apoyo, pero no tus consejos, a no ser que hayas vivido lo mismo que ellas o seas un profesional de la salud física o psicológica. Necesitan que estés cuando te llamen, que las acompañes donde haga falta, igual a una consulta médica que a tomar un vino para olvidar por un momento con unas risas lo que ocupa su mente la mayor parte del día.

Ellas y solo ellas saben el laberinto de emociones y cambios físicos por los que pasan, y por mucho que intentemos acercarnos nunca jamás seremos capaces de sentir lo que ellas sienten en su piel.

Ellas, que han creado una comunidad de mujeres dispuestas a ayudarse las unas a las otras. Ellas que a partir de diferentes asociaciones hacen labor de «evangelización», que informan, que ayudan, que recaudan fondos para dar visibilidad y tratar de acabar con esta maldita enfermedad, ellas son las que mejor ponen en práctica la SORORIDAD.

Ellas, las que tenemos cerca, en casa, en el trabajo, en nuestro grupo de amigos. Ellas, las que hoy nos recuerdan lo dura que es la vida, y lo afortunados que somos por vivirla. Ellas, vistan hoy de rosa o no, merecen de nosotros todo nuestro apoyo, admiración y sororidad.

Por ellas, por ella, por ti o por mi, haz el favor de observar tu cuerpo, de cuidarte, de vivir intensamente y de ESTAR para lo que ELLAS necesiten de ti.

Reyes

Mi especialidad

0

Mi especialidad es la cola del súper. ¡No falla!

Cuando ves con desesperación que todas las filas avanzan menos la tuya… A partir de ese momento la ley de Murphy se ha apoderado de tu estado de ánimo y te llevas, junto con el carro de la compra, esa sensación de que el universo conspira para que todo salga mal. ¿A ti no te ha pasado?
Ya sabes de qué va esto. Si algo puede ir mal, saldrá mal y si Murphy se empeña… ¡puede fallar todo!
Cuando las cosas no salen como uno espera siempre hay alguien que le echa la culpa a Eduardo. Murphy sale a relucir cada vez que llueve y no llevas paraguas, abres los medicamentos por el lado del prospecto o cae la famosa tostada.
Dicen que la mala suerte no existe. Que es el pesimismo el que hace que la balanza se decante en nuestra contra. También dicen que no es culpa de nadie que la vida traiga problemas. Que es muy difícil no tenerlos porque enseguida los buscamos. Y los matemáticos que se han dedicado a pasar horas estudiando a Murphy hablan de que esta ley suya no es más ni menos que la ley de la probabilidad. Además, ya sabes, la vida perfecta es -aparte de aburridísima- estadísticamente poco viable y los problemas, nos guste o no, forman parte de ella. Al fin y al cabo son cosas que pasan.
A mí el hombre éste, Murphy, no me cae ni bien ni mal pero el pobre tampoco tiene la culpa de lo que me pase. Ni tampoco puedo ir en busca del culpable porque la culpa es mía y la culpable soy yo. Y porque, siendo sincera y con la mano en el corazón, eso de la cola del śuper me pasa por listilla. ¿O no?


Entonces… ¿cómo vencer a Murphy? ¡Pues con el propio Murphy! Si a Eduardo se le ocurre hacerte una visita ¡ten un plan B! Ningún problema realmente grave tiene solución y todo lo demás son anécdotas y aventuras que luego podrás contar echando unas risas. Sé optimista y ve paso por paso con la cabeza fría. ¡Ya te digo yo que es un curro! Sobre todo para las personas de sangre caliente. Como yo, por ejemplo. Pero, como todo en la vida, esto también es cuestión de práctica. Es muy fácil (o eso parece). Es tan fácil como que si no quieres tropezar, no andes y si no quieres meter la pata, no hables. Y si ves que algo funciona… ¡no lo toques! ¡Estate quietecita!
Sin embargo, ya sabes que soy de la opinión de que la vida merece la pena vivirla y si no haces nada, nunca te equivocarás. Y es que, a veces, equivocarte es lo más divertido. Así que cuando lleguen los problemas, mírales a los ojos y ponte a hacer algo. Vete a ver dónde has fallado y ponte manos a la obra para que no se repita. Cuando esto te pase, recuerda que no conviene perder de vista a Murphy y sus leyes porque lo que dicen son verdades universales.


En serio, relájate. La ley de Murphy siempre existirá, pero la idea es que no te afecte más de lo necesario. Y si lo hace, tómala con humor, disfrútala o súfrela lo mejor posible. Y la próxima vez que te pase algo, en lugar de culpar a Eduardo, piensa en el índice de probabilidades de que eso acabara pasando. A lo mejor caes en la cuenta de que, a veces, las cosas pasan porque tú las provocaste (o por ir de listillo, como yo). ¡Vamos, que te lo has ganado a pulso!
Ya de paso aprovecho para mandar un mensaje a los agoreros del mundo: Siempre hay una luz al fondo del túnel, pero…hay que saberla ver.

P.D.: De todo lo escrito en este post, quédate con esto: «Si no usas las leyes de Murphy a tu favor, estás perdido. Así que sonríe. Sonríe mucho porque mañana puede ser peor. Y porque si algo puede salir bien…saldrá bien«.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

¡Qué terrible enfermedad!

0

Ahora que con “la vuelta al cole” todo va a mil por hora, la necesidad de encontrar la calma frente al estresante ritmo de la vida hace que encontrar tiempo para parar y tener un poco de compañía sea más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Y si encima quieres que ese parón coincida con el parón de tus amigas para que te escuchen y puedas desembuchar a gusto, el asunto pasa a ser misión imposible. Al final tirar por la calle de en medio e ir directa al chat parece que es lo que nos salva pero, fíjate tú, que esa sensación de soledad sigue haciendo ruido. Y es que a veces no basta con un mensaje de texto porque te niegas a contar tus cosas a la fría pantalla del móvil, sin una mirada que te diga lo mucho que entiende por lo que estás pasando o sin alguien que te escuche, te guiñe un ojo o te diga que todo va a ir bien.
Parece mentira que en esta época en la que estamos más conectados que nunca gracias a las redes sociales, a la hora de la verdad nos sentimos solos. Dicen que estamos dejando a un lado la amistad de toda la vida y la hemos cambiado por una actividad frenética en las redes sociales y en los grupos de Whatspp. Y…es verdad.

