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Mágica

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¿Y por qué la navidad es mágica?

¿Que nos lleva a sorprendernos y a disfrutar como niños de un esperado regalo, de una inesperada visita o de la compra de un décimo de lotería?

De pequeño siempre pensaba que la navidad era mágica porque los Reyes eran magos y eran ellos los que se encargaban de que todo saliese perfecto en mis Navidades de los 80.

Cuando vas creciendo te das cuenta que los verdaderos magos son los que nos rodean los que nos hacen sentirnos especiales ya que nos dedican su tiempo y quieren estar con nosotros.

Qué bonito es cuando alguien nos sorprende para bien, que cara se nos pone, yo he de reconocer que no se disimular, a mí se me nota para bien y para mal, Siempre he pensado que esto es más una virtud que un defecto.

Para ver la magia hay que estar y ser consciente de ella, no solo en la Navidad, en muchas otras cosas más.

A día de hoy lo que tengo claro es que la magia está donde uno presta atención.

 

Caye

“Si yo fuera rica, yadi dadi dadi didu didu didu didu dum…“

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Erase una vez yo que, como todos los años, me dejé la extra en comprar lotería de Navidad.

“Si yo fuera rica, yadi dadi dadi didu didu didu didu dum…“se convertía, una vez más, en mi canción favorita durante los días previos alimentando mi ilusión desde la mañana hasta bien entrada la noche. Pero el sorteo se acabó, el día terminó y no nos hemos hecho millonarios. Un año más sin poder saciar parte de mis caprichos ni comprar mi “libertad”. (El viaje a las Galápagos tendrá que esperar otra vez).

Todo esto me pasa porque en casa me enseñaron que hay que soñar y que la culpa de lo que nos pase no es de los sueños. No sé de quién será pero de ellos estoy segura que NO. Y, mientras la lotería se siga escapando entre mis dedos, no me queda otra que seguir levantándome antes que el canto de un gallo y mi smartphone seguirá roto. (Pensándolo bien, intentaré dejarlo a un lado y dedicarme más a hablar con la gente, cosa que no se me da nada mal).

Al año le quedan un par de respiros y… adiós. Y, sinceramente, esperar un futuro mejor no es la mejor manera de vivir el presente. Así que ¡es urgente divertirse! Sufrimos demasiado por lo que nos falta y valoramos muy poco lo mucho que tenemos. ¿De qué sirve tener si no disfrutas de ello? Porque, al fin y al cabo, la riqueza está en el disfrute de lo que tienes…no en lo que NO tienes. ¿ O era al revés?

Una puede querer todas las cosas del mundo pero, al final, lo que importa es vivir buenas historias. Y a éstas hay que ir a buscarlas. He comprobado, ya demasiadas veces, que la felicidad no es un golpe de buena suerte y que querer lo que no se tiene es nuestro verdadero caballo de batalla. La magia llega si trabajas, y trabajas duro, o si eres un buen mago. Así que, por la cuenta que me trae, me conviene hacer las paces con la lotería y no creer en milagros de medio pelo.

Volveré a ser la persona que era. Con la imaginación a todo volumen y sin para de trabajar. No sé hacer mucho más.

Y como veo que de momento no puedo solucionar los problemas del mundo, al 2019 le pido NI UNA MÁS. Estoy harta de abusos, violencias, agresiones y demás barbaries. También le pido que me ayude a sonreír aunque no tenga ganas. A cuidar mi alimentación (“eres lo que comes”) y más días de desconexión con alguna botellita de Predicador por medio. Me da igual tinto o blanco, me gustan los dos. Ya puesta, a 2019 le pido volver a ver “El discurso del Rey”, perdonar más y recordarme cada tanto que es el equipo quien gana. Si tiene hueco que me traiga una gran dosis de hacer las cosas lo mejor posible (siempre se puede hacer algo que no sea lo de siempre y mejor que la vez anterior) y ración extra de autoconfianza y, si no consigo lo que quiero, no pienso desesperarme (a lo mejor estoy sembrando la raíces para algo mejor… ¡quién sabe!) ¡Guerra al autosabotaje!

Y, muy importante: Aunque sé que la sinceridad no combina bien con nada, que siga defendiendo aquello en lo que creo con la misma energía que he utilizado hasta ahora. O más.

 

Creo que esto es ser libre.

Y rica.

 

P.D.: …y si algo de todo esto no funciona, no pasa nada. Probaré con la Primitiva.

 

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Prométemelo

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Prométeme que aunque no te guste la Navidad, esta noche te vas a portar bien.

Prométeme que vas a dejar el móvil guardado y vas a prestar atención a las personas con las que compartes la mesa. Si quieres usar el móvil, hazlo para tomar fotos antes de la cena, pero cuando hagan su entrada los aperitivos por favor, guárdalo.

Prométeme que te vas a acordar de los que no están, pero no te vas a regodear en la pena, vas a mirar a los más pequeños y vas a hacer un esfuerzo por que ellos siempre tengan un buen recuerdo de esta navidad.

Prométeme, aunque te cueste, que no le vas a llevar la contraria a tu cuñado. Si después de dos copas te dice que él sabe más de vinos que tú, déjale que lo crea mientras se sirve el vino malo y tú sigues bebiendo del bueno.

Prométeme que no vas a hablar de política, ya sabemos que en tu casa se junta uno de cada, así que no lo intentes, no les vas a convencer para que cambien de opinión.

Prométeme que vas a decir a todo el mundo que te encanta el regalo que te ha traído Papá Noel, no queremos herir a esa persona que se lo curra tanto aunque nunca acierte.

Prométeme que la sobremesa va a ser divertida, porque vais a cantar villancicos en los que se recuerde qué es lo que se celebra hoy (y no, no es la llegada del gordo de rojo y blanco).

Prométeme que vas a felicitar a l@s cociner@s y vas a comer sin remordimientos, que por una vez le vas a dar el gusto a tu madre de comer sin poner pegas.

Prométeme que vas a ayudar en lo que te dejen, siempre que no seas un negado manejando los cuchillos, no vayamos a  tener un disgusto cortando jamón y tengamos que fastidiar la navidad de la familia y de los que están trabajando en urgencias, que los pobres también se merece una noche de paz, aunque sea solo una al año.

Prométeme que vas a pensar en los que no pueden disfrutar de esta noche, y por ellos vas a poner lo mejor de ti para que estas sean unas navidades de las que no olvidaras en mucho tiempo.

Prométeme que vas a volver a ver esa peli que solo ves en navidad, aunque no lo reconozcas nunca delante de tus amigos.

Prométeme que vas a tener una feliz navidad, porque es eso lo que yo te deseo.

Reyes

 

 

 

 

 

Yo llego

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Yo llego hasta donde llego y si me estiras, un poquito más.

Me acuerdo que esta frase la decíamos mucho en las clases de gimnasia del cole, y hoy  me ha salido de manera natural en una conversación y no precisamente de deporte.

Hablaba con un amigo de la necesidad de terminar todo para ya que en vez de la Noche Buena parece que se acabe el mundo.

Hay gente que se piensa que las cosas se hacen en un minuto o que se trabaja única y exclusivamente para ellos, en esta vida hay que enseñar a esperar a la gente, sobre todo a esos que van por la vida metiendo prisas exigiendo que trabajes fuera de horas para llegar a algo que es imposible, soltando por esa boquita para meter más presión.

En fin para mí por uno me entra y por otro me sale, si me comprometo llego y si no llego te llamo, te lo digo y no te pongo excusas.

Bueno esto va dedicado para esos que en marzo no tenían prisas porque quedaba todo el año y tienen los santos huevos de llamar un 20 de diciembre para saber si para antes de final de año lo pueden tener.

Querido amigo yo llego hasta donde llego y no, no me estires que me voy de fiesta.

Caye

¡FELIZ NAVIDAD!

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En estas fechas tan señaladas quiero desearte lo mejor.

¿Recuerdas que sólo tienes una vida? ¡Pues vive todo! ¡Y vive mucho! Aquí estamos de paso, así que concédete un lujo. O dos.

Busca siempre el lado positivo de las cosas o, de lo contrario, acabarás hundida en la melancolía y de ahí directa a la derrota sin pasar por la casilla de salida.Conviene creer,día tras día, que incluso en los escenarios más difíciles algo puede hacerse SIEMPRE. Aunque sea mentira…¡hazlo!
Dicen que cuando las cosas se hacen mal, el tiempo se lo cobra (tarde o temprano) al contado.Y también dicen que el fracaso es la mejor oportunidad para empezar otra vez…con más sabiduría. También se habla de que el daño nos marca más que las buenas acciones y se queda con nosotros para casi toda la vida. Como si fuera una broma de mal gusto que nunca termina.
Desconozco de dónde salen todos estos chismes pero lo que sí está comprobado científicamente es los humanos tenemos una fuerza interior que flipas pero…no la sabemos usar (esto último es de mi cosecha). Por eso te deseo que nunca te vayas a dormir enfadado ni te quedes con las ganas de hacer. (Salirte con la tuya es más fácil de lo que piensas. Negocia. No hay nada que el buen trato y una sonrisa no puedan arreglar) Y recuerda que las penas se curan en el bar de la esquina. O…al sol.
No tires la toalla. Vuelve a empezar si hace falta. Nada como creer que te puedes comer el mundo para de verdad comértelo. O confiar en que todo saldrá bien para que salga perfecto. No hay otra solución. Y, como no todo es perfecto, cualquier recompensa será siempre bien recibida. Te recuerdo que aunque las cosas no salgan como tienes pensado, a veces, es divertido. Si juegas bien tus cartas esta vez…¡ganarás la partida!
Que no se te olvide decirle a los tuyos que les quieres. ¡Sintiendo se entiende la gente! Y no te enfades tanto ni te preocupes por aquéllo que no puedes cambiar. Es posible que el año pasado tuvieras una buena excusa pero este que viene nuevecito y para estrenar…¡NO! Eso es complicarte innecesariamente.
No puedes, ni debes, pensar en quién no se lo merece. Es una mala terapia. No olvides que la vida tiene el sentido que nosotros le demos y la gran mayoría de los obstáculos que encontramos, los ponemos nosotros. Hagamos del mundo un lugar más bonito…aunque solo sea de vez en cuando.

¡Más amor, por favor! (es lo único que necesitas para llegar a cualquier parte).

¡Feliz Navidad!

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

¡Qué tengamos salud!

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¡Qué tengamos salud!

Esa es la frase estrella del día del sorteo de la lotería de Navidad.

Ese día, para unos tan esperado y para otros tan odiado, llega todos los años a recordarnos que hay ilusiones que se cumplen, aunque nunca sean las nuestras y que la salud es lo más importante, aunque solo nos acordemos de ella cuando nos falta.

Desde bien temprano, el día D, todos estaremos pendientes de internet, entrando de vez en cuando a comprobar si ya ha salido el Gordo. Y si no ha salido, seguiremos con nuestro trabajo, y si ha salido querremos saber dónde, y si dicen que es en nuestro pueblo o nuestra ciudad, entonces ya nos preocuparemos por saber el número (por si acaso). Pero si no ha tocado cerca, nos quedaremos embelesados mirando fotos de caras felices que han recibido una gran alegría. Y cerraremos los ojos y soñaremos esa escena con nosotros como protagonistas, y rodeados de los nuestros. Familia y amigos festejando que ¡¡¡¡NOS HA TOCADO EL GORDOOOOO!!!!

Ojalá.

He de decir, que con el avance de los medios de comunicación se ha perdido la ensoñación romántica de hace años. Recuerdo una compañera de clase que en el colegio SIEMPRE escuchaba la radio el día del sorteo. Sin que los profesores se dieran cuenta, claro, ella sentada en la última fila con el pinganillo puesto y nostras mirándola de vez en cuando a ver la cara que ponía por saber si el gordo pillaba cerca. ¡Bendita ilusión! nosotras que no teníamos dinero ni para chuches y pensábamos en la lotería como algo maravilloso. Por cierto que ahora que ella es profesora no se cómo lo hace… tendré que llamarla para preguntarle, pero no se si hacerlo antes del sorteo o después.

A otro que echamos en falta en estos días es al calvo de la lotería, y es que sin él nos sentimos un poco huérfanos. Esa magia que insuflaba y esa música que era imposible sacarse de la cabeza como sinónimo de felicidad. Menos mal que este año la publicidad  se ha olvidado de Raphael ( y tú tampoco te acordabas), y nos han recordado algo que es fundamental y es que en el juego de la lotería, «El mayor premio es compartirlo». Y es cierto. Compartimos lotería con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo… y a veces pensamos «anda que si me toca el gordo en uno de esos que llevo una vigésima parte…» Pero no perdemos la ilusión, por lo menos los días previos. Son días de quedar con amigos, comprar lotería a medias y soñar juntos.

Por lo que pueda pasar, mis amigos y yo ya hemos quedado para celebrar el día antes del sorteo «La cena del pobre» pues puede que al día siguiente seamos ricos y no volvamos a probar las viandas a las que estamos acostumbrados.

Y si no nos toca, volveremos a decir ¡Qué tengamos salud!, y ¡Al año que viene, no compro!

Reyes

 

 

Pensando

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¿Párate un momento y piensa el tiempo que dedicas a eso a pensar?

Yo últimamente mucho y me desconcierta.

No he sido de pensar mucho yo las cosas, siempre he sido de hacer y luego buscar o encontrar una explicación…

Cambio de horarios.

La oscuridad a las 18:00 horas.

El querer llegar a todo.

Mi teléfono, mi Whatsapp, mi Instagram, mi Facebook, mi Twitter, mi email… y demás cositas que siempre carga el diablo.

El momento nocturno de repasar la agenda del teléfono y los Whatsapp y darme cuenta de que me he dejado algo sin contestar o llamar.

Mi programación con objetivos claros pero que se deja minar por esa cosas de cinco minutos.

El coger el coche y no ser consciente del camino recorrido.

El empezar a perder cosas.

Las malas noticias.

El echar de menos y no tenerte.

El pensar por un momento en compararme o que me comparen con alguien.

Los detalles que la gente considera como normales y no lo son.

Todo esto lleva un tiempo desconcertándome y la verdad que igual lo que necesito es llamarte a ti, si a ti tu sabes quién eres y pegarnos esa fiesta que nos debemos mutuamente.

Caye

 

¡EL GRAN COÑAZO!

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Ha llegado Diciembre y con él algo que toda la gente pregunta: “La comida de empresa… ¿pá cuándo?”. Y es que a estas alturas del mes ya habrás recibido un correo interno indicándote día, hora, lugar (y precio) de para muchos “EL GRAN COÑAZO DEL AÑO”.

Ahí está otra vez. Sin que nadie le haya invitado, se planta ante ti un año más la maltratada y temida quedada navideña y tú no puedes hacer nada para esquivarla. Si eres de los que ya la han disfrutado, espero SINCERAMENTE que todo haya ido bien. ¡Enhorabuena! ¡Habéis superado la prueba!

No ir no es una opción. Lo fácil es decir no pero tú, como yo, eres valiente y si hay que ir…se va. No intentes huir. Es inútil. Te acusarán de antisocial. Así que prepárate. Un sarao tan difícil de hacer desaparecer, merece que te armes de valor y vayas. Piensa que lo que estás haciendo esa noche es trabajar con un sutil toque de, digamos, relajación. Al fin y al cabo, sólo se trata de pasar un rato divertido y lejos de las tensiones diarias. Es ese momento en el que jefes y trabajadores se entremezclan amigablemente, sin rangos ni escalafones, para “hacer balance del año”. Esa gran oportunidad para que todos podáis felicitaros, hablar, reír y conoceros mejor creando un ambiente relajado como la gran familia que sois y…mezclando el comer con el beber.

