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¿Y a mi qué?

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¿Y a mi qué? Eso te preguntarás si empiezas a leerme y yo me pongo a quejarme de mi vida. Y no es porque me tengas manía, es solo que no estás aquí para leer problemas de otros o cosas que contigo no van.

Lo mismo pasa en el trabajo, en el bar con los amigos o en las redes sociales. No te quejes. Si algo no te gusta, haz lo que puedas para cambiarlo, o pide ayuda, pero no te quejes porque si. A nadie le apetece escuchar tus penas.

Ten cuidado cuando eliges tu lugar para quejarte, intenta que sea en el lugar en que puedes obtener un resultado. Si algo no te gusta, dilo, que se sepa, pero que no se quede en una queja vacía, para eso te vas al muro de las lamentaciones y lloras un rato tu desdicha a ver si así consigues algo.

Piensa a quién te estás dirigiendo con tu queja. ¿Esa persona puede hacer algo para que la situación mejore o solo es tu objetivo para el desahogo? No pienses que los demás están para escucharte, porque no es así. Las quejas cansan, sobretodo cuando siempre son las mismas y no has movido un dedo para que la situación no se repita.

Ojo, que no te digo que te conformes, ¿eh? Solo que te pongas en el lugar del otro por un momento y si crees que te pueden contestar «¿Y a mi qué?» hagas lo posible por cambiar el discurso y convertirlo en el principio de la solución.

En resumen, no te quejes y ¡mueve el culo!

Reyes

Fuente de la imagen: pinterest

Si…

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Hay mucha gente que nos pregunta  ¿para que escribís todas las semanas y publicáis todos los días varias veces al día? ¿Pero esto lo haces tú solo?

Si nos has preguntado esto igual es que no entiendes lo que es ser Bacalao.

Si te gusta lo que lees, si te saca una sonrisa, si te pone, si te da mal rollo, si te saca los colores, si es como si lo hubieses vivido, si tienes que mandárselo a alguien urgentemente, si hemos puesto palabras a tus pensamientos, si te vas a enfadar, si ya no vas a ser nuestro amigo, si vas a querer besarnos cuando nos veas, si te han entrado ganas de hacerlo, si necesitas conocernos, si necesitas saber si iba por ti, si no sabes quién de los tres lo ha escrito, si te hemos puesto violento, si somos tu despertar porque estas suscrito a nuestra newsletter, si haces scroll hasta dar con esa entrada que leíste hace un tiempo, si sabes que los lunes escribe la sinceridad de Reyes; los Miércoles el sentimiento de Coco y los viernes escribe uno de ciencias, si nos has mandado una foto con tu camiseta del bacalao, si nos has pedido un calendario, si te has preguntado que todo esto lo escribe Coco, si te has preguntado que todo esto lo maneja Reyes, si te has preguntado que todo esto es porque lo hace Caye, si te hemos hecho llorar, si nos has compartido una foto, si un pensamiento en voz alta del Facebook lo has hecho tuyo, si le has dicho a tus amigos que nos sigan, si nos has mandado un post para que lo publiquemos, si…

Son tantos si… como personas que nos leéis y nos entendéis, hacéis que todo esto desde hace casi ya 4 años tenga pleno sentido.

¡Gracias!

Caye

 

 

 

NO

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¿Todavía tienes que pedir perdón?

No te disculpes por ser quien eres. No te disculpes por sentir lo que sientes. No te disculpes por confiar en ti. No te disculpes por seguir tus planes. No te disculpes por no hacer lo que todos hacen. No le debes ninguna explicación a nadie. No cuentes con otros para hacerte feliz…

…tú no eres como los demás.

No te disculpes por hacer lo que quieres. No te disculpes por defender a los tuyos. No te disculpes por pedir ayuda. Deja de pedir perdón por no llegar donde los demás quieren que llegues. No dejes que te hagan sentir mal…

…¿y si las cosas están bien tal y como están?

No te disculpes por tener tus propias ideas. No te disculpes por tu forma de vestir. Por tu forma de reír. O por tu cuerpo. No te disculpes por decir NO. No te sientas mal si cometes un error. No tengas miedo al rechazo. Ni vayas pidiendo perdón por la vida…

…lucha por lo que quieres.

No pretendas ser dura cuando no puedas más. No dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer. No te disculpes por pasar del resto de la gente. Ni pierdas el tiempo juzgando a los demás. No te distraigas. No te disculpes por tus esfuerzos…

…has trabajado duro.

No te disculpes por ser feliz. No te disculpes por tener lo que tienes. No te disculpes por llorar. No te disculpes por decir la verdad. No importa lo que los demás piensen. No te disculpes por pensar en ti. No pidas perdón por amar…

…mantén la calma.

 

P.D: No te disculpes por ser…REAL.

 

Coco.

 

Fuente de la fotografía: Pinterest.

El listo

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El listo, ese personaje que pase lo que pase siempre se sale con la suya.

Ese que aparca fuera de su plaza de garaje con el único fin de molestar a los vecinos, ese que saca la basura por la mañana para dejar el aroma en el ascensor y darnos los buenos días o ese que no pone el intermitente para cambiar de carril. Ese que hace obras en su casa y se toma como suyo el patio de la comunidad o el que no hace más que estar de baja cuando está mas sano que tú y que yo.

Todos conocemos a algún listo de estos, todos los sufrimos a diario, pero por desgracia, no podemos hacer nada contra él. El listo sabe más que nadie, tiene un don especial para encontrar la manera de saltarse las normas sin que nadie se atreva a decirle nada, hasta que llega alguien como tú o como yo.

¡Ya está bien de aguantarlos! ¡Ya está bien de que quieran tomarnos el pelo! Las cosas se hacen como se deben hacer, respetando las normas, respetando a los que nos rodean y respetándonos a nosotros mismos.

Ya está bien de llamarles listos cuando no lo son. Son unos aprovechados, canallas, sin vergüenza ni empatía que viven al límite, disfrutando de la sensación que les produce saltarse las normas y creerse mejores que los demás.

Las leyes están escritas para todos y las normas se adaptan a cada situación. Yo por mi parte pienso hacer que las cumplan, pero además pienso sacarles los colores de esa cara tan dura que tienen cada vez que tenga ocasión.

Ya está bien de soportar cómo os salís siempre con la vuestra.

¡Pa listo tú, cabezota yo!

Reyes

Simplifica

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Hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa.

Fácil ¿no?

Ya nos complicamos muchas veces la vida y nuestra existencia como para empezar algo y no hacerlo simple.

¿Pero cuál es el resultado de simplificar?

¿Es lo mismo para ti, que para mí?

Cuando simplificas es porque hay algo complicado que debemos hacer más fácil.

Me encanta cuando llega alguien y me dice lo quiero todo muy simple y sencillo.

Como cambia la percepción de lo complicado, conozco gente que se ahoga en un vaso de agua y luego están los que se lo tiran todo a la espalda y mucho les parece poco.

Viéndolo así no va ser fácil simplificar por igual para estos dos amigos.

Yo pienso que más que simplificar algo para alguien tenemos que hacer las cosas fáciles y sin artificios, ser sincero, utilizar el sentido común y tratar bien a la gente. Utilizando todo esto seguro que nos vamos a entender y desde el primer momento las cosas se simplifican y todo fluye en el sentido que buscamos todos.

Mi experiencia me dice que todo lo que he hecho con todos estos ingredientes se han convertido en proyectos  divertidos y que se disfrutan.

Así que ya sabes Make It Simple. Make It Memorable.

Caye

Ese juego barato.

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Sería demasiado presuntuoso por mi parte decir que hay cosas que a estas alturas ya no me hacen daño. Que estoy de vuelta de todo.
MENTIRA.
Es más quien lo diga, miente como un bellaco.
Tampoco es que yo sea un dechado de virtudes (¡ni mucho menos!) pero siempre he intentado vivir desde la honestidad. Mentiras he soltado como todo quisqui pero la sinceridad y la franqueza, las he trabajado hasta límites insospechados. Es más, tengo testig@s que pueden dar buena cuenta de ello.
Intento cuidar a la gente que quiero aunque a veces me den ataques de “ermitaña” y me aleje más de la cuenta. Todo esto viene cuando descubres que los amigos no son tan amigos.
Y es que las cosas no siempre salen como esperas. La autenticidad es un bien escaso.
Hay un grupito de gente que no soporto. Hablo de los hipócritas. Y cuando están cerca de mi, o entre mi círculo de amistades, me pongo enferma. Siempre me creído que soy una personas lo suficientemente transparente ( a veces demasiado transparente) para que nadie tenga que ir por detrás mandándome recaditos con otr@s, soltando lo contrario de lo que a mi me sueltan o maniobrando a mis espaldas. Estoy cansada de esas maniobras orquestales en la oscuridad ¡Vaya cobardía!
Es una parte de mi vida que llevo fatal. Y, aunque la he trabajado mucho a lo largo de los años, reconozco que es una asignatura que sigo sin aprobar.
Esto me lleva a una reflexión sobre qué hacer con esta tropa. Si son capaces de hacer esto con “sus amigos” ¿de qué más serán capaces? ¿Por qué fingen que son tus colegas del alma?
Si eres de las que te agarras a folletos y manuales de autoayuda, éstos te dirán que la solución está en poner tierra por medio y cuanto más lejos mejor. No seré yo quien le lleve la contraria a esta forma de interpretar los sentimientos pero la práctica me ha demostrado que es muy pero que muy difícil en la vida real. En la tuya, en la suya, en la mía y en la de unos cuantos que -por la razón que sea- tenemos debilidades humanas.
Soy una persona que no se fía mucho de las primeras impresiones. He aprendido que no siempre son correctas y que, muchas veces, es un error guiarse por ellas. No creo en cerrar puertas a menos que sea absolutamente necesario. Pero sí creo firmemente en las segundas oportunidades. Las cosas no siempre se dan en la primera ocasión y hay que esperar a una segunda, o tal vez, a una tercera. Todos tenemos un mal día. ¿O no?.
Toca vivir con pasión.Y si pinchas y vuelcas…pues mala suerte. Nada de vivir hasta los ochenta pero habiendo muerto a los veinte (como leí alguna vez a un poeta) Eso, con todos mis respetos, se llama malvivir. El miedo a que nos hagan daño es tan poderoso que nos impide, en ocasiones, dar lo mejor de nosotros y conocer gente maravillosa.Quiero pensar que las cosas caen por su peso y se colocan solas. Y también quiero pensar que ese juego barato de las apariencias tiene los días contados. Yo cuando me doy, me doy. Y me da muchísima rabia pensar que hay gente que se da a ratos. Nos han enseñado que no debemos quedar mal y somos capaces de ponerlo en práctica…¡quedando mal!

Si de verdad quieres ser mi amig@, atrévete a decir las cosas. ¡No vayas con el cuento a otr@s!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Frío

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Frío, así se me queda el cuerpo, frío.

Frío por la temperatura exterior y frío por dentro.

Frío por las injusticias, las diferencias y las reivindicaciones. Frío porque nos toque utilizar todos los recursos que tenemos para defender lo que nos pertenece.

Frío porque hasta los momentos de ocio se hayan convertido en momentos tensos. La gala de los Goya en vez de entretenimiento era pura reivindicación, las azafatas de la F1 reivindican sus puestos de trabajo, las feniministas son confundidas con feminazis y hay hombres que nos dicen que para reivindicar nuestro papel lo mejor que podemos hacer es taparnos.

¿Y nosotras? Nosotras no queremos taparnos, desde pequeñas sabemos aguantar el frío. Ese que nos intenta congelar la opiniones e incluso las ideas, que nos congela la voluntad y las respuestas.

Frío es como se queda el ambiente cuando alguien habla de un padre de familia que se ocupa de su casa y de sus hijos. Frío porque se sale de lo habitual, porque no es a lo que estamos acostumbrados y algo que debería tratarse como normal se convierte en extraordinario.

Frío es el pedestal en el que intentan colocarnos y tampoco estamos pidiendo, solo queremos ser un individuo más, sin que importe nuestra edad, nuestro físico, nuestra raza o condición.

Frío está hoy el ambiente, pero más frío está el techo de cristal que nos limita y que entre todas seguro romperemos.

Reyes

Imagen: Chema Madoz

Me he perdido algo

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Lunes por la mañana abro los mensajes de una cuenta de Instagram que gestiono y 5 mensajes calcados en los que la cinco personas me dicen lo mismo, Hola soy influencer he estado viendo vuestro perfil de empresa y mi público objetivo se identifica con vuestra marca ¿Hacéis colaboraciones?

Voy a intentar explicarme, ya que igual yo entiendo cosas que el resto de la gente no entiende o igual es que hoy me he levantado con el pie cambiado.

Entro en el perfil de esta persona o autodenominado influencer, y por  mi trabajo lo analizo, manejo programas con lista de las influencers más valoradas en España y Europa, y la verdad es que canta por soleares, corazoncitos a doquier pero cero de engagement. Lo que se llama un trucho influencer que lo único que busca es que le mandes unos zapatos gratis.

Todo este tema se está profesionalizando a un nivel brutal, no solo Instagram, en la que las grandes autodenomidas así cobran un mínimo de 500 euros por entrada en Instagram además del producto que les mandes que tienen que elegirlos antes ellas. Y un nuevo mundo que he descubierto las youtuber, flípalo 4500 euros por un video abriendo unos zapatos y hablando de la marca. Sinceramente yo pienso que me he perdido algo y no sé lo que es.

