Pero…pasó.

septiembre 16, 2015 | 0 Comments | Coco

Y E. volvió a perder.

Perder su mirada, su sonrisa y su forma de dar los buenos días era algo que no pensó que iba a pasar. Pero…pasó. Y pasó que se sintió, una vez más, fracasada.

El fracaso…una opción terrible. O eso creía ella. Lo peor que le podía pasar, decía. Algo que no debía producirse jamás. Bajo ningún concepto.

Y es que uno de los males de la humanidad en los tiempos que corren es dejar en manos del otro todas nuestras esperanzas de felicidad. ¡Maldita dependencia! Esa adicción al prójimo siempre pasa factura. Para bien. Y para mal.

Ella quería amar y ser amada. Alguien con quien complicarse la vida de una vez por todas. Que sólo con el pensamiento le erizase la piel…y el alma. Estaba dispuesta a pagar cualquier precio. Pero las cuentas no salieron bien. Su corazón volvió a estar en números rojos. Y es que en eso de enamorarse somos capaces todos. Pero amar, no. Amar es otra cosa.

Sólo al verse sola fue capaz de comprender el dolor que se siente después de haber amado como lo había hecho. Dándolo todo. Arriesgándolo todo. Luchando hasta el final. Como hacen los valientes. Y es que el que ama sufre. Y el amor duele.

«Todos los sentimientos son temporales. Y el amor…también. El corazón cicatriza. La vida continúa con o sin. Piensa en ti. Nadie dijo que fuera fácil. Pero se puede. Y se debe. Sólo así podré volver a levantarme». Palabras que tronaban en su cabeza hora tras hora. Día tras día.

Hubo momentos malos. Vacío. Rabia. Pena. Culpa. Pánico. Odio. Y ganas de venganza.

Pero, como no hay mal que cien años dure, aprendió a quedarse sola. Alguien le dijo una vez que de corazones rotos nacen personas libres. Y algo de eso pasó. Una mañana cualquiera de un día cualquiera, se sintió completamente libre. Un reencuentro consigo misma. Aprendió a volver a ser ella misma más que nunca. Aprendió lo fuerte que puede llegar a ser. Y aprendió a…hacerse feliz. Porque nadie le conoce mejor que ella misma.

 

Solo entonces, el día en que decidió que su vida era solo suya, fue capaz sonreírle a la tristeza. Y de darle la bienvenida al fracaso.

El dolor…ya no duele.

 

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

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