Una vez superada la fase “NO VOY” viene la pesadilla del “¿QUÉ ME PONGO?”. Aquí la corbata y el traje de chaqueta dan paso al escote, a la minifalda o al chandalismo y del cardado mejor no hablemos. Ser tú lo dejas, si eso, para el próximo fin de semana.

“¿CON QUIÉN ME SIENTO?” será la pregunta del millón. Como no tengo la más mínima intención de decirte si debes sentarte al lado de tu jefe quiero recordarte que, en más de una ocasión, esa fiesta de hermandad se torció. No es nada personal pero…huye de él. Es una cuestión de mera supervivencia. Recuerda que ningún jefe es un segundo padre para ti ni para nadie. “El Boss” es, ha sido y será “El Boss”. Piensa también que, aunque afortunadamente tu cuñao no viene a este invento, no te librarás de “el chapas”, de la cotilla, del gracioso o del  bailongo. Son especies que jamás se extinguirán. Especial mención (y atención) a los paparazzis o, cuando quieras darte cuenta, tu foto estará rulando por infinitos grupos de whatsapp. En resumen: da igual donde te sientes.

Tened a mano chistes buenos y copas llenas. Brindis y más brindis hasta que suene “»amigos para siempre, will you always be my friend”. ¡ATENCIÓN! ¡Aquí es donde la cosa se tuerce! Algunos, prudentes, se batirán en retirada por eso de “una huida a tiempo es una victoria” pero tú no. Tú, que sigues siendo valiente (como yo) y no tienes nada de seta, decides seguir la fiesta. Crees que, gracias a la barra libre, es posible que alguno te sorprenda. Hazlo si quieres. Pero tómate sólo una y tira pá la casa.

No te engañes. En el trabajo la gente será igual el resto del año. Y lo que te hace gracia hoy, mañana te pasará factura en formato dolor de cabeza, hinchazón, gases y ardor de estómago. Sueños perturbadores no te dejarán en paz y el temido ”¡Tierra trágame!”… te dará los buenos días.

 

¿SOLUCIÓN?

Antes de ir a dormir, tómate una aspirina.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

El espíritu de la Navidad

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¡El espíritu de la Navidad ya inunda vuestras casas!

Si, las vuestras, porque en la mía lo único que hay es caos.

Una pandereta para llevar a la guardería, unas orejas de reno del año pasado que siguen saliendo del juguetero cada dos por tres (agosto incluido), décimos y papeletas de lotería, calendarios de adviento (de momento 2), catálogos de juguetes… lo dicho, caos.

Llegados a estas fechas a mi lo que me invade es el agobio… regalos por comprar, citas por cuadrar, el niño que no tiene modelito navideño para hacerse las fotos de rigor en los estudios de mi barrio (que son los mejores, ya os lo digo yo), reuniones que aparecen de la nada, el frío que este año ha decidido que no quiere llegar y yo tengo aun mitad de ropa de verano y mitad de invierno… y por si fuera poco, abro las redes sociales y todo son fotos de decoraciones maravillosas y árboles tan espectaculares que bien podrían adornar un centro comercial.

¿Qué pasa? ¿Soy la única que no llega?

No me creo que todos viváis la Navidad tan relajados, tan encantados de vosotros mismos. Todo el mundo deseando «Feliz Navidad» y yo deseando que pase.

Hace tiempo tome la decisión de dejar de hacer cosas que me estresaran, y la Navidad me estresa, pero no me puedo escapar de ella. Solución: sustituir los preparativos de Navidad por algo que mantenga mi mente y mi tiempo ocupado y ademas me sirva de excusa para no dejarme llevar por la locura colectiva.

Aunque no ha sido fácil, he encontrado el sustituto perfecto. ¿ No dicen que la Navidad es para los niños? pues en él me he centrado y ocupa toda mi atención. Este fin de semana en vez de decorar la casa ¡hemos empezado la Operación Pañal! Y para sorpresa mía/nuestra, no va nada mal. No voy a entrar en detalles pero este es el mejor regalo de Navidad que voy a recibir, saber que su padre y yo hacemos un buen equipo y sabemos atender a nuestro niño en lo que necesita en cada momento.

Ah, y para seguir con mi espíritu Grinch ya estoy preparando al minibacalao para que sepa que Papa Noel se va a llevar su chupete, a ver si así le convenzo de que los buenos son los Reyes Magos.

Por cierto, ¡Feliz Navidad!

Reyes

 

 

 

 

 

 

«Dime con quién andas y te diré quién eres»

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A lo largo de mi vida he intentado practicar, con mayor o menor éxito, el amor propio. Y he de confesar que es ahora, pasados los 50, cuando más disfruto de él…y cada día me gusta más. Y es que no hay nada como envejecer para darte cuenta de que la vida es muy corta como para estar esperando que las cosas pasen. (Todo esto con el precio de tener los párpados hinchados y estar más gorda pero también más sabia).

¿Magia? Rotundamente NO. Simplemente se trata, como en tantas otras cosas, de una cuestión de tiempo. O de saber elegir. O de experiencias. Porque de toda experiencia se aprende. Se aprende a saber lo que quieres y lo que no. A quién quieres en tu vida y a quien prefieres mantener lejos de ti…por amor propio. Y se aprende, también, practicar eso de “déjate llevar”. ¡Cómo cambian las cosas cuando una cambia!

El amor propio lo practico de muy diversas formas: con un calendario sin huecos vacíos ocupado por planes de esos que molan y mucho (por lo menos para mí), sonriendo a quien me busca las cosquillas y dejándole fuera de juego o, a veces, simplemente no quedándome con las ganas.

Es mi forma de escapar…necesaria y (creo) muy humana. No hablo de huir. Hablo de alejarme de la rutina cuando ésta me ahoga y estoy hambrienta de nuevas historias que vivir. Historias auténticas y sinceras. Porque en la vida lo que importa son las experiencias de verdad y he comprobado a lo largo de estos años que los recuerdos de esas experiencias serán mis anécdotas de mañana.

Ojo. Valoro de la misma manera la compañía que la soledad. Necesito tanto agotarme con mi vida social como pasar  tiempo sola. No le tengo miedo. De hecho lo hago bastante y disfruto mucho de esos ratos de “yo conmigo” en los que he aprendido a querer a mi tristeza y darle la vuelta a las cosas consiguiendo que la vida se viva de una manera que no había sentido antes. O cuando te das cuenta que los mejores momentos de la vida pueden surgir un domingo cualquiera, cuando en tu cabeza ya está activada la tecla de “fin del finde”. Descubrir, de pronto, que esos malditos domingos se convierten en el lugar donde todo son risas y más risas no está nada mal.

¿Y qué es lo que hace que mi domingo se convierta en una auténtica fiesta?

Primero, rodearme de buenas personas. Buena gente que te hace pasar un buen rato. No hay más. Gente de esa a la que no le interesa tu cuenta de resultados. Gente sana que no necesita artimañas ni rodeos ni, por supuesto, que les hagas la pelota. Juntarte con buena gente es el único deporte en el que todos ganamos…o como diría el refranero popular:“Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Y segundo, practicar el “aquí y ahora”. Y es así cuando de verdad me siento libre. Libre sabiendo a qué hora salgo pero no a la que volveré, hablando como si no hubiera un mañana, apostando a ver quién la suelta más gorda o siendo capaz de improvisar sobre la marcha. Sin necesidad de controlarlo todo y dando paso al súper poder de “déjate llevar”.

Al fin y al cabo los momentos más grandes de la vida son buenas anécdotas, de esas que te pasan cuando pierdes el control. Y es cuando llegas a ese nivel cuando, por fin, entiendes que lo bonito suele ser lo menos complicado.

 

Coco.

La foto es de un menú dominguero con mensaje de amor incluido.

Un mensaje con…súper poderes.

Personas

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Hoy, 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de las P E R S O N A S con Discapacidad.

El término discapacidad se usa para definir una deficiencia física o mental, como la discapacidad sensorial, cognitiva o intelectual, la enfermedad mental o varios tipos de enfermedades crónicas, pero yo señalo a las PERSONAS porque eso es lo que para mi es realmente importante.

Aunque sea menos conocida que la Convención de los Derechos del Niño, existe una Convención de las Personas con Discapacidad y su objetivo principal es «promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente».

Somos conscientes de que en otros países, el hecho de tener una discapacidad de cualquier tipo implica tener una esperanza de vida muy corta y ser objeto de malos tratos desde la infancia. Sabemos que podemos hacer algo para que eso cambie, pero lo vemos muy lejos.

Pero si en estas fechas se te encoje el corazón y dejas que la Navidad te influya lo más mínimo, acuérdate de que puedes hacer cosas para mejorar la vida de las personas con discapacidad que tienes alrededor. Si, las hay, a veces no nos damos cuenta, pero esas personas están ahí y muchas veces contribuyen a que tú tengas una vida mejor, igual ha llegado el momento de devolverles lo que ellos hacen por ti.

La acción más necesaria es la de que los trates como iguales. Recuerda lo que te decía al principio, son PERSONAS, igual que tú. No necesitan de tu caridad, ni de tu lástima, necesitan de tu respeto. Son personas que tienen alguna de sus capacidades mermada, pero puede ser que otras las tengan más desarrolladas que tú.

Conozco varias personas que hoy celebrarán su día y reivindicarán sus derechos. Pero hay una que para mi es muy especial. Su oído funciona menos que el mío, pero que tiene una capacidad artística brutal. Graduada en Comunicación Audiovisual, de pequeña tocaba la flauta en la Banda Municipal y ahora hace unas fotografías de una calidad excepcional. Lo suyo es el arte, en cualquiera de sus expresiones. Además su capacidad de trabajo, que en la escuela se veía reflejada en las mejores notas de la clase, y ahora se puede encontrar en una tienda especializada en imagen y sonido (qué paradoja) y en sus perfiles de redes sociales. Echa un vistazo y juzga tu mismo @Enyakyokaiphoto@EnyaSaborea.

Hablando de redes sociales, quiero destacar la labor de unos padres que están consiguiendo que el Síndrome de Down deje de ser un desconocido en este momento en el que cada uno va a lo suyo, publicando el día a día y los avances de su hija. Han conseguido que Pepita sea una influencer de las de verdad y es que @pepitamola, y sus padres también.

Hoy estarán también de celebración todas aquellas personas que dedican su labor a hacer mas fácil la vida a las personas con discapacidad. Personas con una sensibilidad especial que día a día comparten muchas horas con ellos y sienten como propios cada uno de sus avances. Terapeutas, médicos, trabajadores sociales, educadores, fisioterapeutas, logopedas… para todos ellos mi admiración y mi respeto.

Hoy es su día, pero mañana seguirán siendo PERSONAS y mereciendo el  mismo respeto que hoy. Celebremos su diversidad y contibuyamos a que su vida sea mejor.

 

Reyes

 

Imagen: Collage de Enya Kyokai, robado de sus redes sociales.

 

 

 

 

 

 

 

 

Si le gustas a todo el mundo….

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Ya desde muy pequeño que oigo esta frase  “Si le gustas a todo el mundo es que hay algo que no estás haciendo bien” y no recuerdo muy bien cuando fue el momento que mi cabeza hizo clic y empezó a darme todo como un poco igual, vamos que perdí la vergüenza.

Vivir intentado agradar a todo el mundo cansa y mucho, y al final al único que no le gustas es a ti mismo. Porque estas fingiendo ser alguien que no eres.

Vivir en un continuo qué dirán, en contentar a todos los que te rodean, en fingir cosas que odias, en vestir como le gusta a los demás, siempre todo esto antes que ser juzgado.

Aprende a reírte de ti mismo.

Aprende a argumentar lo que piensas de una manera positiva y  sin miedos de decirlo.

Al fin y al cabo todo lo que diga la gente es solo eso una opinión, y ya sabes las opiniones como los culos todos tenemos el nuestro.

Caye

EL ANUNCIO

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Cuando se acerca la Navidad no hace falta que miremos el calendario. La iluminación callejera, el hilo musical en algunos centros comerciales y el turrón en los supermercados nos hacen saber que llega una época muy especial para todos. Y si todo esto no es suficiente porque siempre hay algún “despistao”, hay anuncios se encargan de poner la puntilla. Los hay que provocan melancolía, e incluso tristeza, por los que no están y también tenemos a aquellos que provocan alegría por reencontrarte con los tuyos. La Navidad da mucho juego en estos de los sentimientos a flor de piel: la ilusión de la noche de Reyes,las peleas con cuñao en Nochebuena y los flechazos que nacen con las 12 campanadas.
Este año, vayas por donde vayas, no se habla de otra cosa que de “El Anuncio” y todo el mundo sabe cual es sin decir la marca. El vídeo arrasó en un sólo día con casi tres millones de reproducciones en YouTube. No es la primera campaña publicitaria que nos arranca más de una lágrima. Y es que hay anuncios que son verdaderas obras maestras capaces de contarte una historia y emocionarte en sólo 20 segundos.
Mis más sincera enhorabuena a los creativos del anuncio de Ruavieja. Los publicitarios buscaron despertar algo en el consumidor.
Un anuncio que ha hecho llorar, y pensar, a más de uno.
Como humanos que son han probado en sus carnes que las emociones se contagian y, siempre atentos a nuestros vaivenes emocionales, crean campañas que saben tocar el punto más débil en el momento más débil. Dicen los que saben mucho de estas cosas que anuncios como “El Anuncio” los usamos como espejos terapéuticos. Me lo creo pero…
Con todos mis respetos a esos grandísimos publicistas, y como he oído a más de uno, anuncios como “El Anuncio” consiguen que te sientas mal ”gracias” a la ayuda que esos “endemoniados artilugios” hacen a las vidas tan maratonianas que llevamos. Yo, particularmente, les estoy enormemente agradecida a esos artilugios y a las redes sociales porque, sin ser adicta a la llamada (por falta de tiempo), me ayudan a seguir en contacto con mi gente.
Por supuesto que pasar más tiempo sin redes sociales es mejor…si puedes soportarlo. Y es cierto que han venido para cambiar la forma en comunicarnos. Y también lo es que los emojis nos invaden pero JAMÁS tendrán el efecto del afecto. Fijar límites en las redes sociales no tiene que ser la gran guerra interplanetaria en la que a veces la convertimos. No es justo.

Hay a quien le hace ilusión la navidad y a quien no. Cada uno la vive como sabe, como quiere o…como puede.

Os confieso que cada año hago esfuerzos titánicos para que la alegría invada mi casa en esas fechas. Y lo consigo. No lo tengo nada fácil. Como muchos, no tengo suegros ni padres. Mi hijo de 11 años nació sin abuelos y todavía está haciéndose a la idea de qué son exactamente “los abuelos” y por qué él no los tiene. Se ha quedado gente muy querida en el camino. Gente que se ha ido antes de tiempo y que me hacen mucha falta. Y en el aire flotan esos sinsabores tensos y agridulces que has pasado a lo largo del año con los que de verdad importan.
Yo quiero, y necesito, una Navidad alegre. Es algo personal.

Reconozco que me gustan muchísimo esos anuncios que sacan alegrías de las dificultades. Como el de Ruavieja. Pero en esta época no me vienen nada bien. Sufro un bajón que flipas y cada vez que uno de ellos cae en mi móvil o aparece por la tele, se me revuelven las tripas. Pido perdón por sentir algo así, pero os juro que si en lugar de ahora los proyectarán -por ejemplo- en verano, sacarían de mí toda la energía de mundo para dedicar las vacaciones a todos aquéllos a los que en el día a día tengo olvidados.
Yo prefiero un anuncio que me toque la fibra de otra manera. Os diré que después de ver el anuncio lo primero que pensé es que en estas fechas, bajo ningún concepto, quiero estar triste. Ni sentirme culpable por no llegar a donde no llego. La distancia no hace el olvido, sólo que el tiempo se nos va de las manos. Todos querríamos tener más tiempo libre pero el caso es que no lo tenemos.