¡Qué terrible enfermedad! Ahora lo que está de moda es pasarse las horas mensaje va, mensaje viene y hemos llegado a un punto en el que damos por hecho que hablar en un chat es mucho mejor y más divertido que quedar como lo hacíamos antes. Pero no. No es lo mismo. Y aunque esté muy bien eso de hablar con tus colegas a la vez que preparas la cena o te afeitas la barba, no atiendes igual a la otra persona. Porque charlar con los amigos no es estar pendientes de un “escribiendo…” al otro lado de la conexión. Es un arte donde es tan importante lo que se dice como tocar, abrazar, besar o…escuchar. La cosa ha llegado a tal punto que nos creemos que todo eso tiene el mismo valor que un escueto “ok”. ¡Dichosa enfermedad! Esta forma de entendernos que tanto nos gusta ahora no es gratis y tarde o temprano nos pasar factura porque, aunque la red mola mucho y nos ha facilitado las cosas, eso que tú crees que es amistad de la buena no es más que un lugar donde pasar el rato.


Os lo digo de verdad. La amistad de la buena es algo más que enviar mensajes desde un móvil y esperar que te contesten. La amistad de la buena es esa que nunca te abandona y perder las conversaciones cara a cara con la gente que de verdad te importa está poniendo a prueba lo más bonito que tiene la Humanidad: Tenernos los unos a los otros.

coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Las prisas

0

Ay! Las prisas! Esas que nos aceleran los pulsos y nos hacen recurrir al cerebro reptiliano para tomar decisiones como si nuestra vida corriera peligro.

Esas prisas que nos hacen elegir sin valorar toda la casuística y descartar información válida por el mero hecho de acortar el proceso en el tiempo.

Esas, que nos imponen los demás y nosotros nos dejamos. Son contagiosas, y pasan de un individuo a otro amargándonos la vida igual de rápido que el virus este que ahora se respira en el ambiente.

Puede ser que las prisas nos aporten emoción, que desaten nuestra adrenalina y nos lleven al límite como si estuvieramos jugando el partido de nuestras vidas, no digo que no, pero del mismo modo que le ponemos barreras al Covid19, podemos ponérselas a las prisas, por si acaso.

Solo hay que pararse a pensar, ¿Quién tiene prisa? y rápidamente nos daremos cuenta de si estamos haciendo nuestros los problemas de otros. Y no, por ahí no paso, bastante tengo con los míos y no les hago mucho caso.

Las prisas de los otros no son asunto mío, ni mucho menos mi responsabilidad. Si alguien tiene un problema y puedo ayudarlo, lo haré, pero que no me cargue su mochila, que la mía ya va bien de peso.

Que una cosas es que yo decida procrastinar, y otra que me achuchen para salir ellos airosos.

No señor, mis prisas son mías, y cada cual que gestione las suyas como si estuviera solo.

Reyes

Tu sonrisa

0

En los tiempos que corren con las mascarillas que usamos el sonreír es un gesto que no deberíamos perder.

Sonreír conecta y te hace sentir bien. Ahora hay gente que va con las mascarillas y parece que le han salvado de mantener su pose de sonrisa Profiden falsa, van como más relajados ya que esto de cubrir las bocas les está salvando de mantener la pose todo el día.

A mí personalmente la sonrisa siempre me la he tomado como un regalo que me da la gente con la que me relaciono o interactúo. Me gusta ir por la calle mirando a la cara a las personas y esto de las mascarillas me pierde un poco después de cuatro meses de verano, llego ahora y me cruzo a la gente con la mascarilla y cuando miro es como si me faltase información, como que todo es muy raro.

Si hay algo que estoy aprendiendo es que con la mirada también se sonríe, hay miradas que delatan y de las personas que me importan todas ellas son culpables de sonreír con su mirada.

También podríamos hablar de la gente que no se calla ni con mascarilla, de la tristeza detrás de una mascarilla o del miedo pero te digo una cosa… hoy no me apetece.

“La mitad de tu sonrisa es para ti, la otra mita es para el mundo” Proverbio Tibetano

Caye

¡Habrá que celebrarlo!

0

Amigos. Rica comida. Buena bebida. Tiempo con los tuyos. En definitiva, historias que vamos viviendo en cada paso que damos y momentos que, en ocasiones…¡merecen una ola! Hay muchas cosas que hacer, la vida es breve y tenemos que disfrutar porque sí, reír sin motivo y vivir cada día de nuestra vida aprovechando todo lo bueno que se presenta porque, como dice el refrán: “día que pasa, día que no vuelve”.
Ese sentimiento de placer culpable que tenemos cada uno de nosotros hace que siempre estemos en busca de algo especial para reunirnos con quien nos dé la excusa perfecta para sacar nuestro lado disfrutón. Parece que la humanidad ha sido programada para hacerlo todo en grupo: familia, amigos…

Eso me hace pensar que una de las grandes tragedias de este siglo es que no sabemos estar ni, por supuesto, celebrar SOLOS. Se nos olvida que la vida es corta y que claro que es posible encontrar placer en estar solos. ¡Por supuesto! Simplemente hay que saber hacerlo. Nadie dijo que vivir fuera un asunto fácil y no hacer nada con nadie es todo un arte.


El placer culpable. Eso que tanto te gusta hacer y que no te atreves porque, según los sabelotodos del lugar, no debería gustarte o directamente debería estar prohibido. Pero digo yo que si lo disfrutamos ¿por qué deberíamos sentirnos culpables? ¡Si no hay nada más inocente que un placer culpable! ¡Seamos libres de disfrutar con lo que nos gusta!
Hacer lo que te salga de las narices puede ser el nirvana. Y si no me crees, rebobina. Haz memoria. De pequeños solíamos escondernos con las mantas o debajo de la cama simplemente por disfrutar de nuestro momento, de tú contigo y sin nadie más y sí, esos raticos se han quedado en nuestro recuerdo, para siempre, como de lo mejorcito que nos ha podido pasar.
Quizá lo más divertido de nuestras vidas se resume en esas pocas fiestas que nos regalaron momentos surrealistas y cómicos pero, a veces, cuando hacemos un hueco para nosotros mismo nos hemos encontrado con la fiesta perfecta. A ver. Antes de que he mandéis a la hoguera. Cuando hablo de la fiesta perfecta me refiero a pasarlo como una enana, por ejemplo, cantando las canciones de Marisol mientras ves «Cine de Barrio» y zampándote una empalagosa y chorreante tarrina de kilo y medio de helado de turrón con tropezones. O ir al cine sola porque lo que más te apetece es llorar a moco tendido con un dramón del 15 y no quieres que te vean ¿Qué? ¿A que sí? ¿Es o no es un planazo disfrutón? Sin embargo, a pesar de pasarlo en grande (a tu manera) eres incapaz de contar estas debilidades vete tú a saber por qué y sinceramente tampoco es un descontrol…¡vamos, digo yo!

