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Es difícil.

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Ana Soler es una de las personas más valientes que conozco, por no decir la que más. Nuestros caminos se cruzaron en una oficina hace 14 años y en el tiempo en que mi camino sigue detenido ahí, el suyo ha recorrido ya medio mundo (literalmente) y la ha llevado a Isla Mujeres donde ahora vive, trabaja y disfruta de la vida que siempre soñó.

El texto que vais a leer lo he robado (con permiso) de su instagram @ana_so_ler porque creo que refleja perfectamente el «Espíritu Bacalao» y porque no puedo quedarme para mi sola algo tan maravilloso.

Gracias Ana por tu valentía y por tu generosidad al regalarnos esta reflexión que seguro que a muchos hace pensar. Te quiero y te admiro a partes iguales.

Reyes

Es difícil.

Es difícil escoger un camino diferente. Difícil no responder a lo que los demás esperan de ti. Y sobre todo, lo más difícil es hacer lo que quieras sin sentir que traicionas a quien te quiere y mira por ti.

Pero al fin y al cabo supongo que eso es crecer y, aunque a veces la vida no lo pone fácil, de eso va todo esto. De asumir riesgos y responsabilidades según lo que te dicen tus instintos. Cayendo y levantándote las veces que haga falta. Viviendo tu vida y no la de nadie más. No la de tus padres, no la de tus amigos. La tuya.

Porque el tiempo no vuelve y los veinte o los treinta tampoco. Nunca más vas a ser tan joven, tan «temerario» y nunca vas a estar tan lleno de energía.
Porque al final todo se resume en ser coherente, EN SER TÚ. Pase lo que pase y caiga quien caiga. Y es especialmente doloroso si quien tiene que caer es alguien a quien quieres y no quieres decepcionar. Pero chica, qué le vamos a hacer, en el camino de la honestidad siempre habrá bajas. Y si tengo que elegir, me elijo a mí!

En mi familia (como en todas) hay una ley no dicha que igualmente está muy presente. Tienes que tener seguridad. La seguridad de un buen puesto de trabajo, una buena casa, un buen coche. Las aventuras no son especialmente bien consideradas, más bien son locuras, es ir dando bandazos de un lado a otro.

Pero es que yo nunca elegí un camino como el de los demás y siempre me sentí tan diferente por ello!

No estudié cuando todo el mundo de mi edad lo hacía. No me compré la mejor casa, no invité a nadie cuando me casé ni tampoco tengo un súper trabajo.

Me he salido siempre que he podido del mandato familiar pero nunca fui consciente de estar sufriendo las consecuencias: la mala conciencia de no seguir el camino de la seguridad. Así que he hecho casi siempre lo que me ha dado la gana, pero una vocecita interior no me dejaba disfrutarlo.

Es por eso que este viaje me ha dado tanto!! Soy una outsider, a mi modo siempre lo fui y el querer ocultarlo me llenó de infelicidad. Recuerda: TU CAMINO ES TUYO Y DE NADIE MÁS. Y al que no le guste: Fuck it, bro!

Ana Soler

Opiniones y … Amigos

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No tiene ni idea pero no lo reconoce, es el típico que sabe de todo y no sabe de nada o lo que le diagnosticamos en esa noche de borrachera como el sentimiento de superioridad ilusorio.

Luego está el caso contrario el que sabe mucho de algo y se muestra como un auténtico ignorante en la materia. Los que realmente saben de algo suelen quedarse callados, con cuantos tontos motivados nos habremos cruzado a lo largo de la vida a los que les hemos prestado atención más por su confianza que por su razón. Es triste pero es real, solo tienes que encender la tele, leer un periódico para darte cuenta que estamos rodeados.

Mientras que los ignorantes se creen buenos, los que realmente lo son se juzgan como incompetentes.

En el mundo, no todo buen comportamiento se premia, ni toda mala conducta se castiga.

Sabiondos del mundo realmente no tenéis ni puta idea.

He parado un rato para comentar con un amigo lo que estaba escribiendo y él que sí que sabe mucho me ha regalado esto.

El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual un individuo con escasa habilidad o conocimientos sufre de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligente que otras personas más preparadas y mide su habilidad por encima de lo real.

Menos mal que todavía existen personas que saben de lo que hablan y lo demuestran.

Caye

 

Mi declaración…de intenciones.

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Como cada año, hoy miles de personas en el mundo salen a la calle para celebrar el Día Internacional del Trabajo. Y. como cada año, aparecerán nuevas y necesarias reivindicaciones.
Tranquilos. No tengo la más mínima intención de soltaros el rollo de la responsabilidad, la misión, los objetivos y metas a alcanzar. Tampoco vengo a hablar de la conciliación laboral ni de la equiparación salarial.
No es fácil hablar de todo eso. En mi defensa diré que este blog es…otro escenario y que en días como hoy lo que el cuerpo me pide es hacer una declaración de intenciones. Podréis estar más o menos de acuerdo pero son…mis intenciones.
1. Llegar puntual es el primer mandamiento. Importantísimo ese cafetito mañanero entre compañeros. Ya sabes que es grande ser grande, pero es mayor ser…humano.
2. NO GOOD VIBES, NO FUN. Aparece por la ofi con una sonrisa SIEMPRE. Y usa el humor para decir las cosas. Ya vendrá alguien o pasará algo que se encargue de tus sonrisitas y tu buen humor.
3. El trabajo no es un lugar a donde ir, sino algo que realizas…con muchas ganas .Ser trabajador implica dar lo mejor de nosotros en cualquier oficio. No importa cuál es nuestro trabajo. Sea el que sea, tienes que sentir que ese es nuestro granito de arena para un mundo mejor.
4. Quien tiene un trabajo tiene un tesoro. El trabajar cuesta pero cuesta más el no trabajar y, reconocedlo conmigo, en alguna ocasión… ¡nos quejamos de vicio! A veces sólo depende del ángulo con que miremos las cosas. («Cuestión de actitud» lo llaman).
5. Haz alguna travesura de vez en cuando para animar el cotarro tipo “desenchufar la máquina del café a la hora punta”. (Ahí lo dejo).
6. Lleva unas galletitas, o algo por el estilo, el día de tu cumple. Al fin y al cabo son como una segunda familia. Recuerda que “somos lo que hacemos cada día”.
7. Encuentra la felicidad en el trabajo o no serás feliz. Todo trabajador merece comprarse lo que quiera que ¡para eso trabaja! (Ahí también lo dejo).
8. Despídete discretamente cuando te vayas de vacaciones. Joden, y mucho, las bromas del gracioso de turno que se despide creyéndose que le ha tocado el Euromillón. Piensa que 30 días pasan en un pispas.
9. Hay que saber decir NO. Respeta tus minutos de respiro. No los regales a la empresa. Trabajas para vivir ¡No vivas para trabajar! Las empresas no tienen alma. Algunas son auténticas jaulas de oro donde, como no te pongas firme, te explotarán delicada y amigablemente sin que te des cuenta.
10. El descanso es necesario y la cervecita afterwork es sagrada. ¿Y si organizas tú la próxima comida de Navidad?

Desearos a todos el mejor día posible. Pese a los grandes cambios habidos en el mundo laboral a nivel mundial, la historia nunca hay que olvidarla. Porque los obreros, ese día histórico 1 de Mayo de 1886, marcaron un antes y después en la historia de todos los trabajadores.

P.D.: Siempre habrá un trabajador al que proteger.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

El día después

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Queramos o no, siempre llega.

El día después, el día de hacer balance, el día en el que unos se levantan resacosos de emociones, borrachos de éxito, y otros no han podido dormir analizando qué fue lo que se hizo mal.

Llega el día y amanece para todos, pero para ninguno igual que para los demás. Unos desayunarán leyendo la prensa escrita, regodeándose con los resultados, otros buscando cada detalle o cada cifra, o simplemente evitando encontrarse con los titulares.

Los más, volvemos a nuestro trabajo, a comentar los resultados con los compañeros, porque aunque el voto es secreto, las caras y los comentarios de hoy desvelan las papeletas de cada sobre de ayer. No nos va la vida en ello, puede que estemos más o menos satisfechos con los resultados, pero estamos orgullosos de haber ejercido nuestro derecho con un 75% de participación.

En un mes repetiremos experiencia y entonces, tal vez y solo tal vez, la señora que hoy andaba perdida en mi colegio electoral ya sabrá que debe entrar a la cabina y rellenar sus sobres, cada uno con una papeleta de igual color. Los que hoy han votado por primera vez, ya serán expertos y podrán ejercer su derecho con mayor naturalidad y menos miedo, y los que hoy se quedaron sin votar saldrán a la calle o estarán más listos con el voto por correo.

Hoy es día de tomar conciencia de donde estamos, a donde vamos y que podemos hacer para llegar de la mejor manera. Confiemos en que nuestros votos sirven de algo y que entre todos haremos que el futuro sea mejor.

Enhorabuena a los premiados, y por favor, poneos TODOS A TRABAJAR por un país mejor.

Reyes

 

Estamos

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Cuantas veces te han preguntado ¿estás?, es una de las preguntas que más formulamos y que más nos realizan.

No entiendo muy bien cuál es la preocupación de la gente cuando me lo preguntan, igual es que es tan interesante lo que me va a contar que me necesitan con plenas capacidades mentales. El prestar atención, el estar o ¿será el aparentar estar?

Desde muy pequeño me han repetido muchas veces ¿estás?, si sí que estoy, era siempre mi respuesta. Cuando la gente se da cuenta que desconectas se mosquea y a veces mucho, que grandes recuerdos de mis profesores que no podían con mi atención dispersa.  Lo que no podían entender era cuando me preguntaban, que supiera de lo que estaban hablando, lo único es que a la vez siempre he estado pensando en otras cosas.

Ahora con la edad he aprendido a disimular mi cara de atención dispersa, pero reconozco que cuando no me interesa lo que me cuantas la mayoría de veces estoy en alguna conversación interna conmigo mismo, aunque te estoy escuchando.

Conozco a amigos que les suele pasar algo parecido pero ellos de vez en cuando se les escapa alguna palabra de esas conversaciones internas que tiene, y la verdad es comprometedora incluso graciosa ,además de desconcertante. Aun me acuerdo la vez que nos contaba que estaba a punto de dejar el trabajo ya que había llamado gilipollas a su jefa en una reunión de equipo cuando intento mantener una conversación y se le escapo su conversación interior, aunque él lo negó siempre, pero los testigos no le apoyaron.

Por mi parte no os preocupéis estar estoy siempre, lo único es que de vez en cuando hablo conmigo mismo. Y tranquilos que llevo mucho tiempo entrenando para hacer dos cosas a la vez.

¡Estoy!

Caye

…mirando de reojo al cielo.

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Luces y sombras. Sonidos, olores y sabores. El frío de la madrugá. Llantos. Cornetas. Velas. Banderolas y estandartes. Incienso. Arte en las calles. Almendras garrapiñadas. Tapear. De bar en bar. Saetas. El tintineo de medallas y rosarios. Flores. Las calles tomadas por las procesiones. Y, aunque a algunos no nos hagan falta excusas para comer, es la gastronomía de esta semana la que más me gusta de todas las celebraciones que hay a lo largo del año. Todo eso y más es la cultura de mi tierra. Y no puedo saber quién soy, sin recordar de dónde vengo.
Os confieso que no la entendí de una día para otro. Imagino que, como a muchos otros niños, su solemnidad, el silencio, la oscuridad y el luto me imponían tanto que tenía hasta miedo cada vez que veía algún capirote cerca. Ha sido con el tiempo cuando siento esta fiesta como mía y conforme pasan los años me gusta más.
No todo el mundo vale. La devoción tiene que estar presente. Se puede rezar de muchas formas y procesionar es una de ellas. Para algunos es un estilo de vida. Para muchos, su refugio. Cada cual a su manera.
Ver que el costalero se siente…costalero. Antigua tradición que pasa de abuelos a padres y de padres a hijos, ensayo tras ensayo a lo largo del año, para llevar su fe por las calles. Haciendo que el tiempo se pare. Dejando boquiabiertos a más de uno. Miradas atónitas. Trazando instantes sobrecogedores aunque no creas en lo que estás viendo. Y, bajo los faldones del paso, vivencias que para cada uno de ellos se quedan. Fuera, sin embargo, zancada firme pero lenta y al compás, todos a una meciendo la imagen con un andar majestuoso. Unos y otros abrazándose antes de entrar en faena o cuando termina la procesión. Compañerismo, hermandad, humildad. Detalles que les hacen diferentes. Algunos lo trabajan tanto y están tan atentos que, llegado el momento, las figuras parecen moverse solas al ritmo de los tambores. Hay un gran trabajo y esfuerzo. Son muchos kilos y muchas horas. Tienen que llegar hasta el final, aunque sea apretando fuerte los dientes, y…lo consiguen.
El capataz. Ese hombre que se desvive porque todo salga bien. Su trabajo silencioso y siempre oculto. No puede flaquear porque si se equivoca él, se equivocan todos. Sólo él decide no salir o tirar palante y tentar a la suerte. Conociendo perfectamente a sus hombres. Sabiendo incluso, con una mirada, lo que está pasando por cada una de sus cabezas. Él mejor que nadie sabe hasta dónde pueden llegar. Medir los tiempos, igualar a su cuadrilla, que no les venza el sueño, ensayar, calmar los nervios, improvisar, llevar el ritmo…esos y muchos más son los secretos del buen capataz.
A lo lejos el sonido de los tambores marca el paso y, de repente, aparece…el tiempo. El invitado más importante. Ese que, según le venga en gana,se carga de un plumazo meses de ensayos y hace que ninguna cofradía pueda recorrer estación de penitencia alguna. Las procesiones y la lluvia se llevan mal. Mejor dicho, no se llevan. Y esta vez,en forma de trombas y aguacero, el tiempo dijo a los cuatro vientos que venía para amargar la historia al mundo cofrade sin darle más mínima tregua. Ha sido este Abril el mes más lluvioso en el último cuarto de siglo. Toda el agua que no cayó a lo largo de un año se juntó para hacerlo en estas fechas. ¡Dichosa lluvia!
Tristeza. Decepción. Resignación. Impotencia…”Otro año será” es lo que siente un costalero cuando, después de tanto tiempo esperando el momento, el capataz da la orden de no salir. Porque desde el día que entraron a pertenecer a la cofradía saben que es todo un año preparando el acontecimiento más importante en la vida de la Hermandad.
Empieza otra vez la cuenta atrás, sabiendo que el año siguiente esta ahí, que la espera esta vez será más larga y que todo lo malo de este mundo fuera eso.

Todo esto…mirando de reojo al cielo.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Los chungos y las chungas

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La mayoría de veces tengo la sensación que me paso el día escuchando cosas chungas, esa extraña habilidad que tenemos en prestar atención solo a las cosas malas.