…y pregunto:

¿Es sólo culpa nuestra? ¿La adicción al móvil y a las redes sociales son la única causa de toda esa distancia que tenemos (o ponemos) con los que más queremos?

Pensadlo bien.

Coco.

Fuente de la fotografía: Fotograma del anuncio Ruavieja: «Tenemos que vernos más»

No es la primera vez

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No es la primera vez que pasa, ni es la primera vez que escribo acerca de ello.

No es la última vez que pasa, ni la última que escribo de ello. En un mundo ideal, diría que ojala sea la última, pero soy realista y se que no va a ser así.

No es la primera vez que un titular en un periódico o una noticia en televisión nos dice el número de mujeres fallecidas al año a manos de aquellos que se creen con derecho a todo. Este año, ya son 45 las mujeres fallecidas en España por este motivo. (973 desde el 1 de enero de 2003, cuando se empezaron a contabilizar.)

No es la primera vez que nos preguntamos ¿Qué podemos hacer para que esto deje de ocurrir?

No es la primera vez que nos equivocamos al responder «No está en mi mano».

No es la primera vez que escuchamos un comentario que nos chirría, que nos damos cuenta de un comportamiento que no nos parece del todo normal.

No es la primera vez que escuchamos a los vecinos discutiendo o que vemos una pelea en la calle y decidimos no intervenir.

No es la primera vez que tienes cerca un caso de violencia domestica o de maltrato y no sabes cómo actuar. No te voy a decir que te conviertas en agente de policía, ni en terapeuta para ayudar a esa pareja que no sabe quererse, no puedo decirte que todo pasará, pero si puedo decirte que llames al 016. Seas tú la victima o no, ellos sabrán como ayudarte.

No es la primera vez que me planteo si son los medios, el entorno, la cultura, o la educación la que nos ha traído esta situación, pero estoy convencida de que la solución para generaciones futuras la tenemos en nuestras manos.

No es la primera vez que veo a los escolares realizar actividades para denunciar el maltrato contra la mujer, pero luego no son capaces de ver las señales de alerta en su entorno y siguen pensando que los celos son parte indispensable del amor.

No es la primera vez que lo digo, y ten por supuesto que no va a ser la única: en esta lucha, todos tenemos algo que hacer, por pequeño que sea.

No es la primera vez que defiendo que la clave está en la educación, en el ejemplo y en el respeto. Seamos capaces de formar a los niños y las niñas en igualdad. Vamos a enseñarles a respetar y a respetarse, a no abusar ni consentir abusos, a ser valientes y denunciar lo que no está bien.

No es la primera vez que tienes en tu mano hacer algo al respecto, ojalá sea la última vez que piensas que esto no va contigo, pues no es un problema de mujeres, es un problema de todos.

Reyes

 

 

 

¿Black qué?

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Hoy todo es Black y además es Friday.

Es lunes y empiezan a entrar correos de que llega la semana del Black Friday, todo es Black y todo es Friday.

Amazon quiere que le compre a Alexa, Mediamarkt me la quiere colar con el precio de la Nintendo Switch, mi peluquero me dice que tiene Black Friday, la mujer de la frutería que es la que más gracia tiene del barrio, me pregunta que ¿qué es eso del “blaquifrideiii”?, en la parada del bus hay corrillos viendo ofertas por sus móviles. Lo único que me faltaría por ver es a los bancos mandarnos ofertas por el Black Friday, pero todo se andará.

¿Qué nos está pasando?

¿Es un despropósito?, ya te digo yo que sí.

¿Es un bombardeo de información y publicidad?, ya te digo yo que también.

A mí me gustan todas estas  cosas, disfruto viendo el comportamiento de la gente, yo miro y compro, vamos a partir de aquí.

¿Pero realmente estas comprando para adelantar las compras de Navidad?

¿Y si luego tienes que devolver el regalo el 26 de diciembre o el 7 de enero?

Ya sé que llevas semanas esperando a que llegue el día, que has estado comparando precios durante días, que has estado esperando que se abriese otra vez el crédito de la tarjeta, tienes nervios, llega el día de ver cuál es su precio y ohhhhhh, no ha bajado el precio han puesto un 2×1. ¿Ahora qué hago? ¿Necesito dos? Uffff, voy a hiperventilar, ya que no entiendo te odio Black Friday por las expectativas que me has creado, pero te quiero ya que nos has hecho despertar y entrenar nuestro espíritu consumista.

Pero todos tranquilos que el lunes llega el Cyber Monday.

Caye

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Hoy, día 21, falta 1.

Mañana, día 22, serán…21.

No, no es un trabalenguas. Ni una lista de deseos o de lecciones de moral. No sirve para todos. Es algo sólo mío y cualquier parecido con vuestra realidad es mera coincidencia. Lo que viene a continuación podrá parecer cursi o innecesario. Todo depende del ojo que lea esto.

 

Suena esa canción. Sientes las mariposas. Sólo tienes ganas de volver a escuchar su voz. Te canta al oído. Un vaivén de emociones. Le ves irresistible. La mejor cita de tu vida. Los días se hacen cortos. Necesitas más horas. Momentos irrepetibles y planes inesperados. Dejas la cordura en casa para amar sin medida. De ser alguien pasa a ser todo. Es la persona perfecta.

Sin querer…empiezas a querer. Enamoramiento es una cosa. Amor es otra. Empezamos así nuestra particular fiesta que no sólo no es el fin sino el principio de mucho más. Es para toda la vida. Toca pensar por dos. O por cinco.

De pronto… ¡la fórmula ha dejado de funcionar! ¡Atención! ¿No estaba todo bajo control?

Como en ocasiones suele ocurrir, los planes tienen vida propia y deciden cambiar. La rutina tampoco avisa y se presenta ¿de repente? como todo lo que no esperamos.

La mayoría de las veces no puedes detectar sus señales. Solo si tienes los ojos bien abiertos no caes en la trampa pero estás tan ocupada en niños, trabajo, compra, en…la vida. Los días, esos que parecían cortos, pasan a hacerse infinitos y se convierten en una amenaza a medida que avanzan vuestras vidas. Todo apunta a que olvidas el motivo que te llevó hasta aquí. Y a partir de ahí algo se tambalea. Resoplas más de la cuenta. Aparecen los altibajos. Estás en otra fase. Notas que lo que no te gusta, te gusta aún menos que antes. Existirá el riesgo de que te hartes y habrá días que estés a punto de tirar la toalla. Habrá días de muchos relámpagos pero ninguna tormenta. “Sin ruido no hay matrimonio” leí una vez. Pierdes las ganas de perderos, conoces su lado oscuro (y él el tuyo), los defectos se multiplican y, aun así, te quedas. Te quedas porque nunca has dejado de confiar en él. Y te quedas porque el amor se queda pero el enamoramiento, no. Porque el amor es cosa de dos y sí, él siempre ha creído en mis sueños. Él ha cuidado de mí a pesar de…Si hay amor de verdad, jamás se apaga, sólo que a veces se esconde dentro del laberinto llamado vida. Del día a día.

¿Las parejas tenemos fecha de caducidad? Otro misterio sin resolver. Todos pasamos por fases de querer y de querer menos. Nunca de no querer. Por lo menos yo.

La verdad es que yo nunca me he llevado bien con el paso del tiempo. La única parte buena que le veo es que viene cargado de segundas y terceras oportunidades…o más. Sé que no soy perfecta y, precisamente por eso, defiendo que todos tenemos derecho a cometer errores y a aprender de ellos para volver a empezar. Sólo hay que ser capaz de crear un mundo casi nuevo para los dos. Y querer hacerlo.

Cuidado con el amor. Eso que a todos nos parece sencillo es lo más complicado. Como todo lo importante de la vida, el amor no lo enseñan en ninguna parte. Ni lo enseñan en la escuela. Nos obligarán a aprender complicadas fórmulas matemáticas pero el amor sigue siendo la asignatura pendiente. No se aprende a amar.

El amor es un inventario lleno de instantes, a simple vista, insignificantes que todo lo puede y todo lo suma. Todo lo suma…hasta llegar 21. Y pensar que mañana 22 serán 21 años casada con Santi me hacen sentir orgullosa.

Porque el amor siempre triunfa.

 

Piénsalo.

 

Fuente de la fotografía: Pinterest

 

Welcome to the circus

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«WELCOME TO THE CIRCUS»

«¡Bienvenidos al circo!», ese debería ser desde ahora hasta mayo el titular que abriera todos los periódicos todos los días.

Por suerte o por desgracia las urnas van a volver a aparecer y eso provoca multitud de estados anímicos, y de estrategias varias. Los hay que están nerviosos por si pierden el sillón, los hay que están ansiosos por ocupar sillón, hay otros que están rabiosos porque saben que se van y sorprendentemente otros que están tranquilos porque abandonan el sillón después de años de trabajo y satisfechos con su labor.

Como en los mejores circos, a día de hoy se trabaja en varias pistas, pero lo importante no es lo que ocurre en ella, sino en la grada. En las pistas tenemos de todo: discursos, promesas, amenazas, denuncias, querellas, manifestaciones… Y en la grada… ¡Ay, en la grada es donde se matan!. Es el público el que alucinado por la actuación del domador, los acróbatas, los payasos o el forzudo jalea al «artista» y lo encumbra en el Olimpo. Que nadie le diga a ese alma cándida que el espectáculo del que está disfrutando no tiene una base sólida, que por su artista es capaz de cualquier cosa. Así somos los fans. Ellos mientras tanto bastante tienen con no caerse de la cuerda floja, cuidarse del bocado del león, meterse al público en el bolsillo con sus chanzas o librarse de las cadenas que los ciñen.

No entiendo cómo pero encandilan a las masas, les alejan del raciocinio y les hacen interiorizar tópicos típicos que serán capaces de defender ante cualquiera como si fueran ideas propias. Si, cada artista tiene un ideario, y ese es con el que hay que comulgar. La gran mayoría elige uno u otro y asume las consecuencias hasta el final. El problema viene cuando no te los crees, cuando sabes cómo trabajan, cuando conoces sus trucos y reconoces patrones de comportamiento en unos y otros. Ni que decir tiene si además sabes algo de estrategia política y reconoces burdas copias en fotos o discursos.

No les voy a poner colores porque vistos desde mi posición son todos iguales, unos vienen y otros se van, y la humanidad sigue avanzando, pero si les voy a decir lo que espero de ellos.

«I have a dream», y en él los políticos serán honrados, trabajarán por la ciudadanía y se olvidarán de joder al contrario.

Ójala se haga realidad y podamos decir con alegría «They said this day would never come».

Reyes

 

El charlatán

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Cada día en mi trabajo me encuentro con gente que le encanta “vender la moto” de esos que antes era clasificados como vendedores de feria.

Yo los evito a todas todas, pero siempre hay algún kamikaze que esquiva todos los filtros.

Intento ser educado y dejarle hacer, pero lo que no voy a permitir es que me mientas.

Hace poco acompañé a un cliente que quería contratar a una empresa que según ellos eran un referente en el sector con muchos casos de éxito, el caso es que los acompañe y estuve atento a toda la reunión.

Todo era, tenemos que vender una emoción, el producto tiene que llegar al corazón. En un mes tendremos más de 1500 seguidores en Facebook e incrementaremos las ventas un 20% y vamos a despegar con las ventas y vamos a crear 80 artículos que los mostraremos en los mejores blogs de España para dar notoriedad a la marca, así una detrás de otra durante 40 minutos sin parar de hablar.

Charlatán, charlatán, y para colmo se lleva a la reunión a un socio que dice que él tiene una empresa a la que gracias a sus técnicas él ha incrementado mucho las ventas.

Como entenderéis mi misión era estar callado y escuchar, para luego valorar en privado. Y mi valoración era que ni de coña.

El caso es que mi cliente lo contrata, ahora viene lo bueno. Han pasado más de mes y medio y… ¿Tú has visto algo hecho?

Este pavo ha pillado la pasta y solo hace que mandar emails de que el lunes que viene despegamos, lleva ya tres igualitos.

Mis 3 aprendizajes:

Primero. – Escucha a quien piensas y sabes que sabe más que tú, pero sobre todo a los que tienes cerca a esos que te conocen mucho más de lo que tú te piensas.

Segundo.- Si estás dispuesto quemar pasta, al menos que sea en una fiesta memorable.

Tercer.- Estoy esperando la F I E S T A

Caye

 

Sin excusas, por favor.

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Pocas cosas soportan bien el paso del tiempo.
Una va sintiendo día a día. Pero una es siempre lo que es y sus circunstancias. Cada uno de nosotros se define por lo que escoge y por lo que deja. Pasa con todo. Y con las personas, también. El tiempo pasa, las cosas cambian y las personas también pasan y…cambian.
Cuando tengas un hueco, y te apetezca, revisa tu vida. Entonces caerás en la cuenta de cómo eres capaz de pasar del blanco al negro según el pie con el que te levantes. ¡Hasta cansada piensas diferente! Virtudes que se convierten en defectos, ilusiones que se vuelven pesadillas y personas que te conocieron, te amaron, te quisieron pero ya no. Todo acaba. Lo nuevo mañana es viejo. Son partes de nuestro todo o…¿será una nueva enfermedad llamada “insatisfacción”?
Igual que todos tenemos nuestro color favorito, hay cosas (y personas) que no importan los años que pasen, nos gustan tanto como el primer día. Luego están esas otras que pasan por tu vida pero que no se quedan. Y son…la gran mayoría. El mundo gira alrededor de gente que desaparece sin dejar rastro en cuanto encuentras nuevos “fichajes”. O al revés. Eres tú el que se va sin despedirte. Cuando esto pasa toca volver a empezar una y otra vez y así hasta el infinito comprobando que esa gente que creías tan especial deja de importarte, siendo sólo uno más en el camino. Lo malo es que, la mayoría de las veces, acabas descubriendo la verdad cuando ya no hay vuelta atrás y no has hecho nada por evitarlo. Empiezas no recordando el tono de una voz, o una sonrisa, hasta llegar al olvido. Y de ahí…al adiós. Quedará algo en la retina pero habrá cambiado de color.
Tengo la sensación de que aún no hemos aprendido a querer. Solo sabemos necesitar. Lo tenemos todo pero queremos más. Nunca estamos satisfechos con lo que hay. Y es precisamente por eso que tampoco entiendo esa necesidad de algunos en querer justificarlo todo. Mal asunto.
El amor tiene que hacerte sentir bien. Nada más que añadir. No tenemos que pedir perdón por cómo somos. Eso sí: si no sabes dar, no pidas. Sobre todo cuando se están dejando los cuernos por hacerte feliz.
Lo que de verdad necesitamos es ser más sinceros que nunca y soltar, cuando llegue el momento, algo así como: “Fue bonito mientras duro. Fin”, pero atreverse nunca ha sido fácil. ¡No soporto las excusas! ¡Cuántas cosas dejarían de doler si no fuéramos tan cobardes!
No luchemos contra esto porque es así como aprendemos que la suma de cada uno de aquellos cruces de caminos son los que nos han traído hasta aquí. Cada uno te ha querido como puede, no como tú quieres, y todas esas almas que has conocido son las que forman parte de nuestro yo. Y aunque el refranero diga que el tiempo pone a cada uno en su lugar, no le hagas caso. Lo que sí es verdad es que en tu lugar te pones tú solito.
Defiende lo que eres y no lo que deberías ser. Se tú mismo sin hacer daño a nadie. Hay verdades que duelen. Pero las mentiras duelen aún más. No engañes. Ni a ti ni a nadie.