Para acabar. No puedo ocultar quién soy. Ni quiero. Y quiero seguir dándome el placer de hacer lo que me dé la gana SOLA. Sea o no políticamente correcto. Se entienda por los demás o no. Y aunque es posible que lo más divertido de mi vida se resuma en esas fiestas donde el lema es “¡habrá que celebrarlo!” la felicidad, y la fiesta perfecta (la de verdad), me la doy yo misma.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Hoy no

0

«Hoy no», frase corta que he empleado en alguna ocasión y me ha hecho sentir absolutamente poderosa.

Hace unos días llegó a mi por diferentes medios un video de una charla inspiradora en la que la peruana Wendy Ramos nos recuerda que la capacidad para la toma de decisiones es única y absolutamente nuestra. Que cada uno es responsable de las decisiones que toma y de las que no.

Cuando tomas conciencia de esa capacidad y/o responsabilidad tu punto de vista cambia. La percepción de ti mismo cambia. Y la del mundo que te rodea, también.

A veces sentimos que las cosas no tienen solución, que no podemos hacer nada por cambiar lo que no nos gusta, que solo podemos dejarnos llevar y ser víctimas de las circunstancias y de las confabulaciones de otros, pero no. Nada más lejos de la realidad.

Nos cuesta aceptar que muchas de las cosas que nos molestan son así porque nosotros lo permitimos. Es importante saber decir «No», pero es aún más importante saber cuándo decir «Hoy no» o «Ahora no».

Esta poderosa frase nos reafirma en que las decisiones las tomamos nosotros y que si hoy cedemos, no quiere decir que lo vayamos a hacer siempre. Que si hoy tomo esta decisión puedo cambiar de opinión mañana. Tengo la capacidad de decidir, de vivir mi vida como yo quiero, de consentir lo que yo quiera y de rebelarme ante lo que me incomoda en cualquier momento.

Nadie puede hacerme sentir lo que no siento ni puede obligarme a que haga lo que no quiero, por mucho que lo intenten. Como dice Wendy, «mi fiesta es mía, y no de los invitados», así como mi vida es mía y la vivo como yo decido.

Y para aquellos que estén esperando una decisión os diré que no, hoy no va a ser el día, pero eso no quiere decir que mañana no lo sea.

Reyes

«…sin billete de vuelta»

0

Que me estoy haciendo mayor no es nada nuevo y últimamente me pasa bastante. Y me pasa bastante porque me doy más cuenta cuando los jóvenes empiezan a hacer cosas de adultos. Como volar del nido, por ejemplo. Y cuando vuelan sin billete de vuelta, ahí ya pa qué. Es “el premio” de tener sobrinos más cerca de los 30 que de los 20.
En esos momentos, cuando empieza desfilar uno tras otro para echar raíces en cualquier parte del mundo, siento un dolorcillo en la boca del estómago y el corazón se me encoje con una mezcla de alegría y envidia (sí, lo confieso, mucha envidia) a partes iguales, al ver que las cosas de la vida van como deben ir. Y si no fuera así, si no se fueran de casa de mamá y papá para vivir su propia vida, algo no estaría funcionando como debiera.
Pero…¡Ay! Con su partida, cada uno de ellos a su manera, deja un hueco lleno de silencio y soledad bañado también a partes iguales de felicidad y esperanza porque sabes que van a cumplir sus sueños. Ellos marchan con ganas, muchas ganas y sin miedo, sabiendo que siempre habrá una cama vacía y un plato de caliente esperando que vuelvan.
No sé cuántos meses tardaré en volver a verles y eso hace que no me sienta tan joven como quisiera. A la vez también me siento un pelín asustada porque caes en la cuenta que hace nada esas criaturas que ahora vuelan estaban en tus brazos envueltos el pañales. Y es ahí cuando me da pena pensar que crecer es olvidar, aunque no sea del todo cierto. Más bien diría que me siento un poco como esos mayores nostálgicos que pasan horas en el banco del parque porque es el único lugar donde no se tambalea el mundo bajo tus pies. Sentados con esa cara de nostalgia que me hace recordar lo que ya pasó. Todo lo que ya se me pasó y lo poco que me queda para ver desfilar a mis retoños como hoy hacen sus primos mayores.
Tampoco sé cómo lo estarán viviendo ellos, pero imagino que el chute de ilusión deber ser nivel 10. Se merecen un montón de cosas buenas y no las sobras que han dejado otros. No sé cuántas oportunidades tenemos para reinventarnos pero la vida es algo que se construye a lo largo de los años, ladrillo a ladrillo, y ellos están empezando a poner los cimientos de su futura obra. (Os diré que cuando pienso así me siento mejor aunque pensar así sana pero no te sana del todo).

Y os diré, como punto final, que lo que más me apetece de todo esto es no pensar en las cosas en las que pienso cuando les veo hacer las maletas, a pesar todo lo bonito que veo en sus caras. Porque bonito es todo. Y su vuelo…también. Pero de momento eso de no pensar va a tener que esperar. Y me quedaría una eternidad esperando si supiera con certeza que todos ellos tienen…billete de vuelta.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Llamadas perdidas

0

Al acabar el día, todos tenemos en nuestros teléfonos llamadas perdidas. Puede que sean de ese teléfono que no para de llamarte para intentar venderte algo o que te cambies de compañía (del teléfono o de la luz, los amigos no proponen esas cosas), o puede que sean de alguien que quería contarte algo en ese momento.

A veces no podemos responder al teléfono, porque estamos haciendo otra cosa o simplemente porque no nos hemos enterado. Si, yo soy de las que suele tener el teléfono en silencio y no me entero de nada, pero a las llamadas perdidas contesto. Aunque hayan pasado horas… o días, pero contesto.

En esas llamadas perdidas a veces se queda una propuesta de plan, un te echo de menos, un momento de necesario desahogo o simplemente un recado, que convertiremos en mensaje de texto.

He de decir que yo soy más de escribir que de llamar, y no es porque no me guste hablar, que me encanta! es por no molestar. No se como voy a pillar a la otra persona en ese momento: trabajando, conduciendo, en un momento romántico, haciendo la cena, peleándose con los niños o jugando con ellos… El caso es que más de una vez mi mensaje es un «Te puedo llamar?», y si la respuesta es «Si», no tardo ni un segundo!

Ya se que no es nada recomendable mantener una conversación mientras se conduce, pero es de mis favoritas. Voy sola en el coche y en vez de escuchar la radio o las canciones que ya me se de memoria, llamo a una amiga y me acompaña en mi trayecto. En ese momento estamos solas, tan a gusto, contándonos todo o nada y con un poco de suerte quedando para vernos.