 

No te digo con esto que no me lleguen buenas noticias al cabo del día, pero es esa sensación de que lo malo acaba con todo.

 

Todas las semanas desde hace 5 años tengo mi propia manera de medir las cosas chungas que me pasan a lo largo de la semana “Versus” las cosas divertidas y que me dan alegría.

 

Algunos pensareis cual es la razón por la que  le da por escribir todas las semanas.

 

El estar atento, el sentarme delante del ordenador, el sacar mi pequeña libreta llena de anotaciones, el volver la vista atrás, el saber que hay que esperar para escribir ciertas cosas, el escribir desordenadamente para luego al final dale el formato, el enfadarme, el reírme, el poner ojitos, el entristecerme por el recuerdo de los que ya no están y el ilusionarme por los que llegan nuevos.

 

Una conversación, un sentimiento, una mirada, una sonrisa, un desprecio… todo esto y mucho más.

 

Mi lucha semanal por escribir, y la mayoría de veces me voy por lo chungo, esto debe ser como una especie de terapia en la que “escupo” lo que me hace mal para ver si así me curo.

 

Una cosa tengo claro es que mi terapia funciona y por lo visto los protagonistas de lo chungo en la mayoría de veces se dan por aludidos y aludidas.

 

¡Chungos y Chungas que os den!

 

Caye

El espíritu de NotreDame.

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Ardió NotreDame.
El mundo entero conmovido con el incendio de sus vidrieras, sus campanas, sus gárgolas y su jorobado. La Vieja Dama, otro símbolo más de lo mejor que es capaz de hacer el ser humano, se vino abajo.
Ocho siglos convertidos en humo. Casi un milenio de historia trasformado en cenizas. El trabajo de generaciones devorado por las llamas.
Las imágenes que nos llegan son de una crueldad bestial, con el fuego eliminando casi todo en cuestión de segundos.
¿Y ahora qué?
La historia se esfuma. NotreDame, espectáculo de la Humanidad y pausa obligada si vas a París, carbonizada. Se va una parte de Juana de Arco. Y de Napoleón. Se va una parte de todos nosotros. TODOS.
Tras el fuego, la tristeza. Silencio. Dolor. Lágrimas. Se hiere pronto pero se cura tarde.
Hay veces que las cosas no salen como planeas y no nos han enseñado a venir a este mundo y vivir con cicatrices ni con heridas abiertas en el alma.
Hay una diferencia entre herida y cicatriz. No son lo mismo. Hay heridas que se vuelven cicatrices pero otras…no. Otras son daños y marcas no elegidas que nos recuerdan un dolor. Porque, a veces, aunque la herida se cierre el dolor permanece. Algunas no las olvidaremos por la felicidad que llevan consigo mientras otras serán tan dolorosas que jamás podrán curar. Dicen que si una herida está abierta sólo hay que dejar pasar el tiempo para que cierre y dé paso a la cicatriz.
¿Os habéis fijado? Todos llevamos cicatrices escondidas por nuestro cuerpo que el resto no ve. Pero no son el final. Son…una necesaria lección de humildad.
¿Está todo perdido?
NO.
Nuestro trabajo ahora no será olvidarles ni odiarlas. Forman parte de nosotros. Toca aceptarlas y quererlas a nuestro lado para que nos recuerden dónde caímos y en qué fallamos. Los hay que dicen que la belleza de las cicatrices está en que explican parte de nuestra historia. Y es verdad. Hay enseñanzas que llegan así. Con toda la brutalidad.
Cada cicatriz, una historia que recordar. Heridas de guerra que los antiguos guerreros enseñaban con orgullo porque decían que no es bueno olvidar las batallas: “Se pierde una batalla pero no la guerra”.
Es necesario aprender a vivir con cicatrices. Forman parte de este juego. Nos recuerdan, cada día, que el pasado fue verdad. Que somos vulnerables. Que es imposible escapar.

Ellas son la forma que el tiempo utiliza para decirnos que no quiere que olvidemos.

Que el dolor por lo perdido dará paso a la importancia de la resistencia.

Que la angustia dará paso a la paciencia.

Las cicatrices, en cada una de ellas, nos dejarán éstas y otras tantas lecciones. Ese debe ser…el espíritu de NotreDame.

 

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

¡Qué importante!

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¡Qué importante!

Si, si, que importante te crees diciéndonos a los demás que tienes mucho trabajo.

Qué importante eres que tienes la agenda tan llena, que no puede encontrar ni cinco minutos para atender a uno de tus colaboradores.

Qué importante es el reconocimiento que esperas de los jefes, a ver si te sacan de la incertidumbre y puedes respirar tranquil@ pensando que el futuro no te traerá cambios.

Qué importante es tener la información adecuada en el momento indicado.

Lo que no sabes es que lo más importante es la actitud. Pero no solo la de los demás, sino también la tuya. Dicen que menos la hermosura, todo se pega, y tienen razón.

Que importante es tener una actitud positiva, de esa que contagia al resto, la que hace que te enfrentes al nuevo día como si de un reto se tratara, como una oportunidad para hacer las cosas bien y no como si la espada de Damocles pendiera encima de tu cabeza esperando la mínima ocasión para dejarse caer y arrasar con lo que encuentre.

Qué importante es la confianza, en todos los casos bidireccional. Esa que nace del saber escuchar y saber transmitir, lo que viene siendo una buena comunicación que produzca la empatía entre las partes. Esa confianza que marca la diferencia entre los tiranos y los líderes que apoyados por sus equipos son capaces de llegar todo lo lejos que se propongan.

Qué importante es saber trabajar y saber dejar trabajar a los demás. Asumir que nadie es perfecto y que todos cometemos errores, y tú también.

Qué importante es reconocer que somos humanos, que nos equivocamos y que las emociones no son fáciles de gestionar. Somos seres emocionales que fluctuamos como las mareas y que por muchos diques que intentemos construir llega un momento en que nos desbordamos. Pasará el tiempo y las aguas volverán a su cauce, pero el efecto devastador de la corriente dejará sedimentos que no serán fáciles de eliminar.

Qué importante es leer desde la humildad, darle la vuelta a este texto y aplicartelo tú en vez de endosarselo a esa persona en la que estabas pensando.

Reyes

 

 

¡Cuidado! Niños Jugando

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Todo el mundo en máximo estado de alerta, hay varios niños de primero y segundo de primaria JUGANDO.

Son unas niñas y niños raros están jugando al Balonmano, con lo bonito que puede ser otros deportes para niños de esta edad (sarcasmo on), pero no, ellos lo tienen claro desde hace mucho tiempo QUIEREN JUGAR A BALONMANO.

Son SUPER PELIGROSOS para los niños contra los que juegan, ya que ellos son de tercero y cuarto de primaria muchos más altos y mucho más fuertes, en ilusión van todos muy empatados ya que a todos los niños y niñas les gusta jugar.

La verdad es que nunca he visto a un niño o niña quejarse porque están jugando contra niños y niñas más pequeños. Quizá es por esto por lo que son SUPER PELIGROSOS.

Estos niños no en tienden de cosas de mayores, de seguros para jugar en pistas, de seguros que paga su colegio para que puedan competir en una liga local de Balonmano en categoría benjamín siendo Prebenjamines. De si luego pasa algo de quien es la responsabilidad. Todos los que llevamos a nuestros hijos a jugar sabemos que todo esto está cubierto, ya que si no nos quedaríamos en casa todo el día sin salir, no fuese que nos pasase algo.

Pues resulta que estos Niños y Niñas SUPER PELIGROSOS llevan una segunda parte de la liga ganando la mayoría de partidos, disfrutando porque los pases ya salen, se les escapa una sonrisa cuando hacen el robo de un balón, o cuando dan un  salto de alegría buscando a una compañera para chocarle por el gol que han marcado.

Ahora es cuando llega el Grinch de las pistas, la encargada del ayuntamiento, que por una casualidad muy remota está viendo el partido y por algo casi inaudito se está fijando en como estamos ganando el partido gracias a todo el equipo y también gracias a estos niños y niñas SUPER PELIGROSOS DE PRIMERO Y SEGUNDO DE PRIMARIA.

El partido termina, y todo el equipo hace piña alrededor del entrenador y repasan todo lo que han hecho bien. El Grinch de las pistas esta parada en la mesa del árbitro esperando que llegue el entrenador para reclamarle las fichas de los niños y niñas SUPER PELIGROSOS DE PRIMERO Y SEGUNDO DE PRIMARIA.

El resultado en estas categorías es lo de menos, están todos los niños allí para aprender y amar este deporte. Pero en este caso por tener niños y niñas SUPER PELIGROSOS DE PRIMERO Y SEGUNDO DE PRIMARIA levanta un acta y nos hace perder el partido por 10-0.

Querida amiga Grinch, el sábado próximo te quedas en tu casa ya que estos NIÑOS y NIÑAS SUPER PELIGROS DE PRIMERO Y SEGUNDO DE PRIMARIA junto con sus amigos de tercero y cuarto van a seguir jugando al balonmano.

Y deja de hacer el ridículo.

Caye

53

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Sigo reinventándome. (“Working in progress” lo llaman).
He perdonado y me han perdonado. Mucho.
No soy imprescindible. Ni yo ni nadie.
Me considero ignorante pero curiosa.
Lucho por saber decir NO.
La siesta. Ese objeto de deseo.
Amé. He sido amada. Amo. Y soy amada. Lo sé.
Me invaden las canas.
Me gusta la soledad…elegida.
Soy capaz de aprovechar al máximo. Llámame disfrutona.
Poco a poco voy aprendiendo qué es la paciencia.
Sigo sin saber contar chistes.
No esperes nada DE NADIE.
Decepcioné y me decepcionaron.
Me horroriza lo zen.
Decir lo que pienso me ayuda a dormir mejor.
Sigo siendo un auténtico desastre entre fogones.
Nunca es tarde.
Los gilipollas siguen existiendo.
Sigo sin poder con eso de” ¿le puedo ayudar?” cuando sólo estás mirando. Lo siento. Pido perdón.
Leer. Leer. Leer. Asítoelrato.
He tenido miedo y…perdí.
Progreso adecuadamente en eso de escuchar más que hablar.
Necesito trabajar más eso de “hacer borrón y cuenta nueva”.
Freud decía que las coincidencias no existen. Yo creo que sí.
Si me lías es porque te dejo que me líes. AVISO.
Rechacé y…me rechazaron.
El karma existe. Comprobado.
Ya casi no me queda vergüenza.
Sigue sin gustarme el paso del tiempo.
Cada día me cuesta más adelgazar.
…y cada vez como peor.
He reído cuando lo que quería era llorar.
Cometo errores todas las semanas.
Y sí. Las personas vienen y van.
Tengo muchos amigos y… enemigos.
He sufrido.
“Mi peineta”. (Tú ya me entiendes)
Creí a ciegas…y acerté.
Todos tenemos un precio. Yo también.
Sigo teniendo días de “sólo respira”.
Estoy aprendiendo a reflexionar.
Cada día me acuesto más pronto.
No he dejado nunca de soñar.
La justicia y la sinceridad están infravaloradas.
Me he aburrido mucho muchas veces y espero seguir haciéndolo.
El mercado está fatal. Mires por el lado que mires.
“No dejes que te mientan pero…tampoco engañes” (cosas de mamá).
Soy imperfecta. ¡Y no pienso cambiar!
Día que pasa, día que no vuelve.
El RESPETO. Esa palabra tan importante y tan poco practicada.
He sido feliz. Mucho. Y sigo siéndolo.
A los 53…todo sigue siendo maravilloso.

 

Coco.

Historia de la fotografía:  Foto rescatada del baúl de los recuerdos.

Los dorsales de mis hijas me recuerdan que tengo un año más.

Nos sobran los motivos

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Nos sobran los motivos para celebrar.

Ayer cumplimos cinco años y nos sobran los motivos para celebrarlo por todo lo alto.

Llevamos cinco años practicando esto de escribir. A veces historias largas, otras cortas. A veces hablamos de nosotros y otras, de vosotros.

Hablamos de amor, de familia, de trabajo, de amigos y amantes, e incluso de jefes o clientes.

Llevamos cinco años contándote nuestras cosas, y escuchando las tuyas.

Nos ponemos delante de la pantalla, a veces con tiempo, otras (las más) con el reloj acechando. No queremos perdernos nuestra cita semanal, aunque a veces no nos ha quedado más remedio.

Muchas cosas han pasado en estos cinco años, unas muy buenas y otras no tanto, pero los protagonistas de nuestros textos y los de nuestros invitados siguen siendo parte importante de nuestra vida y de nuestro trabajo.

En todo este tiempo hemos aprendido las reglas del juego, a comprometernos con nosotros mismos, a escuchar las canciones sintiéndonos protagonistas, a ser fieles a nosotros mismos, a confiar el uno en el otro, a arriesgarnos, a desenmascarar a los impostores, a vivir el amor como si de una pareidolia se tratara…

Y es que aprender, hemos aprendido mucho. De todos y cada uno de los que habéis pasado por este espacio. De cada post de un invitado, de cada me gusta o cada comentario.

Hace cinco años empezamos siendo tres, y ahora somos casi 3.500. Se dice pronto, tres mil quinientos. Tres mil quinientos bacalaos repartidos por el mundo que nos seguís y nos animáis a seguir con esto. No hace falta que os diga que nunca jamás, pensamos que nuestra audiencia fuera tan numerosa, es más, nunca lo pensamos. Me consta que mis compañeros hacen como yo, escribimos para nosotros. Para desahogarnos, para rebelarnos, para recordarlo. Escribimos como quien escribe un diario de bitácora, para saber que cosas nos pasan a diario y de repente, un día como hoy echar la vista atrás, releer y comprobar todo lo que hemos vivido en este tiempo y cómo hemos sobrevivido a todo ello.

Por todo esto nos sobran los motivos. Nos sobran los motivos para celebrar que cumplimos cinco años y que lo hacemos a tu lado.

¡Feliz cumpleaños, Bacalao!

Reyes

 

P.S.: Y feliz cumpleaños a mi madre, que me estará leyendo. (Papá, enséñaselo)

 

 

 

 

 

 

¿CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA?