Y sin excusas, por favor.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Estoy falta

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“Estoy falta… de conversaciones inteligentes”, le escribía el otro día a un amigo en un mensaje.

Y es verdad, pasan los días y con la cantidad de gente que tengo alrededor las conversaciones son cortas, de temas muy concretos y muy poco profundas. Hablamos del trabajo, de si el jefe o la jefa están de buenas o de malas, de si los niños están en el cole o están malos, y de cuando pensamos pedir las vacaciones (si es que a estas alturas nos quedan días).

Luego al recoger al niño en el cole es aún peor, ¿ha comido bien? ¿Cómo lo has pasado hoy?… Con la familia el tema es el niño y si ese día toca parque, compra o jugar en casa y poco más.

Por la noche nos organizamos para el día siguiente y se acabó. Un día por otro somos incapaces de ir un poco más allá. Y yo echo de menos saber más.

Echo de menos saber de mis amigos, y de la gente a la que quiero. Echo de menos que me cuenten como les va, si les han ascendido en el trabajo, si tienen un ligue nuevo o se acaban de casar.

Estoy falta de “conversaciones con vino” de esas en las que pierdes la vergüenza y preguntas lo que se te viene a la cabeza, esas en las que expresas tus sentimientos y tus ideas sin apenas filtrar. Esas conversaciones en las que no hablas del trabajo sino de tu vida profesional y no hablas de tus vacaciones sino de tus planes y de cómo y con quien quieres disfrutar.

Estoy falta de tiempo para disfrutar de los míos porque la rutina no me deja ver más allá.

Por suerte para mi, el mensaje del otro día tuvo efecto y ayer le pusimos solución. Seguiré mandando alguno que otro, así que prepara tu agenda por si el próximo té lo envío a ti, aunque pensándolo bien, también puedes escribirme tú.

Reyes

10 cosas que odio

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Llevo tres semanas ordenado pensamientos y sé que cada uno de nosotros odiamos cosas y nos gustan otras, pero en estas tres semanas me he tenido que enfrentar a cosas que ya no recordaba que odiaba pero ha tenido que venir alguien a refrescarme la memoria:

Odio la gente que no sabe utilizar el carril izquierdo en la autovía.

Odio que intentes leer mi pantalla mientras trabajo.

Odio que se haga de noche tan pronto.

Odio los grupos de whatsapp de más de 6 personas.

Odio el afán de protagonismo de algunas y algunos.

Odio saber que me estas mintiendo.

Odio que las cosas no estén rectas.

Odio las melodías de los móviles.

Odio saber que ya no estas.

Odio la gente que no pide postre pero le pide al camarero una cucharita para probar el mío.

Os aseguro que hay más del doble de cosas que me gustan, pero ya eso es una historia de otro día.

Caye

Volviendo a las andadas.

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Siempre he tenido fama de ser una mujer segura.

Llevo toda mi vida intentado ser la madre perfecta, la mujer perfecta, la hermana perfecta, la amiga perfecta, la compañera perfecta…También intenté ser la hija perfecta y la estudiante perfecta. Y, echando la vista atrás, creo que en ninguno de los dos casos estuve a la altura. Par más inri quise ser deportista y recibí clases de guitarra. Pues nada. Ni lo uno ni lo otro.
Llevo toda la vida intentando mantener la dieta pero nunca me ha me compensado. Siempre hay algún flan de queso lo suficientemente tentador como para olvidarme de ella.
Me hubiera gustado saber ser ama de casa. Cocinar como mi madre, coser mi ropa y la de mis hijos y tener mi casa en perfecto estado de revista las 24 horas del día durante los 7 días de la semana. Ni de eso he sido capaz.
Siempre he intentado tenerlo todo bajo control. Saber estar en cada sitio y lugar y, por supuesto, saber guardar las apariencias.
Hubiera dejado cortarme una mano por haber estado ahí siempre.
No comment.

De repente, un buen día, yo que pensaba que a estas alturas estaría encantada de la vida, noto que no puedo darle a los pedales. Que la maquinaria ha dicho: ¡Basta!

Los pies tampoco son capaces de llevarte. Definitivamente, te has cansado. Toca frenar en seco y revisarlo todo. Cuando paras no avanzas y lo normal en el ser humano es buscar culpables. Es, en ese momento, cuando te vuelves vulnerable y frágil. Al vivir y caminar aciertas y te equivocas intentando ser algo que no eres, procurando ser lo que los demás querían que fueses pensando en ell@s antes que en ti y, a veces, no compensa. Al final queda la sensación de dar más de lo que recibes y eso no te hace feliz aunque te creas la mejor persona del mundo por ser tan “sacrificada”.

Todo esto, ¿para qué? ¿de verdad merece la pena? Creo que esa pregunta va a quedarse sin respuesta.

…y mientras espero que llegue la respuesta intentaré quererme para tratar de ser yo. Caer en nuevas tentaciones,dejarme ir, perderme para encontrarme…relajarme.
Esa es la forma de volver a ser YO: volviendo a las andadas.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest

El que tiene hambre…

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En el refranero español se recoge una frase que dice «Quien hambre tiene, en pan piensa», pero en mi pueblo, que somos mas chulos que un ocho decimos que «El que tiene hambre, sueña rollos», ¿Para qué nos vamos a conformar con pan?.

Es absolutamente humano eso de querer siempre más de lo que tenemos, (ya lo decía Maslow) y más aún cuando podemos elegir. Cuando queremos algo no queremos un genérico, eso lo dejamos para cuando hacemos la compra en mercadona. Si queremos un móvil queremos ESE móvil, si queremos un coche, ESE coche, si queremos un trabajo, queremos EL trabajo, y no cualquier cosa nos vale.

El afán de superación está muy bien, es muy digno querer siempre lo mejor, pero habrá que currárselo, ¿o no?. Digo eso porque parece que últimamente estamos un poco a la que cae… Queremos que las cosas nos salgan solas, que el destino confabule a nuestro favor y que los resultados sean siempre de 10. No es que no piense que te mereces todo lo bueno que te pase, que si, que yo para los demás siempre quiero lo mejor, incluso para los que no son mis amigos, pero tampoco me gusta que los éxitos le lleguen a quien no se lo trabaja.

Por suerte, a nuestra generación nos educaron en la cultura del esfuerzo, («el que algo quiere, algo le cuesta»), pero parece que esto ya está pasado de moda, ahora estamos en el «dame más, que más me merezco» y no, por ahí no paso. Aquí curramos todos, escribimos todos, estudiamos todos, y si no obtienes lo que quieres será porque algo no estás haciendo bien.

En vez de mirar tanto tu ombligo y pensar en que eres el centro del mundo y todos los rollos deberían de ser para ti, mira a ver que hacen los demás, que por un poco de pan se dejan el alma y consiguen además del éxito el reconocimiento social.

Reyes

RECUERDOS

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Hay días que tenemos siempre tachados en el calendario. Pase el tiempo que pase. Y un recuerdo que estará en mí para siempre es el día de Todos los Santos tocando a muerto en el campanario de mi pueblo.

En mi infancia pasé muchos días de difuntos allí. En el álbum de mis recuerdos, ese día, las campanas de su iglesia repicaban día y noche. En otros lugares era sólo a medianoche cuando las campanas avisaban que en esta vida lo único seguro es la muerte. Cada pueblo tiene sus propias tradiciones y costumbres pero si hay una tradición común en todos ellos es la celebración del Día de Muertos. Una tradición que sigue muy viva, mágica y cargada de símbolos donde la muerte es a la vez una celebración solemne, religiosa y festiva. Una fiesta llena de vida que invita a hacer memoria, a rituales y a ceremonias. Los cementerios pierden su silencio. Toca limpiar tumbas y panteones. Todos los rincones huelen a flores. Aromas a flores recién cortadas, a cera, a incienso o a parafina para recordar a los que se fueron pero que estos días están más vivos que nunca.

Mis recuerdos de este día son muchos. No sabría ordenarlos.  Las mujeres de mi familia cocinando en recuerdo de los ausentes. Las novenas por cada uno de ellos. Bécquer y su Monte de las Ánimas. Don Hilario. Don Jose Luis. La sacristía de Trinidad. El Tenorio, ese personaje seductor, traidor y cobarde que desafiaba a la muerte. Y, por supuesto, la Misa de Difuntos. La familia reunida y relatando historias de los que ya no estaban. Me acuerdo como si fuera ayer de la Tía Mari Pili contando anécdotas y chismes de todos nuestros muertos mientras, alrededor de la chimenea de Lolo, dábamos buena cuenta de los buñuelos y los huesos de santo de La Confitería.

Cada uno rinde honor a sus muertos, cada uno elige cómo los recuerda…y como quiere ser recordado. Y, cuando yo era pequeña, me enseñaron que ese día la muerte había que celebrarla, pero con una pizca de tristeza y meditación.

En mi casa era una fiesta de las de verdad. Toda una cita gastronómica y tradicional que mezclaba el moscatel, o cualquier vino dulce, con espíritus y fantasmas. Poniéndole cara a nuestros muertos. Vivencias, imágenes imborrables… Eran días de gachas migas. Y de galianos. O de unos gazpachos manchegos con liebre y perdiz. Felices, asábamos castañas a la lumbre mientras se hablaba alegremente de la muerte y, así, sentir cerca a los seres queridos.

¡Cuánta fuerza tienen las tradiciones!

Con el tiempo, y el fin de la niñez, todo cambió. Se fueron los abuelos, los padres y algunos amigos. Gente querida. Pero, desde hace 19 años, para mí es un día especial dentro del calendario de otoño. Un día de celebrar la vida. Nació…mi hija Laura.

Así es la vida.

 

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Que no te den calabazas

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A las calabazas siempre les hemos temido… cuando se acercaba septiembre, por las notas, en cualquier época del año, por los ligues, y en Halloween por la lucecita del interior, que da un miedo “que pa qué”. El caso es que nunca nos han parecido un regalo, sino mas bien una maldición.

Llevo semanas encontrando calabazas por la calle, en el supermercado, en las tiendas de chuches, en la frutería (cómo no?), en adornos por la calle y hasta en el café. Así que parece que la cosecha ha sido buena, ¿o se habrá convertido esta baya de cáscara dura en una plaga de la que no nos podremos librar?

A mi que me perdonen, pero yo soy más de Don Juan Tenorio, de buñuelos, flores y huesos de santo. No hago visitas, pero pienso en los míos, que al fin y al cabo es lo que se celebra, acordarse de los que ya no están.

Llegados a este punto, he de reconocer que las calabazas me gustan, pero asadas, en crema, pastel o puré. También como elemento ornamental, pero no precisamente como las vemos estos días, acompañadas de brujas sin escoba o fantasmas sin disfraz, pero es que yo a esos me los encuentro durante todo el año y no me hace falta el atrezzo para reconocerlos.

El caso es que las calabazas están siempre mejor en el puchero, y a ti, que no te den calabazas, a no ser que las vayas a cocinar.

 

Reyes

Las brujas mueren en los cuentos

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¿Es el fracaso un paso previo para el éxito? Siento decepcionaros pero no.

A veces el fracaso es solo eso, fracaso, y constituye la materia de la que están hechos nuestros días. Por eso cuando oigo jugamos sin marcador para que los niños no sufran, a mi sinceramente no me gusta, para mi es mucho más peligroso evitar el contacto con la derrota, la frustración y el fracaso.

Si hacemos todo eso, lo único que estamos creando es una burbuja, que antes o después, se romperá y, cuando eso suceda, no tendrán herramientas para afrontar que la vida son esos ajustes, mayores o menores, de adaptación de nuestros deseos a la realidad.

Como me decían de pequeño para reconocer el bien y el mal es importante que las brujas mueran en los cuentos. Y para no criar niños y niñas frustrados es fundamental saber que uno no siempre consigue lo que quiere.

Caye

¡El caos!

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Hay otoños que asoman cuando quieren. Y cada otoño me pasa igual. No aprendo. Siempre con la misma cantinela intento convencerme que esta vez voy a hacerlo mejor que nunca. Que sí. Que esta vez el cambio de armario lo voy a bordar.

Cada año el otoño, fiel a su cita, me pilla con las chanclas puestas y la manta en el altillo. Los termómetros nos vuelven locos, el aire fresco dice aquí estoy y el sol ya no nos calienta. Al mismo tiempo mis pies piden a gritos unos calcetines. Llega el momento de decir adiós al biquini y a las sandalias. La ropa de verano está nominada para abandonar el armario y dejarle paso a la de invierno. Deberá volver a las cajas, a las bolsas o al trastero. Es el momento de darle la bienvenida a los edredones, al terciopelo y a la lana.

En mi mundo ideal tendría un vestidor de película. Pero mi mundo no es ideal. Es real. Y sólo tengo armarios normales. De esos con lo que, cada tanto, toca hacer examen de conciencia.

El armario es un lugar muy interesante: habla por ti. De qué pie cojeas, del genio que gastas o de tus vicios. He comprobado que existe gente para la que el cambio de armarios es un auténtico ejercicio de relajación: tiempo para ti, a solas, música de fondo y una copa de vino…unas horas para practicar el amor propio y ¡a la faena! A tirar sin piedad mientras tu cabeza repite una y otra vez que te mereces ropa que te siente bien. Sin embargo, yo paso un mal trago cada vez que tengo que enfrentarme a ello. Llegaron los días de caos y cambio. Toca enfrentarme cara a cara con las compras compulsivas o con esas piezas que antes me ponía sin parar y ahora miro con horror. Confieso que soy una más de esas con prendas que no utiliza. Muchas de ellas me traen muy buenos recuerdos pero jamás las volvería a llevar.

Calculo el cambio de armario igual de mal que calculo las medidas para el arroz. Unas veces me paso y otras no llego. Además nunca sé por dónde empezar. Al final la realidad se impone. Llegó el momento de repasar una por una las prendas y ver a cuáles, a pesar de todas las historias que llevan a sus espaldas, les ha llegado la jubilación. Toca ser sincera conmigo. Mi armario es un caos lleno de “por si acasos”. Siempre lo intento pero nunca soy capaz de que esté ordenado más de una semana seguida. No sé dónde meter tal cantidad de ropa ni qué hacer con ella. Es un círculo vicioso del que no puedo salir: camisetas tripitidas, faldas de siglos anteriores o ropa que era de mi talla pero que, de repente, ya no.

Ordenar es enfrentarme a mí misma y no me suele gustar. Al ordenar los bártulos, sí o sí, hago un repaso de mis sentimientos y mis recuerdos. Una autentica cura de desintoxicación que nunca me viene bien. ¡Ni se te ocurra hacerlo cuando estés de mal humor! (o te arrepentirás). Tira del sentido común. Duele menos cuando empiezas por lo que no cuesta para, acto seguido, pasar a la acción y acabar deshaciéndote de todo lo que no usas. Una vez que empiezas no quieres parar. Y, si entra algo nuevo, que salga algo viejo. O mejor aún. Si entra uno que salgan dos para dejar espacio a las rebajas. Esta es la mejor parte. Piensa si de verdad lo necesitas todo… entonces, cuando termines, llegarás a la pura felicidad.

Los que saben de esto dicen que el truco está en adaptarse. Hay prendas que no tienen estación. Hay ropa que merece volver a ser vista. Y hay, también, algunas reliquias y tesoros que vuelves a encontrar en aquel lugar que ya ni te acordabas. Cada pieza tiene un papel que desempeñar.

Lo mismo ocurre con las personas.