Las llamadas perdidas de los amigos son para devolverlas siempre, pero si las conviertes en citas, mejor que mejor.

Reyes

«…y asomar la patita»

0

El 2020 sólo ha necesitado un virus para arrasar con gran parte de los planes de medio planeta y el problema principal de todos los que habitamos en él es que la vida no sabía funcionar de otra forma. Nos pasábamos los días haciendo planes y de pronto…¡sólo toca vivir el presente!

¡Ojalá pudiéramos decir que todo pasará pronto! Pero parece que no va a ser así. La realidad es la que hoy por hoy estamos viviendo y, según los entendidos, de la que nos va a costar salir. Se ha colado un peligroso bicho en nuestras vidas y hemos visto como nuestro tranquilo mundo ya no funciona como antes. Hasta ese momento pensábamos que teníamos la respuesta de todo (o casi todo) y ahora vemos cómo la respuesta es únicamente aceptar lo que nos viene dado y a partir de ahí si hay que volver a empezar…¡pues empiezas y santas pascuas!

¡Dejemos de gastar energía en querer cambiar lo que no se puede cambiar! ¡El bicho no depende de nosotros! Dado que eso (lo de cambiar, digo) es imposible, estamos en el momento perfecto para darle la vuelta a todo aquello que no nos gusta y así comprobar, una vez más, que somos más fuertes y más resolutivos de lo que pensábamos. Si repasamos las lecciones de historia que nos dieron en el colegio veremos como ha sido así a lo largo de los siglos. Necesitamos que nos arranquen de cuajo lo que más felices nos hacía para provocar una revolución en nuestras vidas.


Dejar de preocuparnos, preocuparnos hasta caer en el insomnio, volver a hacer planes, tomar caminos equivocados…todas las opciones son correctas. Cada uno tendrá su manera de actuar y cada uno sabrá qué decisión tomar. No hay un patrón a seguir.

Por eso creo firmemente que, de vez en cuando, está bien no saber qué hacer. Al fin y al cabo se trata una vez más de ponernos manos a la obra, aunque sea dando palos de ciego, para ver lo que sobra y no lo que falta. Y es ahí donde reside la verdadera libertad del ser humano. Estoy convencida. Porque nos permite asomar la patita y salirnos del rebaño mostrando hasta dónde somos capaces de llegar.

Y sí. Esa verdadera libertad incluye que no nos importe caer, y fallar, una y cien veces más. 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest

Negociar

0

Según la Real Academia de la Lengua Española: Negociar, Del lat. negotiāri.

1. intr. Tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancías o valores para aumentar el caudal.

2. intr. Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro. U. t. c. tr.

3. intr. Tratar por la vía diplomática, de potencia a potencia, un asunto, como un tratado de alianza, decomercio, etc. U. t. c. tr.

4. tr. Ajustar el traspaso, cesión o endoso de un vale, de un efecto o de una letra.

5. tr. Descontar valores.

Según la definición que hago yo misma: Negociar, asignatura pendiente de la mayoría de la población. Arte que dominan unos pocos y que les sirve para ganar mucho.

Es de primero de negociación aquello de «pide más de lo que quieres, porque te van a rebajar», pero aún así, hay quien no lo practica y luego se sorprende con las consecuencias.

Es fundamental en toda negociación que las partes acaben pensando que han sido más listas que el contrario y han sido ellos los que han salido ganando. La satisfacción personal es al final lo que más vale.

Aunque no nos demos cuenta, nos pasamos la vida negociando, desde el niño que pide chuches a cambio de portarse bien, hasta el adulto que contesta «Y tú que me das?» cuando le proponemos que haga algo que en ese momento no le apetece lo más mínimo.

Por suerte, ante nuestra falta de conciencia frente al arte de la negociación existen profesionales que lo bordan, solo hay que saber quiénes son y contratarlos para que nos ayuden. Ellos se van a poner en lo peor (y en lo mejor), van a establecer diferentes escenarios, van a fijar los objetivos y se van a lanzar a la lucha como si de mercenarios se tratara, porque ese es su trabajo, luchar por ti lo que tu no puedes o no sabes.

Solo te pido que la próxima vez que te vayas a lanzar, contrates a uno de ellos, o al menos le consultes y le hagas caso! Leer «El arte de la guerra» de Sun Tzu no es suficiente, pero ayuda en cualquier caso.

Reyes

Imagen: Información para millenials y generaciones posteriores, los de la foto son «EL EQUIPO A», los Mercenarios más famosos de la televisión, mal traducidos como «Soldados de Fortuna» en la cabecera de la serie que protagonizaban cuando vosotros aún no habíais nacido.

asignatura pendiente para muchos de nosotros.

No me voy a enfadar

0

No soy fan de los negacionistas.

No veo la tele desde hace algún tiempo, ya que me informa mucho más leer twitter.

Me gusta tener conversaciones con gente que me haga pensar y poder decir claramente a la cara que no estoy de acuerdo con lo que dicen.

Pero lo que no aguanto es que me manipulen, que distraigan mi atención para esconder los problemas muy reales que están pasando.

No aguanto a los que basan su poder en el miedo de la gente sin aportar una sola solución.

No soporto a los que crean ellos los problemas para luego llegar con una solución milagrosa.

A la mierda todos los veletas que cambian de opinión para mantener contentos a los que nos han hecho mucho daño.

Odio que no se crean que no sé lo que pasa pero mucho más que piensen que ni siquiera sé que no lo sé. No somos niños de seis años.

Es por todo esto que no me voy a enfadar, así que me voy a coger una cerveza y me voy a darme un chapuzón que ya se nota el fresquito en la piscina.

Caye

«Con las mochilas llenas…»

0

El coronavirus dejó las ciudades desiertas y los colegios vacíos. El silencio se impuso a la campana del patio, al ruido de sillas y pupitres y a los gritos y risas del recreo. La escuela tuvo que reinventarse y adaptarse al bicho a través de una pantalla.
El COVID-19 ya avisó que venía para quedarse un tiempo y ha cumplido su amenaza. Aquí sigue. Sin embargo parece que no han servido las previsiones. Seguimos sin saber mucho de él y la vacuna aún no ha llegado. No sabemos cómo mover las fichas en el nuevo tablero. Tomamos las decisiones a salto de mata. Improvisando. Y si la cabeza te dice que no, el corazón se empeña en decir que sí. ¡Un caos!