Hemos trabajado con alguna que otra Influencer de reputación, pero la realidad es que lo único que se obtiene es una bonita foto y una entrada en su Instagram con el producto, resultados de ventas cero patatero. Y luego los mensajitos de… “Ha ido super bien hemos tenido cien mil me gustas”. Si bonita, si, pero no hemos vendido ni un zapato.

Yo soy de los que piensa que estamos viviendo una nueva burbuja… la de instagramers, influencers, youtubers, jetas y caraduras. Porque realmente ¿hay o existe en este mundillo un verdadero influencer que haga que las ventas de una empresa suban porque ellos se han hecho una foto con tu producto?

Y lo que realmente me asusta, ¿esta gente no gana dinero? ¿Esta gente no come? Es que me los imagino en el restaurante escribiéndoles y diciéndoles ¿Hacéis colaboraciones? Con el gasolinero diciéndoles me llenas el depósito y subo una foto en tu gasolinera poniendo gasolina en mi Instagram, o a la de la farmacia diciéndole mándame las pastillas de la tensión y los gelocatiles y hacemos un video para Youtube de un unboxing.

Uff en serio, igual es que no estoy a su nivel o como os he comentado antes me he perdido algo.

Caye

Los ojos tristes de María.

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Resulta que María, la hija de mi vecina, está triste.

Llevo varios días cruzándome con ella en el ascensor y sus ojos no brillan. Me preocupa. Pero como en mi vecindario somos cuatro me ha costado poco enterarme por qué María no sonríe como antes.

María es muy patosa. Le cuesta hacer deporte. Le encantaría hacerlo muy bien pero piensa que su físico no le acompaña. Lo que más le gusta es cantar y bailar. Acaba de representar un musical en el club juvenil del barrio y, mientras han durado las representaciones, ha sido la niña más feliz del mundo. Pero, como todo, el musical llegó a su fin. Y su alegría también. Ha vuelto a jugar al vóley. Allí comparte equipo con otras niñas que, a diferencia de María, están encantadas de conocerse. Juegan muy bien al vóley y tienen un desprecio absoluto por aquéllas que no juegan tan bien. En concreto hay una que le dice a María, una y otra vez, que ella no encaja en el equipo.

¡Pobre María! Nadie le cree. Esa niña que le desprecia delante de todas, además, se esconde detrás de la típica cara de niña ideal que cae bien y que es perfecta para practicar la humillación y la ridiculización sin que nadie sospeche. Para ello cuenta con la inestimable ayuda de otras “colaboradoras” que le apoyan en cualquier cosa que haga o diga por cruel que sea.

¿Os suena? Seguro que alguien cercano a vosotr@s ha sufrido algo parecido. Y seguro, también, que habéis visto reacciones de todo tipo: desde la preocupación y la tristeza, pasando por la técnica del avestruz hasta llegar a echarle un par de huevos y enfrentarse con el jefe de la tribu y la tribu entera. Desgraciadamente con la edad de María son muy pocos los que optan por esta última salida. Por eso María tiene los ojos tristes.

Los ojos tristes de María no son algo que surja de la nada.

Estas cosas pasan, por ejemplo, cuando en nuestro propio círculo valoramos más “Sálvame” que “Pasapalabra”. O el fútbol que el teatro. Cuando esto pasa, si nos fijamos un poquito, veremos que toda aquél que tenga “las cualidades” de Cristiano será más respetado que otro que no pasa del metro sesenta.  Y la culpa de ello son los valores que hemos (y nos han) transmitido desde bien pequeños.

Difícil explicarle a María, con 12 añitos, que aquí estamos de paso. Que el éxito y la popularidad de sus compañeras de vóley son pasajeras. Difícil hacerle entender, a esa edad, que la humildad y el respeto a los demás es lo verdaderamente importante. Cuando somos pequeños aún no tenemos la fuerza suficiente para salir solos de estas humillaciones. La sociedad en la que estamos instalados no ayuda en nada. Y, el mundo en general, se encarga de vender 24/7 todo lo contrario. Y claro. Estas criaturas lo compran…sin dudarlo.

Querida María: ¿Quieres saber de qué sirve ser “la mejor”?

Pues sirve para que “la mejor” alimente su autoestima y su egocentrismo hasta convertirles en sus propios enemigos. Así como a su ambición, a su envidia, a su exhibicionismo y a su…distorsión de la realidad. Sí. Como lees. Porque la realidad es que “la mejor” está en alerta a todas horas, no se permite un respiro, siempre está buscando los aplausos, la admiración y el reconocimiento. No acepta las críticas. Y esto en mi tierra se llama “falta de autoconfianza”. Por si eso no fuera poco, “la mejor” se compara constantemente con el resto y, si es necesario, utiliza a los demás en beneficio propio.

Te diré que estás ante unas niñas muy fáciles de manipular. ¡Pobre gente! Están tan concentradas en ser “la mejor” que, si les aplaudes las gracias, no dudarán ni por un momento que tu aplauso es sincero. Ahora bien, si el cuerpo te pide luchar… ¡lucha! ¡Estás en tu derecho! Eso sí. Elige la batalla que quieras lidiar pero antes piensa si de verdad merece la pena luchar.

Querida María: La próxima vez deséales lo mejor. Lo necesitarán.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Nosotras

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Nosotras, que sabemos lo que queremos, lo que nos gusta y lo que sabemos, a veces lo ponemos todo en duda.

Nosotras, solo por el hecho de ser mujeres nos vemos cuestionadas en cada una de nuestras decisiones. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres estudiar? ¿En serio te vas a poner eso? ¿No crees que deberías adelgazar?

Nosotras, que trabajamos igual o mejor, no tenemos las mismas oportunidades (de lo del sueldo mejor no hablo).

Nosotras que nos preparamos para ser «mujeres de éxito» acabamos siendo trabajadoras a medias por la reducción de jornada (las que podemos disfrutarlo), «malasmadres» y amigas o parejas pocas veces disponibles.

Nosotras hacemos lo indecible por llegar a todo, por cumplir con lo que se espera de nosotras, pero no llegamos, y cuanto antes lo asumamos mejor.

Nosotras somos las que tomamos nuestras decisiones. ¡Dudas fuera!. Si hoy he decidido que voy a recoger a mi hijo a la guardería, voy y si he decidido que voy a renunciar a ello para asistir a una reunión, no tengo por que esconderle a mi jefe que preferiria no estar alli. No soy menos trabajadora por querer conciliar mi vida personal pero tampoco soy peor madre por no ir a por el bebé.

Nosotras somos las que decidimos cuando utilizar el comodín de los «buenosabuelos». Sabemos que ellos se mueren por disfrutar de sus nietos, pero también sabemos que nos hacen un favor cuando se quedan con ellos y los favores se pagan. Directa o indirectamente, pero se pagan.

Nosotras que hemos crecido en la generación de «Vosotras cambiareis el mundo» nos damos cuenta de que no es así cuando en prensa nacional te encuentras la noticia de que dos diputadas regionales han coincidido con el mismo vestido. Estaría bien que el telediario de mañana abriera con la noticia de cuántos diputados del Congreso llevan la misma chaqueta, pero tranquilos que eso no lo veremos.

Nosotras que somos las responsables de educar a los adultos del futuro sin duda somos las que tenemos en nuestra mano que esto cambie. Nosotras, con nuestras decisiones y nuestra conciencia tranquila les haremos ver que otro tipo de sociedad es posible y que confiamos en que ellos y ellas vivirán de otra manera porque cada dia que pasa construyen su futuro con sus expectativas y nuestra experiencia.

Reyes

 

Imagen: Licia Ronzulli y su hija en el Parlamento Europeo en 2010

 

 

 

Adiós Amigo

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Debe ser una cuestión de la edad y de prioridades en la vida pero estas son las cinco preguntas que me hago en este mes de Enero.

1. ¿Realmente me importa tu opinión?
2. ¿Es mejor ir solo que mal acompañado?
3. ¿Es necesario hablarnos cuando no te aguanto?
4. ¿Tengo que adivinar tu mente y cumplir tus expectativas?
5. ¿Eres tú más importante que yo?

Yo mismo me contesto…

1. Tampoco te voy a pedir que valores mi opinión.
2. La soledad es precisa en mi vida para sacar muchas cosas adelante, luego vendrán los que se quieren apuntar el tanto.
3. NO te aguanto, o no nos aguantamos y recuerda que mi felicidad no depende de tus cambios de humor.
4. Por mucho que pienses que yo debería haber hecho o pensado yo soy yo y tú eres tú y por ciencia infusa no puedo adivinar las cosas, así que ya sabes… menos suponer.
5. No. Y como te he demostrado en tu caso soy yo primero ya que no me importa tu opinión, no quiero tu compañía, no te aguanto y no tengo que cumplir tus expectativas.

Adiós amigo

Caye

EL MEJOR PLAN

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¡Ojalá mis padres hubieran vivido toda mi vida!

Últimamente cuando llevo al pequeño al colegio me doy aún cuenta de su falta. No sé por qué les echo más de menos ahora que cuando mis hijas tenían la misma edad que él tiene a fecha de hoy. Será porque ellas nacieron con una abuela. Él…con ninguno de los cuatro. Me hubiera gustado que supiera que los abuelos son reales y no “los abuelos de otros”.

Me hubiera encantado que mi padre le hubiera enseñado las reglas del rugby. Ese deporte que tantos éxitos le dio y que “le rompió la nariz”. O que mi madre le hubiera ayudado con los deberes del cole y así recordase sus tiempos de maestra de escuela en un pequeño pueblo de Albacete.

Lo que hubiera dado porque mi tropa hubiera crecido con las batallitas de su abuelo o con los guisos de mi madre. Que les hubieran hablado del pasado, de su niñez o se hubieran ido al parque que había frente a nuestra casa. ¡Firmaba ya!

Cada vez que cojo a mis hijos de la mano recuerdo cuando mis padres lo hacían conmigo. Una mezcla de paz y seguridad recorre mi cuerpo cada vez que pasa y, la verdad, tengo mucha suerte: mis tres hijos lo hacen cada vez que tienen la menor oportunidad. ¡Esto no le pasa a cualquiera!

Sé que como madre soy manifiestamente mejorable. A veces el desconsuelo se apodera de mí cuando no llego donde los abuelos de los demás llegan. Me siento culpable cuando no tengo tiempo para más porque el mejor regalo de un padre a sus hijos es el tiempo que les dedica cada día. Ellos, los abuelos, sí. Siempre lo tenían.

Sin querer, en algún momento se me olvida que hay cosas que sólo los abuelos hacen. Porque, no nos engañemos, los abuelos son EL MEJOR PLAN. Tienen una paciencia infinita. Cuentan historias extraordinarias. Hacen magia sacando caramelos de las orejas…y los abrazos de oso son su especialidad.

Mis padres eran el plan perfecto para desconectar en una tarde de domingo y disfrutar con ellos, tumbados en el sofá, leyendo un libro o tomando una ración doble de palomitas. Eran Ml MEJOR PLAN para relajarme y reponer fuerzas. Horas de conversación, o de silencio, haciendo…hogar.

No fui la mejor hija, ni la más responsable, ni la más comprensiva. Pero sí me sentí querida desde el primer día. Sin ellos hoy no sería quien soy. Hicieron lo que hasta ese momento sabían. Con sus ejemplos  y con sus debilidades. ¡Cuánta verdad encierra eso de que aceptar a nuestros padres significa permitirles ser como son! Y yo…agradecida por la vida que tengo.

Nunca me prometieron la Luna pero me enseñaron el camino por si algún día quería ir a visitarla. Me enseñaron, eso sí, que me tenía que dejar la piel por todo aquello que me hiciera feliz. “Que nadie regala duros a cuatro pesetas” repetía siempre mi padre.

Ahora, más que nunca, entiendo eso que decían sobre la importancia de la humildad. Que no todo el mundo triunfa. Y que la vida va de dar. Su remedio casero,“sana sana colita de rana”, no suena igual de bien con mi voz. Que todo se cura con un poco de saliva. Y que no existe mejor merienda que el pan con chocolate y aceite.

Cuesta darte cuenta que las cosas cambian y que lo que ayer me servía, hoy ya no. Ahora, como decía mamá, “veo los toros desde la barrera”. Creí que educaría a mis hijos sólo hasta que fueran mayores. Y no. Educar dura lo que dura una vida.

Una y mil veces me aconsejaron que no hiciera un mundo de nada. Que aprendiera a perder pequeñas batallas para poder ganar la guerra. Una y mil veces me recordaron que…los viejos guerreros nunca mueren.

Así que, estéis donde estéis, os mando un beso.

 

Coco.

Los de la imagen son mis padres.

Ni idea de quién les hizo la foto pero, quien quiera que sea, sabía que me iba a gustar.

Solo tú

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Solo tú estás leyendo esto.

En este momento que compartes con este texto, estás depositando tu confianza en mí. Esperas que te cuente algo con lo que identificarte o saber que es lo que me ha pasado en la última semana, pero hoy no va a ser así.

Hoy lo importante eres tú. Tú que nos sigues, que nos lees, que compartes nuestras publicaciones, o no. Tú que cada semana lees lo que escribo y lo meditas, lo haces tuyo, coges lo que te interesa y lo que no lo dejas en el olvido.