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Hoy iba a empezar con una confesión pero he preferido ir directa al grano: No siempre estamos de buen humor. Hay días que no, por mucho que lo intentes.
Entre los motivos que más tenemos a mano podemos alegar que sea por culpa del finde o que sea porque no ha sonado el despertador. O también porque has dormido fatal. ¡Vaya usted a saber! El caso es que tu frase del día será algo así como “¿pero qué mierda es esto?”
También pasa, muy a menudo, que hacemos todo lo que nos han dicho que hagamos y, aun así, el resultado no es el que esperábamos. Y entonces, nos sentiremos fatal y tendremos…otro día mierda. Tener un día de mierda de vez en cuando es lo más normal del mundo, y habrá que vivirlo y sacarle toda la sustancia posible porque el duelo existe y no pasarlo no es una buena solución. Ahora, eso sí, después del duelo…a seguir.
Como soy tonta me consuela mucho saber que no soy la única humana que padece estos cambios de humor. ¡Aquí no se libra nadie! Pero también me consuela saber que hay muchas otras cosas que me pueden salvar el día. Como, por ejemplo, que siempre habrá alguien en algún rincón del planeta que me supere en eso de tener un día de mierda. (O como decía mi abuela: “mal de muchos, consuelo de tontos”).
Mi tía la de Murcia siempre habla de una regla muy simple. Dice que nunca falla: “No pienses demasiado después de la cena. Pensar demasiado al final del día es la receta perfecta para una noche de insomnio. Todo se ve mejor a la luz del día. Haz la prueba. Funciona”. Pues bien…he hecho la prueba al revés. Por algún sitio se empieza ¿o no? Y sí, funciona. Y alegra saber que puedes con eso y con mucho más porque he notado en mis propias carnes que aplicar cierta amnesia a la hora de afrontar los problemas no va a solucionar el problema pero te ayudará a mirarlo con otros ojos. ¿Cuestión de supervivencia? Pues realmente no lo sé. Pero lo que sí tengo clarísimo es que el problema está en los ojos de quien mira.
Así que tú, la/el que está detrás de la pantalla, cuando tengas un día de mierda, y te lo digo por experiencia, lo más aconsejable será que trates de asumir esa condición y de mantener los ojos bien abiertos. Yo, incluso, en ocasiones he llegado a pensar en la meditación…”¿Meditación YO? ¡Calla loca!¡Tú no sirves para eso!” “¿Y si te ríes de ti? ¿Reírme de mi misma? ¡Haz la prueba!» (es mi otro yo la que ha escrito esto último).  Y sí, sinceramente, la sensación de libertad que me ha dado el poder reírme de mi cada vez que lo he necesitado me hace más fuerte. Me libera, me relaja y elimino el estrés. ¡3 en 1! De un tiempo a esta parte, visto lo visto y tal como está el panorama, me he vuelto firme defensora de que hay que practicar más eso de reírte de ti mismo. Porque si te ríes de ti, despistarás a los demás, se reirán contigo y entonces serás invencible. Comprobado.

¡Habéis visto? Cada vez que viene el humor…nos salva.

No tengáis miedo a hacer el ridículo. Hay que saber sacarle punta al lado cómico de nuestro drama. Sólo hay que tener confianza y, si sale mal, pues…otra vez será.

No hay más.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest

El lunes del cambio

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Los lunes siempre son duros, pero algunos más que otros. Sobre todo si durante el fin de semana te han robado una hora.

Conozco gente que odia los lunes por sistema. No se si lo que odian es el día, o su trabajo, o tener que madrugar, pero el caso es que les tienen un odio visceral que les lleva a despotricar todos los lunes por la mañana, con lo que eso conlleva… conversaciones en facebook de gente que les apoya, haters reconvertidos que intentan motivarles para el inicio de la semana y algún que otro palmero que comparte las publicaciones sumándose a la tendencia mañanera. No olvides la etiqueta #Putolunes, o no serás nadie hoy en redes.

Y digo yo, que ya puestos a cambiar la hora, la podrían haber cambiado el lunes por la mañana en vez del sábado por la noche, así en vez de quitarnos una hora de marcha o de sueño en el mejor de los casos, nos hubieran hecho un regalazo! Una hora menos de aguantar al jefe, no se me ocurre nada mejor.

No es que esté en contra del cambio de hora, o si, porque tampoco lo entiendo mucho. Por más que leo del tema y del ahorro energético que supone, me asaltan las dudas… No voy a cuestionar los estudios científicos que lo avalan, pero creo que se les ha olvidado una variable que para mi es sin duda la más importante.  Hablamos de energía, y de ahorro… y si, seguro que las empresas se ahorran un pico, pero ¿ y mi energía? ¿esa quién me la devuelve? ¿dónde está ese ahorro?.

Piénsalo bien, hemos tenido una hora menos para recuperarnos de la resaca, ¿nos han quitado la hora del vermú, de la siesta, o de la merienda? ¡Nos han quitado un capítulo de la serie esa a la que estamos tan enganchados! ¿Eso quién nos lo devuelve?, ayer nos pasamos el día mirando los relojes y pensando si están en la hora de hoy o en la de ayer, con lo que hemos estado perdiendo un tiempo precioso con tanta duda. Y nos pasaremos un par de días así, hasta que consigamos cambiar el reloj del coche y la vida vuelva a la normalidad.

Hay días en los que todo es más difícil, pero el lunes después del cambio de hora de verano, es el campeón de todas las categorías.

Que el dios Chronos nos pille confesaos.

Mi duda

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Siempre he dudado de muchas cosas, de muchos pensamientos y de muchas personas.

Dudo de las verdades absolutas y de las opciones predeterminadas.

Dudo de si mi duda es inseguridad.

Dudo de tus miradas cuando me ves.

Dudo de tus llamadas para aportarme soluciones.

Dudo de tu cara de bueno.

Dudo de tus falsas palabras y también de las buenas.

Dudo de tus elocuentes promesas.

Dudo de tu sequito.

Dudo que dudes, te sueles conformar con poco.

Dudo de ti.

Nunca he sido de evangelizar, ni de verdades absolutas. Así que permíteme dudar que está más que permitido.

Caye

LA GRAN CAGADA

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No estoy orgullosa de haberlo hecho pero sé que en el mundo de las cagadas no estoy sola.
He metido la pata y siento en las tripas cómo una horda de alimañas me recuerdan lo mal que lo he hecho y me ponen la etiqueta de especialista en…lo que sea, menos bonito.
Siempre he sido un culo inquieto ¿Será por eso? ¿Quién sabe? Igual no tengo solución y me quedo así para toda la vida. ¿Os imagináis?
Todo va aparentemente bien hasta que llega un día en el que…¡y la cagas!
De pronto, todo se tuerce. Así sin más. Cosas del directo. Y como no puedes retroceder en el tiempo, es cuando toca improvisar.
A las y los “mariperfectos” (sí, esos qué no saben lo que es cagarla porque se creen seres superiores y están por encima del bien y del mal) os puedo asegurar una cosa que más vale que sepáis ya si es que tenéis la “mala suerte “de que aún no os haya pasado: la vais a cagar. Vais a meter la pata más de una vez a lo largo de vuestra vida. De nada.
A los que ya la han cagado, recordarles eso de que si creen que tienen que llorar, que lloren. Pero sólo hoy. A partir de mañana las lágrimas se meten en un cajón y manos a la obra para “descagarla”. Dicho en lenguaje fino sería algo así como: “encontrar soluciones en tiempo real”. Admitidlo: funciona.
Cuando pase, y creedme porque os va a pasar, no hagáis otra cosa que no sea reconocerlo. No es sencillo, lo sé. Sólo es necesario que sea de verdad. Alguien dijo una vez que si hay algo que te da miedo, eso es exactamente lo que tienes que hacer.
Ser capaz de analizar una “cagada” para sacarle el mejor beneficio posible pide que te apliques a fondo para salir de ese fango en el que te has metido tú solita. Los más grandes suelen ser los más humildes y, sobre todo, con un buen par. Recordarlo. El resto de la humanidad nos creemos invencibles y que no cometemos errores y luego pasa lo que pasa.
Los que sepáis de qué hablo, y no os avergonzáis de ello, estaréis conmigo en que cagarla no siempre es malo. Para mejorar hay que equivocarse y dejar los “es que” a un lado. Justificar los errores siempre ha sido la salida más fácil pero…los errores se pagan. Lo más bonito (de vez en cuando) es cagarla, darte cuenta que la has cagado, limpiar los restos de porquería que queden y darte cuenta de que, una vez asumido, no era para tanto. No será el fin del mundo. La tecnología hará que todo avance y la Tierra seguirá girando.
La verdadera cagada es hacerla, no reaccionar y no ponerle remedio en cuanto puedas. Al fin y al cabo todo bicho viviente la ha cagado alguna vez, todos hemos tonterías…lo que pasa es que luego nos han pasado más cosas y ya no nos acordamos del día de nuestra “gran cagada”.

¿Queréis saber el final de mi “cagada”? Cuando volví a encontrarme con el protagonista de mi cagada me recibió…con una gran sonrisa.

¿Lo bueno de todo esto? Que pasa y se pasa.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest

Todo pasa

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Todo pasa, pero lo importante se queda.

Esta es la conclusión a la que llegamos mi amiga y yo delante de una copa de vino en la barra de un bar (como no podía ser de otra manera). Ella sorprendida de que yo mantuviera el contacto con tantas personas a pesar de las distancias y de los años. Ya le dije que la culpa la tienen las redes sociales. Esas que dicen que nos alejan de los que están cerca para acercarnos a los que están lejos.

Es verdad que las redes en ocasiones son una vía de escape de nuestra inmediata realidad, y nos ofrecen ver las vidas de los demás como si de un Gran Hermano se tratara. Pero no te lleves a engaño, lo que te encuentras en las redes no tiene por que ser verdad, o por que ser lo que ocurre en ese momento, es lo que esa persona quiere expresar, que a veces tiene un doble sentido y otras no.

Estaría bien que existiera una versión de «Maldito Bulo» para poder diferenciar lo que es verdad de las «fake news» de nuestros contactos, pero mientras tanto tendrás que dejar trabajar a la intuición o conseguir que todo te resbale.

Volviendo a la conversación con mi amiga (a la que acabo de recuperar después de estar años desaparecida), hablábamos de la importancia de mantener las amistades, de cuidar las relaciones sean del tipo que sean, pareja, amigos, familia… de que la responsabilidad del cuidado de las relaciones está en los dos extremos de la cuerda. Las relaciones son siempre son mínimo entre dos, y ya sabemos que si uno no quiere, dos no pelean.

Eso si, hay personas que están ahí aunque no las veas, que pasan los años y siguen ahí. Personas con las que en el rato de tomarte un vino, te pones al día aunque haga años que no tenéis una conversación seria. Personas con las que rápidamente pones el contador a cero olvidándote del tiempo que habéis estado distanciadas. Personas como mi amiga, que aunque todo pasa, ella se queda.

Reyes

Dime con quién andas…

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… y te diré quién eres. Es un dicho muy repetido pero no por eso deja de ser cierto. Lo que si que es cierto que muchas veces que nos decían esta frase era para advertirnos de nuestras malas compañías.

No importa mucho lo que pienses, lo que opines, si te caen bien o te caen mal pero nuestro entorno condiciona y forja el carácter.

Quienes nos rodean son parte de nuestra evolución.

No somos los mismos que cuando tuvimos la edad de jugar a las canicas, ni cuando estábamos de Erasmus, ni como padres o madres. Por tanto, nuestros intereses, aspiraciones, y nuestra visión de la vida cambia con el tiempo. Por lo que, es probable que en alguna etapa tengamos que asociarnos fuera de nuestros círculos para lograr lo que buscamos en la vida. Habrá relaciones que perduren y cambien con el tiempo y otras que simplemente se diluyan hasta desaparecer.

Está claro que nos influencian nuestras parejas, nuestros maestros, nuestros compañeros de trabajo, nuestros rivales, pero sobre todo nuestros amigos.

Como decía un famoso gurú “Somos el promedio de las 5 personas con las que más nos relacionamos”

Ante esto qué más puedo decir:

¿Solo cinco y si son veinticinco?

Hay que quedar más.

Caye

De teja y mantilla.

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Siempre cuento que cuando salgo por la puerta cada mañana directa al trabajo “llevo la teja y la mantilla puesta” por lo que pueda pasar. No vaya a ser que me despiste y se me escape algún sarao…o lo que sea. Nunca (o casi nunca) declino la invitación. Al cine, el museo, a cotillear o a tomar un vinito a mitad de semana. Cualquier cosa me viene bien.

Me gusta el cancaneo, salir y pasarlo bien aunque me quite horas de sueño. Me gusta charlar largo y tendido sin estar pendiente del reloj. Me gusta reír a carcajada limpia y me gusta mucho comer (y beber). En resumen…tomar el aire. Y en esta “toma de aire” entra poder desahogarme, hacer planes imposibles, cambiar el mundo de la cabeza a los pies y así liberar mi mente como si de una catarsis se tratara.

El día a día, a veces, agota y… ¿la desconexión pa cuándo? Desconexión porque quiero terminar de leer ese libro que me tiene tan enganchada, desconexión para arrearle a mi pareja un beso bien dado acompañado de arrumacos, desconexión para seguir dándole a los pinceles, desconexión porque tengo tres hijos que crecen demasiado rápido y se me están escapando de las manos, desconexión porque… la necesito.

“La teja y la mantilla” me hacen sentir limpia cuando las uso, curan mi mente y mi alma cuando estoy… ¡harta! Creo que, hoy en día, la hartura es el mal de muchos y esta es la mejor forma que he encontrado de cargar pilas para desafiar el resto de una semana (tras otra) en las que hay que encajar las tareas como si fueran piezas de un puzzle, estirar los minutos para llegar a todo y a todos y, de esa manera, esquivar el diván del psicólogo o la medicación de turno. Aunque siempre he creído que mi madre tenía mucha razón cuando decía que “el psicólogo debería estar incluido en la Seguridad Social” yo, a falta de ese servicio y mientras los políticos se plantean si lo incluyen o no, cambio la terapia por “la teja y la mantilla” como el mejor método de liberación que hay para sacar fuera de mi cualquier emoción negativa. Esas que, gracias a los estudios de psicoanálisis de Freud, sabemos son las culpables de muchos de nuestros arranques de mal humor y depresiones.

“La teja y la mantilla” son mi forma de escapar. Y no hablo de huir. Escapar de ciertas personas (esas que no sabes muy bien por qué pero que no las aguantas), de sitios de esos que te provocan rechazo y algún que otro momento para olvidar. Escapar, para el que no lo sepa, no es de cobardes. Es necesario. Es humano. Y…te hace sentir libre. Libre de poder actuar sin filtros, sin mirar a derecha o a izquierda con miedo a quién te pueda oír o pensando si estás ofendiendo a alguien con tus palabras. Mostrándote realmente como eres y mostrando lo que te gusta sin pensar en si va a tener más o menos aceptación o reconocimiento. Sin soportar a insoportables. Poder hacer lo que me gusta como a mí me gusta y sentirme tranquila. Con conversaciones intensas y sinceras, que en ocasiones pueden acabar peor que un campo de batalla pero que, la mayoría de las veces, hacen estrechar aún más los lazos. Esa sensación difícil de tener en una rutina como la nuestra donde las prioridades son otras. Desde luego para mi es algo que es muy difícil descubrir de otra manera. Necesito, por mi forma de ser, una estabilidad y “la teja y la mantilla”, aunque os parezca de locos, son parte de mi “equilibrio”.