Ahora toca volver al cole. En estos días los niños vuelven a las aulas con las mochilas llenas de muchas dudas y pocas certezas. Y si cada septiembre los profes creaban con mucha ilusión y muchísima responsabilidad un nuevo capítulo en la vida de cada alumno, esta vez están ante el reto más difícil al que jamás se han enfrentado. Pocos querrán, hoy por hoy, estar en la piel de un maestro.
Este curso, más que nunca, hay algo mucho más importante que el contenido de la asignatura. Más importante que el gel hidroalcohólico o la mascarilla. Los niños necesitan que alguien les hagan sentir que están en las mejores manos. Necesitan que les repitan día a día que, aunque todo haya cambiado, va a salir bien. Necesitan que les animen recordándoles lo bonito que tiene la vuelta al cole, estar con sus compañeros y con los profesores y que sepan que, aunque algunas reglas cambien, van a volver a disfrutar como antes. Las grandes dosis de ilusión le tienen que ganar la batalla al miedo sí o sí porque nada ni nadie puede sustituir a la escuela ni al maestro.

Creo que no llevar a los niños al colegio no es una opción. Y creo también que la educación a distancia no es la solución. Lo hemos podido ver durante el confinamiento cuando nos ha tocado soportar la carga educativa desde casa. Ya que el riesgo cero no existe, también creo que la mejor estrategia será (una vez más) adaptarse al entorno. Y en esta disciplina los padres sabemos que nuestros hijos nos van a dar más de una lección. Ya lo hicieron meses atrás. Para ellos los cambios son más fáciles de llevar, sobre todo, si los viven con toda la naturalidad posible. Por eso es tan importante transmitirles seguridad y serenidad desde casa y en la escuela haciendo…»vida normal».

En este contexto tan sombrío y cambiante como el que tenemos, sólo la formación nos ayuda a adaptarnos. Pero hablo de la formación presencial. La única que transmite emociones, seguridad, sensibilidad. La única que puede darle a nuestros niños la palmadita en la espalda cuando hacen las cosas bien y la única que les mirará a los ojos para convencerles que…»todo saldrá bien».

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Volver a empezar

2

Léase «volvr-a-empeshar», como si de la película premiada con un oscar se tratara.

Volver a empezar es lo que nos toca hoy a todos: volver a los post de los Bacalaos, volver al cole, volver al trabajo, o volver a estar de vacaciones, cada uno que elija lo que mejor le apañe.

En estos tiempos de idas y venidas, de encuentros, reencuentros y confinamientos, se valora aún más la vuelta a la ansiada rutina en el comienzo de una temporada que se presume absolutamente incierta.

Volvemos a hacer lo de siempre, pero de manera totalmente distinta, con nuevos protocolos, normas y reglas que tenemos que aprender y repetir una y mil veces hasta que las interioricemos y nos salgan solas. A mi por ejemplo me sigue costando lo de no dar besos, pero a veces me viene hasta bien, no lo voy a negar.

Estamos, como tantas veces dijimos que haríamos, viviendo al día. Haciendo los planes en el corto (cortísimo) plazo y añadiendo siempre la coletilla de «si no nos confinan». Estamos valorando cada acontecimiento, cada conversación y cada aventura como si fueran la primera, o la última.

Vemos el peligro cada vez más cerca, valoramos los riesgos, ponemos los medios para evitar los contagios, pero es algo inevitable, hay un elemento llamado azar contra el que no podemos hacer nada, así que por favor, seamos conscientes.

Seamos responsables en esta nueva temporada, como venimos haciendo desde el pasado marzo, no bajemos la guardia, sigamos respetando a nuestros mayores, a nuestros pequeños y a nosotros mismos. Disfrutemos de la vuelta al cole más deseada y más temida, hagámoslo por ellos, por nosotros y por aquellos a los que aplaudíamos a las 20h, porque ellos siguen al pie del cañón y aún no han tenido un respiro.

Reyes

Vivir con miedo

0

Un verano diferente siiii.

Un verano en modo disfrutón… también.

La verdad es que no hemos salido mucho de casa, ha sido más un verano de piscina, barbacoa y familia y amigos.

Ha sido un verano de esos que me ha dado por recuperar conversaciones con mucha gente, y lo común de todos ha sido el puto virus. Por mucha rabia que nos dé, por mucha información envenenada que nos inyecten en vena para desviar la atención él está con nosotros y cada vez lo sentimos más cerca. Las preocupaciones siempre has salido una tras otra y cada uno de nosotros siempre hemos aportado nuestra “solución”, que si todos a casa, que a mí nadie me vuelve a confinar, que si es que la gente es una irresponsable, que si la culpa es de los que salen de fiesta sin control, que si la culpa es del gobierno que con la que tienen encima están de vacaciones, como decía antes cada uno con su opinión.

Lo que sí que hay detrás de cada una de esas opiniones es una historia que la va a marcar nuestra experiencia, si tienes un amigo que ha estado mes y medio intubado en el hospital con el cuerpo boca abajo es normal que cuando te lo cuente pienses de inmediato que eso te va a pasar a ti. Si te hacen un test en el trabajo y das un falso positivo esos momentos que te dicen que tienes el puto virus no deben de ser muy agradables porque de todo lo que nos cuentan siempre nos vamos a quedar con lo peor. Luego cuando te llega la confirmación del falso positivo la cosa ya cambia.

Luego están los que les gusta jugar a la lotería y llevan muchos números, todos sabemos quién son.

Si hay dos aspectos que marcan nuestra vida esos son la incertidumbre y nuestras expectativas. Y si, las dos nos llevan al miedo si no sabemos gestionarlas.

La gente no ayuda ya que la información que recibimos parece esforzarse en potenciar el pánico y miedos individual y colectivo. Pero bueno cada uno es libre de ver las noticias e informarse o directamente apagar la tele y el móvil y ser feliz.

Este ha sido nuestro verano, un verano en el que nos damos cuenta que el miedo se puede contagiar igual de rápido que el puto virus. Y por el contrario el sentido común no se difunde tan rápido como el puto virus.

Caye

La vecinita

0

Lo que le gusta a mi vecina meterse en las conversaciones y vidas del vecindario. Como le gusta cuchichear de todo lo que oye por el patio de luces. Ella es la típica que siempre dice “Si yo tengo cristal doble y no oigo nada”.

Luego vienen las preguntas de ascensor a mí y a mi mujer, en plan yo que pasaba por aquí pero de paso intento sacar un poco más de información. Yo que ya le he pillado de que pie cojea, me dedico de vez en cuando a mandar mensajes desconcertantes, de esos que mosquean, me decido a llamar a mi mujer por otros nombres y a decir cosas sin sentido. Para darle un poco de sal a la vida del edificio.

Con el tiempo me he dado cuenta que este tipo de vecinas están en todos los lugares, los y las que te dicen pero si yo no tengo redes sociales y se dedican a cuchillo a criticar como si no hubiera mañana todo lo que publico, más curioso me resulta cuando me quedo a gusto escribiendo algo que me ronda la cabeza en el bacalao y de repente son todo mensajes a mi alrededor en plan ¿y esto a cuento de que lo estará escribiendo?, ¿está hablando de mí?… eso es que esta en la crisis de los cuarenta y tantos.

Vamos a ver si de una vez nos vamos enterando, escribo lo que me da la gana, me meto con quien me place, lo único que busco en ciertos momentos es griiiiitaaaaaaaaar con las palabras, y tranquilos y tranquilas “vecinas” las protagonistas de todo esto no sois vosotras soy yo lo primero y lo segundo lo que me da la real gana.

Buscaros una vida porque la mía ya la vivo yo.

¡Hombre ya!

Caye

¿GAME OVER?

0

No puedo dejar de asombrarme cuando pienso cómo esta pandemia ha tenido el poder de paralizar el planeta pero, a pesar de ver cómo ha golpeado fuertemente y sin avisar a unos y a otros hasta límites insospechados, nada dura eternamente. Señoras y señores: el confinamiento se acaba. ¿Game over?


¿Cuántas veces habrás repetido eso de “cuando esto acabe haré lo que me salga de las narices”? Yo muchas. Y es que cuando esto acabe quiero hacer muchas cosas. Quiero hacer tantas que he perdido la cuenta. Confieso mi deseo de libertad aunque la cosa siga sin estar en su mejor versión. Vuelve la ilusión, vuelve el cupón de la once, vuelven las playas de Benidorm (de 9.00 a 21.00 y dos horas máximo, algo es algo), vuelve poder abrazar a diario y vuelve “cruzar la frontera” para escapar al pueblo o a la playa. Los niños volverán a los columpios y yo podré volver a activar el cuerpo (y el alma) con mis entrenadores favoritos. Volveré a saludar al sol como se merece y no desde la pantalla de mi pc, volveré a…a hacer cosas a las que no daba importancia. ¡Toda emoción será bienvenida!
Los planes más esperados para recuperar una vida parecida a la que tenía ya están en marcha. Porque, no nos engañemos, esta nueva normalidad que tenemos a la vuelta de la esquina se parece mucho a la de antes: hay que volver a la ofi, comer otra vez de tupper y llenar las terrazas hasta que el cuerpo aguante. Estamos ante una vuelta a la rutina diferente pero… ¿con las mismas ganas?
Sin embargo, llegados a este punto, las reglas han cambiado y pasar del todo a la nada y de la nada al todo no se aprende en la escuela. Las necesarias mascarillas ya son la nueva moda, el plexiglás está por todas partes y asumamos que nos tomarán la temperatura más de una vez al día. ¡Ah! Y sí. Los tontos siguen siendo tontos después de la cuarentena.
La nueva normalidad que está a la vuelta de la esquina, en ocasiones, se parece más a una película de ciencia ficción porque el rebrote de nuevos contagios no deja de ser una amenaza. Es la espada de Damocles. Quizás por eso la realidad no es tan bonita como nos gustaría pero tampoco tan horrible como en un principio pensábamos. Solo pasa que ahora cada actividad requiere, de momento, el doble de tiempo y toca sí o sí aprender a moverse en este nuevo escenario.
Creo que, con este panorama, ser un poquito egoísta tampoco viene nada mal. Que cada uno debe seguir su ritmo y si el tuyo –como el mío- es más lento, no pasa nada. Lo más importante, sea al ritmo que sea, es que aunque ya tengamos permitido salir, sigamos teniendo en cuenta los motivos por los que hemos estado encerrados. Sabemos que el virus no desaparecerá. No hay game over que valga. Elegir el momento del día que más apetezca para salir a la calle, retomar las calles cruzando esas fronteras invisibles en las que tú decides cuándo, dónde y con quién o recuperar poco a poco tus rutinas, sin prisa, puede ser un sano ejercicio de adaptación.

En resumen: Llega recuperar la libertad pero sin dejar de lado la incertidumbre, pieza clave en cualquier humano, y llega también volver a hacer todas esas cosas irrelevantes que hacíamos antes pero que son las que hacen que esta nueva normalidad se parezca un poco más lo de siempre.
Cada uno, disfrutando de la vida a nuestra manera, nos vamos a tener que hacer a la idea de que el juego aún no ha terminado.

No hay una “deadline” para decirle adiós al virus.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

¡Viva la frivolidad!

0

frívolo, la

Del lat. frivŏlus.

1. adj. Dicho de una persona: Insustancial y veleidosa. U. t. c. s.

2. adj. Propio de la persona frívola.

3. adj. Dicho de una cosa: Ligera y de poca sustancia.

4. adj. Dicho de un espectáculo o de sus canciones, bailes e intérpretes: Ligero y sensual.

5. adj. Dicho de una publicación: Que trata temas ligeros, con predominio de lo sensual.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea]. <https://dle.rae.es> [15/06/2020].

No digo yo que el Bacalao sea frívolo, eh? pero como todos, tenemos nuestros momentos.

Me refiero más bien a las redes sociales. Y no, no me digas que tú no tienes, porque si me estás leyendo, en alguna estás, aunque solo sea en whatssap. La mayoría de los mortales estamos en todas las que tenemos a mano, facebook, youtube, instagram, pinterest, emails, blogs (los menos), y nos faltaba el TikTok, que durante la cuarentena se ha hecho el rey!

Nos encanta ponernos delante de la pantalla y tragarnos lo que nos echen: videos graciosos, retos deportivos, modelitos imposibles, cuerpos irreales (por lo perfectos), situaciones maravillosas… Ya sabéis de mi aversión por las egoinfluencers, pero tengo que hacer una confesión, desde hace un tiempo sigo a Tamara Falcó.

Si, ya se que no es Maria Pombo, ni Chiara Ferragni, pero mira, la vi en masterchef y me cayó bien el personaje, así que ahí la tengo, en mi feed de instagram compartiendo conmigo su vida diaria.

También sigo al chef Peña, que aunque mi amiga dice que tiene el cuerpo raro, a mi el vallisoletano me cae bien, y sus viajes por el mundo me inspiran. Igual es porque lo veo un tío normal, y con eso si que soy capaz de identificarme. Lo siento por Kortajarena, pero los de su tipo no entran en mi reino.

