Bebe, Sonríe, Haz el Amor…y Respira.

mayo 28, 2014 | 0 Comments | Coco

 Acabo de volver de unas vacaciones sorpresa. Si, de esas que no esperas. Nada especial. De pronto te encuentras que toda tu gente está ocupada y dispones de cuatro días para ti. Rápidamente, desde mi habitual intensidad, empiezo a organizar hora a hora, minuto a minuto, cómo va a ser mi vida durante todo ese tiempo.

(Aclaración: No es que la soledad o el silencio me asusten. Sencillamente se trata de hacer todas esas cosas que el resto de “días activos” no puedes).

Sin embargo, cuando empiezo con el “programa de festejos” me sorprendo al ver cómo voy borrando del “inventario” todas aquellas cosas, digamos, prescindibles. Llego a pensar que alguna parte de mi yo quiere cambiar la hoja de ruta. De repente la tintorería, la declaración de la renta, quitar las alfombras y demás tareas vacacionales se caen de la lista. ¡TACHADAS!

Y, sí, aparece en letras grandes y mayúsculas lo siguiente: TIEMPO PARA MI.

La pregunta es ¿Cómo se hace eso de TIEMPO PARA MI? Afortunadamente el ser humano es un personaje con muchos recursos y yo, como miembro de esa especie, enseguida encontré la respuesta. Mejor dicho, las respuestas.

La primera de ellas, apagar el despertador. Imprescindible para tomar conciencia de tu nuevo estado: “Modo vacaciones ON”. Nada de reloj. Nada de marcar los tiempos.

Por supuesto es el momento perfecto para quedar con mi gente. Un “juergues” cualquiera. Mmmmmm esto empieza a coger forma. Y, mientras llega la hora de verles…unas horas de playa.

De pronto me encuentro con el look playero activado y tumbada en la arena. Como podéis imaginar, en estas fechas y siendo solo un jueves, la playa luce ese aspecto de estar más sola que la una. ¡Es perfecto!

Una vez montado el campamento aparece mi invitado. El silencio. Ese silencio del que os hablaba al principio, únicamente roto por el sonido de las olas en la orilla.

Estar en silencio, y a la orilla del mar, es uno de los mayores placeres que existen. Por lo menos para mí. Me ayuda a hablar conmigo, a preguntarme cómo estoy, a reflexionar y a pensar sobre todo aquello que por distintas razones no haces un día cualquiera…nos han educado a vivir con el ruido. Ese ruido social que te mantiene ocupado para no dejar que tu cabeza se preocupe por ti. Lo reconozco: a veces es muy difícil estar “tú-contigo”…y algo tan simple como unas horas en la playa, frente al mar y sola, se convierte la terapia ideal. ¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Nos pasamos los días con prisas, carreras, en un estado de ansiedad continuo y olvidamos guardar tiempo para nosotros.

Ese silencio habla alto y claro. No se deja nada en el tintero. Con el mar como testigo hablamos de mis cicatrices, de la amistad, del pasado, del futuro…y del presente. Sí, del presente. Porque una se pone a caminar un día, y otro, y otro más, sin detenerse a mirar el  recorrido trazado y resulta que, una vez paras, está lleno de curvas extrañas y baches que no has querido o no has podido evitar. Y es solo el silencio con su conversación, y las olas como banda sonora, el único que se atreve a mirarte a la cara y, sin pestañear, decirte: “Escucha tu cuerpo. Que la rutina, el estrés y demás elementos tóxicos aparezcan en tu vida lo más mínimamente posible. Del pasado solo quédate con lo mejor. Y del mañana graba a fuego en tu piel que aún no ha llegado. Te diré algo que siempre olvidas: Solo vives hoy. Vuélvete egoísta: brinda, bebe, sonríe, haz el amor, disfruta de tu gente. Respira… y recuerda que la vida es aquello que te sucede mientras andas ocupado en otros planes.

Coco
Autora de la fotografía: Coco

 

 

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