Al fin y al cabo es lo que hemos hecho toda la vida.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Ya no

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«Estaba embarazada, pero ya no» me decía ayer mi amiga con los ojos brillantes como no se los había visto nunca e intentando mantener la sonrisa, esa que tanto le cuesta últimamente.

«Ya se que esto le pasa a una de cada cinco mujeres, ya se que tú también lo has vivido, que esto no significa que no pueda volver a quedarme embarazada, pero es MI pérdida y sólo yo se cómo me siento», continuaba.

Es verdad que sufrir un aborto es algo mucho más frecuente de lo que imaginamos, y es verdad que sigue siendo un tema tabú. Es un secreto a voces, sabemos cuando a alguien le pasa, pero preferimos no preguntarle por el tema o bien quitarle importancia y creo que nos estamos equivocando.

Cada mujer es un mundo, cada una lo vive de una manera, hay miles de circunstancias y de situaciones, pero tenemos una cosa en común. Hemos sufrido una pérdida que recordaremos el resto de nuestra vida. Siempre diremos «cuando yo estuve embarazada…» aunque haya sido una vez, aunque hayan sido mil, aunque haya sido de manera espontánea o no, aunque lo esperaras o no, es una pena que te acompañará independientemente de cómo se desarrollen los hechos después. Lo que has sentido durante ese periodo, por pequeño que fuera, ha sido tan fuerte, tan excepcional y tan ilusionante que te va a marcar quieras o no.

Hablarlo con otras mujeres que lo han vivido consuela en parte. Y digo en parte porque cada una habla desde su experiencia y nunca vas a encontrar a otra que lo haya vivido como tú, ni está en tu momento, ni sabe cuál ha sido tu camino hasta llegar ahí. Aún así, cuéntalo, desahógate, llora, rabia, cuéntale al mundo que estas cosas pasan, más de lo que nos gustaría. Que es una posibilidad real. Que cuando una mujer recibe la noticia de que está embarazada, su alegría es extrema y es algo para lo que estamos preparadas, pero nunca lo estaremos para escuchar la odiosa frase de «Lo siento, pero no hay latido», por mucha delicadeza que tengan al decírnoslo, para ese momento no nos prepara nadie.

Los días de después son un horror, el hospital, la familia, la pareja, todos se preocupan por tu cuerpo, pero ¿Y tu mente? ¿Cómo está? ¿Cómo estás? ¿Qué puedo hacer para que estés mejor?. Seguramente nada, pero gracias por preguntar.

Las mujeres que  hemos «sufrido» (porque se sufre, y mucho) un aborto, también deberíamos entonar un #MeeToo y poner en marcha la #sororidad. Nosotras lo hemos vivido y estamos dispuestas a ayudar a las que lo van a vivir. Si no es tu caso, felicidades, espero que no te pase nunca, pero si tienes a alguien así a tu alrededor no intentes consolarla, sólo déjale tu hombro para llorar.

Reyes

 

 

El Samurai y la tele.

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Tarde o temprano tenía que pasarme esto. Podría dedicarle un libro (o dos) pero como tengo este blog pues me despacho por aquí. Y tan a gusto.
Seguro que sabéis de quién hablo. El típico sabelotodo que se dedica a hacer bolos de sitio en sitio como si de una vedette se tratara, contando lo listo que es y lo mal que lo hacemos el resto de la humanidad. Lo más curioso es que este señor no es alguien que produzca muchos programas, o que cree, fabrique o invente cosas que ayuden o que divierta a la gente. Este tipo vive de los problemas de los demás. Alguna vez escribe libros en los que cuenta cosas que hace y que le pasan. Otras veces participa en conferencias o en algún webinar.
Cuando disparar cañones de humo no le sirve, rápidamente busca otra estrategia. Como, por ejemplo, mofarse de lo que a otros nos preocupa soltando sandeces tipo: “ver la tele es malo”, “hace dos años que dejé de meter en mi cuerpo información cuyo único fin es hacerme removerme en el sofá”, “nada del exterior me afecta y eso me hace vivir en un estado de continuo relax”, “como mis pensamientos son más puros también lo son mis emociones, mis acciones y mis resultados”…
¡Bravo, brindemos por ello!
No sé si este tío sabe que los verdaderos expertos nunca alardean de estas cosas. Que aquéllos que son verdaderos referentes no pueden, ni deben (ni hacen) juzgar las decisiones de otros porque no estén alineados con ellos. Él, sin embargo, es un charlatán que se dedica a contarnos sus dogmas de fe presumiendo, como un predicador más que suelta su misa, de “ayudar a miles de profesionales de las ventas a desarrollarse profesionalmente y vivir una vida plena”. Se cree el nuevo Rey Midas…con un punto naif. Un pico de oro, vestido de líder espiritual, que te va a enseñar cómo venderle la moto a otro. En pocas palabras: un liante.
Reconozco que olvidar la conexión informativa, a veces, es una necesidad pero… ¿dónde queda la actualidad? Una vez leí que los medios de comunicación son como el cerdo. Todo se aprovecha. Otra cosa, muy diferente, es confiar en ellos olvidando que algunos son juez y parte. Todo eso que dicen, a veces, no es verdad del todo. Y precisamente por eso tenemos que estar constantemente atentos e informados. Para que no nos la cuelen. Por suerte cada día somos más los que sabemos diferenciar el grano de la paja, a los vendedores de crece pelo de los verdaderos expertos.
Señor vendedor de humo, ¿cómo imaginas tu profesión sin información?
El verdadero desarrollo personal y profesional no se da sólo leyendo libros como los tuyos o acudiendo a tus eventos y, siendo como eres un hábil comunicador, es una pena que te dejes llevar por el ego y el autobombo. Ser un buen orador no implica sólo tener talento, necesitas el conocimiento. Saber de lo que estás hablando. Y ahí juega un importante papel la información. Un buen profesional siempre está en “talleres” porque sabe que para formar necesita estar informado.
En lugar de repetir como un loro todo eso que has aprendido como si de una letanía se tratara, adáptate a lo que los demás necesitan. Demuestra que sabes aplicar eso que enseñas vestido de conferenciante. Motivarías más si fueras más humano. ¡Quítate el puñetero disfraz de guerrero japonés! Lo que más nos gusta a los humanos es ver a otros humanos con sus luces y sus sombras y a ti…se te ve el plumero.
En mi pueblo dicen que “la gente que no tiene inteligencia acusa a los otros de no tenerla”. Y ahí está el problema para estos “artistas de variedades”. Lo siento. Imposible disimular, pero cuando veo a éstos tipejos sentar cátedra cada vez que hablan … ¿sabéis esa sensación de que no puedes parar de reír? No dejemos que nadie nos silencie. ¡No se lo pongamos fácil! Por mucho que vayan disfrazados de bestsellers en Amazon. Que se esfuercen y trabajen más.
Pienso que cualquier generalización es peligrosa. Y estoy convencida que no siempre somos nosotros quienes han de cambiar para solucionar un problema. A veces lo que tiene que hacer el aguerrido samurai es revisar lo que sabe. Y para eso hay que estar informado. Y sí. Hay que ver la tele.
Así que, la próxima vez que este feriante pregunte: “¿ves mucha tele?” contestadle “¿y tú, por qué vas a la tele?”

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Desconectada

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Desconectada del mundo, así me he sentido durante unos días. Desconectada de la rutina y de lo habitual y no solo por estar una semana de vacaciones.

Parece que los móviles saben cual es el mejor día para dejar de funcionar, ese día en el que piensas que el mundo se acaba y tú no vas a tener noticias de nadie porque no hay vida más allá de tu teléfono y su pantalla.

Por suerte, te vuelves a equivocar. Quedarte sin teléfono un día, o dos, o todo un puente hace que te des cuenta de la cantidad de tiempo que podemos aprovechar de otra manera que no sea mirando la dichosa pantallita. Es verdad que tampoco puedes hacer las fotos que te gustaría, pero con más razón miras alrededor e intentas captar esas imágenes en tu mente y fijarlas de otra manera.

Seguramente durante estos días me habré perdido mensajes, quedadas, chismorreos, memes y chistes en grupos de whatsapp, perdonadme si no os he contestado como esperabais. Aun así, el mensaje más importante de este fin de semana si lo recibí, justo al darle una oportunidad a mi viejo móvil. El ha sido el responsable de que yo haya podido acudir a un SOS emitido por una persona a la que quiero mucho y eso demuestra que la tecnología a veces confabula a nuestro favor.

Ya hace un tiempo que no estoy tan pendiente del móvil como antes, no contesto los mensajes cuando corresponde, ni me entero cuando alguien me llama, pero después de esta experiencia mi uso de la tecnología va a ser aún menor. Siempre han dicho que lo que hoy no sabes pagando, mañana lo sabes gratis, así que me esperaré a que la información me llegue en vez de salir a buscarla.

Reyes

 

España 2018

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Vivimos en la España de las fiestas en los puticlubs con dinero público y a esta gente no le pasa nada. Hay ministros que se las apañan para pagar menos impuestos otros que se les graban conversaciones y luego incluso se enfadan por preguntarles por el tema, que van hacer los pobres si tienen como ejemplo a su jefe  que coge un avión para llevar a su mujer de concierto y no pasa nada.

Veo en Twitter una fotografía del más grande, con barro hasta las orejas, calzando unas botas altas y empuñando un gran cepillo para ayudar a sus vecinos que lo han perdido todo por las inundaciones de la Isla de Mallorca. Pasan los minutos en Twitter ya hay gente que empieza a meterse con él ya que dicen que todo es postureo. Asco es lo que me produce este tipo de comentarios, vamos a pensar en cualquier otro deportista que lo primero que ha hecho es irse a vivir a un paraíso fiscal, para ahorrarse este tipo de situaciones pero sobretodo pagar un pastizal en impuestos.

Nadal sinceramente no necesita esta foto, no le hace falta. A los políticos, si, ya que viven de ello.

Esta es nuestra España del 2018.

Caye

…asomando la patita.

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Me piden que hable del amor.  Me dicen que el amor pá cuando.

Pero… ¡qué sabré yo del amor!

Poco puedo aportar a la ciencia del amor con esa manía mía de simplificarlo todo. Sólo me atrevo a decir del amor que…es un arte. El arte (creo) de hacer las cosas bien. Y el arte, bacalaos míos, se alimenta de sentimientos.

El amor es libre. No exige nada a cambio. No va de cambiar al otro. Va (creo) de dar a cada uno lo suyo. De lo que tú quieres y de lo que estés dispuesto a dar. El amor tiene que hacerte sentir bien. Si no te toca el corazón, no vale pá ná.  Si vas a querer, quiere hasta el final, y si no, ni te molestes en empezar. Llegar directo al alma es lo que hace que el amor sea tan importante para la humanidad. Creo.

En todo este tiempo he visto de todo. Por eso me llama poderosamente la atención la facilidad de algunas personas para asumir su destino. Hay gente que se aburre. Se aburre y acepta ese tipo de cosas. Gente que se conforma con poquito. Con amar y que le amen…a secas.La cosa no va sólo de intercambio de fluidos y deseo carnal. No somos de piedra y no todo vale. Yo me entiendo. Y tú también me entiendes.

Yo el amor lo noto en las cosas pequeñas. En detalles que, poquito a poco, van llenando tu vida y tu alma. Moviendo los sentimientos. A mí me encantan las historias de valientes. Me gusta esa gente que nunca lo intenta demasiado. Esos que son felices de verdad, felices de principio a fin (con algunos nubarrones en el horizonte, por supuesto). ¡Ojo! Soy optimista. No ingenua. Esa gente siempre vuelve a jugar. Vuelven a la casilla de salida tantas veces como haga falta. ¡No todo va a ser caerse! Total, amores malos los tiene cualquiera. ¿O no?

La vida es muy corta para aguantar a alguien que no te quiere y cuando el amor se convierte en rutina no se valora.  Para esa enfermedad (creo) no hay nada mejor como cambiar de aires. ¡Que pase el siguiente! Y si no, ya sabéis eso de “más vale sola que mal acompañada”. Soy una firme defensora de la soledad (elegida, claro). Y, aunque suene casposo, funciona. Dejar ir es una de las lecciones más importantes (y más difíciles) de la vida. ¡Que corra el aire! No cambies ni intentes que el otro cambie para que la cosa funcione porque entonces nada será de verdad. Apuesta por escucharle más de lo que hablas o mírale a los ojos (esto último también funciona).

¿Volveremos a querer como alguna vez quisimos? A veces me pregunto si quizás pedimos demasiado.

Como enamorados del amor que somos, volveremos a enamorarnos mil veces más y de mil formas diferentes porque, lo que nos cuentan, es que tampoco somos los que fuimos. Dicen que vamos acumulando experiencia, madurez, sabiduría (por ese orden) y que hay cosas que ya no toleras como cuando eras moza.

Aun así (creo) nos quedan muchas cosas por descubrir. Aún quedan muchas risas. O sentir que lo mejor de tu vida puede estar esperándote en la cola del supermercado. Los sueños nunca se apagan.

Dicen que la memoria es caprichosa. Que el amor se acaba pero los recuerdos ahí quedan. Si eso es así, aprovecha. Quédate con lo bueno. Porque cuando algo termina…lo nuevo ya está asomando la patita por debajo de la puerta.

P.D.: No sé si habré estado a la altura de las circunstancias hablando del amor. Espero que este post os guste tanto como a mí, porque yo he disfrutado mucho pensando…en el amor.

 

Coco.

 

Fuente de la fotografía: Pinterest

Problemas de agenda

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Llevo unas semanas pensando que o no me organizo bien, o es materialmente imposible llevar a cabo una quedada de más de tres personas.

Da igual la antelación con la que lo programes, da igual lo preparado que lo tengas todo: el plan, el lugar de quedada, la hora, la intendencia (si vas con niños), el medio de transporte… Da igual, es imposible que salga bien, siempre ocurre algún imprevisto.

Una que no puede, otra que se va al médico, un niño que se pone malo, otro que tiene inglés y a su madre se le había olvidado, una familia que ha estado abandonada toda una semana y la siguiente merece atención y sentimiento de culpa por parte de la matriarca… y a esto le añadimos turnos de trabajos poco convencionales o semanas de custodia compartida y ya tenemos el cóctel perfecto para que sea imposible organizarse como Dios manda.

Siempre he dicho que es mejor no hacer planes, pero cuando en mi familia política hacen los planes en el ultimo momento tampoco es que me haga mucha ilusión, sobre todo porque me paso toda la semana preguntando: ¿Vamos a hacer algo este finde? y la respuesta es siempre la misma, «este finde? yo que se! si igual mañana me he muerto», suena a coña, pero es real, y como diría una amiga a la que quiero mucho «Esto es para pasarlo». Imaginad, si esto es así para un finde, imaginad para un viaje que tienes que organizar con antelación… no se lo deseo a nadie, de verdad.

El caso es que luego en las redes sociales ves fotos de gente que cada día está en un sarao y te preguntas ¿Cómo lo hacen?. Pues tienen su secreto… una dice que no tiene agenda y que aparece lo mínimo por los sitios para poder llegar a todo (lo justo para hacerse la foto) y la otra se pasa días colgando fotos de acontecimientos que han ocurrido en las ultimas semanas, y tú ilus@ que las ves piensas que siempre están de fiesta. Puedes estar tranquil@ que no son mejores que tú, ellas también tienen problemas de agenda, lo que si son es reinas en la utilización de las redes sociales, y eso se aprende, te lo digo yo.

Reyes

Imagen: Pinterest

 

Sonríe

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Hoy una persona me ha soltado si sin venir a cuento ¿y tú de que te ríes todo el rato?

Os podéis imaginar mi cara, pero he pensado esta es la mía y directamente le he contestado que de ti.

Como me jode la gente que va amargada por la vida, por encima del bien y del mal y que solo por estar en una sala con más gente, como son los raros hay que tratarlos diferente.

Ni te conozco ni se quién eres, y vienes a joderme el Jueves. Inténtalo con otro.

Mi estado natural es sonreír y todo lo que borre mi sonrisa de mi cara, en un primer momento, como que me altera, me sobrepasa y no lo entiendo, con lo fácil que es hacer las cosas y lo complicado que lo hacen algunos.

Como no soy de quedarme con ningún mal rollo, suelo zanjar este tipo de cosas de una manera rápida y nunca quedándome yo con el cabreo.

Con lo fácil que es hacer las cosas fácil.

Con lo difícil que es hacer las cosas difíciles.

Con lo obvio que es lo obvio.

No serás tú el que borre hoy mi sonrisa de mi cara.

Caye

A mi «PLIM», ¡yo duermo con PIKOLÍN!

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El post de hoy es obra de Maku Sirera.  Socia Gerente del Instituto de BioResolución y Mediación, Mediación Workmind.  Se autodefine como conflictóloga y trabaja la psicogenealogía y la sintomatología conductual.

Ella dice que «eres mucho más de lo que piensas. Utiliza tu mente para crear espacios de felicidad y armonía y tu camino de vida será abundante».  Ha comprobado que la energía está en todas partes, nos rodea y nos crea, por lo que elige el amor como principio y final de la vida.

Si quieres saber más de ella, entra en www.makusirera.com

¡Os va a requetegustar!

«Y qué decir me queda que a estas alturas de mi estatura vital me importe mucho lo que

resuene o suene por ahí de mí.

Y qué decir me queda que la opinión de ciertas personas o de algunas influya en mi

hacer aunque sí en el deshacer de las cosas.

A mi «PLIM» ¡yo duermo con PIKOLÍN!

¿Y quién es PIKOLÍN? me preguntan voces al azar

Lo conozco mucho, muchisísimo y se duerme taaaaambién a su lado, con él, es

realmente reconfortante saber qué, mientras el mundo transita en un ir y venir de

acontecimientos, yo duermo con la paz y la calma entre mis sueños.

Y qué decir queda!, tanto es así que ese estado me acompaña casi todo el día envuelta

en sábanas de risas, de esas naturales que huelen a hogar perfecto y seguro, esas, donde

tengo la certeza que me encuentro donde nada puede despertarme de mi sueño.

Pikolín, masajea mis hombros para que los levante sin problemas y separe en ese

levantar el discurso de aquellos que van detrás, ni siquiera sus miradas me conmueve el

importarme con un gesto de choque de piernas al mismo tiempo que sonrío hacia

adelante.

Pikolín, ¡Que majo es él y que majo su despertar! a su lado y con él es brillante observar

como la luz tenue del día va apareciendo sin motivo en prisas, desperezándome entre

planes y propósitos sin más suma que la mía.

Pikolín, tiene la piel mullidita, sin apenas color, ni mucho menos olor a rancio, y aunque

fina, es sólida para arropar cotilleos y desprenderse de ellos en un resbalar

increíblemente tierno, cantando a grito, o más bien con el himno de la Alegría que todo

el que pernocta en makulandia y a su lado canta.

La la la… Recuérdate, respétate y todo será fácil… los demás nada tiene que ver ni saber

de ti que tú no sepas ya… la la la la.

La la la… Recuérdate, respétate y todo será fácil… los que te caminan saben cuidarse y

amarse como son, como eres, construyendo puentes para crecer contigo y a tu lado… la

la la la.

La la la… Recuérdate, respétate y nombra que todo está bien y es perfecto en tu sueño y

en tu vida.

A mí «PLIM» ¡yo duermo con «PIKOLÍN»!»

 

Maku Sirera Pérez

Fuente de la fotografía: Pinterest

Canastitas

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«Siempre he pensado: ‘juego al baloncesto sí, pero, ¿qué aporta esto al mundo?’ La idea es hacer de esto un sitio mejor, dejar un legado… La gente me decía ‘has hecho muchas cosas en tu carrera’ y yo pensaba ‘pero si solo meto canastitas’. Ni construyo casas, ni hago pan, ni curo a gente… juego al baloncesto y encima femenino, que si todavía dices ‘bueno, soy Pau Gasol y al menos tengo una repercusión global’.» Laia Palau. El País, 28/09/2018.

Y hoy Laia y su equipo son las terceras del mundo, y no solo eso, es que ésta es la sexta medalla que consiguen en los últimos seis veranos y la tercera mundialista consecutiva.

Dice Laia que ella no construye nada, y se equivoca, construye ilusiones a base de esfuerzo, construye jugadoras que quieren seguir sus pasos a base de trabajo. Dice que ella no cura a gente, pero no sabe que eso no es del todo verdad, pues a muchos nos cura el alma cuando vemos de lo que ellas son capaces y pensamos en lo que podríamos hacer nosotras siguiendo su ejemplo.

Y ella dice que solo «mete canastitas», perdóname Laia, pero no estoy nada de acuerdo contigo. Tu equipo y tú mantenéis la ilusión de muchos, y de muchas. Seguidores, familias, canteran@s, jugador@s de equipos de todas las categorías, y de simples aficionados que admiramos vuestro buen hacer y vuestro coraje.

Es más, si a vuestra victoria de este fin de semana, le añadimos este otro titular: «Ana Carrasco, primera campeona del mundo de motociclismo», los españoles podemos estar muy orgullosos. Sois un ejemplo para nosotras, por vuestra constancia, por ser capaces de perseguir vuestros sueños, por no desfallecer y seguir luchando en un mundo de hombres, como el que nos encontramos la mayoría de nosotras cada día.

Las cosas que no se cuentan, no existen y yo quiero contribuir no solo a que existáis sino a que nadie se olvide de vosotras, así que si a Pau lo conocemos por lo mucho que lo vemos en las canchas, en la tele y en las redes, ahora es vuestro momento.

Laura Nicholls, Astou Ndour, Laura Gil, Queralt Casas, Marta Xargay, Cristina Ouviña, Alba Torrens, Anna Cruz, Silvia Domínguez, Belén Arrojo, Beatriz Sánchez y Laia Palau, os admiramos y estamos muy orgullos@s de vosotras. ¡Enhorabuena campeonas, y a seguir metiendo canastitas!

Reyes

Mi libreta

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Vivo y trabajo en un mudo digital, todo lo llevamos en el móvil, recordatorios por todos los lados, he llegado a mandarme whatsapp a mí mismo para recordar cosas, he utilizado un montón de gestores de tareas. Sigo repasando mis llamadas de teléfono y whatsapp al final del día para que no me quede nada pendiente.

Pero os contaré un secreto, por mucho que se me dé bien todo lo anterior, no hay nada de todo eso que de una manera u otra no esté escrito en mi libreta, es mi necesidad el escribirlo el verlo en colores con formas, con dibujos, con mayúsculas con minúsculas, el hacer mis grafitis en ese folio en blanco con el nombre de la persona que tengo que llamar, esas tareas pendientes en rosa fosforito, ese ok en verde de la tarea finalizada, ese círculo en azul cielo que marca lo que me queda pendiente para el día siguiente.

Tú la veras y dirás ¿qué es todo lo que tienes montado en tu libreta?, te sorprenderás ciertas cosas, ciertos nombres que me invento para llamar a personas muy cansinas, siglas sin mucho sentido, reglones torcidos, y así hasta descubrir todos mis defectos.

¿Pero que queréis que os diga?

Soy muy fan de mis libretas, de la azul de las cosas importantes, de la blanca del día a día. De abrirlas y olerlas, de mirarlas y tenerles ganas, muchas ganas, de ponerle todos mis Stabilo en orden apuntando hacia ellas.

Se ve que tengo una filia oculta. ¡Qué se le va hacer!

Caye

 

OTRA VEZ.

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Después del verano, el otoño. Después de agosto, septiembre. Después de las despedidas, la nostalgia. Después de la tempestad…la calma. Otra vez.

Cuando tu verano ha sido un auténtico, pero divertido, caos cargado de caprichos, siestas y comilonas, adiós con el corazón. Ahora sólo te quedan pequeños recuerdos, gestos o sonidos. Ha llegado el momento de seguir con nuestras vidas. Los días se hacen más cortos. Vuelven “los buenos propósitos”. Llega la luz más bonita del año y las sábanas reaparecen para taparte… Otra vez.

Con la rutina te das cuenta que nada ha cambiado. Volvemos a caer en la trampa de necesitar más horas. De tener todo bajo control. De llegar tarde. Quieres llegar cuanto antes. Terminar cuanto antes. Con la lengua fuera. La neurosis saluda a la afición. Otra vez.

Toca trabajar, comer ¿normal?, ¿hacer ejercicio? y, por supuesto, prestar atención a tu economía doméstica. Llegan los días de invierno que te sacan de la cama en plena oscuridad y para darte el lujo de ver amanecer camino del trabajo. En duermevela vas poniendo las calles. Con la mirada fija en el suelo. Con indiferencia. Otra vez.

Y así día tras día hasta volver a empezar. Volver para, sin darnos cuenta, volver a irnos. Y, mientras todo esto pasa a nuestro lado, nosotros con la vista cansada sólo miramos hacia atrás. Calculando las horas que faltan. Nos pasamos todo el año esperando que lleguen las vacaciones y, sin darnos cuenta, se van por el mismo sitio por donde han venido. otra vez.

No desesperes. Y no tengas miedo de llegar tarde. Todo va a ir bien. Como todas las cosas verdaderamente importantes de la vida a veces hay que empezar desde cero. Sólo hay…que dejarse llevar. Otra vez.

La rutina tiene muy mala fama. Le tenemos miedo. Dicen que es el peor de los enemigos. Que no tiene piedad. ¡Qué gran error! Yo te digo que no. Nuestro enemigo no es ella. Es el tiempo. Es el único al que no podemos vencer. Con él siempre pierdes. Que no te asuste la rutina. Es muy importante que entiendas que el pasado ya no está y el futuro es…valiente. Ella no puede con nosotros ni con nuestras ganas de vivir. El tiempo SÍ.

Mira cara a cara a la realidad. Recuerda que en la nada no hay nada y que la realidad engancha más que los recuerdos. No sabemos lo que nos espera y…ahí está la magia. Dale la bienvenida de nuevo al despertador, nuestro más fiel compañero. Jamás te abandona.

Algunas cosas están haciendo cola ahí fuera para que disfrutemos de ellas. En el portal. Renovando uniformes. El atardecer de tus días futuros. En el andén. Nuevas rutas o…el camino de siempre. Incluso el aire huele diferente. La ciudad vuelve a ser nuestra. Otra vez.

¡Bendita rutina!

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest

Ni lo se, ni me importa

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Ni lo se, ni me importa. Esa es la sensación de tranquilidad que se te queda cuando te preguntan por algo o por alguien que «ni te va, ni te viene».

A mi me pasa con las Campos, por ejemplo. Que no quiere decir que les desee ningún mal, pero que su vida para mi no es nada interesante. Me parece estupendo lo de su reality, que las señoras se tienen que ganar el pan, pero no me pidáis que lo vea, que se me ocurren muchas maneras más productivas de ocupar mi tiempo.

Si, soy una de las pocas que no ha visto «la llamada de la Pantoja», ¿qué le vamos a hacer? Tampoco he visto las conversaciones de Aznar y Rufián, ni falta que me hace, con lo que me contáis tengo más que suficiente.

Hay personas y personajes que para todo el mundo son como de la familia, sabemos lo que desayunan, en que se supone que trabajan, sus secretos de belleza y sus lugares favoritos, pero por suerte para mi, a mi me lo contáis vosotros. Y digo por suerte porque al menos las vidas de esas personas sirven para algo bueno, para tener tema de conversación. Son un recurrente en reuniones informales y nos sacan alguna que otra risa al comparar sus vidas con las nuestras.

Estaría bien que a todos nos pagaran por saber nuestros secretos, aunque igual yo seguía siendo pobre, porque yo elijo con quien comparto según que cosas, y vosotros Bacalaos estáis los primeros de la lista.

Reyes

 

Una vez hice un curso.

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Si una vez, hace ya unos cuantos años hice un curso en el que me dijeron que era lo mejor que podía hacer en ese momento de mi vida.

Recuerdo las sensaciones de conocer gente nueva de mirarnos de arriba abajo, de intentar ser simpáticos y no salirme, de conocer a gente maravillosa que sigue siéndolo y de descubrir a encantadoras de serpientes, a psicópatas con cara de buenos, a vende motos de tres al cuarto, a gente con grandes historias, a mala gente con medias verdades, a gente de esa que las ves venir y sabes que se la va a pegar o que va a intentar metértela doblada.

A todas y todos los que se sientan reflejados por mis palabras, tranquilos que ya sabéis que no es nada nuevo ya os lo dije a la cara a todos y todas, más que nada para hacer un ejercicio de salud mental.

Hoy miro a mi alrededor y tres de las personas en las que más confió a día de hoy y a las que considero mis amigos estaban allí en el momento de empezar este curso. Madre mía amigas y amigo las vueltas que nos ha dado la vida y las risas que nos hemos pegado.

Quien nos lo iba a decir en ese momento de entrar en el aula que unos años después nuestro amistad sería lo que es hoy en día. Y los vinos, las risas y los gintonics que nos hemos hecho.

Hace poco leía en las redes que uno o una es el reflejo de la gente con la que se relaciona, y cuando la leí, automáticamente me vino a mi cabeza vuestros tres nombres, gracias a los tres por hacerme tan, tan, tan afortunado.

Caye

Hola…

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Todos conocéis a Begoña Gozalbes. Autora del blog «Integridad política», no es la primera vez que escribe en Te Conozco Bacalao.

Dice que tiene un máster que podría llegar a doctorado en gente falsa. Gente que ante pequeños complejos o falta de autoestima, van por la vida repitiendo patrón. Que los intuye. Y así nos cuenta cómo y por qué sigue firme en su convicción.

«Todo comienza con un hola…
La vida va de presentarse, saludar sonreír o pasar y esta nueva era tecnológica que vivimos nos da otras formas de entradas y salidas en la vida de la gente. Las redes sociales son reflejo de la realidad y educación que nos enseñaron a otras generaciones que no fuimos nativos digitales. En el fondo, los valores están presentes en todas las formas de relación, incluidas aquellas que están enfrentadas en una pantalla de ordenador, de móvil o iPad. Recuerdo la creencia de “no te fíes de quien no conoces”, “no hables con desconocidos”, “cuídate mucho de la información que ofreces”. ¿Te suenan? Y estas afirmaciones han sido mantenidas generación tras generación con el fin de cuidar a la especie.

¿Realmente no debemos fiarnos de la gente? Bueno dicho así, ni siquiera yo compro el no fiarme. Yo, creo en las personas. En quién no creo es en los farsantes. No hay nada más fácil que ante un nuevo hola… analizar en tres segundos quien lo emite. Un hola puede incluso ser la invitación de quiero ser tu amigo en Facebook… y precisamente ese Hola… dice mucho de nosotros.

La intuición es esa habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la intervención de la razón y cuando veo algo que no encaja, se me enciende un farolillo que me indica, no todo es oro lo que reluce.

Hace unos dos o tres meses, no lo recuerdo bien, recibí un Hola en formato invitación en Facebook… mi vida no se para en las redes sociales, y la velocidad que le pongo, hace que la selección del tiempo que le dedico sea el justo para vivirla desde el divertimiento de compartir con mis amigos momentos personales u opiniones profesionales.