No, mi uso de las redes no es aspiracional, no voy a conseguir jamás la vida de la Falcó, ni el cuerpo de las rubias, ni siquiera el de Patri Jordán, (ni su capacidad para grabar el video de tal manera que no se le mueve un pelo de sitio ni le cae una gota de sudor).

No sigo a las personas que se dedican profesionalmente a inventarse un personaje para representarlo en las redes y así promocionar todos los productos que tienen a bien entrar en ese tipo de negocio.

No soy yo de tragarme las mentiras de otros, ni tampoco de mentir, pero tampoco te pienses que lo que publico en mis redes es mi vida. Las publicaciones se seleccionan, SIEMPRE. El postureo tiene un precio, y hay que pagarlo.

Si, a veces publico lo que estoy haciendo en el momento, pero son las menos. No voy a publicar una foto en la que no me vea bien, ni un encuadre que no me favorezca (ni a mi ni a ninguno de los míos).

Como todo en la vida, las publicaciones requieren de una preparación, pensar la foto, el texto, el objetivo… y si de vez en cuando publico algo para alimentar mi ego, pues mira, mea culpa, yo también soy mortal y tengo mi corazoncito, que a veces necesita cuidados y cariño.

Tengo otra amiga que critica a los que publican toda su vida en redes, pero seguro que luego sigue a «los profesionales» como método de inspiración. Allá cada uno con su conciencia.

El caso es que las pantallas son como una ventanita al mundo que nos gustaría ver y tenemos la suerte de poder elegir los contenidos. Es por esto que en estos tiempos tan raros en los que las malas noticias nos rodean, nos escondemos de ellas apelando a la frivolidad. A día de hoy, bendita frivolidad, bienvenida sea.

¡Que viva la frivolidad!, y por encima de todas las cosas, ¡que viva lo bien que nos hace sentir! Amén.

Reyes

Imagen: Jon Kortajarena recien levantado según publicación de Instagram compartida en Pinterest no se ni por quién.

Vive

0

Si algo saco en claro de todo esto que nos ha tocado vivir nos ha hecho a todos replantearnos nuestros valores y los procesos habituales de nuestro día a día. Ha sido un proceso en el que desde casa hemos dejado volar la imaginación. Ahora es cuando me acuerdo de esa famosa frase que me decían de pequeño:” Si te aburres es que no estas utilizando tu imaginación”, yo os aseguro que no me he aburrido.

Ahora tenemos nuevas formas de trabajar y de llevar a cabo procesos, que antes ni por casualidad se nos iba a pasar por la cabeza llevarlos a cabo. Y lo que estoy seguro es que todo esto nos va a influir muy positivamente en nuestra manera de volver a recuperar el ritmo de nuestras vidas.

Yo no he parado de trabajar en todo este tiempo, incluso diría que mucho más que en otros momentos, lo que la gente tenía pensado hacer en los próximos dos años lo hemos tenido que montar en dos meses. Y es cuando por parte de todos ha surgido nuestra capacidad de adaptarnos a este momento que estamos viviendo, es evidente que de esta salimos y también salimos más versátiles ya que es ahora cuando nos hemos dado cuenta que podemos trabajar de una forma más ágil, fluida y polifacética.

Yo soy de los que opina que no quiero una nueva normalidad, yo quiero y busco mi normalidad de ese enero y febrero en el que ya no nos acordamos si hacia frio o calor o cuales eran los problemas que nos rondaban por la cabeza. Y si todo lo vivido me sirve, me lo quedo para mí.

Ahh acuérdate de vivir tu vida.

Caye

Qué injusta es la vida

0

«¡Qué injusta es la vida!», es la frase que mas he escuchado en los últimos días, y con toda la razón.

Qué injusta es cuando nos arrebata las esperanzas, cuando nos muestra su cara más cruel y nos produce el dolor más profundo.

Qué injusta es, que ni las religiones son capaces de encontrar un por qué lógico al sufrimiento.

Qué injusta cuando se lleva a un niño de dos años que inundaba de alegría todo su entorno.

Qué injusta cuando deja tantos corazones rotos, tantas lágrimas y tantos buenos deseos convertidos ahora en recuerdos en los que buscar consuelo.

Qué injusta es la vida y sin embargo que bien la tratamos.

La vivimos con intensidad, y cuando más duro es el golpe, la regalamos. Como esos padres valientes que con su pérdida han dado vida, esperanzas y un nuevo comienzo a otras familias que también estaban sufriendo, haciendo que la marcha de su hijo haga felices a otros, dejando un legado de vida que nos sirve a todos de ejemplo de entereza y generosidad difícilmente entendible en determinados momentos.

Ellos son para mi unos héroes, y una muestra de cómo somos capaces de dar nuestra vida por los nuestros. Nunca una madre debiera sobrevivir a sus hijos, pero en ocasiones ocurre, y seguiremos diciendo que nos parece injusto, terrible y profundamente doloroso.

Solo una madre puede saber en estos casos lo que su hija sufre, y solo una hija puede encontrar alivio en esa madre, y más aún si es de la que os hablo, que lleva por nombre Consuelo.

No os quede duda de que juntas serán capaces de superarlo todo. Se apoyarán la una en la otra, llorarán, rabiarán y se lamentarán, pero saldrán de esta como madres coraje que son, y nosotros estaremos ahí para ayudarlas en lo que podamos.

Que injusta es la vida, que no nos deja elegir los sentimientos.