Solo tú al otro lado de la pantalla, pero no estás sol@, estás conmigo. Esa es la idea que me viene a la mente cuando me ves y me comentas algo de lo último que he escrito. Cuando me cuentas que te has sentido igual, que conoces a alguien a quien le ha pasado lo que te he contado, o me preguntas algo que te ha generado una duda.

Tú y yo estamos solos ahora y como en todas las relaciones estaría bien tener un «feed back», no es estrictamente necesario, pero estaría bien saber qué ocurre en tu lado de la pantalla.

Tengo amigos (y conocidos) que tienen unas vidas más que interesantes y a todos les he pedido lo mismo: «Por favor, escribe». Tengo la necesidad de leerlos, de saber lo que ocurre en otros lugares del mundo, lo que ven y lo que viven me interesa, me aporta mucho. Y a ti también te voy a pedir algo: «Por favor, escribe» porque seguro que hay alguien a quien le puede servir de mucho. Me da igual que sea un diario, recetas, poemas, comentarios, canciones o batallitas, pero escribe, porque solo así podrás ver las cosas que has vivido desde otro punto de vista, darles la importancia que merecen y dejar tú impronta en este maravillosamente loco mundo nuestro.

Solo tú sabes lo mucho que tienes que contar y recuerda que siempre yo estaré en el otro lado.

Reyes

Fuente de la imagen: Pinterest

Buena Gente

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Si, muy fan de ellos y ellas de esas personas que siempre tienen un pequeño detalle, una sonrisa, un whatsapp, un comentario…

Van llenando mi vasito y cuando te das cuenta se han vuelto en imprescindibles en mi vida. Son esos y esas que cuando les hablas, notas que te escuchan y cuando te cuentan algo sabes que siempre has querido escucharlo.

Son esas que dominan el arte de la sorpresa, que saben perfectamente cómo hacerlo para hacerte sentir especial en todo momento en el que estas con ellas y ellos.

Son esos y esas que aunque mi camino no sea el suyo lo respetan y me apoyan.

Son auténticas, amables, siempre tienen una sonrisa, educadas, humildes y sinceras.

Son esos y esas que siempre están, son agradecidas, no gritan, dan sin esperar nada a cambio, te valoran y además te lo dicen.

Son esos y esas que te hacen sentir fantásticamente y te tratan aún mejor, con ellos y ellas estoy relajado y tranquilo.

Ellos y ellas saben hacerme sentir especial.

Estoy seguro que sabes de quien estoy hablando y es de ti… Buena gente.

Caye

Atrévete.

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¡Hay que ver la facilidad que tenemos para hacer lo que menos nos gusta!

No sabemos cómo pero somos especialistas en machacarnos sin razón. Desde luego yo la primera. Y aun sabiendo lo que va a pasar repites y repites y repites y así en bucle una y otra vez… ¡sálvese quien pueda!

Durante las pasadas fiestas he intentado, sin éxito, desconectar de todo y tener tiempo para mí. Y lo único que me ha quedado claro es que debo revisar mi manera de hacer las cosas. He cometido muchos errores. Sabemos que somos humanos. Obvio. Y precisamente por ser humanos no somos perfectos. Ni tú, ni yo, ni el vecino del quinto…ni nadie. Por lo menos nadie que yo conozca. ¡Y menos mal! Porque el mundo sería aburridísimo si no pasara esto. Pero lo peor de todo es que nadie, cuando mete la pata, se le ocurre que quizás haya sido porque estaba equivocado. Es más fácil echar la culpa a otro. Porque lo que el otro ve, normalmente, no es lo que veo yo.

No sé si estaréis de acuerdo con lo que digo. Quizá la edad me esté volviendo demasiado sensible o una exagerada a la hora de sentir. No estoy excusando nada ni justificando nada. Que nadie se equivoque. Las emociones son las que mueven el mundo. Pero es imprescindible aprender a usarlas. Saber la definición pero no saber usarlas es el gran problema.

Hay cosas que van más allá de lo que ven los ojos y yo quiero ser capaz de ver y mirar. Estar atenta a las acciones de los demás. Sin dejar a nadie atrás. Todos somos valiosos.

Todo esto lleva tiempo. Lo sé. El objetivo es eliminar “al enemigo” y seguro que, si sigo por ese camino, el problema dejará de ser problema. Hay que vivirlo y “sufrirlo”. Porque sólo aprendemos a base de la experiencia. La verdad es que no va a ser tarea fácil y la cantidad de obstáculos que voy a encontrar va a ser más que considerable. Pero no importa. No se puede tener éxito siempre. Debo aprender a gestionar el fracaso y aceptarlo como algo necesario.

Nuestra mayor fortaleza es equivocarnos. ¿No os habéis dado cuenta aún?

Hagamos lo que el sentido común nos dicte. Atrévete. Merece la pena hacerlo.

Sólo hay que saber mirar…más allá.

 

 

Fuente de la fotografía: Saul Leiter (1923-2013)

¡Sorpresa!

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¡Sorpresa!… y los músculos de su cara no se movieron.

No se lo podía creer. Estaba esperando su regalo de 40 cumpleaños y no podía creer que lo que había soñado la noche antes se había hecho realidad.

Y allí estábamos nosotros, «su regalo». Malaga, Gijón, Vitoria, Murcia, Orense, Alicante y Madrid nunca habían estado tan cerca como el día en que todos contestamos «Si quiero» a la propuesta del marido de mi amiga para reunirnos y darle una sorpresa por su cumpleaños.

Aceptamos sin dudar y no teníamos ni idea de lo que estábamos haciendo. Nosotros éramos su regalo, pero el regalo nos lo han hecho a cada uno de nosotros.

Dos años después de vernos en Roma y de seguir hablando a diario desde hace 14, nos reuníamos nosotros y nuestras familias. Los que en Roma estaban de camino por fin se conocieron.

Lo que hemos vivido estos días no se puede explicar.

Pasear bajo la nieve por por primera vez en la vida, intentar hacer un muñeco de nieve y acabar a bolazo limpio, desafinar cantando «a grito pelao», jugar con nuestras propias reglas, disfrutar de un concierto privado, y beber y comer como si no hubiera mañana…

Menos mal que ha habido alguien que se ha ocupado de hacer todo esto posible, y de recordarnos lo mucho que nos queremos, lo importante que es «lo nuestro» y de proponernos repetir una vez al año y de ¡ofrecerse para siempre como cocinero en nuestros encuentros!

Gracias, gracias y mil gracias porque la sorpresa me la he llevado yo.

Reyes

P.S.: Yo si lloré.

 

La paradoja

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El día que más prisas tiene todo el mundo en la historia de la humanidad es el lunes después de reyes. No entiendo como a este día no le han puesto ya un nombre del tipo el «día que todo el mundo sale de su madriguera», yo el primero.

Debe ser la inercia de ese espíritu navideño que tanto nos gusta, pero llevo toda la semana que la batería del móvil no me dura ni 10 horas, he desarrollado una afonía de no parar de hablar durante toda la mañana cuatro días seguidos, todo el mundo que ha estado remoloneando durante el mes de diciembre ha llegado el 8 de enero y todo es para ya, donde estaba ese email que me mandabas para contarme las cosas, ahora hemos pasado a ver cuándo nos podemos ver para ir cerrando cosas.

No me estoy quejando ni mucho menos, pero me resulta muy curioso cómo se para el mundo cuando viene unas fiestas, un mes antes de que lleguen las Navidades la gente ya está diciendo si eso lo dejamos para después de fiestas. Luego pasa lo que pasa que no nos queda tiempo para nada, o igual sí que nos queda tiempo para celebrar la Navidad como nos gusta.

¡Qué paradoja!

Caye

El tamaño NO importa.

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Nada como unas fiestas navideñas para darte cuenta dónde están LOS AMIGOS. Sí, con mayúsculas. Porque hay amigos y AMIGOS. Por defecto (o por lo que sea) llamamos amigo a quien no lo es. Utilizamos la palabra amigo como un genérico para hablar de la gente conocida quitando todo el valor y el sentido que realmente encierra esa palabra.

Para nadie es un secreto que no toda relación de amistad tiene un final feliz. Hay AMIGOS que en su momento sí lo fueron pero que hoy no consigues retener su nombre. Personas que, pasado un tiempo, no recuerdas en absoluto. Un amigo de verdad, de esos para toda la vida…eso es harina de otro costal. Son pocos los que llegan al nivel AMIGO. Y es que en la amistad el tamaño no importa. Conocidos hay muchos. Amigos, pocos.

Con el paso del tiempo he ido aprendiendo a no creer todo lo que me cuentan. He conseguido darme cuenta de que, a veces, la gente es lo suficientemente transparente como para poder detectar a simple vista a mis amigos como las maravillosas criaturas que realmente son.

La amistad es un arte que se trabaja despacio. Exige tiempo y cuidados. Conoces al amigo por el brillo de sus ojos cuando te ve llegar. Sus gustos son tus gustos. Y si no lo son, haces como que sí para que tu amigo se sienta bien. Un amigo si no te da la solución, por lo menos te escucha poniendo el alma entera en lo que le cuentas y, si hace falta… ¡me canta las cuarenta!

Un amigo es lo más cercano a un hermano. Nos soportamos, nos cuidamos, nos enfadamos, nos perdonamos y nos volvemos a enfadar… Un amigo saca lo mejor de nosotros y aguanta lo peor que nos pase. Porque la amistad es tu amigo y sus circunstancias, por mucho que a ti no te gusten.

Este año que acabamos de empezar creo que voy a seguir dejándome llevar por mi intuición al conocer nuevas personas. Aunque sé, de antemano, que mi intuición es bastante flojita en este terreno. Pienso seguir dando sin esperar nada a cambio, pero sí seguiré esperando a alguien que realmente merezca la pena aunque no sepa dónde está. No importa el sitio, eso está de más y, la verdad, hasta la fecha esta parte de la historia me está saliendo bien.

He comprobado cómo las cosas hechas con amor siempre saben mejor. Y me ayudan…a dormir a pierna suelta.

 

Coco

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Me falta valor

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Me falta valor, para meterme en la vida de los demás, me falta valor y en ocasiones me arrepiento.

Me falta valor para preguntar ¿qué tal te va la vida? porque no quiero ser cotilla, pero me he dado cuenta de que hay veces en las que debería haberlo hecho.

Hay personas que no tienen por costumbre compartir «sus cosas» con los que les rodean, y esperan a que los demás les pregunten para hablar y desahogarse. Pues bien, esas personas y yo no logramos entendemos. A mi me cuesta «hacer el cuestionario». Sólo me importa si los que me rodean están bien o si yo puedo hacer algo para que su situación mejore, pero los porqués no suelo preguntarlos.

No tengo interés en saber si fulanito o menganita hace o deja de hacer, dice o deja de decir, me importa si un amig@ se siente bien, o si está pasando por un mal momento.

Me gusta que los míos confíen en mi para contarme cosas, que compartan conmigo sus alegrias y sus penas, sus preocupaciones o sus hazañas. Que me digan que piensan que puedo empatizar con ellos o que me confundan con una psicóloga de profesión cuando yo lo único que hago es escuchar. Escuchar sin juzgar, ese es el secreto.

Por suerte a veces llega el momento y cuando por fin llega alguien y me cuenta, me encuentra.

Estoy aquí para escucharte, para oír tu versión de la historia, para que compartas tus pensamientos conmigo y te sientas mejor al oirte contarlo en voz alta.

Eso si, no doy consejos, no soy yo quien tiene que tomar tus decisiones… pero si quieres mi opinión solo tienes que preguntarla.

Reyes

Fuente de la imagen: Pinterest

 

A gusto

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Me falta tiempo, es que no llego y muchísimas excusas o razones más pero esta vez nos lo hemos puesto muy fácil, si en el fondo somos los tres muy facilones.

Aun llegando tarde con vosotras uno siempre llega a tiempo, pero son esas esperas en la que te dedicas a recordar la última vez que quedamos que hicimos y  que nos inquietaba.

Ya llegáis y tras los saludos de rigor (y como siempre alguna sorpresa), empezamos con lo nuestro, ya que el festival gastronómico siempre es una excusa para quedar y poner patas arriba al mundo que nos rodea. Ya una vez juntos como que nos da casi todo igual, ronda de confesiones, logros, hijos, risas, sonrisas, anclajes, historias verdaderas que hacen salir sentimientos, poner a caldo a más de uno y una, nos damos cuenta que las de la mesa de al lado que se quieren sentar con nosotros. El tiempo pasa y es cuando nos traen la cuenta sin pedirla, ya que nos hemos quedado solos y se ve que estas personas que nos han dado de comer quieren descansar. ¿Veis como el tiempo no pasa cuando nos juntamos? Nos tiene que echar de los bares para ser conscientes de esto.

Si recuerdo ese día de finales de febrero de hace ya casi cinco años cuando nos conocimos, o mejor nos vimos por primera vez, el azar, una casualidad, o quizá el destino pero lo que no nos puede negar nadie es que cuando nos juntamos es para estar a gusto y disfrutar de nuestro momento.

Os quiero Bacalaos.

Caye

La foto se la he robado a mi fotógrafa preferida.

De brindis. Uvas. Y un polvorón.

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Otra vez estoy donde hace un año.

