Ellos y…mi taza.

enero 13, 2016 | 0 Comments | Coco

Una sonrisa. Más de una. Besos. Abrazos. Y también un café. Sólo con hielo. La bufanda de un amigo invisible tardío….cosas que encuentro al volver de vacaciones.

Siempre hay un guiño que te da los buenos días. “¡Bienvenida!” dicen. Notas que sí te han echado de menos. Y es que mis compañer@s de trabajo, con los que comparto más de siete horas diarias durante cinco días a la semana, son la “otra familia”.

Una familia que se ha ido construyendo poco a poco. Sí. Cada mañana, antes de activar el modo ON en el ordenador, nos hemos ido poniendo al corriente, como en las mejores familias, de las aventuras y desventuras de cada uno de nosotros. Ilusiones. Quejas. Muchas ideas. O un sueño que te quita el sueño.

Desayuno tras desayuno, día tras día, año tras año, la complicidad ha entrado a formar parte de nuestras vidas. Porque, cuando de volver al trabajo se trata, no puedes dejarte los sentimientos y las emociones en casa.

Esto, y mucho más, dan vida a largas horas de trabajo. Porque detrás de esas horas hay también largas horas de historias personales, confidencias y algún que otro problema. Conversaciones detrás del teclado y la pantalla que ayudan, la gran mayoría de las veces, a hacer borrón y cuenta nueva.

Es cierto que algunos días no hay descanso para las emociones. El trabajo lo impide. Pero… ¿qué más da? Siempre habrá otra oportunidad para hacerlo como llevamos haciéndolo durante todos estos años. Para nosotros, cada pequeño momento de nuestra vida merece toda la atención. Tantos años, y tantas horas codo con codo, me han demostrado que cuando compartes tu tiempo con alguien, aunque tengas nada o casi nada en común, las cosas se ven de otra manera. A veces como las ve el otro. Y otras, como las ves tú. Y es que la vida “en familia” es así, imprevisible.

Porque, al fin y al cabo, con ellos seremos testigos del paso del tiempo y de cómo hemos cambiado. Ellos y…mi taza. Esa taza del café que me espera cada mañana, desde hace muchos años, y conoce mejor que yo las arrugas que se han ido formando en mi rostro.

 

Work, sweet work. Y no. No estoy loca. Sólo que, aunque a veces las cosas no sean tan fáciles como parecen, la belleza puede estar en cualquier parte. No es que se esconda. Hay que saber…buscarla.

 

Coco.

Fuente de la fotografía: Pinterest.

 

Facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedinmailby feather

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *