Ese juego barato.

febrero 7, 2018 | 0 Comments | Coco

Sería demasiado presuntuoso por mi parte decir que hay cosas que a estas alturas ya no me hacen daño. Que estoy de vuelta de todo.
MENTIRA.
Es más quien lo diga, miente como un bellaco.
Tampoco es que yo sea un dechado de virtudes (¡ni mucho menos!) pero siempre he intentado vivir desde la honestidad. Mentiras he soltado como todo quisqui pero la sinceridad y la franqueza, las he trabajado hasta límites insospechados. Es más, tengo testig@s que pueden dar buena cuenta de ello.
Intento cuidar a la gente que quiero aunque a veces me den ataques de “ermitaña” y me aleje más de la cuenta. Todo esto viene cuando descubres que los amigos no son tan amigos.
Y es que las cosas no siempre salen como esperas. La autenticidad es un bien escaso.
Hay un grupito de gente que no soporto. Hablo de los hipócritas. Y cuando están cerca de mi, o entre mi círculo de amistades, me pongo enferma. Siempre me creído que soy una personas lo suficientemente transparente ( a veces demasiado transparente) para que nadie tenga que ir por detrás mandándome recaditos con otr@s, soltando lo contrario de lo que a mi me sueltan o maniobrando a mis espaldas. Estoy cansada de esas maniobras orquestales en la oscuridad ¡Vaya cobardía!
Es una parte de mi vida que llevo fatal. Y, aunque la he trabajado mucho a lo largo de los años, reconozco que es una asignatura que sigo sin aprobar.
Esto me lleva a una reflexión sobre qué hacer con esta tropa. Si son capaces de hacer esto con “sus amigos” ¿de qué más serán capaces? ¿Por qué fingen que son tus colegas del alma?
Si eres de las que te agarras a folletos y manuales de autoayuda, éstos te dirán que la solución está en poner tierra por medio y cuanto más lejos mejor. No seré yo quien le lleve la contraria a esta forma de interpretar los sentimientos pero la práctica me ha demostrado que es muy pero que muy difícil en la vida real. En la tuya, en la suya, en la mía y en la de unos cuantos que -por la razón que sea- tenemos debilidades humanas.
Soy una persona que no se fía mucho de las primeras impresiones. He aprendido que no siempre son correctas y que, muchas veces, es un error guiarse por ellas. No creo en cerrar puertas a menos que sea absolutamente necesario. Pero sí creo firmemente en las segundas oportunidades. Las cosas no siempre se dan en la primera ocasión y hay que esperar a una segunda, o tal vez, a una tercera. Todos tenemos un mal día. ¿O no?.
Toca vivir con pasión.Y si pinchas y vuelcas…pues mala suerte. Nada de vivir hasta los ochenta pero habiendo muerto a los veinte (como leí alguna vez a un poeta) Eso, con todos mis respetos, se llama malvivir. El miedo a que nos hagan daño es tan poderoso que nos impide, en ocasiones, dar lo mejor de nosotros y conocer gente maravillosa.Quiero pensar que las cosas caen por su peso y se colocan solas. Y también quiero pensar que ese juego barato de las apariencias tiene los días contados. Yo cuando me doy, me doy. Y me da muchísima rabia pensar que hay gente que se da a ratos. Nos han enseñado que no debemos quedar mal y somos capaces de ponerlo en práctica…¡quedando mal!

Si de verdad quieres ser mi amig@, atrévete a decir las cosas. ¡No vayas con el cuento a otr@s!

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

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