No sé qué me traerá este recién estrenado 2018 pero sí sé lo que he vivido hasta llegar aquí. Por tanto, no busco darme un baño de buenos propósitos que sé, de antemano, que no voy a cumplir.

Si tiro de memoria, sé que de todo ello he aprendido. Aunque, como la gran mayoría, he aprendido más de lo malo y de lo regular que de lo bueno. Ya sabéis eso de aprender a base de golpes. De todo se aprende. Y si hay que volver a la casilla de salida…¡se vuelve!

De hecho en la penúltima uva pedí saber, de vez en cuando, con quién me la estoy jugando. Y, ya puestos, que me enseñe eso de no dar demasiada importancia a quien no la tiene. Últimamente no he estado muy fina .

Hubo una uva muy especial dedicada a aquéllas personas a las que, de una manera u otra, les he fallado. Le pedí (sí, a la uva le pido cosas) que intercediera por mi y les diga que se queden con lo bueno de nuestra historia. Que fallos los tenemos todos y yo más que nadie.

A otra le pedí paciencia. Muchas veces los planes no salen como una espera.

Brindé por los cuatro pilares de mi vida. Y porque cada noche, antes de ir a dormir, siga recordándoles lo que más me ha gustado de su día. No ha sido un año de grandes logros, pero en casa hemos conseguido muchas cosas, sobre todo mis hijos. No creo que pueda pedir nada más.

Apunto de atragantarme con tanta uva en la boca, recordé la necesidad que tengo de organizarme mejor para no volverme loca. Una buena dosis de cordura y eliminar algún virus que se ha instalado de mi disco duro tuvieron también sus uvas.

Con un polvorón doble machacado entre las manos, me acordé que necesito saber decir BASTA. Quiero aprender eso de frenar a tiempo antes de liarla parda.Hay veces que se me va la mano cuando no toca (aunque yo sigo intentándolo).

Llené la copa (otra vez) y brindé por todo eso y por aquellos que nunca creyeron en mi. (Si sois algunos de los que estáis leyéndome en este momento, os ruego encarecidamente que sigáis sin hacerlo. Sois una gran fuente de inspiración para mi).

Seguí brindando. Tenía mucho por lo que brindar. Por la lista de cosas que no cumpliré, por que no me lo ponga muy difícil (una ya está mayor para “el salto de obstáculos”), por seguir soñando que me tocará algún día la lotería, por… Voy a dejarlo ahí.

Y la última uva, hoy más que nunca, fue por mí. Porque creo que a pesar de mis debilidades, de mis pocas luces y mis muchas sombras, tengo que quererme más…y atreverme a ser feliz.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

Solo una cosa

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Solo una cosa, eso es lo que yo deseo para el año nuevo, solo una cosa.

Llevo días leyendo en redes sociales vuestros balances de final de año y la mayoría tienen mucho en común. Pérdidas de seres queridos a los que echamos mucho de menos, nacimientos de pequeñas personitas que llegan para alegrarnos la vida, diagnósticos médicos que preferiríamos no haber tenido que leer y otros que soñábamos con todas nuestras fuerzas, trabajos que vienen y van, amores que acaban y otros que empiezan… en resumen, cosas buenas y otras que no lo son pero que nos han marcado y nos han hecho ser como somos hoy.

Despues de los balances han venido los buenos deseos, las felicitaciones por el nuevo año y las celebraciones. He leído lo que le habéis escrito a vuestros amigos virtuales o reales y lo que le pedís al año nuevo: salud, dinero y amor principalmente, pero también respeto, tolerancia, libertad, entendimiento, alegrías, satisfacciones y sueños cumplidos.

Yo no voy a hacer balance porque coincide con la mayoría de los vuestros, pero sí que voy a pedirle algo al nuevo año, solo una cosa, que os acordéis todos los días de vuestros buenos deseos para con los demás y pongáis de vuestra parte para que se lleven a cabo.

Feliz 2018, bacalaos.

Reyes

Fuente de la imagen: Pinterest

Disponible

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Un día ganas otro pierdes y así es la vida. Y lo mejor que puedes hacer por tu salud, sobre todo mental, es aceptarlo cuanto antes. Enseñar a perder, o gestionar la frustración. No hablo del deporte, hablo en este caso del trabajo.

Hay clientes que van, otros que vienen pero de esto va la ley de la oferta y la demanda, principio básico sobre el que se basa una economía de mercado.

Este año ha habido clientes que se han ido, cada uno por con sus razones, pero han sido siempre muchos más los que han llegado.

No entiendo como gente que dice que son superprofesionales cuando les quitas un cliente, pegan pataletas como niños pequeños, o actúan como matones de patio de instituto. Tengo una mala costumbre últimamente y es todo por escrito, trazamos un plan y me dices quien es el que toma las decisiones, ya que tengo que hablar con él o con ella.

Sinceramente estos personajllos siempre me han gustado, le ponen un poco de sal a mi día a día, y lo que me rio con ellos. Que si la culpa es mía, que si yo he hecho. Cinco cosas que debes hacer sino quieres ser uno de estos personajillos:

1. No escurras el bulto y asume tu culpa si la tienes.

  1. Ofrece soluciones, cada vez que hay un problema que enfada a un cliente, se crea una oportunidad para mejorar en aquello que ha ido mal.
  2. Las personas se enfadan porque les mueve la impaciencia. Pon fechas, habla, comunícate, progresa y da sensación de progresar.
  3. Disponible. Cuando alguien se enfada necesita de alguien que le entienda, si no vas a coger el teléfono, ni devolver llamadas eso les va a enfadar mucho más, proporciona siempre una forma de contacto, fácil, accesible y rápida.
  4. Ve al grano y comunica, adapta tu mensaje a quien lo va a recibir.

No soy de dar consejos y mucho menos a ti personajillo, pero si a la hora de tratar con personas fueses un poco, o en tu caso un mucho más profesional igual ni nos hubiésemos conocido.

A todo esto Feliz año Nuevo Personajillo.

Caye

 

¡La madre de todas las celebraciones!

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Primer round superado.
Santa is comming…y los renos también. Ho Ho Ho. Le dimos a la pandereta, al almirez y a la zambomba. El capón riquísmo (como todos los años). Y aún mejor el caldo con pelotas del día después. Bonita misa de Gallo (como siempre). Jerseys 5 tallas más grandes. Y pantalones que no te abrochan. Síntomas de los que es mejor no hablar. Envoltorios, paquetes y tickets regalo por los suelos. Bebimos con los peces, el tamborilero, la marimorena y todos los pastores. Y sobrevivimos a las conversaciones de fútlbol, política, Cataluña y el Brexit. Recordamos a los que no están. (Dicen por ahí que uno no muere mientras le recuerden). Aguinaldos a la tropa. Repetir 3 veces del mismo plato. 25 resacoso. A cámara lenta…y una tortilla de ibuprofenos para desayunar. En pijama todo el día. Deseos que se cumplen. Desconexión. Paz.

Un respiro y a por el segundo asalto.

Uvas. Cotillones. Algo rojo. Cardados de peluquería y ondas con la plancha. Lentejuelas, terciopelos, tules y encajes modo ON. A vosotras os recuerdo que el little black dress no falla. Caprichos que sólo pasan en Diciembre. Y otra vez a beber, a comer, volver a beber y volver a comer. ¿Para qué sirve la fuerza de voluntad? Definitivamente: born to be real. Música discotequera para después de las campanadas. Y si tienes un karaoke ¡lo petas!. Dolor de pies. ¡Esos tacones me están matando! Yo, a estas alturas de la fiesta, lo cambiaba por una peli en mi sofá. Otro empacho en camino. No olvidar jamás cerrar los ojos y pedir un deseo. Yo os pido…salud.

Querid@s tod@s: La madre de todas las celebraciones también is comming.

Que la disfrutéis.

¡Nos vemos a la vuelta!

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Una Navidad diferente

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Una Navidad diferente, así está siendo la de este año.

Cada año celebramos la Nochebuena y la Navidad en familia, los que tenemos esa suerte , y todos los años es distinta.

Hace muchos años decidí que esta fiesta no iba conmigo y cada año me reafirmo.

Me niego a celebrar que viene Papá Noel cuando lo que a mí me enseñaron es que viene el niño Dios.

Me niego al mogollón de los regalos porque yo soy de Reyes Magos.

Me niego a comer y beber como si no hubiera un mañana, porque lo hay y por suerte puedo comer y cenar todos los días.

Me niego a disimular las ausencias y la pena de perder a alguien precisamente en estas fechas.

Eso sí, la alegría colectiva se contagia. Las sonrisas y los buenos deseos se agradecen.

Es un buen momento para acordarnos  de aquellos a los que queremos y no vemos tanto como nos gustaría. Las quedadas navideñas son una buena oportunidad para decir “Te quiero”.

Hagamos que cada Navidad sea diferente y a ser posible mejor que la anterior, pero respetemos a aquellos que no tienen ningunas ganas de celebrarla.

Feliz Navidad, Bacalaos.

Reyes

Imagen: selfie de los protagonistas del día recibida por wassap (no podía ser de otra manera)

Mirando

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Yo miro hoy hacia atrás y veo.

Proyectos acabados, proyectos fallidos, proyectos en curso.

Personas interesantes, personas interesadas.

Amigos que no fallan, amigos que ya no están.

Gente que me saca de mis casillas, gente que me saca una sonrisa.

Ver crecer con orgullo a los más pequeños, ver como se equivocan y estar siempre con ellos.

Personas que apostaron por ser diferentes y la vida les sonríe.

Enfermedades, sustos y médicos.

Tranquilidad, deporte, cuidarme y cuidar.

Estar en forma, entrenar MMQI y Karate.

Competiciones, fines de semana deportivos y capacidad para competir de los más pequeños.

Amigas y amigos que sé que están y tengo la sensación que no he estado el suficiente tiempo con ellos y ellas.

Colas, esperas y gente que me lo hace pasar bien.

Amor y cariño para los que están.

Intuición para detectar mala gente.

Saber qué cosas y personas no merece la pena.

Escribir con la seguridad o con los miedos que me encuentro.

Todo esto es mi mirada de este último año, siempre con el convencimiento de que mirar siempre es mucho más que ver.

Caye

 

 

…por el color de sus tirantes.

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Haced una pausa y mirad alrededor.

¿Veis lo mismo que yo?

Yo veo que cada vez estamos más locos.

Basta con caminar por la calle. Soberbia, desprecios, insultos, bocinazos, o carroña que le abre la cabeza a otro…por llevar unos tirantes con la bandera de España.

No exagero. Sólo hay que ver las redes sociales de algun@s conocid@s. Si no pasas su «filtro». O si tus tirantes no son de su agrado… ¡leña! Fanáticos de lo suyo, estás con ellos o contra ellos. No tienen término medio.

Morralla disfrazada de progre que aprovecha ir en rebaño para matar a otro por el color de sus tirantes. Que grita para no oír. Que se le llena la boca con discursos pomposos pero su idea de tolerancia no goza de muy buena salud. Rectifico. Directamente…no tiene salud.

Gente cobarde que va de “Quijotes de la libertad de expresión” pero que, cuando alguien lleva unos tirantes distintos a los suyo, le manda «a la hoguera».

Autoritarios. Repugnantes. Auténticas bestias que destilan odio.

Se habla mucho de tolerancia y respeto pero para algun@s es sólo un mero discurso. Ahora, visto lo visto, aceptar al distinto va ser cosa de unos pocos. Y NO. ROTUNDAMENTE, NO.

¿Agredir a quien «viste» diferente cuando otro argumento no existe? ¿Qué mierda hemos aprendido en todos estos siglos que nos separan de los cromañones? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿A las barricadas?

¿Quién eres tú para decidir si otro puede vivir o no sólo porque piensa de otra manera? ¿O por que no te gusta el color de sus tirantes? El monstruo que tienes dentro no defiende tus ideas. Defiende tu ego. Y tu falta de tolerancia es únicamente miedo. Miedo a que el otro tenga razón. Y eso…te supera. ¿Quién eres tú para juzgar todo eso que tienes delante? Juicios de valor sobre cualquier cosa, tratando de imponer tu «vara de medir» a los demás.

Parece que eso que decía Voltaire de “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo” pocos saben qué significa. Y significa, sencillamente, que todos tenemos derecho a opinar y… ¡a ponernos los tirantes que nos dé la gana!

La violencia es la única respuesta que tienen los bárbaros. Y esto no debe triunfar. Es tiempo de actuar.

No seamos cómplices guardando silencio. Todo el mundo, y todos los pensamientos, caben en este planeta.

No calles lo que piensas. Pensemos diferente sin hacer daño. Poder expresarnos sin escondernos.

No consientas la burla, el insulto o el linchamiento hasta morir por…el color de unos tirantes.

No al odio. No a la dilapidación. Simplemente…pensamos diferente.

Necesitamos una convivencia civilizada. Sólo así podremos empezar a comprender su manera de ver el mundo. Quizá no sea mejor que la nuestra pero seguro que nos da alguna idea que añadir a nuestra vida.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Quería volar

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Quería volar, la señora que impactó contra mi coche el otro día, quería volar.

Eso es lo que quiero creer porque no había otra manera posible para salir de la rotonda que no fuera volando por encima de mi coche, el problema fue que el sistema de despegue no le funcionó y me llevó por delante.