Reyes

EL PRECIO

1

Fase 2 y sumando.
No ha sido el apocalipsis.
Y sí. Va a haber un día después de la pandemia.
Hay un antes y un después. Un antes al que ya no volveremos porque, para empezar, nos ha tocado cambiar de la cabeza a los pies nuestra forma de hacer casi todo lo que hacemos. Algunas cosas nunca volverán a ser como antes porque las soluciones diseñadas para ayer, ya no nos sirven hoy y las prioridades que tenías hasta este momento, ya no lo son. El mundo ha cambiado muchas veces y ahora lo está haciendo otra vez.
Probablemente si ahora volviéramos a sentarnos y pensar en qué nos gustaría tener en nuestras vidas, cambiaríamos algunas de las cosas que elegimos y las sustituiríamos por otras. Estas movidas nos hacen seguir revisándonos y ver qué estamos haciendo mal.
¿Vamos a ser mejores después de esto? Nadie lo sabe. Nadie sabe si será para mejor o para peor. Lo único cierto es que no vamos a ser los mismos. El mundo no va a ser el mismo. Visto lo visto, todos vamos a perder. Bueno, rectifico. Todos, poco o mucho, hemos perdido ya. Es posible que salgamos de esta situación fortalecidos y mejores pero somos, y seguiremos siendo, mortales y frágiles. ¡A ver si esta lección la aprendemos de una vez!
No son tiempos sencillos. Durante setenta y tantos días todo se congeló. Ahora toca regresar ahí afuera. Y toca, a toda la humanidad, hacer el esfuerzo del cambio a esta nueva manera de vivir. No es tarea fácil. Sólo hay que querer hacerlo. Al fin y al cabo se trata de quedarse con lo que verdaderamente signifique para cada uno.
Entramos en una etapa de reconstrucción. Es, hoy por hoy, nuestro gran desafío. La vida nos da la oportunidad de hacerlo ahora, y si este escenario nos pide parar, tratemos de seguir el consejo y hacer lo que nos pide. Hay que revisar todo.
Si esto no hubiese pasado, sabríamos menos sobre nosotros mismos y sobre quienes nos rodean. Ahora sabemos de qué va la copla. Y sabemos que algunas cosas, sí o sí, deben estar en nuestra vida a diario simplemente porque nos hacen bien y cuanto mejor estemos, mejor estará el mundo. Nunca nada nos había hecho valorar tanto un beso o un abrazo. Valorar…las cosas sencillas de la vida. Pero no hay que hacerlo todo hoy y ahora. Los días no se acaban. Lo importante es…hacerlo.
Yo, como muchos (¡como todos!), deseo salir de esta pesadilla pero con paz, poco a poco, conservando todo lo que he conseguido en este encierro y llevándolo ahí afuera. ¿Sufro el “síndrome de la cabaña”? Es posible. No me convence la idea de salir YA porque toca y menos si no lo sientes. Siempre he creído que tenerte en cuenta a ti es tener en cuenta a los demás. Y para mi lo importante es poder ver a los demás EN LIBERTAD: dónde, cuándo y cómo nos dé la gana. Y esa libertad empieza en el sentido común de cada uno de nosotros. En lo que cada uno entendemos por…RESPONSABILIDAD.

Y esa responsabilidad,mía, tuya y la de todos, es el precio…de la libertad.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Todo diferente

0

Hoy empieza junio y todo es diferente. Todos los años, el 1 de junio es la fecha en la que acaba una cuenta atrás que empieza en la noche del día de San Juan, y este año es al revés, empieza hoy la cuenta atrás hasta el 1 de junio del año próximo.

La luz de junio será la misma, pero la veremos de forma diferente. Nuestras fotos no tendrán los colores de los monumentos fogueriles, ni de nuestros cuerpos bronceados por una larga sesión de playa o de plantà.

Serán diferentes las calles, no habrá arcos de luces, ni decoraciones en los comercios, no iremos como locos a las mercerías a por alfileres, cintas, corchetes o imperdibles para solucionar problemas de última hora con la indumentaria.

Los sonidos serán diferentes, echaremos de menos la música en las calles, el estruendo de la pólvora, los aplausos y la algarabía de las concentraciones. Escucharemos de la boca de otros «Feliz junio», pero con un tono muy distinto al que estamos acostumbrados.

Serán diferentes los bares, que no nos venderán la cervecita para la mascletà, y las heladerías que no recibirán a los visitantes de otros barrios que van haciendo las estaciones a la vez que visitan los monumentos de especial.

Los encuentros con amigos serán diferentes, estamos como locos por vernos, por compartir espacio, risas, bebidas y viandas, pero no lo haremos en nuestros racós, pasándonos los platos de una mesa a la otra para probar las delicias que se cocinan en las casas de los demás.

Las economías familiares serán diferentes, sobre todo las de los que se dedican a facilitarnos las fiestas con su trabajo, artistas de fogueres, montadores de instalaciones, pirotécnicos, músicos, hosteleros…

Este año junio será diferente, por el recuerdo para los que ya no están, pero lo viviremos intensamente pensando en los junios pasados y proyectando los junios futuros por los recién llegados y los que están por llegar.

Reyes

DOS METROS

0

Es tiempo de reencuentros. De volver a compartir historias y un café. Había ganas. Nervios. Ilusión. Sentimientos a flor de piel.

Hace más de 70 días que la cuarentena se entrometió en las historias de cada uno. Las vidas de muchos se separaron. Pasar un rato con los suyos era el deseo de muchos. Cruzar esa frontera imaginaria que nos separa de los que más quieres era ganar la partida al bicho.
Ahora estamos cerrando fases. Nuestro estado emocional en este momento es: “Impacientes”. Como si fuera una primera cita. Vivimos una auténtica maratón de reencuentros. Esos pequeños ratos en libertad son los grandes protagonistas a estas alturas de la pandemia. El cuerpo (y el alma) nos piden estar con la familia y los amigos, comer juntos o ir de cañas. Tenemos muchos abrazos por dar. Compartir raticos con tu gente y recordar a los que ya no están. Con ellos ni besos, ni abrazos , ni adiós. Con ellos…no hay encuentro posible.
Y, entre reencuentros y cafés, algo ha cambiado. Es imposible no sentirte extraño porque el virus sigue ahí. Las tertulias, con dos metros de separación, sólo hablan del pasado recordando otras épocas mejores o peores, pero sobre todo, distintas.
Hasta en las miradas, nada es lo mismo. ¿Dónde están los mimos? ¿Y las caricias? Por lo menos y durante un tiempo, en público, ni están ni se les espera. Y no es nada sencillo. Somos besucones y muy sobones. El calor de los primeros abrazos “después de” habrá que dejarlo para tiempos mejores. Aunque, por suerte, los dos metros no durarán para siempre. Eso creo…y espero.
Juntos pero separados. Poniéndonos al día sin pantallas que nos separen y con sillas a dos metros de distancia. Recuperando la vida cara a cara pero…codo con codo. Así es el nuevo abrazo. Una nueva normalidad que es extraña para todos.

“Cuando creíamos tener las respuestas nos cambiaron las preguntas” dice Mario Benedetti. Y es verdad. Ahora las mascarillas se han colado entre los besos y los abrazos…van por fases. Ya no será como antes (de momento). Porque aunque aprovechamos cada instante de este tiempo de reencuentros, es inevitable sentir que te quedas con las ganas, muchas ganas, de dar esos apretones que has guardado en el cajón del confinamiento. Y porque aunque los unos y las otras nos sintamos más pequeños, y dos metros más lejos, hay días muy especiales y hay cosas que nunca cambiarán.

Con dos metros de separación…¡qué extraño es todo!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.