En definitiva, de teja y mantilla…otro mundo es posible.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

«Mil Besos» de RUVEN AFANADOR

Mal de muchos…

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«Mal de muchos, consuelo de tontos», pero qué importante es encontrar a alguien en tu misma situación.

El consuelo de tontos tiene otro nombre mejor y es EMPATÍA. O lo que es lo mismo, la importancia de tener a alguien con quien compartir lo que te pasa.

Ya se que muchas veces lees el Bacalao y dices «eso me pasa a mi» y me lo dices, y me encanta que me lo digas!, porque siento que no soy un bicho raro, ni tú tampoco.

El caso es que siempre es bueno tener alguien con quien compartir…

  • ENFADO porque no puedes «elegir» cole para tu hij@, sino que es el sistema el que lo va a elegir por ti. (Al menos hablando de educación pública y concertada en mi comunidad autónoma, hasta nuevo aviso).
  • INDIGNACIÓN cuando sabes que el novio de una amiga no es trigo limpio, pero no se lo puedes decir a ella o dejareis de ser amigas. (Si, somos así de cobardes que lo hablamos entre nosotr@s pero no se lo decimos).
  • ALEGRÍA, al celebrar junt@s los éxitos. Si triunfa un@, triunfa el equipo, y en determinados casos triunfamos tod@s, así que elevamos la alegría a la máxima potencia!
  • PREOCUPACIÓN por los nuestros. La salud, el dinero, el amor y el trabajo son determinantes, pero la salud de los nuestros y de los que nos rodean es lo primero que nos viene a la cabeza ante cualquier signo de alarma.
  • ESTUPOR cuando confirmas tus sospechas de que las nuevas formas de ligar no van contigo. (Al menos en lo que supone el envío de determinadas fotos que no tengo ni idea de cómo se hacen, ni ganas de averiguarlo).
  • INCONFORMISMO, ante las situaciones diarias. En el trabajo, en la calle, en el mundo, buscamos la igualdad y nuestro inconformismo hará que la logremos.

Ya se que la lista no está completa, pero esa es la idea, que la completes tú. ¿Cuál es para ti el mejor sentimiento compartido?

No, no vale hablar de AMOR, que ese si no se comparte no tiene ningún sentido.

 

Reyes

Serenidad, ilusión y afecto.

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Siempre he confiado en que soy una persona tranquila con la que se puede hablar, no me gusta alterarme, ni ponerme nervioso cuando tengo que defender algo mío, por lo que lucho o por lo que amo.

Soy completamente consciente de que nadie tiene una verdad absoluta y que sí que existen multitud de interpretaciones.

Si hay algo que tienen mis amigos de mi es mi afecto y mi ilusión, así como el tenerme para lo surja.

Nunca he sido de hablar mucho más bien soy de escuchar, pero lo que siempre he detestado es la falsedad, la injusticia y a la gente que no sabe mirar mucho más allá de su ombligo, esos de que piensan que todo el universo gira alrededor de ellos.

No me gusta la gente que por más gritar más razón cree que tiene, tampoco los que buscan los bandos y la confrontación, y mucho menos los que me dan la espalda cuando estoy hablando y salen por puertas cuando no les gusta lo que escuchan.

Al final el tiempo y nuestros actos nos ponen a todos en nuestro sitio.

Como decía la abuela de un amigo: “No confíes en quien habla mal de los demás, si no es leal con sus amigos, contigo tampoco lo será”

Así que esta semana me voy a sentar con un bol de palomitas a disfrutar del espectáculo.

Caye

FOTOS DE FAMILIA

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Hay días en los que, de verdad, la realidad supera la ficción. Y es que eso de que “el sentido común es el menos común de los sentidos” es una verdad como un templo.

Todo podría parecer muy inofensivo hasta que, de pronto un día, descubres que información sobre tu vida, la de tus amigos y sobre todo, de tus hijos (y de los hijos de mis amigos) puede ser recabada por alguien que no conoces e incluso ser utilizada para manipular y engañar. Y, además, también descubres que ese alguien se dedica a utilizarlas perversamente para hacer daño a diestro y siniestro, incluidos menores. Esto es lo que venimos llamando MALA GENTE con mayúsculas. Morralla, gentuza, caterva… (se admiten sugerencias) que sólo persigue un fin de venganza caiga quien caiga, aunque los que caigan también sean niños.

Rabia e impotencia fueron las primeras sensaciones que tuve cuando recibí una llamada para contarme que fotos de familia, de mi gente y de nuestros niños han sido utilizadas sin consentimiento alguno para hacer daño a una tercera persona por unos hechos ocurridos en 2013. El tipo en cuestión quiso aplicar “su justicia” en lugar de dejar que la justicia actuase. ¿Desesperación? ¿Venganza?

Circula por ahí la falsa creencia de que todo lo que publicas en tus perfiles de las redes sociales puede ser utilizado por cualquiera. ¡FALSO! El derecho a la imagen es un derecho exclusivo de cada uno de nosotros y el hecho de que subas fotos a una web, a una red social o a lo que sea no implica más que dar permiso a contemplarlas… ¡Y PUNTO!

Dicho esto, mi perfil es mío y las reglas las pongo yo. Y si me da la gana y te dejo ver mis fotos en las redes, eso no te da permiso para que las uses en contra de terceros puesto que sólo tiene efectos dentro de esa red social y no fuera de ella. Puedo publicar lo que me salga de las narices y si copias mis imágenes podré demandarte. Y no sólo yo sino también los que salen en esas fotos y los padres de los menores…así que ¡vete preparando la cartera!

Saber que si alguien no atiende a la ley ésta está de mi parte, me tranquiliza y mucho. Después de todo, consuela eso de que la ley no ampara a las alimañas en ese abuso y en esa maldad manifiesta al recurrir a datos personales de terceros ajenos al caso y, lo más grave, terceros menores a los que les amparan unos derechos fundamentales dotados de una especial protección.

 

Esta es la cara oculta de las redes sociales. Y…me rebelo.

Me rebelo porque me gustan mucho las redes sociales. Me parecen un gran invento. Y no. No es de recibo atacarlas, demonizarlas y hacerlas culpables de todo.

Y es precisamente por eso que no pienso dejar de usarlas. ¡Muy al contrario!

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

Corrazón

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No, no me he confundido, he escrito «Corrazón». Una palabra inventada que la RAE debería añadir en su próxima revisión.

El Corrazón, o la corrazón, llámalo como quieras, es ese que nos ayuda a tomar decisiones, o nos nubla para que no lo hagamos. ¿Razón o corazón? ¿Quién manda? o mejor dicho, ¿a cuál de los dos le dejamos mandar?

Corazón + Razón. Es de las combinaciones más difíciles, de esas que piensas que no van a tener éxito nunca, como lo de combinar el rojo con el rosa, que luego llega Valentino y lo convierte en un must. Pues eso, que de lo más difícil, creas algo que te va a garantizar que vas a marcar la diferencia y vas a tomar una de las mejores decisiones de tu vida.

La pregunta es, ¿Cual es la fórmula del éxito? ¿un 50/50, un 20/80 o un 80/20? Eso ya te toca responderlo a ti. Cada cual se basará en su experiencia y en lo que le haya funcionado antes. Hay tantas combinaciones posibles como outfits en tu armario.

La diferencia puede ser mínima entre lo que piensas/sientes hoy y lo que pienses/sentirás mañana, dependerá de lo que te haya contado tu almohada y de lo que te haya dicho tu Pepito Grillo.

A la hora de sentir, somos capaces de dejar el corazón libre, dormir la mente y soñar lo maravilloso que sería el mundo que nos rodea si buscáramos siempre la felicidad, la nuestra y la de los que nos rodean. El problema es que cada mente tiene un concepto distinto de felicidad y lo que es bueno para ti no tiene por que serlo para la persona que tienes al lado.

Yo suelo dejar que sea la mente fría y calculadora la que tome las decisiones importantes, pero reconozco que si el corazón está en plena ebullición va a ser muy difícil conseguirlo. Otra cosa es que el corazón esté de vacaciones y entonces la mente será la ganadora de la batalla al no encontrar rival. Lo difícil será que la mente esté de vacaciones, esa no se toma vacaciones nunca! (al menos en mi caso).

Siente, piensa, experimenta. Rumia tus decisiones todo lo que necesites, ¡pero actúa!.

Confía en la Corrazón y échale la culpa las veces que haga falta. Las consecuencias vendrán con el tiempo y entonces ya nos ocuparemos de ellas.

Reyes

 

 

Iguales

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¿Sabes ese momento en el que vas a abrir la boca y vas a ofender a alguien?

Pues si esa es la sensación cada vez en la que oigo  8 de Marzo, a mi es que cada vez más me estalla la cabeza cuando escucho a ciertas personas hablando del feminismo.

Y yo me pregunto:

¿Son todas las mujeres feministas?

¿Son todos los hombres machistas?

¿Hay alguien que piense que todas las mujeres no quieren la igualdad?

¿Si no soy feminista soy machista?

¿Soy machista?

¿Puedo ser feminista?

¿El feminismo nos enfrenta?

¿El feminismo nos une?

¿El feminismo es decirme que no soy feminista?

¿El feminismo es una huelga?

¿El feminismo es una cuota?

¿El feminismo es un color?

En serio, NO me gusta el enfrentamiento, y menos aún que nos enfrenten y esa es mi sensación, la de los bandos, la de si no vas conmigo vas contra mí y por eso no paso.

Las mujeres al igual que los hombre somos el futuro, no entiendo el tratar a nadie como si fuera diferente, sí que creo en la igualdad y en la necesidad de visualización de ciertas causas, en la protesta y en la huelga pero en serio, no vengas a contarme que el feminismo es una obligación ya que lo que necesito son argumentos y coherencia en lo que dices y en lo que haces, y seguramente en ese momento hablemos de parecido, semejanza, identidad, afinidad, vinculación, conexión, similitud, equilibrio y es aquí cuando empezaremos un poquito más a entendernos.

Si pudieras ver a través de mis ojos no verías tantas diferencias.

Caye

 

 

¡Es lo mejor que os puede pasar!

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¡Ay queridas amigas cuarentonas! ¡Bienvenidas! ¡Engordar el club de las «onas» es lo mejor que os puede pasar!

A “las mayores” (las cincuentonas) nos discriminan por muchas cosas: que si una arruga por aquí, que si una lorza por allá…¡No os dejéis llevar por esas estupideces! Pase lo que pase, pensad que podría ser peor.

No os traguéis el rollo ese de que el sufrimiento nos hace más fuertes. Ni malgastéis vuestro tiempo con esos miedos que nos han hecho creer desde pequeñas. Mensajes diarios sobre lo necesario que es luchar contra corriente, trabajar duro…todo eso son un arma de doble filo porque, sencillamente, agotan. Nos ponen en estado de alerta constante y con el hacha de guerra levantada de lunes a domingo, 24 horas al día. ¡NO! ¡Por ahí no paso!

Ahora más que nunca ha llegado la hora de que sigáis demostrando a diestro y siniestro que nada puede con vosotras. Y, aunque la cosa va cambiando, aún queda camino por recorrer. Ni mucho ni poco. Queda y punto.

Seguirá habiendo días, como ahora, en los que puedes con todo y habrá días que no. La realidad se impone. (Y no estoy descubriendo algo nuevo). En esos “días” acordaos del «¡ríndete!», SÓLO si véis que es necesario, pero no obedezcáis porque sí. Equivocaros. Llevad la contraria. Que no os toquen las narices. Y si tenéis que decir “no sé»…¡adelante! ¡decidlo! Dejad de creer en vosotras (SÓLO si hace falta). Dudad. No os escondáis. Buscad detrás de las cortinas. Id a dar una vuelta. O al teatro. Silbad. Y, cómo no, poneos guapas…sólo para vosotras. Cuidad vuestra salud y vuestro amor propio. Admitid vuestra ignorancia y no le déis la espalda a lo que de verdad importa. Coged aire, etc. etc. etc. (Os contaré un cotilleo: dicen que si dices lo que piensas duermes mejor por la noche). Estos trucos son cosillas pequeñas que hacen la diferencia. Unos mecanismos muy buenos para “ajustar la maquinaria” y… seguir. Vale la pena hacerlo. Sólo hay que ponerse.

Procurad seguir sin prestarle atención a aquellos que viven en la queja continua. Esa panda de flojos no se dan cuenta que debemos luchar día tras día. Y tampoco se han dado cuenta aún que estamos de paso, que el tiempo que tenemos es muy poco y que quedan muchas cosas por hacer. Como mucho soportadles…si no podéis hacer otra cosa.

Vosotras seguid así, pegaditas a esa gente que os hacen sentir bien y que os gusta tanto. Y al resto… ¡que le vayan dando! ¡No pasa nada! Al fin y al cabo se trata de encontrarte bien. Ya sabéis a estas alturas de la película que todos tenemos nuestros caprichos, que hay personal que es puro vicio y que el que es tonto lo será hasta que se muera.

Porque como dijo una vez Gabriel García Márquez: “La vida no es lo que uno vivió. Es lo que uno vivió y cómo lo recuerda”.

 

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest

En esa edad

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Estoy en esa edad en la que una llamada telefónica igual puede traducirse en un «baby shower» que en una visita al tanatorio.

Estoy en esa edad en la que empiezas a ser consciente de que todo te puede pasar a ti. O a los que te acompañan cada día.

Ya se que no es lo habitual, que la vida nos trata muy bien y que pasada una edad, lo de tener hijos no entra en los planes, pero lo de irse para siempre, tampoco.

Son muchas las personas a mi alrededor sufriendo dolorosas perdidas últimamente, y alguna me ha tocado más cerca que otras, pero todas me han hecho pensar.

En esta edad, puede ser que te de tiempo a despedirte y puede ser que no. Es posible que los que te rodean sean conscientes de lo que está por venir, pero también puede ser que la fatídica noticia de tu marcha les pille totalmente de improviso, y eso va a ser más difícil de gestionar.

Nunca sabremos cual es la mejor forma de irse, principalmente porque no querríamos irnos nunca, pero irremediablemente algún día llegará. No queremos pensarlo, pero estaría bien que dejáramos dicho o escrito lo que queremos que pase llegado el momento.

Yo por mi parte ya he repartido la ropa de mi armario y espero un funeral festivo, en el que si alguien tiene alguna pena, la pueda ahogar en alcohol (un buen vino jumillano sería la mejor opción).

Me consta que recordamos a las personas por lo que nos han hecho sentir, así que párate a pensar en cómo quieres ser recordado y actúa en consecuencia. Ten en cuenta que luego no podrás volver para dar explicaciones. Estás en edad en la que tus decisiones marcan tu día a día y no hay segundas oportunidades.

Solo me queda recordarte una cosa más: ¡VIVE! Vive intensamente, disfruta cada día, dale a cada cosa la importancia que merece y comparte tu tiempo con esas personas a las que seguro echarás de menos cuando no estén. Deja la rutina y la desidia a un lado y haz que cada día sea especial.

Carpe Diem, Bacalao.

Reyes

 

El plan

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Suelo pensar mucho las cosas no porque quiera dar una vuelta más a lo que me ocupa más bien es una cuestión de tener todas las opciones pensadas y repensadas.

Desde pequeño me enseñaron a tener un plan B por si el A no funcionaba y un C por si todo se iba al garete.

Seguramente es por esto de que me piense ciertas cosas hasta tres veces.

Semana de reuniones, de entregar proyectos, de cerrar cosas que me ilusionan, de escuchar y apoyar a gente que me importa.

Y en todos los casos surgía la misma pregunta y ¿ahora qué?

Mucha gente cuando llega a la meta de un proyecto o se les plantea un problema tienen una pequeña crisis.

Yo no es que tenga un varita mágica o me guste dar lecciones a los que me rodean, os aseguro que no soy el mas adecuado, pero…

Menos quedarnos quietos lo que queráis.

Tener un plan siempre y tranquilo que si me ves pensar mucho es que le estoy dando vueltas para tener siempre tres opciones, ya que para mí eso es lo normal.

Lo siento soy así.

Caye

Haberlos…haylos.

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Don Draper, Picasso, Madonna, Cristiano Ronaldo, Lady Gaga, Pedro Sanchez, Donald Trump, Karl Lagerfeld… ¡la lista es interminable!

En la última semana, por diferentes razones, he hablado mucho de varios de estos tipos.

Siempre protagonistas de “lo que sea”, cada uno tiene una filosofía muy particular pero, si os fijáis bien, viven bajo varios denominadores comunes.

Piel de rinoceronte. Rostro impenetrable. Herméticos. Sin sentimientos. Aplomo. No saben lo que es la debilidad. Con la mirada clavada al frente. Ego insaciable. Son de esos que pasan el día mirándose al espejo. De carácter gélido, con los nervios de acero y no suelen perder la calma. Parece que nunca se manchan las manos. ¿O no? Es más… ¡los hay que nunca sudan!

Competitivos, astutos, insatisfechos, altivos, caprichosos, vanidosos, viperinos, irrespetuosos…perversos hasta cuando se ponen graciosos. Calculadores, no amenazan ni ruegan y buscan el éxito a cualquier precio. Juegan a todo o nada. No aceptan un “NO”. Y, por supuesto, ellos tienen siempre la última palabra.

Algunos, como Draper y Sanchez, lucen la “sonrisa perfecta” aunque en la mayoría de las ocasiones esas sonrisas les delatan porque, en realidad, sólo forman parte del decorado. ¡Almas de cántaro, no os creáis que van dirigidas a vosotros! Son sonrisas que no salen de la boca. Son sonrisas…perfectamente estudiadas para la ocasión.

Otros como Lady Gaga, Trump o Lagerfeld, declarados enemigos de lo políticamente correcto, lucen esa expresión agria mitad asco mitad desprecio con cierto toque maquiavélico mejor que nadie. Hablan intimidando, con cara de aburrimiento o de mala gana y con un verbo tan ligero que a algunos de ellos ser un bocazas les ha salido gratis…de momento.

En el fondo, y queriendo ser buena con ellos para no irme al infierno, creo que practican el narcisismo como vía de escape de lo normal y corriente. Lo vulgar (que es casi todo lo que les rodea…menos ellos) les espanta. Quieren ser auténticos mitos. Desprecian todo lo que venga de antes por el simple hecho de no haber sido los primeros en descubrirlo.

Detrás de tanta prepotencia, los que saben de esto, dicen que hay una enorme inseguridad. Infancias marcadas a fuego. Que necesitan ser amados, admirados o temidos. Que su instinto depredador les sirve para poder cuidar su amor propio. Que en realidad son perfeccionistas pero autoindulgentes. Que son cínicos pero sinceros aunque, eso sí, siempre rodeados de polémica.

También los hay que son lobos con piel de cordero. En este grupo meto a los que no son famosos. Me refiero a un posible vecino de la escalera o a un compañero de trabajo cualquiera. Porque haberlos…haylos. O como decía mi madre: “de todo hay en la viña del Señor”.

Expertos en (casi) todo menos en practicar la humildad, su actitud tampoco es que favorezca mucho la cosa porque la clave no es lo que hacen, sino cómo lo hacen. El problema de toda esta gente no es su egoísmo desmedido, sino la forma en que lo cultivan. Son difíciles de satisfacer. Lo saben y lo cultivan. Y no me negaréis que para esto hay que tener arte… ¡ellos sí son los auténticos reyes del postureo!

¿Pero sabéis cómo acabó el griego Narciso, ese joven al que todos admiraban por su belleza? Pues tanto fue a mirarse en el reflejo del lago que acabó tirándose al agua y…se ahogó.

Fuera bromas, he comprobado más de una vez lo incómoda que me siento con ellos y es una sensación que no me gusta nada. Incluso he tenido la impresión de que soy idiota. Otras veces me reafirmo en que verdaderamente soy idiota. Y una de mis mayores idioteces es que creo que entender a este tipo de personajes equivale a varios másteres y doctorados en psiquiatría y yo ya estoy mayor para volver a hacer estudios de postgrado. A la vez reconozco, que conforme pasa el tiempo, tengo menos paciencia (que nunca fue mucha, todo hay que decirlo) con esta clase de gente. En ocasiones mi idiotez me lleva a consolarme pensando que hasta Judas les tendría envidia.

La buena noticia de este post (siempre la hay) es que no me van a desgastar porque no pienso entran en su juego. Reconoceré sus méritos (cuando los haya) pero jamás les adularé. Aunque si es necesario les provocaré e incluso me burlaré de sus burlas para que vean que yo también sé pasármelo bien así.

 

Ahí lo dejo.

 

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

Conciliaque?

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Conciliaque?

Conciliación: Dícese de la utopia más grande de la vida de las personas.

Esa es mi definición, pero vamos a buscar la oficial a ver si nos aporta algo…

Buscamos en el DRAE y Voilà!

conciliar2

 Del lat. conciliāre. c. anunciar.

1. tr. Poner de acuerdo a dos o más personas o cosas.

2. tr. Hacer compatibles dos o más cosasConciliar la vida laboral y la vida familiar.

3. tr. Granjear un ánimo o un sentimiento determinadosU. m. c. prnl.

 

Ahora viene el segundo problema, ¿con cual de las acepciones nos quedamos?.

 

1.Poner de acuerdo a dos o más personas o cosas. Vale, esta es fácil, podemos poner de acuerdo a una pareja, pero ¿a un jefe con sus empleados? Eso ya no es tan fácil. El jefe/la jefa tendrá unas necesidades y un punto de vista que no va a coincidir con el de los empleados. Tan fácil como escuché una vez: «Cuando entráis por la puerta dejáis de ser madres y sois trabajadoras». Usted perdone, si, pero no. Sigo siendo madre si me llaman del colegio porque mi hijo está enfermo, o se ha caído, o vaya usted a saber. Pero es que también soy hija, y mis padres tienen una edad en la que los médicos son sus personas de confianza, y si a eso le añades que mi pareja hace kilómetros todos los días, pues olvídese usted de que mi teléfono móvil esté en el cajón. Puedo tenerlo sin sonido, eso si, no hace falta molestar a nadie con las notificaciones, pero si me llaman de un numero de teléfono que no conozco o es uno de los míos, tengo que contestar, por si acaso.

 

2. Hacer compatibles dos o más cosas. Conciliar la vida laboral y la vida familiar. Esta es fácil. Madre= reducción de jornada. ¡Que afortunada! Mismo trabajo en menos horas por menos sueldo. Bueno, no te quejes que está fenomenal, sales a tiempo de ir a por los niños al cole y los disfrutas lo que resta de día. A no ser, que a alguien se le ocurra poner una reunión fuera de tu horario reducido. O que se organice un acto formal pongamos a las 20h (o incluso más tarde). Si, vale, es mi decisión, puedo no ir, pero atente a las consecuencias. Una que pierdes visibilidad y otra que pasas a ser «trabajadora de segunda» porque aunque curras como la que más, no das la cara y así nadie va a saber el trabajo que has hecho. De lo de trabajar los fines de semana mejor ni hablamos.

 

3. Granjear un ánimo o un sentimiento determinados. En esas estoy. En conseguir que mi mente y mi corazón digan lo mismo. En no sentirme culpable si dejo a mi hijo con sus abuelos para acudir a un acto o a una reunión, ni sentir que le debo algo a mi trabajo si me voy antes porque mi hijo está enfermo y tengo que llevarlo al pediatra o quedarme con él para cuidarlo.

 

¿Conclusiones? solo una, que la llevo leyendo tiempo en redes sociales. «Queremos que las mujeres trabajen como si no tuvieran hijos y que cuiden a sus hijos como si no trabajaran»

 

Reyes

 

 

 

Te tengo abandonado

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Si, te abandone hace tiempo por aburrimiento, por trabajo, porque formabas parte de mi día a día y me ocupas/te dedico mucho tiempo en el trabajo.

Pudiste conmigo,… no creo.

Tendremos otra oportunidad de volver a ser  lo que éramos,… seguro.

Te conozco muy bien mucho mas de lo que te piensas, conozco tus virtudes y tus defectos.

Yo puedo poner todo de mi parte pero tu ¿Qué me das?

Ya sabes que no era una cuestión de celos o de cuernos, más bien es que se acabó.

Hoy estoy dispuesto a darte otra oportunidad, no es que te perdone, tampoco sé muy bien si tengo que hacerlo, la cuestión es que hoy te digo que sí.

Será quizá porque al abandonarte le he fallado a gente que quiero y eso no me gusta.

Por eso he decidido volver a quererte fuera del trabajo y reconciliarme contigo que te tengo abandonado, te lo debo, me lo debo pero sobretodo se lo debo.

Vamos a llevarnos bien Facebook.

Caye

VOSOTROS

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Vaya por delante que os agradezco enormemente a tod@s cada vez que me felicitáis por los post.
Dicho esto, lamento deciros que estáis equivocadísimos si creéis que he sido tocada por la varita mágica de Harry Potter o tengo un don especial.
No soy escritora y no lo seré nunca. ¡Ojo! y que quede claro que no será por falta de ganas, pero de escribir lo primero que me pasa por la cabeza a ser escritora hay un abismo. En resumen, me queda un camino muy largo por recorrer.
Cada vez que se acerca el día que tengo que publicar, me invade un cosquilleo cargado de miedo y una responsabilidad difícil de explicar. No es desagradable pero tampoco es que me entusiasme. Algo retumba en mi cabeza repitiendo una y otra vez “a ver ahora con qué sales”.
En ocasiones también me pasa que a veces no quiero y otras veces no puedo.
Esos días me siento delante de la pantalla y una hora más tarde cierro el ordenador sin haber tocado una sola tecla.
De media tardo un par de horas en darle forma. Eso sin contar cuando no tengo la más mínima idea de qué hablar. Entonces la cosa se puede alargar incluso días. ¿Que de dónde saco el tiempo? Robo horas al sueño, a mis aficiones…siempre hay tiempo. Hay tiempo para todo.
Cuando me pregunto si vale la pena esto, la respuesta es siempre un SÍ rotundo. Sí porque centrifugo mi cabeza sin necesidad de ir al psicoanalista. Sí porque siempre recibo muestras de cariño y, en los tiempos que corren, recibir cariño es una práctica en extinción. Sí porque siempre hay alguien que se da por aludido o conoce a otro alguien que está pasando por ahí. Sí porque cada vez que termino un post me siento mejor. Sí porque…el camino se hace andando.
Cuando tengo el día jotero me siento mal y entonces pienso que a nadie le interesa lo que hago, que lo mejor es dejar esta chaladura. A veces estoy convencida de que he decepcionado a más de un@ con mis reflexiones y…me siento mal. Si el día jotero va a más me pregunto sin cesar:“¿quién te crees que eres?”. O no puedo dejar de pensar que lo que escribo es una mierda y que quien me lee es porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Que cada vez que escribo…hago el ridículo.
¿Os suena? Seguro. Todos tenemos días joteros en los que estamos especialmente bordes con nosotros mismos.
Cada vez que me pongo delante del teclado vuelve la inseguridad. Me paralizo y ni las ideas vienen a saludarme. Es como si se hubieran ido de marcha y no saben el camino de vuelta. Pero, después de un buen rato de bloqueo, poco a poco empiezo a ver la luz y me doy cuenta que no es tan grave como imaginaba. Es en ese momento cuando vienen a mi cabeza todas y cada una de las personas que me habéis felicitado, las que me han contado sus anécdotas, esas personas que me hacen ver la vida a través de sus ojos…VOSOTROS.
He ahí la clave. Sois vosotros los que me empujáis cada semana y, si en alguna ocasión me he caído, siempre he sentido alguna mano ayudándome a levantar de nuevo. Y, lo único que tengo claro, es que por pocos que seáis los que os tomáis la molestia de perder unos minutos conmigo y mis chorradas…lo seguiré intentando.

P.D.: A lo mejor me equivoco, porque ese tipo de cosas suelen pasar pero esperaré a que…tú me lo cuentes.

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

…de charlatanes y pitopaúsicos.