Cada red tiene su esencia, su lenguaje, sus reglas y cada una aporta emociones diferentes. Si quiero vivir a través de imágenes una vida inmaculada o todo happy no hay mejor lugar que refugiarse en Instagram. Así al menos me lo refleja a mí. Todo fluye y me encanta. Si quiero artículos, recomendaciones profesionales, contactos orientados a mi vida laboral o lanzar mi opinión y divulgar un artículo, sin dudarlo me voy a Linkedln. Si quiero alboroto, opiniones controvertidas y una jungla donde vale todo como un saco sin fondo, me voy a Twitter…. Lástima que se haya convertido en esto esta red. Y si quiero rollo, buscar pareja, o ir a la caza de un marido…me iría a Badoo, Meetic o Tinder por decir alguna, y que, si alguien logra encontrarme ahí, que sepa que me robaron mi identidad, porque no tengo perfiles en ninguna de ellas.

Entonces llega ese momento donde recibes un Hola en Facebook y algo no encaja…y lo dejas ahí. Y como es un tema recurrente en una conversación distendida con amigos, en algún lugar del mar menor… llegas y lo compartes. El resultado es, “chica que exigente eres”, “déjate llevar”, “la vida te puede sorprender”, “sal de ese modo on trabajo y vive”, “parece buen chico” etc, etc, etc. Y una que es humana, que sabe que la rigidez no lleva ninguna parte y que tal vez, la gente que te quiere te lo dice por tu bien… llegas y te dices a ti misma, venga, vamos a aceptar ese Hola… y le das al botón y dices, que sea lo que Dios quiera.
Siempre he pensado que las redes son para relacionarse, y aceptar una invitación, sin decir nada, es como que alguien te salude y tú no le respondas. Así que, tras aceptar, en menos de un segundo apareció en privado ese Hola… Y aquí comienza el baile tan surrealista que la intuición existe por y para algo.

Holaaaa (cuatro “a” son efusividad y algarabía… y esta es solo mi interpretación)

Hola XXXX (omitiremos su nombre) me he demorado en aceptar tu solicitud. Mis disculpas. Gracias por tomar la iniciativa. Un saludo.

Encantado de saber de ti (Aquí te dices, confía, es solamente un saludo, quiere ser agradable)

Que sepas que soy tu fan número uno (Perdonnnnn 😳 y esta la cara que se me queda en el primer minuto)

¿Fan? ¿Número uno? ¿Me conoces? ¿Has seguido mi trayectoria? ¿Tenemos algo en común? ¿Me has leído? Os aseguro que ninguna tiene respuesta. Lo dejas ahí, y sigues con tu vida.

Al día siguiente otro Hola que no recibe respuesta
Al día siguiente otro Hola que no recibe respuesta
Al día siguiente otro Hola y como te acuerdas de las palabras de tus amigos dices…. Hola

Holaaa

Hola XXXX

Me gustaría saber de ti

😳 en referencia a??? Discúlpame es que realmente me sorprende

A ti como persona. Sé que te va a parecer una locura, pero me has llamado poderosamente mi atención y eso no es fácil de conseguir

Dios ¿por qué no seremos auténticos? Y me refiero a mí ¿por qué no confiamos más en nosotros mismos?

Respeto totalmente el estilo de ligue de cualquier persona, sin embargo, no me puedo olvidar de mi intuición y como ella no está asentada en la razón, tengo una corazonada y sé que esto no va a ser un Hola cualquiera y que ese poderosamente dice mucho más de lo que vislumbra.

En menos de dos conversaciones una sabe que la insistencia “déjame invitarte a cenar” que no comer, o un café o “voy a ser lo mejor que te ha pasado en la vida” es una propuesta en toda regla. Mira que una puede ser educada, respetuosa, sin embargo, cuando tenemos interés lo decimos explícitamente. Cuando es si lo decimos y cuando es no, también. La insistencia permanente a lo largo del tiempo, en algunas cosas, o contextos no garantizan el éxito. Conmigo duró dos días. Con otras, me consta que fueron meses de insistencia. Mirad, una se mira al espejo todos los días. Sabe quién es. Os aseguro que me quiero, me acepto como soy. Quien me conoce sabe que no soy las misma físicamente. La vida me pone retos y yo los acepto. Pero que una persona que no me conoce de nada me diga “lo de tu belleza me lo explicarás poco a poco” a mí me entra la risa, y como tengo ese punto de controladora que va en mi personalidad, pregunto, describe mi belleza por favor…. Y la respuesta no puede ser más reveladora…

 

 

 

 

 

Os aseguro que hay mucho más por medio. Con palabras bien estructuradas y frases de película que o te entra la risa o si no sabes quién eres, te suben la autoestima. Y me consta que muchas han caído y otras no, con el mismo protagonista.

Lo bueno que tienen las redes es que son precisamente eso, red. Que puedes ir, preguntar y descubrir, a la vez que corroborar que las mismas palabras, los mismos hechos y la misma forma de entrada, sigue una pauta de incluso años.

He de confesar que la educación estuvo siempre presente, aunque el fondo no lo fuera. No quiero pensar en cuantas mujeres habrán aceptado, y cuya aceptación respeto, pero cuando un perfil de un hombre en Facebook tiene solo mujeres y pocos hombres como amigos y todas ellas, cumplen un patrón, la mayoría, sin exponer que tienen pareja, o son casadas y en este caso, todas superamos los cincuenta… y el solo llega a los 40 y pocos…algo no encaja. ¿No te crees?»

 

Begoña Gozalbes.

Fuente de la fotografía: Fotograma de la película «V for Vendetta».

 

 

Con cara de poker

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Con cara de póker, así intento quedarme cuando alguien me da una mala noticia, el problema es que son incapaz de mantenerla más de 2 minutos.

No se si es que soy muy empática o fácilmente impresionable, pero en los últimos días he vivido varias situaciones que me están haciendo pensar.

La madre de una de mis amigas del cole  mi primera amiga del cole, se ha ido para siempre y yo fui incapaz de mantener el tipo cuando su hermana me contaba cómo había sido la despedida. La entereza de la SEÑORA (porque era así, una señora con todas las letras y en mayúsculas), era tal que les dijo a sus cuatro hijos que llegado el momento no estuvieran tristes, que tuvieran en cuenta que ella les iba a estar viendo y dándoles fuerzas y que hicieran el favor de no avisar a nadie por wassap, asi que mi amiga y sus hermanos han recibido de viva voz el pésame de muchos de los que queríamos a su madre y además nos llevamos una lección de elegancia y humanidad tremenda.

Por otro lado, recientemente he sabido que los hermanos de dos amigo de la universidad están en pleno periodo de lucha contra ese intruso que nadie quiere tener cerca. Yo en mi línea, intentando aguantar las lágrimas mientras me dan la noticia, pero mis ojos tienen vida propia y expresan lo que mi boca no quiere, no sabe o no puede decir en ese momento.

Creo que el motivo principal de no controlar mis emociones es la admiración. Admiración ante esas personas que valientemente se enfrentan a lo que venga y que son capaces de transmitir paz y ánimo a los que les rodean. Les dicen a sus familias que no se rindan, pues ellos no lo hacen. Son luchadores que desde lo más profundo de su ser se plantan ante la adversidad, se crecen gracias a la energía de los suyos, y se hacen más fuertes. Lo hacen por ellos y por los que les rodean y aun pasando un mal momento son capaces de sonreír.

Lo mejor de todo es que lo consiguen, les contagian de su positivismo (aunque sea solo un papel que interpretan de cara a la galería) y así lo transmiten las personas que les quieren. Es como si con la enfermedad adquirieran unos superpoderes capaces de influir en los suyos para minimizar el dolor que indudablemente van a sufrir.

Hasta el día de hoy, no he vivido en mi entorno más cercano una situación así, y sólo deseo que el día que llegue sea capaz de transmitir a los míos esa serenidad que hace que la cara de poker no sea necesaria.

Reyes

 

Me entiendo, ¿O no?

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Sonará raro pero hay muchas cosas de las que hago que todavía ni yo mismo entiendo.

Soy muy de liarme la manta a la cabeza cuando veo las cosas claras y cuando las veo oscuras también.

Mi intuición sigue sin fallarme y por mucho que me vendas la moto si no lo veo claro va a ser un no por mi parte, confío mucho en mi intuición la conozco desde hace mucho tiempo y nunca me ha fallado.

Necesito sentirme rodeado de gente a la que aprecio, de esos pocos y pocas a las que considero amigos y amigas de verdad, esos que saben que con un silbidito tendrán una respuesta por mi parte, esos y esas que cuando nos sentimos amenazados son capaces de salir a mi rescate incluso utilizando una patada voladora.

Sinceridad, que bonita palabra dirían algunos. Soy sincero, igual a veces hasta perder las formas, debe ser algo relacionado con la edad y con mi tiempo útil para dedicarle a algo o a alguien, necesito de sincero primero conmigo mismo pero sobretodo con los que me rodean. Casi siempre la sinceridad revuelve y despierta y eso es bueno para todos.

Me encanta que los planes salgan bien, como diría Coronel John «Hannibal» Smith del Equipo A. Para que un plan salga bien primero tenemos que tener plan y segundo hay que ejecutarlo. De un tiempo a esta parte en esta segunda parte de la ejecución es en la que más disfruto, principalmente por quienes forman parte de mi equipo. Eso si no me vengas con prisas que el tiempo y el ritmo lo marco yo.

Sentido común, o capacidad para no complicar demasiado las cosas, como queráis llamarlo. Pero si necesito que seamos coherentes con lo que hacemos y decimos. Pónmelo fácil que yo haré lo mismo.

Entenderme probablemente es saber que me voy a liar, que soy muy fan de mi intuición, necesito estar rodeado de los que me quieren y me aprecian, soy sincero y quiero que seas sincero conmigo, que me gusta planear, ejecutar y marcar mis tiempos, pero sobretodo sentido común para ver las cosas claras cristalinas.

¿Y tú te entiendes a ti mismo?

Caye

¿Será feliz?

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La niña deja de ser niña.

Parece que fue ayer cuando le tenía en mis brazos. Pero la vida sigue. O empieza ahora. O, simplemente, continúa. Beatriz se va a la universidad más antigua del mundo. A la de Dante, Copérnico y Erasmo. ¿Será feliz?

Resulta que se es padre para toda la vida pero ¡los hijos son prestados! Y resulta que, después de experimentar la aventura de criar a tus hijos, debes dejarles marchar. Hay que aceptarles con esa condición. Con que un día nos digan adiós. Al fin y al cabo todos, antes o después, nos hemos marchado de casa. Ser padres es dales raíces y…alas.

Dicen los que saben de esto que ir de Erasmus cambia vidas. Que te quita el miedo y la vergüenza. Por lo visto, y lo oído, la primera semana son las vacaciones más divertidas de tu vida pero después no todo es de color de rosa. También dicen que ser Erasmus, a veces, es sentirte perdido. Es la mili de ahora…dicen. Allí todo te parece bien. No te queda más remedio.Compruebas que llevar tus cuentas no es sencillo pero que eres capaz de hacerlo. Eres independiente a la fuerza. Toca aprender a sobrevivir. ¡Échale un par!

Prepárate hija para que te rompan el corazón, para echar de menos el jamón, el aceite, la tortilla de patatas de papá, la eñe… Engordarás y aprenderás a cocinar. Espabilarás a la fuerza, conseguirás vivir con poco, acabarás haciendo cosas que jamás pensaste qué harías, algo (o alguien) romperá tus esquemas y de ahí saldrán nuevas decisiones. Tus decisiones. ¡No te falles!

Nadie te conoce. Es el momento de ser tú misma de verdad. Es tu vida y la última palabra es tuya. Recuerda que nada es gratis, que todo puede cambiar en un sólo segundo y que, a veces, los errores se pagan muy caro. Piensa antes de actuar y, como siempre has hecho, no te dejes llevar por los demás. Nada ni nadie podremos impedir que sufras, que te equivoques… pero tampoco dejes que la vida te endurezca. Ahí fuera hay un montón de gente que vale mucho la pena. Gente que espera compartir contigo. Caras nuevas, conversaciones en varios idiomas a la vez, cenas temáticas, juramentos de amor eterno y noches infinitas. No te pierdas el amanecer de Bolonia (dicen).

Otro mundo hija. ¡Y hay tantos!

El simple hecho de que hayas decidido irte hará que vuelvas a casa sintiéndote diferente porque…eres diferente. Y, cuando vuelvas, te darás cuenta que todo sigue igual por mucho que las cosas cambien. El tiempo te enseñará que tu gente te espera. Casa siempre será casa pero ahora Blanca y Milena son tu familia.

Dicen que jamás dejas de ser Erasmus. Que será algo que te acompañe toda la vida. Sin embargo, y a pesar de saberlo, parece que la depresión post-erasmus es un horror.  No te preocupes. La nostalgia no es nada nuevo. Y, aunque eches de menos Bolonia, recuerda que por aquí no se está tan mal.

Pasa la vida. Así que… ¡a vivir! Cero chantajes. Eso sí. Cuando te hayas ido te echaré de menos. Te echaré de menos al abrir la puerta. Y al despertar. Y después. La verdad es que te echaré de menos siempre estés donde estés. Quiero que te vayas y quiero que te quedes, pero jamás te pediré que lo hagas. A veces creo que verte marchar es algo para lo que he estado preparándome toda mi vida.

Es tu derecho y mi obligación.

 

P.D.: Voy a sentirte tan cerca que… ¿prometo? no llorar.

 

 

Coco.

¿Queréis saber algo de la foto?

Es de un álbum hecho por los amigos de Beatriz.

Recogieron en él tanto amor que…¡es el álbum más bonito del mundo!

(8 de septiembre de 2018)

Mí solo

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«Mamá, mí solo», y ahí estoy yo observando cómo eres capaz de hacer tú sólo tantas cosas por primera vez.

Cada día es una aventura, sabemos cómo empieza pero no cómo va a acabar. Cuál va a ser la palabra nueva del día, o el gesto, o incluso la canción. Igual le cantamos a una vaca, que a una rana, que a una niña que tiene un ratón. El caso es divertirnos, aprender, crecer y pasarlo lo mejor posible.

Cuando no te das cuenta te observo y pienso, ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que tú estés aquí? Y que estés conmigo. Que la vida te haya traído a mi, a mis brazos, a mi cuidado… que seas un pedacito mío y que estés aquí para hacernos a todos más felices.

Espero que en este tiempo que llevamos juntos hayas sentido lo mucho que te queremos y que sepas que intentamos hacerlo contigo lo mejor que sabemos. Nuestra intención es que todos tus días sean importantes, que de todos tengas aprendizajes y buenos recuerdos. Que llegado el momento seas capaz de tomar tus decisiones y apoyarte en nosotros. Que hagas las cosas tú solo, pero sabiendo que nos tienes para lo que necesites.

Hoy cumples dos años y entras en un periodo de cambios importantes. Esperamos estar a la altura de lo que te mereces, que sepamos gestionar rabietas, miedos, enfados y frustraciones, que sepamos celebrar logros, avances y éxitos a lo grande. Queremos que seas feliz hoy y todos los días de tu vida, y que los que te acompañamos seamos felices contigo.

Disfruta la vida de la que ya eres consciente y déjame darte un abrazo de esos de nunca acabar.

Te queremos R, ¡Feliz cumpleaños!

Papá y mamá.

 

 

DIARIO DE UNA VERANEANTA

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Esto no es un diario al uso.

Ni una de esas listas que lees en un minuto y olvidas en medio.

Es más. Mucho más.