Lo viví como a cámara lenta. Miré por el retrovisor y vi un coche que se acercaba, entonces miré por la ventana, venía hacia mi, esperé el impacto…

¡BOOOUM!

Golpe, airbag, freno y tomar conciencia de que estaba bien fue todo uno. Llamé a casa: «Estoy bien, pero me han dado un golpe en el coche, ya llegaré»

Al bajar del coche, la señora que me había dado estaba más nerviosa que yo. ¿Estás bien? Si, ¿y tú?. Tranquila, yo doy aviso. 112, Emergencias de la Comunidad Valenciana. Buenas tardes, hemos tenido un accidente pero estamos bien, solo necesitamos a la policía para hacer el parte de accidente. Muy bien, yo doy aviso. ¿Necesitan asistencia? No, muchas gracias.

Yo estaba tranquila, excesivamente tranquila. Como si hubiera gestionado accidentes todos los días. Llegó la policía, rellenamos el parte, vino el señor de la grúa nos llevó al taller ( a mi coche y a mi) y después, siguió la vida. Oficina del seguro, hospital para revisión, collarín, cabestrillo, pinchazo y a dormir. Mañana será otro día.

Médico, revisión, test de Romberg, mareo, esguince cervical, dolor, pastillas y a casa.

Fin de semana de tranquilidad, reposo, paseos por el barrio y poco más. No he podido acudir de jurado al concurso de Postres Navideños de Anís Tenis, no he podido salir a cenar con mis amigos, no he podido disfrutar de la feria como me hubiera gustado, no he podido hacer mi vida normal…

Total, que la señora quería volar y lo que ha hecho ha sido cortarme a mi las alas.

Reyes.

Ps: Tened mucho cuidado al volante. Las rotondas las carga el diablo. No utilices el móvil al volante. Lo mio no ha sido nada, para lo que podría haber sido, aunque mi coche no opina lo mismo.

 

 

All you need is…

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Lo más fácil para completar la frase es decir LOVE.

Que no digo yo que no lo necesite, además yo soy de los de no me quieras tanto pero quiéreme bien.

Pero lo que de verdad necesito es una idea, una idea de esas motivadoras, retadoras, de esas que cada cierto tiempo pasan por mi cabeza y que luego se suelen convertir, o no, en proyectos que funcionan, en realidades divertidas, en días y días de motivación y de querer hacer.

No quiero que el frenetismo de diciembre me lleve a desilusionarme, todo tiene que ser para antes del día 22, y cuando digo todo, digo todo, tengo el email y el teléfono que echan humo. Pero me niego a que diciembre pase y  no tenga el nombre para esa nueva idea, o no de los pasos para alcanzar lo que quiero. Me niego a que los meses tengan 22 días, y más aún me niego a que mis ideas mueran por tu premura. Vamos hombre, si has tenido un año para hacerlo ahora no me vengas con prisas, que estamos en Navidad.

Quiero mis ideas, esas que apunto en mi libreta, esas que te comento por whatsapp y luego quedamos para darles forma, quiero no morir por tus prisas y mucho menos por tu desesperación.

Aún recuerdo cuando me mandaste un mail que dacia lo quiero Bueno, Bonito y Barato. La verdad es que no me pude reprimir y te contesté con algo que me decían desde muy pequeño

SI ES BUENO Y BONITO

NO PUEDE SER BARATO.

SI ES BONITO Y BARATO

NO PUEDE SER BUENO.

Y SI ES BUENO Y BARATO

NO PUEDE SER BONITO.

Que tus reglas no maten mis ideas.

Caye

Días de mierda. Y un veneno.

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¿En qué se parecen la “metomeentodo”, el “chafa ilusiones” (todo un clásico), la criticona (o portera, con todo mis respetos a l@s porter@s), el falso samaritano, la hipócrita (con esa sonrisa forzada tan fingida y poco natural) y el víctima (ese pobrecito que todo le pasa a él) entre otras especies? ¡Que están poseídos!

Poseídos por…la Diosa Envidia (como la llamaba Ovidio). Esa vieja conocida de todo bicho viviente. Psicópatas de guante blanco. Reprimidos, y amargados, que viven en la ira. Ese sentimiento horroroso que te hace débil. Y muy doloroso para el que lo sufre.

Todos, SÍ  T O D O S, hemos tenido tenemos y tendremos auténticos días de mierda. Días de esos en los que las cosas no salen mal, salen ¡F A T A L! Y lo más fácil es que cuando aparecen más que a menudo, caigas en sus redes y hagas de ella tu estilo de vida: negatividad por un tubo, con la nariz metida donde no le importa, juzgando al prójimo sin límites o utilizando un sarcasmo hiriente… ¡se te fue de las manos querid@!

La envidia es la madre los vicios. Entre sus síntomas: la frustración, aspiraciones insatisfechas, complejo de inferioridad disfrazado de múltiples maneras (incluso menospreciando a diestro y siniestro)… además provoca tensión alta, dolor de cabeza, problemas digestivos y ansiedad. ¡Vaya fuente de estrés! Auténtico veneno para quien la usa.

A veces no les detectas porque sus señales son muy sutiles. Tranquilo. No eres el único. El amor funciona siempre pero ellos no lo saben. Hagas lo que hagas no les vendrá bien. No tienes que disculparte por tu forma de ser. No te esfuerces. No hace falta. ¿Qué culpa tienes tú de sus males? N I N G U N A.

Directamente, ten compasión de ellos y pon distancia. ¡O sal corriendo! No te cortes. Y si eres capaz de sonreirles… ¡les hundirás en su propia mierda! ¡Ahí se las compongan! No hay manera alguna para evitar ser envidiado. Por mucho que no les des una sino 1.000 oportunidades. Hagas lo que hagas jamás podrás detener el efecto de la envidia. Tiene el superpoder de colarse por cualquier rendija. Así que tú…ni caso.

¡Que les aguante su tía!

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Yo soy de procrastinar

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«Procrastinar: Del lat. procrastināre. Diferir, aplazar»

… Y desde hace un tiempo, mi palabra favorita.

Si, mi mal vicio tiene nombre, ¿o es una buena costumbre?

El caso es que hace años que funciono así, dejándolo todo para después y siendo sincera, no me ha ido del todo mal. Es más, consigo hacer las cosas mejor bajo presión, cuando se acerca la fecha límite yo rindo más. En ese momento no se permiten distracciones y eso hago, me concentro en lo único importante, y así consigo el objetivo.

Dicho esto entenderéis que en mi casa los adornos de navidad se ponen el día de nochebuena  por la tarde, casi a la vez que se pone la mesa. Los exámenes se siguen estudiando dos días antes (como mucho) y las prácticas de la universidad se entregan en el último momento.

Los post también los escribo en el momento límite… es domingo, son las 1:10 h de la mañana y estoy escribiendo esto para que tú lo puedas tener en tu mail a las 7:00 h antes de irte a trabajar.

Yo creo que procrastinar es una forma de vida, los que lo hacemos no estamos orgullosos de ello (aunque deberíamos). Creeréis que somos unos vagos, pero no es así, es solo que nos gusta la emoción, sentir la adrenalina cuando se acerca el final del plazo y después disfrutar sabiéndonos capaces de superar las pruebas con nuestro esfuerzo.

Ya se lo que me vas a decir, que algún día no llegaré, que no se puede ser tan confiad@, pero ¿sabes una cosa? Eso es lo que le da emoción.

En la universidad me enseñaron que «Sin riesgo no hay beneficio», y si pierdo, no pasa nada porque  soy consciente de que me la estaba jugando.

Reyes

Fuente de la imagen: Pinterest

 

¿Has sido bueno?

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¿Cuántas veces por estas fechas hemos oído si has sido bueno tendrás regalos, pero si te portas mal te traerán carbón? Con lo bueno que esta el carbón de caramelo.

Yo este año he sido muy dual, vamos que he sido tan bueno como el niño Jesús y un auténtico cabroncete. Este año no ha habido medias tintas, nunca me ha gustado y este año menos.

Este año ha sido el de volver a hacer deporte, el de descubrir lo que es ir a urgencias del hospital y saber lo que es ir en ambulancia, el de bajar de peso y ponerme yo primero, el de las vacaciones raras y los momentos de trabajo disfrutados con entusiasmo. También ha sido el año de descubrir el carácter de los más pequeños de la casa y darme cuenta que ya no son tan pequeños.

¿De que me he quitado este año? pues sinceramente de aguantar pesados, mentirosos, embaucadores, farsantes y cuentistas. Además todo esto a primera vista, cuando los he olido todo ha sido cuestión inmediata de hola y adiós. Hay gente muy pesada por la vida y uno ya o está en edad de aguantarlos.

¿Qué podría mejorar para este próximo año?, sin lugar a dudas el disfrutar de tiempo con los y las que quiero estar y no pasar por nuestras vidas como algo rutinario, quiero quedar contigo y no estar mirando el reloj, quiero reír sin pensar en que dentro de un cuarto de hora me tengo que ir. Quiero mirar el gingtonic que nos estamos bebiendo y recordar anécdotas y que me digas tus verdades, que ya sabes que me gustan. Y ¿porque no? Nos bebemos otro y vemos si ya resolvemos los problemas de la humanidad.

Gracias a todos los que habéis hecho de este año un año diferente.

Caye

«Mis clásicos»

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Abrir el buzón. Ver dentro el catálogo de El Corte Inglés y, de repente, en mi cabeza empieza a sonar esa clásico que rebosa espíritu navideño por los cuatro costados: “Lleeeeeeeeega la Navidaaaad con sabor de mazapaaaaaán…” (Algun@s no tenéis idea de qué canción hablo. Lo sé. Son cosas de la edad).

“¡Quién lo diría!” contaba el viernes Caye. Y es verdad. Como si de una contrarreloj se tratara, empieza la cuenta atrás para vivir auténticas maratones. De nada servirá que tengas un plan perfectamente programado. Mi calendario parece un tetris. Y aunque cada año es diferente, todo nos suena demasiado porque hay “unos clásicos” que nunca morirán. Siempre habrá sorpresas de última hora, como el pariente Grinch que odia todo lo que tenga que ver con la Navidad.

El día 1 ya tuve el pistoletazo de salida para darle a las comidas, meriendas y cenas navideñas. Y a pesar de los millones de enemigos que tienen yo soy ultra defensora de ellas ¡me encantan esos saraos! ¡Voy a todas (las que puedo)!

A partir de ahí empieza el maratón televisivo. Otra vez “Love Actually, “Los Gremlins”, “Sólo en Casa”, “Qué bello es vivir” y…. mientras, comes polvorones a la vez que dices “Zaragoza”. O das la bienvenida a la tableta de Suchard que vuelve a casa por Navidad. O a los mantecados de mi Mari Carmen… ¡todo un clásico!

El día 8 ya empieza lo gordo. Poner el trastero patas abajo para rescatar las dulces y cálidas lucecitas del árbol ¡Cómo me gusta esa orgía de electrones iluminando el árbol de Navidad! ¡Sobrecogedor! Y, aunque no es mi caso, sigo siendo muy fan de los hinchables que trepan por los balcones y por supuesto, del caganet. Poner el Belén es toda una tradición en casa. Como también son los villancicos. Es oír el Tamborilero y venirme arriba con la pandereta. ¡Qué grande es Raphael!

Otros de mis clásicos, aunque digáis que ya no tengo edad para ello, es hacer cola para sentarme en las rodillas de Papá Noel y pedir el aguinaldo. ¿Y si pican?

El 22 celebraré, otro año más, que no me ha tocado la lotería. Y si no toca, que no tocará, siempre quedará el amigo invisible. Dicen que hacer regalos es bueno para la salud… ¡y el invisible conmigo (casi) siempre acierta! También es verdad que soy muy facilona. Si alguien que lea esto es “mi amigo invisible” quiero que sepa que estoy buscando un jersey con renos y espumillón. Y aviso… ¡me lo voy a poner!

Llegará el día 24. Y el 25. Y el 31. Y el 1. Y el 5. Y el 6…y tocará beber como los peces en el río, hablar de política a la hora de cenar, comer sobras, el pavo recalentado, esquivar caramelos en la Cabalgata, discutir sobre la fruta escarchada del Roscón…y la cara de mis hijos la mañana de Reyes. ¡Imprescindibles!

Si todo esto falla, haz como yo: Tomate un chupito por cada villancico que escuches.

No falla.

 

Coco.

 

Fuente de la fotografía: Pinterest

Yo también

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Yo también, me too, so did I, moi aussi…

Puedes decirlo como quieras, pero casi todas nosotras lo hemos vivido. En mayor o menor medida, lo hemos vivido.

Sabes perfectamente de lo que hablo, ¿verdad? Si no lo sabes, sigue leyendo. Y si lo intuyes, también, tal vez identifiques alguna situación con la que te hayas encontrado a lo largo de tu vida.

Vaya por delante que como la mayoría de mujeres hasta hace bien poco he pensado que estas situaciones no tenían importancia, pero el otro día al verbalizarlas me di cuenta de que no eran ninguna nimiedad.

La primera situación que recuerdo ocurrió cuando yo era adolescente. Aún no salía de noche, pero iba a cenar a casa de una amiga que vivía cerca o venía ella a mi casa, y después «nos acompañábamos» hasta mitad de camino. Una de esas noches, cuando nos estábamos despidiendo en la esquina de al lado de casa nos percatamos de un coche que estaba parado a escasos metros de nosotras. Desde el interior del coche un individuo abrió la puerta para que viéramos donde tenía las manos. Fue tal la impresión que nos llevamos y el grito que pegamos que la adrenalina nos dio energía para salir corriendo hacia mi casa donde mis padres después de escuchar nuestro relato decidieron acompañarnos para darnos seguridad y comprobar que el coche ya no estaba.