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¿Cuando dejaste de ser “la buena”?
Tus actuaciones fueron siempre brillantes…hasta hoy. Te han perdonado hasta lo imperdonable. Hasta eso que juró no perdonarte jamás.
Lo tenías todo y, aun así, siempre creíste que te faltaba más. Nos pasamos la vida queriendo eso que no tenemos y despreciando lo que hay a nuestro lado. Y tú necesitabas seguir “manteniendo el listón alto”, buscando el reconocimiento a cualquier precio. ¿El listón era alimentar tu ego con el sexo contrario?
Lamento decirte que has vuelto a hacerlo mal. ¿Acomplejada tal vez? ¿O intoxicada? Siempre pensé que eras más fuerte. Que tu alma no caería en ese tipo de debilidades, digamos, “mediocres”.
Siempre te gustó (demasiado) simplificar. Te has creído que las calles están llenas de amigos de esos que (según tú) nunca vienen mal porque nunca sabemos para qué les vamos a necesitar. ¡Pobre desgraciada! No has aprendido nada. Hay demasiado charlatán suelto por ahí. Y algún pitopaúsico que otro mirándose el ombligo o el…
Tú, como gran parte de la raza humana (imbécil por naturaleza), aún no te has dado cuenta que cada arruga de su cara es momentos vividos junto a ti y que la flacidez ha hecho acto de presencia para decirte lo bien que lo han pasado juntos tu cuerpo y el suyo. Muy al contrario, rechazas el paso del tiempo como si del demonio se tratara y no te das cuenta que ese tiempo ha construido tu vida…y la de los tuyos.
Reflexiona. Es lo único que te queda llegado a este punto.
Debes recordar que nada se detiene. Que la vida sigue su curso sin inmutarse. Pero no. Tú, como eres incapaz de aceptarlo, buscas cómplices en el sexo opuesto que te regalen una caída de parpados o una sonrisa lasciva. Te conformas con algo grotesco que apenas dura…un rato. Buscas dónde perderte para encontrarte, pagando un precio muy alto por tener “magia” barata. ¿Para qué? ¿Para huir de la “bendita rutina”?
¿Qué de malo tienen ciertas rutinas? Hay que “ganarse el pan” todos los días porque siempre se puede hacer algo que no sea lo de siempre. ¡Aunque haya días que no puedas ni darle a los pedales!
Si piensas un poco te darás cuenta que lo has hecho mal. Rematadamente mal. Seguramente el problema eres tú y tu inconformismo de medio pelo. Dejaste que el amor y la pasión dieran paso al cariño y al compañerismo y te dedicaste a preocuparte más por la vida de los de fuera que de los que tenías bajo tu mismo techo.
Acepta que te has equivocado.
Soy capaz de entender muchas cosas, pero otras no. Y también soy capaz de ponerme en la piel de otros…pero no siempre. Épocas complicadas las tenemos todos y, según nos pille, hay veces que cuesta mucho tirar de la cuerda. Pero de ahí a…

Yo, cuando tengo esos «brotes» de debilidad, sé que ha llegado el momento perfecto para hacer balance sobre las cosas que me hacen feliz. Y ahí es es cuando veo que nada es como antes y nunca lo será.Y que, a veces, la solución es no hacer nada. Sólo dejar que el tiempo vaya corriendo.
Reflexiona o será tarde. Porque, por si no lo sabes, hay vida después de ti.
Arrepiéntete…si sabes lo que significa esa palabra. Y, por lo menos, pídele disculpas. Haz que mire atrás y sólo vea buenos recuerdos. Todo suma. Todo influye. Sabrás que todo va volviendo a la normalidad por esos pequeños gestos que tanto te gustaban de él.

Te deseo lo mejor.
¡Miserable!

P.D.: ¡y qué a gusto me he quedado!

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

De obligado conocimiento

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Hay cosas en el trabajo que damos por sabidas y hacemos comentarios al respecto sin saber que lo que para unos es el Padre Nuestro, a otros les suena a chino.

Para todos aquellos que me escuchan a diario (o me leen), allá va la lista de imprescindibles para entenderme mejor.

1. Podemos odiar y querer a un jefe a partes iguales. Miranda Priestly es la viva imagen de todo lo que odiamos de un jefe, pero se hace querer. Si no has visto/leído «El Diablo se viste de Prada» estás tardando.

2. El «arma» más valiosa es la intuición, o la capacidad de hacer conexiones mentales. Véase «Armas de mujer» y adórese al personaje que interpreta Melanie Griffith sobre todas las cosas. (recuerda que los eventos son un lugar estupendo para hacer negocios, o al menos para conocer a la gente con la que hacerlos.)

3. Los jefes que cuidan a su equipo, los tienen para lo que necesiten. No es necesario montar las fiestas de Jordan Belfort en «El lobo de Wall Street», pero un poquito de manga ancha, no viene nada mal.

4. Tu realidad no tiene por que ser la realidad de los que te rodean. «Up in the air» te muestra la maravillosa vida de un súper ejecutivo, tu decides si la quieres para ti, o no.

5. Ni la experiencia lo es todo, ni la juventud tampoco.  «El Becario» a veces sabe más que el jefe, y al revés.

6. Los equipazos deben estar compuestos por expertos en materias distintas que asuman que su cometido tiene la misma importancia que la de los demás y que todos son imprescindibles. Tener un jefe como Danny Ocean ayuda, en cualquiera de sus versiones. («Ocean´eleven», twelve o lo que haga falta)

7. La capacidad de liderar te la otorgan tus compañeros, y la confianza en equipo atrae los éxitos y previene a los adversarios. Cuando se te olvide, pon el video de la Haka de «Invictus».

8. Vive el momento y aprovéchalo por lo que pueda pasar. Si puedes formar parte de un club secreto, mejor, pero que sea como  «El club de los poetas muertos».

9 y 10. Los títulos no hacen a los profesionales y con trabajo y dedicación, las adversidades se superan. A veces los métodos que te parecen más extraños son los que mejores resultados obtienen. Si, hablar con bolas de madera dentro de la boca te puede ayudar a entonar mejor «El discurso del Rey» o hacerte pasar por una auténtica dama «My Fair Lady».

Si ves estas diez pelis, seguro que me entiendes un poco mejor. Aunque la mayoría sean viejunas, no dejes de darles una oportunidad.

Reyes

P.S.: Si encuentras la sudadera que ha hecho zara con la imagen de Miranda, comprámela, please! que se ha agotado online y estoy sufriendo!

Una personita

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Hoy una personita me ha hecho estas tres preguntas y la verdad es que me ha hecho pensar…

¿Con cuantas personas hablas a lo largo de la semana?

Muchas, al menos para mí, hay días que acabo fastidiado de la voz, y eso que soy de los de más de escuchar que de hablar. Bendito whatsapp para estas situaciones, no soy de notas de voz pero si de escribir y contar muchas cosas que antes hacía por mail, desde que lo tengo en mi pantalla del ordenador es adictivo. Así contando por encima habré hablado con unas 150 personas distintas y eso que no ha sido una semana de muchas reuniones. ¿Quizá necesite hablar menos?

¿Estás la mayoría de tu tiempo solo o en compañía?

En compañía, cuando estoy trabajado tengo gente a mi alrededor aunque también busco mis momentos de soledad para buscar mi inspiración, me gusta quedarme solo disfrutar del silencio, pensar en soledad, vaciar me cabeza en la tranquilidad de mis momento solitarios. Para mi es una necesidad el disfrutar de estos momentos. Quizá porque el resto del día es todo bullicio, teléfono, risas, deberes, balonmano, karate, patinaje, inglés, parada de autobús, no me gusta la comida del cole, quiero jugar al fornite, dame un beso apretao, un abrazo de más de cinco segundos, ufff y lo que nos queda.

¿Cuándo ha sido el último fin de semana que no has tenido un “Sarao” montado?

No lo recuerdo, vivo con la sensación de que tiene que llegar Navidad para ver a cierta gente a la que quiero mucho, y eso no me gusta, los fines de semana siempre hay algo, y vamos posponiendo hasta que como ya os he dicho llega la navidad, igual es adelantar las cenas y comida de navidad y empezar a agendar para mitad de julio.

Ella se ha ido contenta con mis respuestas pero a mí me ha dejado como pensando en muchas cosas, creo que voy a volver a quedar con ella antes de Navidad.

Caye

NI TÚ. NI NADIE.

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¿De verdad eres feliz?

¿Estás segura?

¡A mi no me engañas!
¿Sabes lo que veo yo? Veo que vas todo el día con el freno puesto. Siempre en guardia. Con el hacha de guerra levantada. ¡Viviendo en un eterno ataque de ansiedad!
¿Sabes lo que creo yo? Creo que tu cabeza te está amargando la vida. Te ves (y te gusta verte) como la víctima eterna. Te lo tomas todo demasiado en serio. ¡Un poquito de humor al día, por favor!
Si quieres descubrir quién es tu enemigo, solo tienes que mirarte al espejo. En este mundo nuestro todos somos culpables de algo. Y tú eres la única culpable de tu infelicidad. No responsabilices a los demás de ella. Y, cuando discutas con alguien, recuerda que no se trata de ganar o perder. Se trata de llegar a un acuerdo. Nadie gana odiando. Reflexiona y mira al frente.
Alardeas de no tener redes sociales porque, dices, no te importa ver la vida de los demás pero…¡Deja de cotillear! No prejuzgues. Ni juzgues. Creo que recuerdas a los demás con demasiada facilidad los fallos que cometieron y te olvidas, con mucha más facilidad, que tú también los tienes. Que los has tenido. Y que los tendrás.
Deja de pensar en el pasado y que nunca te importe lo que los demás piensen de ti. ¡No tengas miedo a la vida! Es muy normal que no quieras volver a sufrir. ¡Yo tampoco!
A veces me recuerdas a esas personas que han hecho de la queja la razón de su vida. Incluso creo, y perdóname por esto, que te inventas problemas donde no los hay. Le das demasiadas vueltas a las cosas. ¿De verdad te crees que la gente va haciéndote daño deliberadamente?La vida es demasiado corta para gastarla odiando. ¡Avanza criatura! ¡No te quedes atascada!
¿Sabes que hay personas con el corazón lleno de basura? ¿Y que mientras más basura acumulan, más infelices son?
¿Y sabes eso de que las emociones son contagiosas? Pues yo sí lo sé. Y, precisamente por eso, decido quien entra en mi vida y quien no. Quiero que sepas que tu actitud me desgasta. Y, por esa razón, no voy a permitir que descargues en mi tus miserias.
A mi me gusta (y necesito) la gente que me hace reír. Ese tipo de gente que no lo sabe todo y ¡no pasa nada! Que reconoce sus errores. Que me critica sin herirme. Que pide perdón y lo…practica.
Hagamos el pacto de apoyarnos la una a la otra SIEMPRE. Sin importar cómo llevemos cada una nuestra vida. Y que podamos contar con nuestro apoyo. También SIEMPRE. No importa lo que pase. Porque cada una de nosotras aporta algo a la otra. Y porque son precisamente esas diferencias entre tú y yo las que enriquecen nuestra relación.
Olvida los problemas del pasado o, por mi salud, me veré obligada a tomar distancia “psicológica”.

Porque me importo y mucho.

Y no quiero que me hagan daño.

 

Ni tú ni nadie.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Por fin

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Por fin ha llegado el día en que la noticia principal de la Gala de los premios Goya no ha sido el vestido de esta actriz, o de la otra.

Por fin la noticia han sido las personas y sus discursos.

Ha llegado el momento en que los reconocimientos han llegado a las palabras de los premiados como mejores novatos (actor nivel y actriz novel). Ojo, que esto no quiere decir que sean nuevos en la profesión, sino que es la primera vez que han llegado al gran público y lo han hecho con un trabajo digno de premio.

Jesús Vidal y Eva Llorach son nombres que no se nos olvidarán en  mucho tiempo. Ellos han conseguido emocionarnos, no solo con su trabajo sino con sus discursos de agradecimiento al recoger sus galardones.

Jesús por las palabras hacia sus “Compañeros”, a la inclusión, diversidad  y visibilidad tan necesarias hoy, pero sobretodo por las palabras a sus padres, que le introdujeron en el mundo de las artes y le alentaron a seguir su pasión. Es filólogo, máster en periodismo, y actor. Es diferente porque su capacidad visual es del 10%, y aún así ha conseguido todo lo que se ha propuesto. Su mejor frase: “Yo SI tendría un hijo como yo, porque tengo unos padres como vosotros.”

Eva es casi paisana, es de Murcia y compañera de carrera de otros grandes actores que no han recibido aún su merecido reconocimiento. Eva, quiso compartir su premio con todas las mujeres nominadas, y las hizo ponerse de pie, para darles visibilidad. Reivindicó el papel de la mujer en el cine y en la sociedad sobretodo cuando a partir de los 40 empiezan a ser invisibles en determinados círculos. Su mejor frase: “Tengo la idea loca de que el cine puede cambiar las cosas, que puede reventar los clichés que nos aplastan y creo que podemos hacer poco a poco con el cine un mundo más igualitario y más justo».

Ellos dos han conseguido, por fin, con su trabajo y su esfuerzo que nos hayamos rendido a sus pies y estemos hoy hablando de ello. Ojalá seamos capaces de recordarlo por mucho tiempo.

Reyes

 

Pseudoextrovertido

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La cuestión es que siempre he tenido debilidad por la gente tímida.

Yo mismo lo he sido, también, aunque por pura adaptación me haya hecho mucho más sociable, soy un pseudoextrovertido. Pero me consta que los introvertidos, como el propio término indica, tienen mucha más vida interior. Cada uno de ellos tiene un mundo propio al que suele ser interesante asomarse. Son personas reflexivas, prudentes, observadoras, que dudan y que suelen saber reducir las cosas a su esencia, tienen muchas cualidades que valoro.

Mi experiencia en la vida me ha traído principalmente decepciones con la gente extrovertida y muchas grandes sorpresas son las personas tímidas.

¿Y tú no hablas mucho verdad?

Es algo que me dice la gente que no me conoce, de buenas a primeras si no te conozco lo suficiente me voy a dedicar a observarte y escucharte. No vaya a ser que sea un o una de esos o esas extrovertidas que me decepcionan.

¡Que te conozco bacalao!

Caye

…como en las películas.

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En la vida real no siempre ganan los buenos.
Todos, en alguna ocasión, nos hemos sentido víctimas de injusticias reales o imaginadas y, como respuesta, nos hemos tomado la justicia por la mano. Y cuando esa injusticia ha sido contra los intereses de los más débiles, la reacción es aún más contundente. El resultado normalmente acaba siendo una respuesta desproporcionada ya que, cuando actuamos por venganza, perdemos toda la razón y pasamos de víctimas a verdugos. Terminamos cayendo en lo mismo a lo que nos enfrentamos y siendo peor que el otro. ( ¡Ojo! no olvidemos que venganza es lo mismo que tomarnos la justicia por nuestra mano. ¡En el fondo son lo mismo! )
Tomar la justicia por mano propia se ha hecho desde la prehistoria. A nuestro queridos antepasados les parecía lo más normal del mundo. Era lo justo. Y en pleno siglo XXI sigue pasando y pasará cada vez que decidimos resolver determinados líos por nuestra cuenta. Esa “respuesta al daño recibido” casi siempre viene acompañada de una alta dosis de indignación dirigida a sacarnos de encima el sentimiento de impotencia que tenemos ( ¿os suena? ) y, en el peor de los casos, da paso a la violencia.

