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noviembre 21, 2018 | 0 Comments | Coco

Hoy, día 21, falta 1.

Mañana, día 22, serán…21.

No, no es un trabalenguas. Ni una lista de deseos o de lecciones de moral. No sirve para todos. Es algo sólo mío y cualquier parecido con vuestra realidad es mera coincidencia. Lo que viene a continuación podrá parecer cursi o innecesario. Todo depende del ojo que lea esto.

 

Suena esa canción. Sientes las mariposas. Sólo tienes ganas de volver a escuchar su voz. Te canta al oído. Un vaivén de emociones. Le ves irresistible. La mejor cita de tu vida. Los días se hacen cortos. Necesitas más horas. Momentos irrepetibles y planes inesperados. Dejas la cordura en casa para amar sin medida. De ser alguien pasa a ser todo. Es la persona perfecta.

Sin querer…empiezas a querer. Enamoramiento es una cosa. Amor es otra. Empezamos así nuestra particular fiesta que no sólo no es el fin sino el principio de mucho más. Es para toda la vida. Toca pensar por dos. O por cinco.

De pronto… ¡la fórmula ha dejado de funcionar! ¡Atención! ¿No estaba todo bajo control?

Como en ocasiones suele ocurrir, los planes tienen vida propia y deciden cambiar. La rutina tampoco avisa y se presenta ¿de repente? como todo lo que no esperamos.

La mayoría de las veces no puedes detectar sus señales. Solo si tienes los ojos bien abiertos no caes en la trampa pero estás tan ocupada en niños, trabajo, compra, en…la vida. Los días, esos que parecían cortos, pasan a hacerse infinitos y se convierten en una amenaza a medida que avanzan vuestras vidas. Todo apunta a que olvidas el motivo que te llevó hasta aquí. Y a partir de ahí algo se tambalea. Resoplas más de la cuenta. Aparecen los altibajos. Estás en otra fase. Notas que lo que no te gusta, te gusta aún menos que antes. Existirá el riesgo de que te hartes y habrá días que estés a punto de tirar la toalla. Habrá días de muchos relámpagos pero ninguna tormenta. “Sin ruido no hay matrimonio” leí una vez. Pierdes las ganas de perderos, conoces su lado oscuro (y él el tuyo), los defectos se multiplican y, aun así, te quedas. Te quedas porque nunca has dejado de confiar en él. Y te quedas porque el amor se queda pero el enamoramiento, no. Porque el amor es cosa de dos y sí, él siempre ha creído en mis sueños. Él ha cuidado de mí a pesar de…Si hay amor de verdad, jamás se apaga, sólo que a veces se esconde dentro del laberinto llamado vida. Del día a día.

¿Las parejas tenemos fecha de caducidad? Otro misterio sin resolver. Todos pasamos por fases de querer y de querer menos. Nunca de no querer. Por lo menos yo.

La verdad es que yo nunca me he llevado bien con el paso del tiempo. La única parte buena que le veo es que viene cargado de segundas y terceras oportunidades…o más. Sé que no soy perfecta y, precisamente por eso, defiendo que todos tenemos derecho a cometer errores y a aprender de ellos para volver a empezar. Sólo hay que ser capaz de crear un mundo casi nuevo para los dos. Y querer hacerlo.

Cuidado con el amor. Eso que a todos nos parece sencillo es lo más complicado. Como todo lo importante de la vida, el amor no lo enseñan en ninguna parte. Ni lo enseñan en la escuela. Nos obligarán a aprender complicadas fórmulas matemáticas pero el amor sigue siendo la asignatura pendiente. No se aprende a amar.

El amor es un inventario lleno de instantes, a simple vista, insignificantes que todo lo puede y todo lo suma. Todo lo suma…hasta llegar 21. Y pensar que mañana 22 serán 21 años casada con Santi me hacen sentir orgullosa.

Porque el amor siempre triunfa.

 

Piénsalo.

 

Fuente de la fotografía: Pinterest

 

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