Años más tarde, recién estrenada la vida laboral, con 19 años recién cumplidos, todas las mañanas cogia el cercanías, con la mala suerte de que ese verano la estación estaba de obras y mi llegada coincidía con el momento del café de los obreros. El primer día, aguante estoica el «Buenos días, guapa», pero a la semana de que los comentarios cambiaran a «Que sería vas, con lo guapa que eres y nunca nos dices nada» no pude más y lo comente en mi casa. Mis padres no daban crédito pero al día siguiente madrugaron y me acompañaron a la estación. No iban conmigo, sino unos pasos más atrás para poder comprobar lo que se había convertido en mi tortura diaria.  Como era de esperar volvió a pasar, y me consta que después mis padres les recordaron que ellos seguramente tendían hijas a las que no les gustaría que trataran del mismo modo. Al día siguiente ya no volví a ir en tren.

Ya en la veintena, en trabajos veraniegos en la banca de los 90, nuevas situaciones a resolver. Un jefe que preguntaba que cuando me iba a poner falda para ir a trabajar mientras miraba lascivamente, o que me pedía ordenar el armario de delante de su mesa, o que se me insinuaba directamente con un «si tú quisieras». Yo ya me había hecho fuerte, pero aún así nunca le agradeceré suficiente a aquel Ángel de la Guarda que apareció un día en Altea la Vella para ver cómo iban las cosas, que me mandara a Calpe a una oficina en la que el equipo era igualitario.

Mención aparte merece el «señor» si es que se le puede llamar así, que dejaba pasar su turno para que le atendiera yo, y así mientras me miraba el escote alababa mi bronceado y me preguntaba cuál era mi playa favorita. Mis compañeros se dieron cuenta y además de avisarme en cuanto le veían aparecer para que yo me escondiera le dieron alguna que otra reprimenda… pero el «señor» se quedaba tan pancho.

Despues de esto he sido capaz de decirle a otro jefe que hiciera el favor de mirarme a los ojos mientras me hablaba, que el dibujo de mi camiseta no era de su incumbencia, pero aún así, desterré mis camisetas estampadas y relegué los escotes a lo más profundo del armario.

Son situaciones cotidianas y somos muchas las que las sufrimos o las hemos sufrido en algún momento de nuestras vidas. No nos sentimos orgullosas de ellas, más bien al contrario. Las ocultamos, nos dan vergüenza cuando nosotras no hemos hecho nada malo.

Hasta ahora no había sido consciente de que estas cosas son denunciables, y no hablo de juzgados. Hablo de sacarles los colores a estas personas que piensan que solo por qué son hombres tienen derecho a tratarnos así. Que todo el mundo sepa que estos personajes no están sacados de un cuento, que están ahí, a tu lado, que pueden hacer sentir mal a alguien y quedarse tan panchos.

Ya está bien de aguantarlos y de callarnos. Defendamos nuestros derechos y eduquemos a nuestros hijos para que vean a las mujeres como iguales, sin filtros. Entonces y solo entonces estaremos en paz.

Reyes

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Llegó Diciembre

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Si hace dos días íbamos en bermudas (literal) me dice mi vecino en el ascensor, oficialmente no hace frio hasta que llega un vecino y te lo comenta en el ascensor: ¡Oye! ¿Pues parece que ha refrescado? Quién lo diría viéndolo con su chaqueta de NorthFace y su gorro de lana.

Como todos los años, lo que más me gusta es la cara de los más pequeños que con los años su cara de ilusión se transforma en picardía y querer saber. Esas preguntas del más pequeño a su hermano y su hermano mordiéndose la lengua, sobre la logística de Papá Noel y los Reyes Mago.

Me gusta diciembre por

… las castañas calentitas.

… los regalos sorpresa.

… Por los regalos que no me gustaran.

… por la purpurina por todas partes.

… por las luces horteras por todos lados.

… los momentos incomodos y las caras raras.

… por la cenas, comidas, almuerzos y desayunos con esos que no vemos todo el año.

…. por ese aperitivo el día de Noche Vieja en manga corta y al solecito.

… por la fiesta de Noche Vieja que siempre nos sorprende.

… por ese pijama como regalo que no falla ningún año.

… por comer y beber como si no hubiese mañana.

… por mis amigos que no les gusta la Navidad.

 

Y sí, a mi más que la Navidad me gusta Diciembre.

Caye

UNA DELGADA LÍNEA…

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Cuando en un diario económico de cierto prestigio lees que los japoneses se están marchando de las ciudades para vivir en el campo, trabajar con sus manos y en sus ratos libres sólo leer, toca reflexionar. Algo está pasando.
Si cae entre tus manos otro semanario del mismo prestigio, resulta que la felicidad también depende de otras cosas: del amor, del tiempo libre, de la familia, de los amigos…
Las noticias llevan una temporadita repitiendo una y otra vez que los países más felices del mundo no son los países ricos. Sin embargo, nosotros, que formamos parte del «club de los privilegiados», no nos damos mucha cuenta de esto. Pero si nos fijamos un poquito en una situación de pobreza cualquiera (no hace falta ir muy lejos) podemos comprobar cómo para los que la sufren, cualquier avance conlleva felicidad. Ahora bien. Cuando se alcanza cierto nivel de ingresos y bienestar, la alegría que esos pequeños avances nos dan va desapareciendo. Ya no es suficiente. ¡Queremos más!
¿Por qué? La psicología sabe la respuesta. Según parece “los estímulos dan placer pero si se repiten habitualmente dejan de darlo”.
Y…¿Por qué os estoy diciendo todo esto? Porque acabamos de salir de ese invento que se llama black friday donde he visto la avaricia en persona. Gente con los ojos fuera de sus órbitas a la caza del «trofeo»… Sé que eso suena fatal pero es tal cual. ¿El precio? ¡No importa! ¡Lo puedes pagar a crédito!

No quiero ni pensar con la que se avecina en menos de un mes. Está comprobado, con cifras espeluznantes, que un importante porcentaje de los regalos de Navidad se devuelven. Al que compra no le importa que los necesites o no. Es el hecho de sacar los billetes del bolsillo o la tarjeta de la cartera lo que a la gran mayoría le hace feliz. Tranquilos. Sólo algunas personas lo experimentan. Y, según confiesan, sienten un pico de dopamina que da paso a una placentera sensación de cosquilleo en la cabeza que, posteriormente, se expande por todo el cuerpo.
¿Así que la vida es eso? ¿Hormigueos y cosquillas?¿Poder y querer? ¿Picos de dopamina? Con todos mis respetos, eso es sencillamente UNA DELGADA LÍNEA ENTRE PARECER GILIPOLLAS Y SERLO.
No vengo a hablar del ser humano ni de los gilipollas. Para otro día si eso. Ahora bien ¿por qué si de niños pasamos por alto todo esto cuando alcanzamos una edad, según los especialistas, mostramos entre aspiraciones y deseos el memo que llevamos dentro? ¿Es culpa también de la dopamina?
Aunque cada uno seamos felices a nuestra manera, las investigaciones coinciden en decir que sólo necesitamos salud, amigos y una cantidad RAZONABLE de dinero. Fin. ¡Pues no! Resulta que somos auténticos esclavos del dinero. No cambia en nada que seamos más listos que antes o que tengamos más estudios y estemos mejor informados. Cualquiera puede caer en sus redes. Es el verdadero placer de la época en que vivimos. Y no. No todo reside ahí. La vida no es sólo dinero. ¡El dinero no existe! (dicen) Lo que existe es nuestra relación con él y cómo lo usamos. (Y esto tampoco lo digo yo).

A estas alturas nadie discute que buscar la felicidad basada en el dinero ya no se practica en muchos países del mundo, como en Japón. ¿Dónde está el placer de buscar, descubrir, experimentar…?¿No es  mejor eso que la felicidad instantánea de tenerlo? Si esto no es suficiente, dejemos en paz a la dopamina.

Deberemos hacer un cambio de chip…como en Japón.

 

Coco.

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No soy celosa

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No, no soy celosa y no me cansaré de decirlo nunca.

No creo que los celos demuestren nada bueno, eso de «Si te cela es porque te quiere» no es verdad, ni ahora ni en la época de nuestros abuelos, no lo ha sido nunca.

No se cela de lo que ocurre, sino de lo que el celoso se imagina que puede ocurrir. ¿En serio? ¿De verdad estás pensando que te quiere porque te imagina con otra persona? y aún peor… ¿Qué me dices de los celos del pasado? Eso si que es gordo! Hay que asumir que las personas tenemos un pasado, que en ningún caso tienes por qué detallar a tu nueva pareja, y esa nueva pareja te quiere por quien eres hoy, no tiene por que pensar en quien eras ayer o con quien estuviste ni que hiciste, pues son esas vivencias las que te hacen ser hoy como eres y eres… la persona de la que se ha enamorado.

Yo no puedo entender los celos. A lo mejor es porque nunca he sentido que nadie «fuera mío». Ya somos adultos. Si estás con alguien es porque quieres, y porque ese otro alguien también quiere. Es un acuerdo entre dos. Ese acuerdo no es eterno, ni proporciona ningún poder sobre la otra persona. Se renueva cada día, es más, se debería renovar cada día dos veces: Cuando te despiertas por la mañana, y cuando te vas a dormir. Si no estás bien, puedes romper  unilateralmente o por mutuo acuerdo, eso ya lo decides tú.

Los que no me entienden me dicen que es porque soy muy confiada… y tienen razón. Confío en mi pareja, no entendería una relación si no fuera así. Sin confianza no puedes mantener una relación, da igual del tipo que sea. Ojo, esto no quiere decir que viva en los mundos de Yupi. Soy consciente de que la traición existe y de que puede ocurrir, pero también creo que los celos en vez de prevenir pueden convertirse en un catalizador.

En resumen, si eres celos@, párate un momento a pensar. ¿Qué gano con esto? Verás como no encuentras nada bueno.

Reyes

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Esperando

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Aquí estoy esperando, y no es algo nuevo en nuestras vidas.

¿Que esperamos cuando estamos esperando?

¿O que nos perdemos de la vida mientras nos quedamos esperando?

A mí no me gusta esperar ni que me esperen, y esto siempre me ha causado algún que otro problema.
Me gusta que me digan cuando me van a llamar, cuando va estar todo preparado, cuando vamos a lanzar el proyecto.

No me gusta esperar, no lo aguanto, me pongo de los nervios, suelo ir preparado para esas ocasiones, mi libreta y mi móvil me ayudan, no entiendo como he pasado una adolescencia sin móvil, pero esto ya lo comentaremos otro día.

Esperando que llegue tu momento, esperando que llegue la ola perfecta, espera, espera…

¿Sabes lo que pasa cuando esperas?
Que te pierdes el presente, así que ya sabes deja de esperar y mueve el culo del sofá.

Caye

20 AÑOS

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Amor. Pasión. Pareja. Compromiso. Unión. Tres hijos. Felicidad absoluta. Familia. Convivencia. Entrega. Respeto. Responsabilidad. Vértigo. Hipoteca. Ignorancia. Humildad. Atención. Mimos. Alegrías. Imaginación. Sacrificios. Noches sin dormir. Egoísmos. Proyectos. Ilusiones. Miedos. Cansancio. Promesas de amor eterno. Sueños. Trabajo. Juegos. Besos. La tapa del váter levantada. Ansiedad. Enfermedades. Salud. Discusiones. Aprendizaje. Pruebas. Lecciones.

Amor. Paciencia. Perdón. Lucha. Valor. Desafíos. Mudanzas. Diferencias. Negociaciones. Treguas. Sonrisas. Reflexiones. Celos. Viajes. Educación. Gastos. Reproches. Quejas. Abrazos. Secretos. Mentiras. Excesos. Confesiones. Entender al otro. Complicidad. Inquietud. Daño. Éxitos. Confianza. Sorpresas. Regalos que no te gustan. Oportunidades. Desilusiones. Cara. Y cruz. Cambios. Temores. El mando de la tele. Estrés. Tensiones. Guerras. Paz. Sexo. Pérdidas.

Amor. 100%. Luces. Y sombras. Horas de conversaciones. Planes. Emociones. Lo que el viento se llevó. Equipo. Escapadas. Aventuras. Bromas. Diversión. Riesgos. Al límite. Desorden. Obsesiones. Depres. Crisis. Aburrimiento. Esfuerzo. Triunfos. Fracasos. Canas. Angustia. Peleas. Deseo. Obligaciones. Letra pequeña sin leer. Problemas. Facturas. Insomnio. Sinceridad. Tristezas. Decisiones. Gritos. Silencio. Reconciliaciones. Piel. Risas. Lágrimas. Madurez.

Amor. Hogar. Gracias. 20 Navidades. Arrugas. Y unos cuantos kilos de más. La dieta. Sentido común. Seguridad. Lealtad. Dolor. Desengaños. Tener ganas. Defectos. Amistad. Cuidados. Caricias. Seguir caminando. De su mano. Rutina. Experiencia. Compañía. Miradas. Ternura. Cómplices. Valores. Recuerdos. Errores. Sufrimiento. Esperanza. Su risa. El beso de buenas noches. Nostalgia. Una canción. Dar. Y recibir. Equilibrio. Serenidad. Unión. Tiempo.