Yo, con todos mis respetos, creo que esta actitud no beneficia a nadie. Que actuando así volvemos a lo primitivo. Para mi es practicar la violencia de una manera muy…sutil. Se hace de ese modo para influir en la voluntad del otro y obligarle a actuar de una manera determinada. O dicho sin tapujos: todo esto es un signo evidente de fracaso, porque lo que hoy es violencia ayer fue un conflicto que llegó a más cuando no se supo afrontar de una manera pacífica. Son pocos los hechos de violencia que nacen de repente. Muy al contrario, son la suma de varias “injusticias” que van engordando poco a poco al no saber arreglar las diferencias dentro de un marco de convivencia pacífica. Sinceramente pienso que, a pesar de la rabia que tengamos, tomar la justicia por la mano no es un buen mecanismo de respuesta porque al final lo único que conseguimos es perder la razón.

Recordemos que la violencia tiene múltiples caras y tomar la justicia por nuestra mano puede llegar a ser otra forma más de violencia. Y, por supuesto, sobra decir que la violencia en cualquiera de sus formas es…¡inaceptable! Y lo más importante y peor de todo esto es que esa forma de actuar también la aprenden nuestros niños que acaban por normalizarlas y creyendo que lo correcto es tomarse la justicia por la mano, como ven en las películas.

¿Será que vivimos tan rodeados de violencia que esto hace que veamos la justicia por nuestra mano como la única respuesta posible?

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

No es lo que parece

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No es lo que parece, o al menos no es quien parece.

Hablo de la persona que tienes al lado. ¿La conoces? ¿cuánto la conoces? ¿sabes lo que pasa ahora mismo por su cabeza?

Si has respondido «Si» a todas las preguntas anteriores, déjame que te diga, que te equivocas.

Nadie es capaz de saber como piensa otra persona. Por mucho que conozcas a alguien, no puedes establecer las mismas conexiones neuronales que esa persona. No conoces cómo siente, cual es su bagaje emocional, qué cosas le condicionan. Nos hacemos una idea de como son los otros basándonos en nuestras experiencias, no en las suyas y ahí es donde esta el principal error.

Del mismo modo que leemos los wassaps con el «tono de voz» que tenemos en nuestra cabeza y así los interpretamos, a las personas las leemos según nuestras percepciones y de este modo nos equivocamos y mucho. No es que tus habilidades como adivino no sean admirables, es que las personas adultas no somos capaces de «desnudarnos» emocionalmente delante de nadie, a no ser que lo hagamos de manera consiente delante de un terapeuta, y tampoco, porque seguro que siempre nos guardamos algo.

No me digas que nunca te has sorprendido viendo como dos personas tenéis una opinión totalmente distinta acerca de una tercera. Intentamos proyectar la mejor versión de nosotros mismos y enseñamos a los demás solo lo que nosotros queremos. El otro nos interpreta según su punto de vista, así que a falta de un filtro, 2. Así es imposible conocer a alguien 100%.

Por otra parte hay personas que sufren el «síndrome del impostor» y viven con el miedo de ser descubiertos porque creen que los éxitos que se les atribuyen no son merecidos. Da igual que sea éxito en los estudios, en lo profesional o en su vida persona. Creen que los méritos que se les reconocen vienen por un golpe de suerte y en cualquier momento alguien puede desenmascararlos. Esos que viven con la angustia de no sentirse a gusto con su situación, que observan el entorno y esperan que en cualquier momento todo se desmorone en realidad lo que tienen es un problema de autoestima. Si está motivada por ellos o por otros, no es el tema, pero si que hay muchos más de los que pensamos.

Al final, nadie conoce a nadie, y tenemos que aferrarnos a lo que nos diga nuestra intuición. No es plan de ir preguntando, pero por si acaso ¿Algún impostor en la sala? ¿de los buenos o de los malos?.

Reyes

 

 

 

 

 

 

Dice el kamasutra…

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De ternura. En la frente. Con sabor a gloria. Como “huevos fritos”. Amargos. De buenas noches. Con lengua. De “tornilloroscachapa”.Tatuados. De película. O el de Judas. Siempre habrá uno para cada uno de nosotros. Hay tanto tipos de besos como habitantes tiene este planeta y no hay nada más romántico que un beso como esos que son…la primera página de muchas historias de amor.
Dicen que besar bien es un arte. Que hay besos inolvidables y besos para olvidar. Besos que te hacen tocar el cielo y otros que aceleran el corazón. Algunos incluyen mariposas en el estómago y, otros, mucha pasión. Unos besos fueron principio o… fin. Los hay buenos, malos y regulares. Largos y cortos. Salvajes y delicados. Robados y perdidos. Ardientes y fríos. Improvisados y necesarios. Hay besos robados y hay besos programados…
Dice el kamasutra que hay más de 30 formas de besar.
Idioma universal. Arte milenario. Piensa como te besa y sabrás qué quiere de ti. Desconozco el lenguaje de los besos y el efecto que cada uno de ellos provoca en quien lo recibe, como también ignoro las hormonas que se activan cada vez que dos se besan. Pero lo que sí sé es que pocas cosas hay en el mundo que tengan más fuerza que los besos. Nacen en el corazón y, de ahí, hacen todo un “viaje corporal” difícil de explicar. Imagino que, como dicen los expertos, la culpa es de “las hormonas del amor y de la felicidad “ que parece que juegan un importante papel en la ciencia del beso.
Un beso no es sólo un beso. Lo que los labios no dicen, lo dice el beso. Los besos no mienten. Arrancan sonrisas. Nos hacen pensar y, también, llorar. Son paz. Y consuelo. Son amor. Y también deseo. Hablan de amistad. (Casi) nunca hieren. Algunos consiguen que el tiempo se detenga y el mundo se pare. Son el truco mágico para dejar de hablar. A partir de un beso ya nada puede salir mal…pase lo que pase a nuestro alrededor. Alargan la vida, dicen. Alimentan, queman calorías, reducen el estrés y hacen desaparecer el dolor. Calman. O suben la temperatura. Ayudan a recordar. Son pura medicina.
Besar importa. Y mucho. Capaces de destrozarnos o de hacernos creer en el amor eterno, no todos los besos se recuerdan pero hay besos dignos de guardar en la memoria aunque quien los dio pasase sin pena ni gloria por nuestras vidas. Si no me crees, piensa…¿a cuántos sapos has besado? Definitivamente, los besos no son para cualquiera.
¿Qué decir del primer beso? Decir que ese… sólo se vive una vez.
¿Te acuerdas del beso qué te enamoró? ¿Y de el de después? Ese beso de amor después del amor tan importante, o más, que los preliminares. Besar o que te besen… ¡qué más da! Cualquier excusa es buena para besar. No perdamos el arte de besar o nunca sabremos lo que pudo pasar. Besa hasta con la mirada. Esos segundos de mirada fija. Esos besos entre dos mentes, desde lejos y dando rienda suelta a la fantasía… Hablemos con besos. Ahí encontrarás la respuesta que estás buscando.
¿Y los besos perdidos? ¿Esos que nunca se dieron? ¿Dónde estarán los besos que un día guardamos? Esos son los que duelen. Los que más duelen. No hay dolor más terrible que el que se sufre cuando no te quieren besar.
Que nunca nos haga falta un beso que llevar a la boca. Y si de verdad quieres sentirte bien, besa. Pero besa dándolo todo. No lo pienses tanto. Tan fácil como tomar aire, respirar y… dejarte besar.

Porque…¡un día con besos no es un día cualquiera!

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Familia

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Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española esta es la definición de «Familia»

«Del lat. familia.

1. f. Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.

2. f. Conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje.

3. f. Hijos o descendencia. Está casado, pero no tiene familia.»

Como puedes suponer, no estoy nada de acuerdo con ella, y te voy a contar por qué.

Hace un tiempo, en una sala del Registro Civil, en lo que se supone va a ser una ceremonia fría en la que dos personas van a contraer matrimonio pensando en la celebración que van a llevar a cabo al día siguiente, me di cuenta de lo importante que es lo que algunos llaman «firmar un papel».

El oficiante, que no conocía de nada a los novios ni a ninguno de los asistentes no se limitó a leer los artículos del Código Civil y ya. El Oficiante, un hombre de edad avanzada, con la serenidad que aporta el haber vivido mucho y bien, les dijo a los jóvenes que tenía delante lo más bonito que he escuchado nunca. «Ahora vosotros habéis dejado de ser una pareja para ser una familia. Sois el uno responsable del otro, de cuidarlo y respetarlo. Vuestras familias ahora están unidas y tus padres son sus padres y los suyos son los tuyos, igual que vuestros hermanos.»

Cierto es que para llegar a ese nivel de compromiso no es necesario formalizar la relación, pero en ese caso lo fue. Lo que realmente me hizo reflexionar fue la utilización de la palabra FAMILIA.

Para mi, la familia es el conjunto de personas que viviendo juntos o no, se quieren y se sienten responsables el uno del otro. Una familia es una pareja, una familia son padres o madres con sus hijos, una familia son los hermanos, los tíos, los primos… incluso los cuñados!

Una familia se forma en el momento en que reconoces que esa persona que tienes al lado es con la que quieres compartir tu vida. Una familia puede estar formada por dos personas, o por decenas de ellas. Una familia es el lugar donde el amor vence a la desidia. Una familia es responsabilidad, compromiso, tristezas y alegrías.

Una familia es lo que te hace fuerte para enfrentarte a lo que venga. Y no, la familia no la hace la sangre, la familia la hacen siempre la mente y el corazón.

Reyes

 

Hay algunos que tienen un problema

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Está claro que en el vídeo aparecen hombres buenos y hombres malos, y que en la vida hay que posicionarse en un bando. En el vídeo nos invita a identificarnos con los hombres que intentan detener peleas, evitar situaciones de acoso y defender a las víctimas de bullying.

Vale, hablemos de estadísticas si el video lo han visto 17.500.000 de personas y le gusta a 457.000 y no le gusta a 884.000 el 66% de la gente que lo ha visto y ha interactuado con el vídeo se posiciona con los malos. ¡El hombre tiene que ser hombre! Gritan en los comentarios.

Yo lo reconozco alguna vez he caído en alguno de las los tópicos que señala el vídeo, que malo fui en 6ª de EGB, lo reconozco.

¿En qué momento nos ha dejado de decir Gillette que dejemos de aspirar a ser guapos como Griezman o Beckham y ahora tenemos que aspirar a ser bueno?

¿Es quizá este anuncio el final del macho ALFA?

Yo pienso que no que es más bien un cambio de paradigma, el anuncio de Gillette habla de hombres de hoy y masculinidad real. No niega la fuerza del hombre, pero le invita a usarla para detener peleas, no para crearlas. No niega que a un hombre le gusten las mujeres, pero le invita a demostrar su amor por ellas deteniendo a los babosos que las acosan.

Como dicen en el anuncio los chicos que están viendo el comportamiento de los hombres de hoy serán los hombres de mañana.

Y si, hay algunos que tienen un problema.

Caye

 

Que te cuente sus secretos…

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Creo que jamás sabré justificar con argumentos sólidos las relaciones de ciertas amistades mías con personas casadas, pero reconozco que lo que más me interesa de todo este lío es conocer el punto de vista del tercero o tercera en discordia; es decir, del “no invitado” a la fiesta. Me niego a llamarles cornudos. A veces es lo mejor que les puede pasar.
Me encantaría saber las conversaciones que han habido entre esas mujeres y sus maridos. Las razones que se dan los unos a los otros para justificar su “desliz”.
¿Por qué hacen eso? ¿Falta de deseo? ¿Falta de interés?
¿Qué buscan? ¿Sexo? ¿Compañía? ¿Pasar un buen rato?
Para muchos el sexo fuera del matrimonio es la manera de romper con la pesada losa de ser esposos y madres. Según me cuenta alguna, para ella el sexo con su marido (al que quiere con locura) es una obligación, en ocasiones, dura de cumplir mientras que una aventura es sólo eso… una aventura. Sin embargo ellos no ven la obligación por ningún lado. Según confiesan, los que se atreven a confesar, se trata de otra forma de sentirse “vivos”. Ellos necesitan una vida con grandes dosis de dopamina.
Y ahora pregunto: ¿no te hace sentir vivo viajar, visitar exposiciones o simplemente hacer ejercicio?.
Y a ti, mujer: ¿no es aventura escaparte al mar o a un refugio de montaña?.
Las parejas fracasan, la gran mayoría de las veces, cuando uno de ellos descubre que ha sido engañado por el otro. La traición hace mucho daño. Mucho más daño que el engaño físico. Y cuando hablamos de matrimonio, lo que no sabes es lo que más daño puede hacerte.
Entonces: ¿la solución sería hablar honestamente entre ellos de la necesidad de un amorío? ¿de por qué busca fuera de casa lo que no tiene dentro? Pienso que sí aunque, sinceramente, no lo sé. De momento no me he visto en ese papel. Pero creo que más que hablar de romances, amoríos y aventuras se trata de hablar de la historia común. De la vida que compartes. De lo que falla y de lo que no.
Se ha escrito mucho sobre esto. Y es cierto. Pasado un tiempo la parejas cambian. Y su relación también. Hijos, trabajos, preocupaciones…dan paso a los silencios. Y los silencios, si los alargas demasiado, hacen que aparezca la distancia. Una distancia emocional que no física, en ocasiones, difícil de superar.
Y es que, hoy en día, las parejas viven más y pasan mucho tiempo juntas a lo largo de la vida, por lo que no nos tiene que sorprender que nos quedemos sin temas de conversación en más una ocasión. ¿O no? Y en caso de ser así ¿qué problema hay con el silencio?
Los terapeutas del amor dicen que hay que saber estar igual de bien cuando puedes hablar durante horas como cuando el silencio domina el ambiente. Ok. Lo compro. Pero también compro, porque eso sí lo he vivido, que las peleas son necesarias. Eso sí. Haciendo un esfuerzo por volver a hablar desde la serenidad. Eligiendo con cuidado las palabras. Porque volver a hablar significa volver a amar. Y hablar claro. Haciendo esas preguntas difíciles, íntimas e incómodas, que a veces las parejas no se atreven a formular. Se trata de hablar y escuchar lo que te dice el otro. Ponerte en su pellejo. Valorar sus necesidades y darle la oportunidad de que te cuente sus secretos…antes de que sea demasiado tarde.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

14 años y un día

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14 años y un día.

Suena a condena, pero no es exactamente eso lo que lleva en mi vida tanto tiempo.

Hoy celebro que hace 14 años conocí a las personas con las que comparto la mayor parte de mi día. Mis compañeros de trabajo. Aunque pensándolo bien, la condena igual es para ellos, porque llevan «aguantándome» todo ese tiempo.