Es el diario de una veraneanta escrito según vienen a la cabeza las imágenes recién vividas. Un relato atropellado de mis vacaciones. Un millón de recuerdos grabados en la memoria. Canciones, olores, sabores…que se quedarán conmigo para siempre y que me da miedo olvidarme de alguno de ellos. Sé que sólo están dormidos, que despertarán cuando algo pase y, sólo entonces, me lleven a ese instante en el que sucedió.

La receta perfecta de un verano 10 no está en los libros porque…no existe. Cada veraneante mezcla sus propios ingredientes. Y aunque yo tenga los recuerdos más desordenados que el cajón de los calcetines, las experiencias son para compartirlas así. Sin orden ni concierto.

(Sólo se me ocurre poner a trabajar los sentidos y darle forma a esta locura).

Vista o…levantarme a ver amanecer porque me da la gana. Esa caída involuntaria de ojos que anuncia la siesta que te espera. Dar con una escritora cautivadora dos veces en menos de un mes. Ir al cine de verano con mi cojín y mi bolsa de pipas gigantes. Volver a encontrar…caballitos de mar.

Oído… y desconectar la alarma. Tu siestecita al sol con las olas como banda sonora. No tener que coger el teléfono a la primera. Descubrir que en Andorra hay gente que te lee y que, además, le gusta lo que escribes. Se llama Marta y, a pesar de lidiar con una tropa de 7 niños, siempre tiene tiempo para entrar aquí y ver lo que se cuece. Y encima va y convierte en “bacalaos” a sus compañeras de fatigas. Marta! In love with you!

Olfato… para improvisar. Sin planes. Ir andando por las calles de otros lugares oliendo diferente y sentirte otra persona. Que las cosas no salgan como tienes pensado y… ¡salgan mejor! Mercadillear para oler, tocar y, poco a poco, impregnarte de la cultura del lugar.

Gusto…yendo de chiringuito y chiringuito y sigo porque me toca. Probar nuevas recetas. Hincharme a sardinas. Los higos de pala. Las ciruelas Claudias y los melocotones de Cieza. Se puede averiguar mucho de un sitio simplemente por su forma de guisar el conejo al ajillo ¿Os cuento la clave del conejo de Campoverde? Está en las patatas.

Tacto…para darle nueva vida a algunos muebles. Escribir hastags ridículos. Playas en las que lo único que hay es arena y mar. Quedar con ella, a la que siempre tienes ganas de ver pero nunca acabas viendo. Y volverte a juntar para notar al mismo tiempo que todo, y absolutamente nada, ha cambiado. Tumbarme en la hamaca vuelta y vuelta. Como si de una parrilla se tratara.  Coger caracolas . Pasar mucho tiempo con los míos.

Mis pueblos. Tanto monta, monta tanto. Cada uno…tiene su papel. En Alcaraz, el recuerdo de las noches siempre frescas. Los churros. Los tomates. El aceite de la Almazara. Los caracoles chupaeros. Las sobremesas y…la Virgen de Cortes.  En Los Belones, saber que las cotorras siguen anidando en las palmeras. Los dátiles de aquélla que mi madre plantó antes de irse para siempre. Los caracoles serranos. Las chicharras y sus interminables conciertos. Los michirones. Atardeceres y amaneceres eternos. Algún día nublado entre tanto sol.

En este diario siempre estarán mis pueblos y sus historias que contar. En tiempos en los que nos gusta quejarnos amargamente, no está de más oír a sus gentes y que te cuenten lo duros que son allí los inviernos. Y, aun así, resisten y apuestan por ellos. Nunca se han planteado marchar a las grandes ciudades. En La Mancha, por el frío y en la costa porque se quedan solos, sin rastro de turistas.

(Moraleja: Nunca subestimes el conocimiento de una persona de pueblo).

 

Había algo más pero no me acuerdo qué. ¡Ah, sí! No hacer nada. Absolutamente nada. Y no pensar. Dejar que las cosas sigan su camino y disfrutar de ello porque las mejores historias…son así.

Y, apagadas las chicharras, esperar el otoño. Otra vez. Porque todo vuelve y el verano…también. No necesito nada más en la vida.

 

Coco.

P.D.: La foto está hecha por mi a mis pies con mis nuevas cangrejeras. No sé si es piestureo, selfiefeet o lo que narices le llamen. Sólo sé que son los pies de una veraneanta.

¡Que os sea leve!

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¡Que os sea leve «la vuelta al cole»!

Ya se que hoy sois muchos los que os incorporáis a vuestros puestos de trabajo, unos con más ganas que otros. Los hay que estaban deseando empezar un nuevo curso y por paradójico que parezca son aquellos que se van a encargar de nuestros niños en coles y guarderías. Comparten con los niños la ilusión por lo nuevo, por estrenar libretas y bolis, volver a sentir el olor de los libros nuevos, o poner en marcha las sorprendentes actividades que han ideado este verano.

Hay otros que no tienen ganas ningunas, pero seguro que en un par de días se suben al carro de la rutina y vuelven a ser felices en la oficina, rodeados de compañeros y clientes que les hacen la vida más entretenida que si tuvieran que quedarse en casa.

Con ganas o sin ellas, hoy es día de reencuentros, de contarse las vacaciones, de compartir con todo el mundo lo bien que lo hemos pasado. Yo por mi parte he tenido unas vacaciones estupendas, he disfrutado de las fiestas de mi ciudad y he visitado muchas otras alrededor del mundo. He podido ver Filipinas, Cerdeña, Roma, México, Guatemala, Cerdeña, Capri, la costa amalfitana, Alcaraz, Los Belones, Gijón, Cádiz, los Fiordos Noruegos… y por supuesto las Baleares casi al completo: Menorca, Ibiza, Formentera, Palma…

Antes de que me odies, déjame decirte que yo no me he movido más allá de 50 km desde mi casa, pero mis amigos son de culo inquieto y se han movido a todos esos lugares y a través de sus redes sociales he podido yo también disfrutar de sus bien merecidas vacaciones y soñar que me despertaba en cualquiera de esos lugares tan estupendos.

Ahora llega el momento de ponerse las pilas, comenzar nuevos proyectos. Volver a hacer deporte, dejar las cervecitas a un lado, empezar un nuevo curso de inglés, (… o de chino o de macramé, lo importante es empezar algo). Llega septiembre y con él las ganas de vernos, que el verano ha sido muy largo y os hemos echado mucho de menos.

¡Que os sea leve, amigos! y ¡Feliz año nuevo!

Reyes

Vacaciones Bacalao

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Qué verano nos espera, lleno de cosas para hacer.

Ver a los que han estado todo el año fuera y disfrutar de ellos y de ellas.

Pero para que sean unas vacaciones como Dios manda tengo que:

Desconectar lo suficiente como para no saberme todas las contraseñas del ordenador de memoria.

Lanzar mi teléfono a un cajón y hacer como hace 20 años el que me quiera ver que me busque.

Disfrutar del mar.

Tardes de comer pipas y reírnos de lo simples que somos.

Esos aperitivos como principal comida del día en la que todo se puede convertir en una cena.

Dejar el reloj en otro cajón y no estar mirando que llego tarde a todos los sitios.

Enseñar y aprender por igual.

Trasnochar hasta que abra el churreo y desayunar.

Ir en bici, bucear, caerme con los patines, las palometas, la alborada, vamos lo que viene siendo los clásicos del verano.

Cuidarme, escucharme y descansar. Lo necesito.

Nos vamos de vacaciones merecidas hasta el 3 de septiembre, pero no os dejamos solos todos los días en Facebook tendréis noticias nuestras como siempre.

¡Feliz Verano!

Caye

Esas cositas.

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¡Que levante la mano el valiente que no ha visto un sólo minuto de “La Roja”!

¿Hay alguien ahí?

N A D I E.

Los valientes que haya, tranquilos. Aunque seáis la minoría no estáis solos. Aún quedan lugares que no saben qué significa la palabra fútbol. Pero claro, no es vuestro caso. Formáis parte de esos países que se paralizan, pendientes de unos señores en calzones que ganan muchos millones por correr detrás de la pelota y meterla bajo cuatro palos. Vivir en el primer mundo y decir que no te interesa lo más mínimo cómo va el Mundial es toda una hazaña.

Desde pequeño querías que te gustara el futbol principalmente porque así tu vida sería más fácil. Pero la carne es débil (y el alma más). Incomprensiblemente, y a pesar de tus esfuerzos y el de todos tus parientes cercanos y lejanos, te has convertido en el raro.

Las leyes científicas que estudian a los hinchas de fútbol dicen que todo empieza en el útero materno. Según algunos, depende del nivel de testosterona que haya en el útero materno en el primer trimestre de gestación. Úteros y testosterona aparte, veo imposible llegar a comprender por qué una persona es súper fanática de 22 señores que se pasan 90 minutos de arriba a abajo y de abajo arriba detrás de un balón.

Entiendo que a los hombres os dé vergüenza admitirlo. Enseguida os tacharán de menos hombres por no hablar de lo poco patriota que eres si no te pintas la cara de rojo y gualda o no te pones la bufanda por muy en Junio que estemos. El resto de la humanidad que te rodea nunca entenderá que tienes otras cosas mejor que hacer mientras juega la selección. Tampoco entenderán que te preocupe más saber en qué condiciones humanas se organizó el mundial de Brasil o que el ídolo de tu hijo sea un defraudador.

Para mucha gente es un tema de conversación recurrente. Rellena horas y horas de conversación cuando no tienen otra cosa mejor de la que hablar (y, aviso, nunca habrá un tema mejor que el fútbol). Tú, cuando les oigas, ni se te ocurra decir que el mundo del penalti y del fuera de juego es un deporte estúpido.

Hay estudios que dicen que el fútbol sirve para sacar el mal humor del cuerpo. Otros que sirve para eliminar la presión acumulada y sentirte libre. Y muchos que es la mejor desconexión con la realidad que existe. Tú, por si acaso, estate bien calladito. Ni se te ocurra opinar porque… ¡es la mejor manera de destruir una verdadera amistad!

Que tus amigos sean unos fanáticos del fútbol es una gran putada. Hay que estar a la última y tú, sinceramente, ni idea de quién es Míchel. Jamás te consentirán que no te sumes a la fiesta futbolera. Tendrás que chillar, insultar, abrazarte con el resto y llorar con la afición si quieres que tus amigos amantes del balompié no se burlen de ti. ¡Con lo fácil que es fingir! Y, si no te gusta el plan, ¡haberte quedado en casa!

No pienses que te voy a proponer que le des una oportunidad al fútbol, pero ya te aviso que serás la persona más impopular del planeta  si se te ocurre soltar que, al igual que Bale, no ves partidos de fútbol en tu tiempo libre.

Todos nerviosos, impacientes, mordiéndose las uñas o comiendo pipas…menos TÚ. Mientras ellos recitan la alineación titular de carrerilla, tú ni frío ni calor. Y, para no soportar más la presión, decides que cada uno es dueño de su tiempo y puede malgastarlo como mejor le parezca. Así que, sin pensarlo dos veces, te tiras a la calle… ¿Y qué te encuentras? Dos o tres runners sudando la gota gorda y alguna señora mayor sacando al perrito. Ante semejante panorama eliges irte a cenar o al cine. ¡E R R O R! Te arriesgas a que te tengas que servir tú la cena o a qué te faciliten un mando a distancia para proyectar la película. ¿Qué te puedo decir? ¡Que semejante experiencia es un momento único en la vida!

¿Algún voluntario para hacer la prueba?

N A D I E.

Escupitajos, batallitas, gritos a la tele, apuestas, pachangas, pitos o corazoncitos con los pulgares. No se sabe muy bien cuándo empezó todo esto pero lo bueno del deporte rey es que…iguala a todos.

 

En fin. Esas cositas.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest

¡OS CONOZCO BACALAOS!

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Soy muy espontánea. O eso dicen.

Ya de jovencita mi padre siempre decía que me perdían las formas. Y aunque creo que con el tiempo he conseguido dominarlas algo, nada como preguntar a los que me conocen de cerca para que os digan si es verdad.

Lo confieso: Para mí una de las cosas más difíciles que hay en eso de los sentimientos es saber expresarlas correctamente. Y aunque ya no soy aquélla jovencita, sigo pensando que cualquier emoción que reprima se me puede volver en contra por muy buena intención que haya. ¡Hay que darles rienda suelta!

Y es que de todos los defectos del ser humano, la falsedad me parece uno de los peores. Nunca he sido más infeliz que cuando me he quedado con los brazos cruzados y la sonrisa boba viendo cómo alguien me decía “cari” a la vez que me enseñaba el colmillo. ¡Me supera!

¡Ojo! ¡No me confundáis! Eso no quiere decir que, aun siendo como soy defensora de la libertad de expresión, haya que dar rienda suelta a la lengua sin freno. Criticar porque sí es una actividad peligrosa. De alto riesgo, diría yo. Y, además, la máxima expresión de la estupidez. Ganas nunca nos faltan pero llega un momento en que no te lleva a ningún sitio. No estoy hablando de un sentimiento menor pero, a veces, para lo único que sirve es para demostrar lo poco que conocemos los principios básicos del temperamento humano.

Nada ni nadie nos exige un diploma en simpatía, ni la sinceridad es sólo una obligación cristiana. Pero estaréis conmigo en que puede ayudarnos en muchas más ocasiones de las que pensamos. De vez cuando hacer uso del “miéntele y dile que le quieres” puede salvarnos el culo de algo peor pero aplicar eso de “donde las dan las toman” como estrategia para conseguir sentirte también funciona. Tan importante es sentirte bien como saber guardar las formas. Hablo de usar la educación, la simpatía y demás cosas del palo aunque sea para atacar al “enemigo”. ¿Lo pilláis?

Aunque creáis que no, hay mucho más en juego de lo que parece. La guerra no es buena para nadie y lo más importante…LA CRÍTICA CONSTRUCTIVA NO EXISTE.

Por ejemplo: en una conversación cualquiera, donde las opiniones sean diametralmente opuestas, hay que saber ser lo suficientemente capaces para encajar “el golpe”. Por muy desagradable que sea lo que dicen de ti. En este sentido, busquemos siempre el lado bueno de las cosas y pensemos que incluso la información que nace de la crítica más cruel te puede descubrir “por dónde pierdes agua”. Pensad que con las críticas tenemos a gente trabajando para nosotros “gratis”. Nada como saber que las críticas existen, que están ahí y de dónde vienen, que no tener ni puñetera idea de ellas y no poder pararlas. ¿A que ahora sí lo pilláis?

A casi nadie le gusta que le digan que las ideas que tiene son equivocadas. Pero por salud mental, y emocional, todos tenemos que estar abiertos a opiniones diferentes. Está claro que no gusta lo malo que dicen de uno pero a veces perder un ratito con esa gente nos ayuda a conocernos mejor. Nos da una ligera idea de a quién no quieres parecerte.

Con una pequeña dosis de humildad y buen trato podemos desarmar a nuestro crítico más feroz. Cierto es que no todo el mundo sabe hacerlo pero TODO el mundo es capaz de hacerlo. ¿Lo habéis probado? ¡Quizás hoy sea un buen momento para hacerlo!

Pensad que, a lo mejor, es más fácil que lo que hacemos ahora. Al fin y al cabo somos animales de costumbres y a todo se acostumbra uno. Cada uno de nosotros sabemos de qué arte valernos en cada momento. O cuales son nuestros puntos fuertes en determinados ambientes.

No. Tampoco se trata de hacernos budistas. Es más simple que eso. Con no enfadar a nuestro “amado contertulio” es suficiente. En cualquier caso no hagáis trampas ni vayáis de lo que no sois porque… ¡os conozco bacalaos!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.