Amor. Ayer. Hoy. Mañana. Todos los días. Durante 20 años. ¿Cuestión de suerte?

Hoy, 22 de Noviembre de 2017, hace 20 años que me casé.

 

Coco.

La foto habla por sí sola.

 

Sin palabras

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Sin palabras, así es como mejor se dicen las cosas, dejando que sean nuestros actos los que hablen.

En ocasiones las palabras sobran y las explicaciones no hacen ninguna falta. Cuando tienes la confianza suficiente con alguien no necesitas preguntar nada, y cuando conoces a alguien en profundidad un pequeño gesto te puede decir mucho más que cualquier discurso concienzudamente preparado.

La capacidad de leer entre líneas no es un bien común de toda la humanidad, pero «habemos unos cuantos» que las pillamos al vuelo, aunque a veces nos gustaría no percibir tanto.

No todos los que tenemos ese sexto sentido somos igual de rápidos, pero si conseguimos llegar a las mismas conclusiones saltándonos a pasos agigantados el proceso natural de deducción.

Así, sin palabras somos capaces de decirnos que nos queremos, que nos hemos echado de menos o que estábamos esperando este momento.

Ahora te toca a ti interpretar lo que «sin palabras» te acabo de contar.

Reyes

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Next Please

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Next please

Otro, otro y otro, asoma ya diciembre y más de uno le está viendo ya las orejas al lobo.

Tiempo de nieves, lucecitas, excusas y cuñaos por todas partes.

Probablemente no has deseado con la suficiente fuerza como para tener la suficiente hambre como para cumplir tus objetivos.

O quizás era una cuestión de fe en lo que sabemos hacer para hacer lo que hay que hacer. Miedos, preocupaciones, dudas nos han hecho perder la fe en nuestra rapidez y ejecución.

Ya lo sé y tú también, todo esto es porque has estado todo el año enfadado con el mundo y contigo mismo, en el control de las emociones esta la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Concentración, concentración como te suena la cantinela, anda que no has perdido tiempo mirando las moscas pasar. Y haciendo un montón de cosas por inercia y desganado.

Luego leerás todo esto y me preguntaras ¿esto lo has escrito por mí?

Cuando uno pierde el control de sus emociones, la concentración sufre de inmediato, y cuando no estamos concentrados, perdemos autoconfianza. No hay autoconfianza si no hay concentración o control emocional.

Vamos que lo dicho Next Please.

Caye

UN CULO INQUIETO

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Acabo de volver de Lisboa.
Por mucho que os cuente nada como perderte allí unos días.
Y es que hay sitios del planeta Tierra que se quedan en tu retina para siempre. Sitios donde el reloj se para. Sitios que son magia. Y sitios que jamás podrás explicar con palabras. Así es Lisboa. Así es Sintra. Sintra no es Patrimonio de la Humanidad por causalidad. ¡Se lo ha ganado a pulso!
Resultado: Tengo una enfermedad llamada “síndrome postvacacional”.
Seguro que más de uno la habéis sufrido. ¿Los síntomas? Días en los que no estás de humor, de esos que pasan m-u-u-u-u-u-y   len-ta-men-te y sólo quieres gritar, el culo inquieto sin saber dónde posarlo…En fin, días de esos que te volverías a marchar sin pensarlo dos veces.
La aventura terminó y la rutina vuelve a funcionar tal y como la tenía programada. Ninguna pieza del puzle queda fuera de su sitio excepto YO. Me pasa cada vez que vuelvo de un viaje. Da igual cómo sea, dónde sea y con quién sea. Siempre hay un antes y un después. Por un tiempo cambias.  No eres tú. Es que, a medida que viajas, la forma de ver el mundo también cambia.
Leído así parece una derrota, pero he vuelto a casa feliz.
Viajar me lo da absolutamente todo. Aprendes, pruebas, sientes, conoces… ¡vives!
En el viaje todo es cara o cruz. Viajar es tomar decisiones constantemente. Cuando viajas, la curiosidad manda. Viajando tú eres quién decide qué quiere descubrir, qué quiere explorar, a la derecha o a la izquierda, metro o autobús…. Las ciudades pueden llegar a parecerse pero ¡que no te engañen! ¡no hay un sitio igual que otro! Todas ellas guardan secretos que se escapan a quienes las visitan. Cada lugar tiene su historia. Y cada camino te lleva a alguna parte.
La necesidad de viajar y el culo inquieto lo llevo en la sangre. Mis padres, allá por los 60, ya hacían sus pinitos viajeros: varios Caminos de Santiago, La Costa da Morte, continuas visitas a Las Landas en busca del mejor foie, Mont Saint Michel y sus vacas «con botas y gabardina», la Ruta de Isabel la Católica, conducir al revés en Londres, la Bretaña y  Normandía de arriba a abajo, cruzar el canal de la Mancha en pleno temporal, la Ruta de la Plata, la de los Castillos del Loira, Niza, Cannes, Estoril, Oporto, también Lisboa y Sintra… y así podría seguir enumerando lugares sabiendo que me dejo un montón de destinos en el tintero. Lo sé. Nada del otro mundo visto esto en pleno siglo XXI. Sus escapadas carecerán de mérito para los trotamundos de ahora pero en aquélla época, a lomos de un Seat 1.500 ¡era una verdadera aventura!
Mientras os escribo, y para sanar de esta “enfermedad postvacacional” que me está matando, ya estoy maquinando un buen plan que dé vida a «los días grises» que quedan por venir. Rumiando la mejor forma de plantarle cara a un invierno que empieza a asomar la patita: disfrutar del placer de recordar, revivir destinos, sean grandes o pequeños… ¡qué más da! Buscaré la aventura en mi día a día. En mi ciudad. Junto a los míos. Imaginando que, semana tras semana, viviré una nueva experiencia. Arriesgando. Siendo feliz y dejando de hacer cosas que no me motivan. Lo dicho… Un culo inquieto.
¿Queréis saber cuál es mi próxima estación?
 Donde la imaginación me lleve.
Coco.
Fuente de la fotografía: Pinterest.

Necesitamos hombres

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Necesitamos hombres, y los necesitamos YA!

Necesitamos hombres que alcen su voz frente a  la violencia contra las mujeres.

Necesitamos hombres que digan bien alto «yo no soy así».

Necesitamos hombres que salgan a la calle cada vez que se comete un crimen.

Necesitamos hombres que eduquen a sus hijos e hijas en la igualdad.

Necesitamos hombres que den ejemplo y nos traten como iguales, con respeto.

Necesitamos hombres que no les rían las gracias a los «machitos», que les corten las alas antes de que empiecen a volar.

Necesitamos hombres que se sientan iguales que nosotras y sean capaces de compartir tareas y responsabilidad.

Necesitamos hombres que salven el mundo con nosotras y nos libren de esta atrocidad.

Necesitamos hombres que se rebelen contra el «siempre se ha hecho así». Si fuera de esa manera, las mujeres aún no votarían ni podrían abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido. (Triste pero real, y no hace tanto).

Nececitamos hombres que nos llamen por nuestro nombre, que nos reconozcan por nuestros méritos y no por ser la mujer o la hija de…

Necesitamos hombres que estén dispuestos a darlo todo por sus madres, sus hermanas, sus hijas, sus amigas y sus parejas. Que entiendan que todas somos igual.

Necesitamos hombres que nos valoren por cómo somos y no por cómo nos vemos.

¡Necesitamos hombres valientes, y los necesitamos YA!

Reyes

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Lo he conseguido

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Después de un verano raro en el que no conseguí descansar y desconectar he conseguido disfrutar de unas vacaciones de esas donde desconectar, donde olvidar el día a día, donde disfrutar en cada momento de los que me rodeaban.

Estar 8 días desconectado te hace plantarte muchas cosas de un las rutinas que muchas veces nos autoimponemos.

He aprendido varias cosas,

  1. Donde fueres haz lo que vieres. Si te dicen que las comidas son desayunos los almuerzos meriendas y que aquí no se cena porque a las 19:30 todo el mundo a la cama, pues que quieres que te diga hagámosle caso y me lo tomare como una cura de sueño, he estado durante 7 noches durmiendo una media de entre 10/11 horas de tirón.
  2. ¿Quién se pierde cuando alguien se pierde? ¿Se pierde el que no sabe dónde está? ¿Se pierde el que se pone nervioso? ¿Se pierde el que no conoce el idioma? ¿Quién se pierde? Yo me he perdido descubriendo muchas veces que debía encontrar al resto de gente una vez pasado un ratito en solitario. La soledad me ayuda a encontrar lo que busco.
  3. Viajando siempre te llevas grandes sorpresas como las de encontrarte con un familiar que hace como dos años que no ves en un recóndito pueblo de Irlanda y quedarnos los dos con una cara de esto no puede ser.
  4. Fluye, disfruta, párate, mira hacia arriba, capta el momento, respira hondo y no le des importancia a lo que te suele molestar. Aprende a contestar con una sonrisa si te hablan en un idioma que no entiendes. Que si sonríes todo el mundo te entiende.
  5. Dormir da hambre.
  6. Reír da hambre.
  7. Andar da hambre.
  8. Ir por el mudo con la maleta bien hecha en la que todo cabe perfectamente, no te garantiza que a la vuelta todo vuelva a caber en su misma dimensión y espacio.
  9. Ir disfrazado en Halloween para hacer truco o trato ayuda a hacer amigos en el vecindario.

Caye

 

 

 

A pesar de todo esto y mucho más

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Dice la RAE que la palabra «AMIGO/GA viene del latín amīcus, que a su vez se deriva del verbo latín amāre, que significa ‘amar’. El superlativo irregular es amicísimo y el regular es amiguísimo».
Y, también según la RAE, tiene varias acepciones: «Que tiene relación de amistad. Que gusta mucho de algo. Dicho de una cosa: Propicia, benigna, grata. Amante. Para dirigirse a una persona, aunque no se conozca o no haya relación de amistad.»
¡Cuanta frialdad gente de la RAE! ¿Dónde queda eso de «…el que te comprende»? ¿»…el que acepta tus luces y tus sombras», «el que…»?

Porque amigo también es el que se preocupa por ti día a día. Y también ese que, aún no haciéndolo día a día, se interesa por tu vida y por los tuyos.
Amigo es el que se corre una juerga contigo y la montáis parda. Pero también lo es el que no te ríe las gracias porque, sinceramente, no haces gracia.
A un amigo puedes contarle lo que sea. Un amigo respeta.
Un amigo va de frente.
Un amigo no finge.
Un amigo te muestra su verdadero yo y mira cara a cara al tuyo.
¡Un amigo lleva fatal eso de la puntualidad!
Un amigo no te condena.
Un amigo te soporta cuando no te soportas ni tú.
Un amigo te besa sin venir a cuento.
Un amigo siempre tiene un hueco para ti. Un amigo es un terapeuta a tiempo completo.
Un amigo sabe «cómo vas de la tripa» pero…no cuenta tus intimidades.
Un amigo es el que te levanta cuando caes y el que te canta las 40 cuando la lías. Aunque no le quieras oír.
Un amigo no se enfada si no piensas igual que él. Aunque le duela.
Un amigo jamás compite contigo.
Un amigo es ese que te dice lo mal que te queda es vestido. ¡Sí, ese que a ti tanto te gusta!
Un amigo está a tu lado en las peores crisis.
Un amigo te pone los pies en el suelo cuando «estás en las nubes».
Un amigo te demuestra su amor cada vez te riñe.
Un amigo conoce tu verdadero yo y, aún así, no quiere perderte.
Un amigo te corta rápido cuando te enrollas con frases tipo: “¿es muy largo?”. Un amigo te entiende incluso cuando no hablas.
Un amigo no insulta, no humilla y…no tiene pelos en la lengua para decirte lo que piensa.
Un amigo te escucha. Y será de los pocos que te digan la verdad cuando le pidas opinión.
Un amigo pasa página sin problemas.
¡Un amigo jamás le pone chorizo a la paella!
Un amigo pide perdón y…perdona.
Un amigo hace bonito tu mundo.
Un amigo te saca sonrisas.
Un amigo, a veces, es odioso pero…no mete el dedo en la llaga.
Un amigo no viene y va. Un amigo ESTÁ.
Un amigo no tiene reglas escritas pero cumple sus promesas.
Amigo es esa persona tan difícil de encontrar que, cuando le encuentras,es como si hubiera estado a tu lado toda la vida.

Señoras y señores RAE: Un amigo es ese personaje que, a pesar de todo esto y mucho más, TE QUIERE SOBRE TODAS LAS COSAS.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

Voluntariamente

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Voluntariamente, así hacemos las cosas, por nuestra propia voluntad.

¡JA!

Eso no te lo crees ni tú!

¿De verdad has madrugado esta mañana por que querías o porque es lunes y tienes que fichar en el curro?

La mayoría de las cosas las hacemos porque alguien ha decidido que así lo tenemos que hacer. Todo está establecido y nuestro margen de decisión es mínimo, no te engañes. Te levantas cuando toca, trabajas porque es lo que toca, comes cuando toca y lo que toca (porque a lo mejor ni siquiera puedes elegir entre las opciones del menú) sigues trabajando o te dedicas a lo que toca, y el resto ya te lo sabes.