Si echo la vista atrás, no sé si he avanzado o no. Al menos he cambiado de puesto de vez en cuando. He desempeñado diferentes tareas, he ocupado diferentes mesas y sillas, he recorrido las tres plantas del edificio principal (creo que soy de las pocas sino la única). He cambiado de compañeros de trabajo diario y he formado parte de varios departamentos. Si, también he cambiado de jefes, pero siempre bajo la mirada del mismo jefe supremo.

Aprender he aprendido mucho. Antes de llegar aquí mi trabajo era atender al público en oficinas bancarias o trabajar con estudiantes universitarios americanos, y de repente me vi trabajando con asociaciones de profesionales, funcionarios, políticos, clientes, empresas constructoras, diseñadores, departamentos de protocolo, empresas de catering, iluminación, sonido, medios de comunicación…

He pasado de venir a trabajar con falda y tacones a ponerme los vaqueros y las zapatillas. Ahora la oficina es como mi segunda casa y lo importante es estar cómoda para trabajar a gusto. Los tacones los reservo para ocasiones especiales y entonces los que me ven todos los días ni me reconocen (arreglo que tiene una).

He compartido momentos con diferentes compañeros, dentro y fuera de aquí. Hemos llorado y celebrado juntos a partes iguales, pues las alegrías y las penas de unos y de otros nos han hecho madurar a todos.

Hemos compartido rupturas sentimentales y celebrado nuevos noviazgos que han acabado en boda. Hemos deseado embarazos y adopciones que nos han traído unos niños preciosos. Hemos luchado contra las enfermedades y hemos vencido, SIEMPRE. Hemos estudiado mucho para demostrar que los sueños se cumplen y que si quieres, puedes. Hemos vivido una fusión que nos hizo pasar de ser una pequeña familia de 20 a ser más de 100, lo que nos ha aportado nuevas experiencias y nuevas personas a nuestro día a día y nos ha ayudado a cambiar nuestro punto de vista acerca de nuestro trabajo diario y nuestra contribución al bienestar de los que nos rodean.

Al final, lo mejor que me llevo es eso, las personas. Hombres y mujeres (sobre todo mujeres) con las que comparto mi tiempo a diario y todas aquell@s que en algún momento han formado parte de estos 14 años. Ell@s me han ayudado a ser quien soy, como profesional y como persona, así que gracias a tod@s por tantos momentos.

Hoy cumplo 14 años y por eso estoy de celebración, podéis darme la enhorabuena o acompañarme el sentimiento, pero yo no dejaré nunca de celebrar.

Reyes

 

Imagen: Mi compañía diaria en mi puesto de trabajo.

Orden y zapatillas

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Entro en el salón de casa con la luz apagada y zzzzaaazzz pisotón al poblado vaquero de Playmobil. No consigo acertar que es lo que me he clavado en el pie, una tienda comanche, una jirafa, el cuerno del rinoceronte, un dragón alado, o quizá la pluma del gorro de Barba Roja.

Me sorprende la imaginación y la capacidad de montarse historias con todos sus personajes de Playmobil de mi hijo que si el forzudo del circo es el mejor amigo del troglodita, que si el hombre lobo hace piña con la astronauta, que si se ha iniciado una guerra entre los ciclistas y buceadores contra los bomberos y caballeros medievales. Como le gusta subir al surfista en el coche de policía y poner a sus dragones con las ballenas y delfines, ya que en su zoo están todos los animales incluidos el buey y la mula del belén.

A lo que vamos, no se si me he roto algún hueso del pie, pero lo que sí que se es el dolor que tengo en estos momentos, a lo que sale un grito de mi garganta llamando a mi hijo, y acordándome de su padre.

-Ángel como dejas todo esto montado en medio del salón para que Papá entre y se haga daño. ¡Mira como tengo el pie!

-Papá eso te pasa por ir descalzo por la casa, ¿Dónde has dejado tus zapatillas?

Bueno mejor me voy a dormir.

 

Caye

 

¡A las barricadas!

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Ayer precisamente lo hablaba con un grupo de amigas y, sorprendentemente, todas coincidimos : es quitar el muérdago, el árbol de Navidad o las figuritas, y el buenrrollismo se esfuma por arte de magia. De nuevo, con el zafarrancho navideño y junto al espumillón, desaparecen las buenas intenciones que habíamos prometido y deseado a todo bicho viviente desde el Día del Gordo hasta el Día del Niño. Al mismo tiempo, con los carteles de rebajas, saldos y liquidaciones, damos entrada a los empujones, a las prisas y al estrés. Esas miradas cándidas con las que te cruzabas por cada rincón de la ciudad desaparecen y en vez saludos solo recibes malas caras y gruñidos, con colmillo reluciente incluido.

La navidad llegó y así como llegó…se fue. Y se fue llevándose todo lo bueno que deja en cada uno de nosotros. Volvemos a la realidad y esta vuelta a la rutina nos lleva a la tristeza. Y esa tristeza, a su vez, pasa a ser una gran dosis de mal humor.

Si eres de esas personas que han vuelto a hacer propósitos para el Año Nuevo; sí esos propósitos que siempre te planteas y nunca cumples, sabes perfectamente de lo que estoy hablando.

Con el último trozo de roscón y la cabalgata de Reyes aún caliente, aparece la guerra sin fusil y las batallas sin armas ni armaduras. Una guerra sin fusil pero con infinidad de regalos a devolver, plazos que hay que seguir pagando y rencores guardados en el cajón de la Navidad hasta nueva orden. Y con todos estos ingredientes, el personal armado hasta los dientes y deseando ir a las barricadas, que no son más que unas rebajas encubiertas para que saquemos lo peor de cada uno. ¿Os suena?

¿Es necesario el muérdago, la pandereta y el árbol de Navidad para que cambiemos nuestras emociones? Estoy hasta las narices de oír que nuestra felicidad es la suma de muchas cosas y, con todos mis respetos a quien se lo haya creído, eso es “¡MENTIRA!”. Nuestra felicidad es nuestra y de nadie más y somos cada uno de nosotros quien la construye. Idealizamos las vacaciones navideñas y pensamos que el resto de año nos traerá solamente calamidades. Pero ni las navidades son tan perfectas ni las semanas siguientes tan horribles. El mal humor es una opción de vida como otra cualquiera. Y hay gente que está a gusto así. Yo…¡me niego!

¡Guerra a la guerra! Todas las guerras son odiosas y el que más o el que menos sufren sus consecuencias. Dicen los que saben de esto que la culpa es de una enzima que se activa a la velocidad de la luz cuando las expectativas del humano en cuestión no han sido cumplidas. En ese momento la temida válvula del mal humor se abre aliviando la presión a la que ha estado sometida por culpa del muérdago, el abeto, los villancicos y demás compañía.

¿Para qué perder la ilusión? Defendamos el humor. Creo que muchos de nosotros aún no nos hemos dado cuenta que el humor es un bien de primera necesidad. Eso sí, tienes que creértelo y poner de tu parte. A estas alturas de la película ya te repetido una y mil veces que los milagros no existen. No es cuestión de exigirse estar siempre bien pero sí de que aprendamos a dejar de lado lo inútil y quedarnos sólo con lo que nos da la vida. Vaciemos la mochila y dejemos a un lado el fusil y la bayoneta.

Todo depende de que quieras o no. Si quieres, puedes.

Aunque pensándolo bien, igual que ocurre en la guerra, esto es sólo…para valientes.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

Cincuenta años no son nada.

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Cincuenta años no son nada… fácil.

Cincuenta años de matrimonio son los que ayer celebraron mis padres, sus bodas de oro, y estoy convencida de que a pesar del brillo, no ha sido tarea fácil, por lo que tiene aún mucho más mérito de lo que pudiera parecer.

6 de enero de 1969. Rosario, aún menor de edad (por aquella época la mayoría de edad llegaba a los 21 aunque se trabajara desde los 14), con la autorización de su padre, contraía matrimonio con Agustín, recientemente huérfano de padre y madre. Empezaba así un matrimonio que en el día de su octavo aniversario tuvo como regalo de reyes a su única hija, ¿casualidades de la vida o magia de los Reyes Magos?.

Hoy, cincuenta años después pueden contar que han vivido toda una vida juntos, o dos, o tres… han madurado juntos, han aprendido juntos, han sufrido juntos y también han disfrutado juntos.

Viéndolos ayer, rodeados de los nuestros, sentí que estaba ante un claro ejemplo a seguir. Ellos han sido fuertes, han sabido quererse, respetarse y comprenderse, con sus virtudes y defectos durante más de 50 años. Son cómplices y compañeros de vida que siempre han formado un muy buen equipo.

El día de Reyes siempre ha sido NUESTRO, de los tres. Su aniversario y mi cumpleaños, pero ayer por primera vez no soplé vela y mereció la pena! Los protagonistas absolutos eran ellos. Ayer tocaba revivir su boda, la novia con sus flores, el novio vestido de traje y corbata y su nieto jaleando ¡Que se besen, que se besen! y los demás: ¡Vivan los novios!.

Entre todos ayer quisimos que su día fuera memorable, que lo recuerden siempre como uno de los más bonitos y que sepan que les queremos.

Cincuenta años no son nada, o mejor dicho, cincuenta años lo son todo.

Reyes

Imagen: el ramo de la novia a las puertas del lugar de los hechos, la Concatedral de San Nicolas, Alicante, 50 años después.

 

Los míos

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Por mucho tiempo que haga que no nos vemos siempre es igual me hacéis bien, igual sonara un poco egoísta pero os quiero y os quiero conmigo.

Hay veces que es difícil de explicar pero cuando dejas el tiempo correr y preguntas por aquí, respondes por allá, cotilleo por aquí, risas por allá, jajajjaja y siempre sin importarnos lo que opinen los de las mesas de al lado.

Esas amigas y amigos que antes eran solo vuestras y ahora compartimos, ¡y que suerte! ya que cuando hablas con ellas por primera vez es como si los conocieras de toda la vida y lo ponen todo fácil y son la caña de España, igual te solucionan una urgencia en el trabajo que te presentan a tu ídolo de la adolescencia, en eso consiste esto de ser como llamábamos antes los elegidos, los amarillos, esas personas con las que te gusta estar porque te lo hacen pasar genial y sobretodo te sientes bien con ellos y ellas.

Pero lo que yo siempre voy a tener claro es que por muchos nombres que les queramos poner para mí van a ser siempre mis Bacalaos.

¡Gracias por este inicio de 2019!

#YoSoyBacalao

Caye

Foto: Por muchas más fotos como esta.

De 2018 a 2019…

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De 2018 me llevo…
Tantos momentos divertidos que no me atrevería a contarlo aquí por temor a olvidarme de alguno especialmente estelar. También he llorado mucho, más que en 2017, pero he de reconocer que en ocasiones ha sido de pura felicidad.
Este año, más que nunca, he comprobado que los hijos crecen, aunque tú no quieras y…que vuelan. Y, aunque siempre vuelven a casa por Navidad, algo te dice que ya no son los niños que un día fueron. Los escuchas, los miras y, con una mezcla de orgullo y melancolía, descubres que ya “casi” no te necesitan. Ayer mismo se lo dije a Beatriz y, para mi consuelo, rápidamente dijo que me iba a necesitar siempre. ¡Ojalá!
También me he llevado sorpresas, algunas deseadas y otras no tanto, pero…en eso consiste la vida. Me ha gustado comprobar otro año más (y con éste ya van muchos) que no se puede controlar todo y, que a veces, cuando pierdes el control es cuando mejor te lo pasas. Que hay que bajar la guardia y dejar que la vida te sorprenda…¡siempre lo hará!
Que no debo dejar las clases de pilates bajo ningún concepto, por mucho que algunos enteradillos me digan que eso no es un deporte. ¡Para mi alma lo es!
Que eso de “keep calm” debo practicarlo más. Que, para sobrevivir a mis caos, es más que importante tomar un tiempo de calma que me permita respirar. Y disfrutar de mis silencios. Sola yo y mis pensamientos.
Y, cómo no, recordar las cosas que tengo, por pequeñas que sean, y da gracias cada día por ellas.

De 2019 espero…
Sobre todo, salud. Salud para los míos, pero también para personas muy cercanas a mi que están peleando como ellos sólo saben hacerlo y son un ejemplo diario de lucha. Sé que lo van a conseguir porque el corazón me dice que sólo son pesadillas que se instalan en algunas vidas, pero pesadillas de esas de las que sales más fuerte.
Seguir presumiendo de hijos. Conforme van creciendo estoy más orgullosa de ellos. Sé que aún me queda mucho trabajo por delante, que el papel de madre jamás acaba. Que, aunque las 2 mayores ya empiezan a andar solas, a mi pequeño comandante le queda mucho camino por recorrer. En breve entrará en la adolescencia…aunque ésta ya va asomando la patita de vez en cuando.
Seguir creyendo en lo que hago. Seguir comprobando que, aunque la suerte existe, nada me va a llevar a donde quiera ir sin trabajo y no siendo fiel a mí misma. O sea, lo que viene siendo sentirme orgullosa de quien soy, lo que soy y lo que hago. No quiero perder tiempo haciendo cosas que ya no quiero hacer.
Viajar. Da igual la edad que tenga. Desde niña siempre ha sido uno de mis “vicios”. ¡Ojo! No pido viajar a lugares exóticos ni países lejanos. Me conformo con recorrer mi querida España (o mi provincia). Se trata, en definitiva, de descubrir, de volver a conocer…porque el mismo lugar lo verás de diferente manera tantas veces como vayas a él. Al fin y al cabo, los lugares los hacen las personas.
¡Más momentos de desconexión, por favor! Ya sea al subir al tranvía, al ir al trabajo cada mañana, subiendo al autobús o visitando algún lugar…

Y, como lo mío son los impares y mi número favorito es el 9, sé que este va a ser el año de sentirme bien, sentirme viva y ver cómo pasa el tiempo sin dejar de exprimirlo.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Se acabó

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¡Se acabó!

Se acabó el año.

Se acabó complicarse la vida. Si algo no me aporta beneficio, me lo quito de encima.

Se acabó esperar a que las cosas pasen, si quiero algo voy a por ello.

Se acabó preocuparse por las cosas, si puedo hacer algo para solucionarlo lo hago y si no, no me va a robar el sueño.

Se acabó contar calorías, si me gusta, me lo como y sin remordimientos.

Se acabó lamentarse, si no ha ocurrido es porque no era el momento, ya pasará, o no.

Se acabó 2018 y con él despedimos todo lo que en él hemos vivido, bueno o malo, ya pasó.

Esperamos el año nuevo con ganas, con buenos deseos para todos y con el convencimiento de que conseguiremos todo aquello que nos propongamos, pero por favor sed realistas, que al año que viene no quiero “madres mías”.

¡Feliz 2019, Bacalaos!

Reyes