No, no te engañes, no eres tú el que ha decidido que en tu tiempo libre vas a salir a correr… lo haces porque es lo que toca, lo que hacen tus amigos, lo que está de moda… y tu ropa, ¿la has elegido tu? ¿o es lo que había limpio esta mañana?

En temas más importantes también hacemos lo que toca, vamos al colegio, a la universidad, trabajamos, conocemos a alguien, formamos una pareja, una familia… y todo esto lo hacemos voluntariamente. Y tú te lo crees.

¿Cómo sería la vida de otra manera? La verdad es que no tengo ni idea, lo ideal en ocasiones es pone el piloto automático, dejarse llevar y no cuestionarse la razón por la que hacemos las cosas.

Bueno, en el día de hoy hay algo que sí has hecho voluntariamente, leer este post hasta el final. Gracias.

Bacalao, ponte las pilas y empieza a tomar decisiones, pero no lo hagas porque te lo diga yo, hazlo voluntariamente.

Reyes

¿Dónde está esa pequeña?

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Hoy, hace 18 años, nació la pequeña de casa. ¡Otra soñadora más! La mediana de mis hijos. Un parto maravilloso y una niña redondita de casi tres kilos es el mejor regalo que puedes recibir un día tan especial como es el de Todos los Santos. Nació ese día en el que echas de menos a los que no están. Allí faltaban tres de las personas más importantes de su vida pero la abuela Cortes echó el resto.

¿Dónde está esa pequeña? ¡La vida va demasiado rápido!

Esa pequeña se ha hecho mayor…¡aunque le siga gustando remolonear más que nada en el mundo!. Envidio la capacidad que tiene para dormirse en cualquier lado ¡donde sea y cuando sea! ¡Así tiene la piel de bonita!

¡Bienvenida al club de los mayores!

Hija, si esperas que esto sea una carta cargada de lágrimas ¡vas lista! Esto es una declaración de amor en toda regla. Me tienes harta de oírte decir que lo mejor llega ahora. Vale. No seré yo quien haga spoiler. ¡Descúbrelo tú! Sólo te adelantaré que vienen momentos, digamos, interesantes. ¿Preparada?

Para empezar, haz una lista con las cosas tuyas que más molan. ¡Eso es lo que de verdad importa! Al fin y al cabo nunca es tarde para empezar a hacerla tengas la edad que tengas. (Por favor, incluye en la lista “bajar la basura”. Nunca recuerdas cuando te toca y, aunque no mole, también importa).

¡Imprescindible desmadrarte! ¡A veces la realidad supera a la ficción! Aunque, con el tiempo, descubrirás el placer de quedarte el finde en casa, en pijama, con la mantita, las palomitas y viendo pelis. O leyendo. Lee. No dejes nunca de hacerlo. ¡Hay tiempo pa tó!

Recuerda cuántas veces te hemos dicho que el mundo no se para. No te bajes de él ni para coger aliento, ni te conformes con «lo que toca». Sigue estudiando. Y aprendiendo. Avanza. A tu ritmo pero avanza. Sal ahí fuera y… ¡cómete el mundo!

Sé tú. Sigue siendo tú. Sé fiel a ti misma. Nunca olvides de dónde vienes. Y ten claro hacia dónde vas. La intuición será tu mejor consejera. ¡No escuches a tus demonios!

Sé amiga de tus amig@s. Serán tu segunda familia. Estate con ell@s a las duras y a las maduras.

No le des la espalda a los problemas. Arriesga. Tropieza. Equivócate y aprende de los fracasos. ¡Que más vale arrepentirse de lo hecho! Y cuando te quieras resetear y no puedas…respira y piensa en positivo. Dale la vuelta a todo y cambia las lágrimas por sonrisas. No falla.

Ten paciencia. No estás sola. Todo irá bien. Y sigue pidiéndome ayuda…seguiré sintiéndome madre.

Sé humana. Sé imperfecta. Diviértete. Viaja. Pon morritos. Haz el pino si te da la gana. ¡Di siempre que sí a los planes improvisados! Y si te tocan las narices… ¡saca la fiera a pasear! No seas perfecta. Y no lo sientas no serlo. Manda a la mierda de vez cuando y verás que bien te quedas. ¡Ah, y sigue sacando la lengua en las fotos! ¡Me encantas cuando lo haces! ¡No te cortes!

¡Come más pescado, criatura! ¡Lo necesitas!

Cuando ames… ¡hazlo a lo bestia! Ama como una loca. Disfruta del amor. Eso sí: de donde no te quieran, huye. ¡Que les den! ¡Acepta todo menos un NO!

Sé humilde. Y agradece. Pero… quiere siempre más. No te conformes. No te calles y habla. Que nadie te tape la boca. Escribe sin que nadie te dicte. ¡Que no te líen!

Por favor: ordena la habitación. (¡Ojito que nadie se libra de esto!)

Nunca pierdas el humor. Recuerda que el humor es una cosa muy seria. ¡Además, la gente divertida es la que más liga! Ríe como lo has hecho siempre y no dejes de cantar por los pasillos. Aunque tu padre diga que lo haces fatal. ¡Tú a lo tuyo!

Significas tanto para mí que…así podría seguir hasta la eternidad.

TE QUIERO. Firmado: Tu gordi.

 

P.D.: Hija, si te sirve de algo, te confesaré que cada día que pasa sigo aprendiendo a tu lado.

 

Ella es Laura.

Esa pequeña tan especial como el día que nació.

 

 

¡Qué fácil!

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Qué fácil es hablar y que difícil es acertar.

Que fácil es hablar de lo que no se sabe, elucubrar, construir castillos en el aire, opinar como si tal cosa y lo que es peor, juzgar a otro y tomar decisiones por él.

Dicen que los problemas se ven mejor desde fuera, pero yo creo que cada uno debe ser consecuente con lo que experimenta. La próxima vez que vayas a opinar acerca de algo ten en cuenta que lo que tu ves desde fuera, no es lo mismo que viven los protagonistas.

La intuición puede ser una buena consejera, pero como cualquier otra puede fallar. Las percepciones, son fundamentales, y la primera impresión es la que queda, pero a partir de ahí se construye algo en lo que solo los actores principales pueden participar.

Si alguna vez has oído eso de que «Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión», te digo yo que en ocasiones funciona y en otras no,  pero si me consta que de las conversaciones ocurridas en ese colchón nadie tiene por qué saber nada. «Lo que pasa en mi casa, se queda en mi casa» y  a no ser que yo te lo cuente con pelos y señales (ni aún asi), podrás saber nunca como me siento ni qué decisión es la proxima que voy a tomar.

Sirva este post para que dejemos de opinar de las relaciones de los demás, para que seamos capaces de pensar que los caracteres son diferentes y que dos personas en una misma situación no tienen por qué responder igual. De esta manera seremos conscientes de que en todas las casas se cuecen habas pero cada una tendrá su receta especial.

No vuelvas a decir «Pues si fuera yo…» porque por suerte o por desgracia, no eres tú ni serías nunca capaz de entenderlo.

Reyes

Fuente de la imagen: Pinterest

Competir es atreverse

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Lección de un sábado por la mañana bien prontito.

Llegamos por la mañana bien prontito, ya son muchos años acompañando a mi hijo a competir en sus competiciones de karate.

Pero hoy va a ser distinto para todos, por primera vez va a hacer Kumite (combate) con otro niño, esto no va de pegarse a lo bruto, hay normas y no vale el contacto físico solo marcar el golpe.

Por otro lado nos han pedido a dos padres más y a mi hacernos cargo de los niños del gimnasio ya que el Sensei hoy no puede estar con nosotros. Vamos que lo voy a vivir todo de muy cerca.

Empezamos con el Kata y me quedo con el grupo donde no está mi hijo, llevo un grupo de 8 niños que tienen que salir a hacer un kata con otro contrincante, los reúno a todos y les pregunto ¿A que hemos venido hoy aquí? Y me dicen todos a hacerlo bien. Hay alguno y alguna que están que se los comen los nervios, los miro y les choco el puño para que sepan que estoy con ellos. Van saliendo todos lo hacen a la perfección, van pasando rondas hasta que se van enfrentando entre ellos y claro alguno tiene que perder. Esos nervios iniciales van convirtiéndose en alegrías y miradas de felicidad. Terminan sus enfrentamientos y empiezan a mirar hacia los trofeos y a contarme todas las historias de todos los trofeos que han conseguido. Siempre, siempre, siempre me sorprende la capacidad de estos niños, os aseguro que si alguno de nosotros tuviese que salir a hacer lo que ellos hacen a más de uno le daría un ataque de pánico. Impresionante su esfuerzo, su concentración, su motivación, su confianza, su orgullo y su respeto. En el momento que van pasando todos y todas por el tatami puedo ver en todos ellos y ellas cada una de estas cosas. Van llegando los primeros eliminados y se quedan a ver como compiten sus amigos y animarlos. Al final todos contentos se llevan una medalla de oro y un bronce, pero sobre todo el aplauso de sus compañeros.

Pasamos al Kumite y es aquí donde me toca estar con mi hijo y los de su edad, es la primera competición de Kumite que tienen y yo debo estar con ellos. Van pasando, veo en las gradas las caras de algunos padres y madres como asustados, ellos siempre con confianza, los árbitros ya nos han dicho que no se permite el contacto físico. Llega el turno de Daniel, ha saltado una ronda y nos sorprende a todos con la rapidez que gana con un 6-0. No es nada fácil estar allí ya que aunque van con todas las protecciones habidas y por haber, siempre se puede escapar una galleta. Unos pasan, otros no, mientras tanto llega la tercera ronda de Daniel y le toca un niño que le saca dos cabeza, me dice ¿ahora a este como le puedo dar una patada? Yo le digo que ni lo intente, va pasando el combate y va perdiendo, en el último momento le mete un punto pero al final pierde. Me acerco a él y le levanto el casco y me dice es que no puede ser que le toque contra uno tan alto así es imposible. Nos reímos los dos, le estoy quitando todas las protecciones y es cuando me hace el resumen de la jornada, le pregunto que has aprendido hoy y me dice que competir es atreverse.

Pues ya está todos a atreverse.

Caye

¡Marchando una de kilohappies!

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¡Mira tú por donde me acabo de enterar que Einstein también teorizó sobre la felicidad!
Imposible saber a estas alturas, casi cien años después, si era una reflexión suya sobre su propia felicidad o iba más allá. El caso es que bastaron dos pequeñas notas para que hoy sepamos qué idea tenía él de la felicidad. Mientras en una ponía «una vida tranquila y modesta trae más alegría que una búsqueda de éxito ligada a un constante descontento», en la otra simplemente dice: «donde hay voluntad, hay un camino».
Alguien me dijo que no podemos medir la felicidad.Y si lo piensas tan sólo un segundo caes en la cuenta de que para muchos de nosotros la felicidad es un concepto del que todos tenemos una idea clara pero que no sabemos definir.
Partimos de la base de que todos somos igual de felices y de que, al final, todos acabamos en el mismo sitio. Lo único que cambia es la forma en que nos movemos de una casilla a otra planeando nuestra vida perfecta y dándole rienda suelta a la imaginación.
La verdad es que si nos preguntan qué es la felicidad, a más de uno nos ponen en un aprieto. Yo, francamente, no tengo ni la más remota idea de qué es. Sí sé cuando soy feliz. Y si me haces esforzarme por darte una definición me atrevería decir que sería algo así como eso que todos buscamos pero nadie, o casi nadie, sabe dónde está. Sólo después de que ha pasado, sabes que era ella. Punto y final. Aquí acaba mi aportación.
Sin embargo resulta que el mundo de la ciencia, tan frío y tan lleno de números, también tiene su teoría de la felicidad. Es la «Teoría de la Felicidad Cuantizada» y dice que «la suma de la felicidad de un individuo más su propia infelicidad se neutralizará y el resultado total al final de su vida será CERO».  Yo no sé a vosotros pero a mi leer esto me produce una tristeza tremenda. O sea que, hagas lo que hagas, el balance final de tu felicidad a la hora de la muerte será CERO.
¿Y si además os digo que existe la unidad de medida de la felicidad y que se llama KiloHappy? No, aún no he bebido. Normalmente lo hago más tarde. Leéis bien. El Kilohappy es la medida subjetiva de nuestra felicidad y se mide a través de la pregunta «¿cómo me siento?».  Si te sientes mejor que la última vez que te hiciste es misma pregunta, habrás ganado kilohappies. Si te sientes peor, pierdes kilohappies. ¿Que quieres ganar kilohappies? ¡Hala, pues! ¡Marchando una de kilohappies! Hazte con un montón de risas, emociones positivas y buen rollismo. Si vas sobrado de kilohappies…ya sabes.
SIN COMENTARIOS.
¿Qué queréis que os diga? Pues que, aunque el final sea un fracaso,más vale vivir que arrepentirse de lo no vivido…aunque te dejes sacos de kilohappies por el camino.
Alguien también me dijo que al final de nuestra vida sólo recordamos lo bueno. Y yo prefiero creerme esto que un montón de fórmulas y operaciones que dan como resultado final…CERO.
Coco.
Nota de puño y letra de Einstein dando su
propia versión sobre la felicidad y la vida.
Año 1922.
En Tokyo.